Alfa y Omega del sargento Fernández Cloux


 

                          La respuesta de La Legión 

     En marzo del presente año, una ciudadana francesa, nieta de un legionario, escribía a este blog intentando recabar información sobre su abuelo, el sargento del  Tercio Acantonado en Tauima José María Fernández Cloux, fusilado el 5 de marzo de 1938.

    Cuatro meses después, desde la Brigada de La Legión de Viator, le han respondido y enviado el expediente militar completo de su abuelo, todo lo que está en poder del Tercio,  y se lo han remitido a Francia. La Legión siempre responde cuando se trata de los suyos, nunca deja a nadie sin respuesta. En otros archivos militares ponen pegas y trabas, pero no en el de La Legión. Eso es algo que es obligado destacar.

                        El sargento Fernández Cloux

       En las copias remitidas a su nieta, Betty Bresse Bergés, quedan claras muchas cosas, entre otras que se trataba de un militar leal, en el que destacaba «su amor al servicio», expresión que obra en un oficio que recomendada su ascenso a la categoría de Brigada en 1934. Fernández Cloux era también abogado y como tal ejerció en el Colegio de Abogados de Melilla, aunque no he podido encontrar rastro documental de esta actividad.

         Estaba comprometido con la modernización del ejército y las ideas de izquierda, pero es que en La República no estaba prohibida la militancia política. En ningún caso constan faltas de disciplina o relacionadas con su profesión. Lo que le llevara a cambiar de nombre (Antonio Bergés del Palacio), estaba solo relacionado con su vida personal y su pasado, pero en La Legión, es ley lo de: a nadie importa mi vida anterior.

          En algún periódico de la Hemeroteca Nacional, he comprobado su presencia en la Unidad de Automovilismo, pero en la década de 1920. Antes de llegar a Melilla con su familia, estuvieron en El Tercio de Ceuta, en donde tampoco había queja o mancha alguno sobre su actividad como militar.

                   La detención de Fernández Cloux

          Por los expedientes consultados se produce en los primeros momentos del día 17 de julio, o el 18 como muy tarde. Los militares sublevados ya tenían perfectamente identificados a todos los que no eran simpatizantes con «el movimiento nacional», y que iban a permanecer leales al Gobierno de La República. Fernández Cloux era uno de los que vigilaban los movimientos sediciosos de los africanistas, y tenía amistad y relación con el teniente de La Legión Aniceto Martínez que fue trasladado de Melilla en los primeros días de julio, por exigencias de los militares africanistas. Son muchos los que afirman que de haber seguido en Melilla este teniente, la suerte de los sublevados no hubiese sido la misma. También consta en el expediente su especial amistad con el concejal socialista Bienvenido Rutllant. Es de suponer que compartiría muchas tardes en el Café El Paralelo, propiedad del concejal socialista y que estaba situado en la calle Ejército Español. Con toda probabilidad, la atenta lectura del expediente del sargento legionario acabará con muchas de las falsedades, todavía en boga, de la historia de la sublevación de julio en Melilla.

                               La instrucción del expediente judicial

        Corrió a cargo del muy conocido Julio de La Torre y participaron como declarantes, en contra, otros también conocidos como Heli Rolando de Tella. A lo largo del año y medio del expediente, solo pudieron llenarlo de tonterías y vaguedades tales como: contrario al movimiento nacional, cercano a la masonería y el comunismo, proferir gritos contra el fascismo, asistir a una reunión de la  C.N.T., o haber pagado al Socorro Rojo. También se le acusaba, sin concretar más, de haber intentado crear «un ejército rojo», al modelo del soviético.

          Con semejantes afirmaciones, un hombre inocente, como todos los demás, fue llevado al paredón de fusilamiento.

                       El último día de Fernández Cloux

        En la tétrica fortaleza de Rostrogordo estuvo preso casi todo el año de 1937, y los dos primeros meses de 1938, hasta su fusilamiento el 5 de marzo de 1938, en compañía de Antonio Morcillo, Juan Camacho, Francisco Álvarez y Juan Cerrada. Todos serían fusilados a partir de las seis horas, frente al espaldón de Rostrogordo, a unos 500 mts. en línea recta desde el fuerte militar. Un pelotón de La Legión, otro del Batallón de Ceuta y uno de Regulares se hicieron cargo de todos los reos, cuyas manos estaban atadas bien con grilletes o cuerdas. Todos contaron con banda de música.

          PD: Este fue su fin, y el de tantos otros. Todos estos juicios son nulos y sin fundamento. La Democracia debería declarar nulos todos los juicios del franquismo e indemnizar a todas las familias víctimas de la represión, incontenible y injustificable.

Leret, el defensor del Atalayón


 

                             El 17 de julio en El Atalayón

        El comandante de Aviación Virgilio Leret estaba al tanto de lo que se traían entre manos los militares conspiradores. La Legión estaba en Tauima y Los Regulares en Nador. Desde su privilegiada posición en el Atalayón podía observar los movimientos de unos y de otros. Por ese motivo le comunica, como militar leal, al Comandante General de Melilla Manuel Romerales Quintero, lo que se está preparando en contra de La República. Como respuesta solo recibirá una comunicación de arresto por saltarse el conducto reglamentario. Su movimiento fue probablemente detectado por los conspiradores, por eso, en sus planes de la sublevación, incluyeron la Base de Hidroaviones como uno de las objetivos a reducir y asaltar. Las fuentes escritas franquistas aportan una clara información al respecto. El Teniente coronel Emperador debía ocupar el aeródromo de Tauima, y el capitán Corbalán la Base de Hidros del Atalayón.

         Cuando en la tarde del 17 de julio de 1936 las fuerzas de Regulares salen de su acuartelamiento de Nador, el comandante Leret ya tiene dispuesta la defensa de su base, que resulta simbólica, porque las fuerzas desplegadas para su conquista son enormemente superiores. El ataque se inicia a las  17h 45´y concluye a las 18h 30.

    ¿Les aplicaron la legislación de guerra, fue detenido y ejecutado en la mañana del 18 de julio?. Es de suponer que sí, entre otras cosas porque no existe hasta la fecha, su expediente de consejo de guerra sumarísimo. Testimonios posteriores de soldados de La Base, confirman que fue fusilado junto con su dos alféreces Luis Calvo y Pedro del Pozo.

      Virgilio Leret es el primer militar en defender con las armas a La República. En ese mismo momento, sin saberlo, el general Manuel Romerales, y los comandantes Edmundo Seco, Pablo Ferrer Madariaga y José Rotger Canals, estaban siendo detenidos en el despacho de mando de la Comandancia General de Melilla. Virgilio Leret, para su desgracia, abrirá otra lista, la de los represaliados, en la madrugada del 18 de julio de 1936.

          ¿Quién fue el responsable de esa ejecución sin legalidad alguna?. Es de suponer que todo le estaba siendo comunicado al coronel Solans Lavedán, ya al frente de la Comandancia melillense, por lo que la autorización de la ejecución solo pudo venir de su mano.

      Esto es historia y algún día será contada como merece, cuando intentos revisionistas como el del periodista Miguel Platón pasen al completo olvido.

               El motor de reacción continua de Leret

       Virgilio Leret estaba entregado a su profesión, a su familia y también a la investigación, como ingeniero mecánico electricista. Estos estudios los llevará a cabo entre 1924 y 1929.  Como proyecto personal diseña y patenta el mototurbocompresor de reacción continua, que finaliza en octubre de 1929 y del que consigue la patente en 1935. De haber podido proseguir su vida con normalidad, probablemente su motor se habría convertido en una realidad en el Ejército del Aire de España. La sublevación del Ejército de África en 1936 lo cambiará todo. El proyecto quedará guardado en una maleta, junto con sus efectos personales y que encontrará su esposa, la escritora Carlota O´Neill en 1940, tras salir de la prisión melillense de Victoria Grande. Todo esto lo explica en la novela titulada «Los muertos también hablan», que es una continuación de «Una mujer en la guerra de España».

        La viuda del comandante Leret, depositará los planos en la Embajada Británica de Madrid, para que Fuerzas Aliadas en la II Guerra Mundial, pudieran hacerse con una información que les pudiera ser útil. La realidad era que los únicos que estaban intentando desarrollar motores a reacción eran los nazis. Los motores del inglés  Whittle y del alemán von  Ohain, fueron coetáneos  con el de Leret. La Alemania nazi supo ver claramente la potencialidad de un motor así y de hecho, el primer vuelo a reacción se llevó a cabo con el III Reich, en agosto de 1939.

                       Carlota Leret O´Neill

           El militar, el ingeniero, el inventor Leret, son ya parte de la historia, de una historia cada vez más conocida, por la labor incansable que desde el año 2000 está llevando a cabo su hija Carlota, que ha removido cielo y tierra desde entonces. Ha conseguido que el Ejército del Aire español reconozca la figura de su padre, cuya llama mantuvo siempre encendida su esposa Carlota O´Neill en sus conocidos libros sobre el inicio de La Guerra Civil en Melilla. Los duros años de cárcel no la doblegaron, al igual que nada detiene a su hija, de igual nombre,  en la ardua labor de levantar la memoria de su padre. El franquismo no solo condenó a muerte a Leret, como a tantos otros, sino que además intentó sepultar para siempre cualquier rastro de su memoria.

             Carlota Leret ha viajado en innumerables ocasiones a nuestra ciudad, en donde presentó una reedición de Una mujer en la Guerra de España. También se ha publicado una biografía sobre su padre, una novela inspirada en sus progenitores e incluso una edición sobre la obra literaria de Carlota O´Neill. En 2002 la revista Aeroplano dedicó, en su número 20, un extenso artículo acerca de la biografía de Leret, con especial atención a su mototurbocompresor.

              También ha participado en la edición de un documental de Euskal Telebista sobre el comandante Leret, titulado El Caballero de Azul. Su último logro, es una exposición permanente en el Museo del Aire, con una maqueta del motor que inventara y patentara su padre. Todo esto coloca ya a Virgilio en una altura, en la que sin duda merecía estar desde hace mucho tiempo, pero todo esto es solo el empeño de su hija, porque la realidad oficial sigue siendo cicatera con un militar de carrera brillante y sin tacha, lo que no pueden decir muchos de los que triunfaron con la sublevación, y pese a lo cual, están ahítos de honores y reconocimientos, la mayor parte inmerecidos.

                                    La última cuestión

        ¿Dónde está enterrado Virgilio, dónde están sus restos mortales?. He estado varias veces con Carlota Leret en el cementerio de Melilla, en el osario militar en el que dicen que enterraron sus restos: «para que no fuesen encontrados jamás», como se anotó en el oficio que ordenaba su entierro en la fosa común. Todo esto que Carlota ha conseguido, no sería comparable a la posibilidad de poder localizar e identificar sus restos.

     Lo escribo porque he visto a su hija pasar la mano por encima de la losa del osario y por encima del tubo de ventilación que existía hace unos años al lado del mismo. No hay nada nada que desee más, que poder dar a su padre un lugar en el que reposar con su propio nombre.

       Buscar sus restos, abrir ese osario, debería ser un objetivo del Ministerio de Defensa en Melilla y quizá con ello se podría dar nombre a otros muchos, que siguen allí sepultados en el absoluto anonimato y olvido. Es una situación absolutamente vergonzosa. Los homenajes del 21 de julio y del 2 de noviembre, de nada valen, sino se abre esa fosa, se intenta identificar los restos y se iguala a todos en la memoria, con una placa sobre ese osario sin nombre.

Historia de dos mujeres en Melilla


         Ángeles Ronda y Mª de los Ángeles Bergés

     Las mujeres siempre han quedado desamparadas en épocas de guerra. Los maridos y progenitores o morían en el frente o eran víctimas de la represión política. Sobre ellas se cernían la peores consecuencias de la represión. Eran inmediatas víctimas de la pobreza y de la indefensión. Sin embargo frente al inhumano mundo de los hombres y de la sociedad patriarcal, solían salir a flote, tanto ellas como su prole. Una mujer, una madre, salvo excepciones, no abandona nunca a sus hijos. Este es el caso de Mª de los Ángeles Ronda Castilla, esposa del sargento legionario José Mª Fernández Cloux, y de su hija Mª de los Ángeles Bergés Ronda. La primera luchó por sacar adelante a sus cinco hijos, en una vida matrimonial con muchas dificultades, y sobre todo, tras la ejecución de su marido en 1938.

             La hija de ambos, Mª de los Ángeles Bergés Ronda, fue la depositaria de las confidencias de su madre, la que vio o intuyó cómo su madre pudo sacar adelante a sus hijos, en el perverso y vengativo mundo de la España de Franco. Una mujer con cinco hijos (Ángeles, Amparo, Antonio, Julio y Luis), tenía muy pocos caminos para salir adelante, cosa que sin embargo consiguió. Una red familiar, de vecinos y de amigos, se dedicaba a ayudar en lo posible a las familias de las víctimas de los represaliados, jugándose la vida, arriesgándose a que los espías y esbirros de Falange cayeran sobre ellos, y les hicieran pagar por culpas que no habían cometido.

                  Mientras la madre se hundía en la depresión, una niña, que jamás perdió la sonrisa, Mª de los Angeles, se convirtió en el ángel guardián de su padre. Era la única que recorría a pié la distancia entre si casa (barrio del Real o Cabrerizas), y el Fuerte de Rostrogordo, en dónde su padre estaba preso desde 1937, tras ser trasladado desde el acuartelamiento legionario de Taouima. Ella iban andando sola hasta el fuerte, y entraba en él pese a ser menor de edad. Temía  a los negros cuervos que por entonces poblaban el histórico fortín. Hasta el día de su muerte estuvo dominada por esas pesadillas. Su gran deseo, su legado, fue conservar la memoria de lo sucedido con su padre y buscar una explicación que jamás le dieron. Tampoco la compensaron nunca, ni le pidieron perdón, ni obtuvo reconocimiento alguno de las autoridades de Franco. Ni entonces, ni ahora.

                 Ni esta historia, ni casi ninguna otra, se ha contado todavía. No son el tipo de recuerdos ni de memoria que se promueve en Melilla. Aquí solo interesa la hagiografía militar y la historia de Las Campañas. Eso es lo que se promueve y recompensa, pero si de alguien hay que sentir orgullo, es de estas mujeres y de estos nombres. Ellas conservaron vivo el legado de sus familiares, de sus padres, de sus abuelos. Nadie más lo cuenta. El Alminar sí. Esta historia sólo ha empezado a ser contada.

                PD: En 1956, tras la muerte del dictador Stalin, se declararon nulos todos los juicios del Gran Terror. Se rehabilitó el nombre de los 800.000 fusilados y sus familias fueron recompensadas. Hoy existe la asociación Memorial, patrocinada por el Gobierno Ruso, que se dedica a recuperar los nombres de todos aquellos que fueron víctimas de la cruel represión estalinista. En España, en 2014, se niega el derecho de las familias a buscar y enterrar dignamente a sus padres o abuelos.

             Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/03/31/el-doble-castigo-del-legionario-fernandez-cloux/

Plaza Adolfo Suárez en Melilla


  

     Todas/os podemos escribir sobre cualquier cosa. Lo que tiene algún valor, si es que eso es un mérito, es haber escrito sobre hechos o personas antes de que la corriente de la historia lleve a todo el mundo en la misma dirección. En alguna ocasión he escrito que Adolfo Suárez es una de las personas a las que más debe La Democracia en España, y al que menos se le  ha reconocido ese mérito  en vida. Los títulos póstumos, o cuando ya no tenía conciencia de sí mismo, de poco sirven. Es un hecho que estaremos más tiempo muertos que vivos, por lo que el privilegio de ser enterrado en la SI. Catedral de Ávila, sí es un honor y un reconocimiento eterno.

                         La lista de los leales a Adolfo Suárez             

      En una entrada del Alminar del 14 de julio de 2011 escribí lo siguiente, con ocasión de que apareciera una placa con el nombre de Adolfo Suárez, en una pared de Melilla, en un lugar que ni siquiera es plaza, por más que se empeñen : * … A esto se añade  el que se coloquen nombres a voleo o a capricho, como el de la plaza Adolfo Suárez, rompiendo la unidad visual y la continuidad de la calle Gral. Ordóñez, que empezaba en la intersección con Carlos V. Si no se quiere homenajear al Presidente Adolfo Suárez, que no se haga, pero que no se tire una placa en medio de una esquina pretendiendo ser un homenaje, porque ese tramo, físicamente no es ninguna plaza . Esto no es homenajear a nadie.  Ahora todos son suaristas, cuando la realidad es que de los suyos, le traicionaron casi todos.

       UCD (Unión de Centro Democrático), el partido de La Transición, se descompuso tras las elecciones generales de octubre de 1982. La mayor parte de sus integrantes, entre ellos el diputado que recibió en Melilla a Adolfo Suárez en 1980, García Margallo, se pasaron a Alianza Popular. Con el ex presidente del Gobierno solo quedaron sus leales, los que formaron el CDS (Centro Democrático y Social), su partido, con el que obtuvo su escaño de diputado hasta 1991. La verdadera lista de leales, con el doctor Juan Ríos a la cabeza, se presentaron a las elecciones locales de 1983, ganadas por el socialista Gonzalo Hernández. El CDS se mantuvo inasequible al desaliento hasta 1991, fecha en la que Adolfo Suárez se retiró en la política.

        He buscado la lista de los 25 leales, los que se presentaron a las elecciones municipales de mayo de 1993. La lista la encabezaba Juan Rios, y se pueden leer en ella otros nombres muy conocidos en la ciudad, como el actual director provincial de Tráfico José Carlos Romero, el ex presidente de la federación de golf Jesús Huertas, la psicóloga Teresa Rizo, la profesora y letrista del himno de Melilla Ana Riaño.

                               Adolfo Suárez en Melilla

                Adolfo Suárez hizo el servicio militar en Melilla, en donde siguió conservado amigos y conocidos. Fue el primer Presidente del Gobierno en visitar Melilla. Le sobraban pues méritos para haber recibido una distinción más digna que una plaza con su nombre,  en un lugar que nadie identifica como tal plaza. Es más, muchos se enterarán ahora de que existe una plaza con su nombre en nuestra ciudad.

               Adolfo Suárez fue recibido en el Ayuntamiento de Melilla y el Alcalde de UCD, Ginel Cañamaque, prohibió hacer preguntas a los concejales, puesto que era un acto protocolario. Sin embargo, Manolo Soria, concejal socialista, rompió el protocolo y se dirigió al Presidente del Gobierno, haciéndole una pregunta directa sobre las obras del puerto de Beni Enzar, cuya construcción se iniciaba en aquellos años.

                 Lo mejor de todo ha sido el cariño espontaneo y sincero que le ha demostrado la gente. Hay homenajes que para los que no hace falta convocatoria, ni nadie que los dirija. Al final ha tenido el reconocimiento del pueblo español.

            Nota*: https://elalminardemelilla.com/2011/07/14/la-rotulacion-de-las-calles-de-melilla-ii/

La Legión y José Mª Fernández Cloux


                     Esta es una historia legionaria, de alguien que en el Tercio era conocido como José Mª Fernández Clous, y que en su vida anterior era Juan Antonio Berges del Palacio.  En La Legión no importa la vida anterior y esa ha sido, y quizá sea así todavía,  otra de sus muchas leyendas y características. Los legionarios son lo que son, tanto su leyenda negra como La Legión moderna, la de los últimos tiempos; sin perder nunca su esencia. Otra de sus características es que jamás olvidan, abandonan o eliminan la historia de los suyos, aunque hayan pertenecido al «bando de los malos», el de los republicanos, el de aquellos que fueron juzgados por permanecer leales a La República o por el eufemismo jurídico de «auxilio a la rebelión», no a la de 1936 o Alzamiento, sino a la de Asturias de 1934. Por eso, estamos en condiciones de afirmar que su historia completa, su expediente personal se encuentra en los archivos del Acuartelamiento Millán Astray, 1er Tercio de La Legión, el que nunca ha salido de África, aunque en aquellos años, en 1934, estaba establecidos en Taouima, hasta su repliegue a Melilla, tras la independencia de Marruecos en 1956.

                   Esta historia ha surgido ahora, cuando una mujer francesa, Betty Bresse, se ha decidido a completar o documentar la historia de su abuelo, el sargento legionario, abogado y comunista José Mª Fernández Clous, natural de Oviedo, hijo de Ernesto y de Pilar, ejecutado a las 06h 30 minutos del día 5 de marzo de 1938; dirigiéndose al Alminar de Melilla. Intuimos, por lo escrito por su nieta, que parte de los problemas del sargento de La Legión empezaron en 1934 en Asturias, de ahí sus gestiones ante el diputado por Melilla Carlos Echeguren, biografiado por Carlos Esquembri. Este es también otro de los misterios de la ciudad, en la que un diputado de los partidos republicanos de derechas, Echeguren, ejecutado en Madrid en julio de 1937, fue completamente postergado durante el franquismo, y cuyo nombre fue prácticamente olvidado.

                  Ahora, ambas historias se unen en El Alminar, gracias a una entrada publicada en junio de 2013, en la que escribía acerca de otro legionario republicano, Fermín Galán, autor de varias obras literarias, considerado como uno de los protomártires de La República. Esa historia, fue aprovechada por Betty Bresse para intentar aclarar algo sobre la historia de su abuelo.

                  José María Fernández Clous fue enterrado en la parcela 19 del cementerio de Melilla, que fue vaciada y tapada en octubre de 1989, para edificar la Galería Norte y el actual enterramientos de los militares de La Legión, que tienen dos parcelas específicas en el cementerio de Melilla. En 1989 fue abierta la parcela 19 y casi todos los restos trasladados al denominado como Osario general, en donde probablemente se encuentren los de Fernández Clous y los de otros muchos represaliados en Melilla.

                  PD: En correo a su mail, enviaré a Betty Bresse la dirección a la que debe dirigirse, para que le hagan una copia del expediente de su abuelo. Ya sabemos en donde se encuentra. No tengo dudas de que se dirigirán a ella y le enviarán toda la documentación de la que dispongan.

              Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/06/03/la-legion-y-una-historia-republicana/

La tradición de Jesús de Medinaceli en Melilla


             En la mañana de hoy, primer viernes del mes de marzo, se conmemora y lleva a cabo el tradicional desfile de besamanos y besapiés de Jesús de Medinaceli, cuya imagen auténtica se venera en Madrid, en la parroquia homónima que regentan los padres capuchinos, presentes en Melilla hasta  hace una década. La historia de esta talla del siglo XVII, de la escuela sevillana, se inicia en la ciudad marroquí de Mámora, en donde los soldados españoles combatían en virtud de la política exterior de aquella época, que consistía en la ocupación de ciertas ciudades del norte marroquí, en prevención de una nueva invasión de la península ibérica. En 1681 el sultán Muely Ismail conquista la plaza y se apodera de la famosa imagen del Cristo de Medinaceli, ocasionando una convulsión social y política. La talla crística fue rescatada como un prisionero más, en el año de 1682 por los monjes trinitarios, que se dedicaban junto a los mercedarios, al rescate de cautivos cristianos en manos de los sarracenos y de los turcos otomanos. El comercio de esclavos y el rescate de prisioneros en todas las orillas del Mediterráneo, fue una de los comercios más lucrativos a lo largo de varios siglos. La imagen de Jesús de Madinaceli fue canjeada como un cautivo más, un año después, tras pagar las correspondiente 30 monedas de oro por su rescate. En recuerdo de este hecho se llevan a cabo dos cosas, la primera es el desfile o procesión que se realiza en Madrid hasta la imagen auténtica, desde 1682. La segunda tradición es depositar tres monedas junto a sus pies, en recuerdo del precio de su rescate. En aquellos tiempos el precio del rescate consistían en la equivalencia en monedas del prisionero. En el caso del la talla del Cristo de Medinaceli, pese a los varios intentos de pesaje, el resultado era siempre el mismo, el equivalente a 30 monedas, las mismas que obtuvo Judas por su desafección hacia el Nazareno.

     En Melilla, después de muchos años, la tradición parece recuperarse, pero porque los fieles que acuden a las iglesias melillenses, la están recuperando. Hoy no había ninguna nota de prensa por parte de la Vicaría Episcopal que así lo pusiese de manifiesto. Lo único que puede recuperarse y mantenerse es lo que surge desde abajo, y aquello que deciden los feligreses. En dos parroquias melillenses, la de Sta. Mª Micaela y la de la Purísima Concepción de Melilla La Vieja, se encontraban expuestas  y adornadas la imágenes, para veneración de los melillenses de confesión cristiana. En realidad son las dos imágenes del Cautivo existentes en la ciudad, pero que han sido vestidas y adaptadas para la ocasión, y para este tipo de culto efeméride religiosa. Sin embargo, hay una pequeña imagen, en la iglesia Arciprestal o del Sagrado Corazón, que recibe visitas diarias de los melillenses. Tantas, tan continuadas y a lo largo de los años, que su pie derecho, se encuentra completamente desgastado, por el paso continuo de las manos de los feligreses por esa parte de de la talla. Esto confirma que lo que se mantiene y pervive, es aquello que deciden las personas, los fieles, pese a la labor favorable o en contra, de las autoridades eclesiásticas. Lo que el pueblo abandona no se recupera, y lo que el pueblo venera no se pierde.

     Para aquellos que se extrañen del por qué escribimos de estas cosas, les diremos que siempre hemos defendido las tradiciones populares que se mantienen o resurgen, pese a La Iglesia, que suele recelar bastante de estas cosas. Hemos escrito y rescatado muchas historias sepultadas en la memoria de la ciudad, y que muchos desearon que nunca volvieran a salir a flote, como todo la relacionado con la iconoclastia.

PD: con las tres monedas se piden tres deseos, de los cuales será concedido uno. Esto es lo que me contaba una anciana venerable, que se ha pasado casi toda la mañana frente al Cristo Nazareno de Melilla La Vieja.

Nota: (1) http://www.archimadrid.es/jesusmedinaceli/imagen-cristo.HTML

  (2) https://elalminardemelilla.com/2011/09/19/%c2%bf-que-fue-de-de-los-capuchinos-en-melilla/

Las lágrimas milagrosas del Cristo de Melilla


             

El Cristo de La Caña y la sangre de Annual

                          Enrique Delgado

             Las lágrimas, las de verdad, fueron las que derramaron miles de madres a lo largo de tres décadas en las guerras de Melilla, pero hay otras lágrimas, unidas a las primeras y son las lágrimas milagrosas de una imagen ya casi olvidada, y una historia que ha estado cubierta por el velo del silencio, del olvido  y de la censura.  Estas son las premisas de un enigma imposible de resolver, y que hubiese desaparecido,  sin el acierto de un libro «De Cristo», del profesor de la Universidad de Salamanca,  Fernando Rodríguez de La Flor. Alguien lejano a nuestros hechos y a nuestro espacio físico, rescata, en un libro magnífico, denso, duro, desmitificador e incluso iconoclasta, la historia olvidada, no mencionada por ninguno de los cronistas religiosos de Melilla; de una imagen que no ha dejado de estar presente en las retinas de todos los que acuden, con una intención u otra, a la iglesia de La Purísima Concepción de Melilla.

            No hay nadie que no la haya visto o que no sepa de cual se trata, cuando se menciona el Ecce Homo de Melilla La Vieja o el Cristo de La Caña, pero tampoco hay nadie que supiese que esa imagen, desde días antes del «Desastre de Annual, en julio de 1921, empezó a derramar lágrimas, según dicen, los testimonios orales de los pocos que recordaban la historia, y que en algún momento se la contaron a José Luis Blasco, que me ayudó con los datos que le proporcioné, para identificar la imagen a la que alude el libro del profesor salmantino.

         En la Iglesia del Pueblo existen tres imágenes de Cristo y las crónicas que voy  a mencionar, hablan de una imagen que nadie identifica, pero de la que había oído hablar e incluso escrito, aunque sin poder identificarla tampoco. Concluye aquí una búsqueda de 7  años tras la imagen de un Cristo milagroso, y que ahora se cierran, de modo casual y justo cuando ya había dado por perdida la historia.  Dicen que a Dios no se va, sino que Él te busca y que incluso se sirve de no creyentes, en el sentido más canónico,  para conseguir sus fines.

                                     Las lágrimas en el arte

           Este es el título del artículo de Ramón Gómez de la Serna, publicado en La Esfera el 8/12/1923 y que rescata el profesor Rodríguez de La Flor. El párrafo que alude al Cristo melillense es el siguiente. «Un telegrama de la agencia Fabra que ha circulado últimamente por toda la prensa decía, refiriéndose a un Cristo de Marruecos: Según muchas personas la imagen que se venera en la Iglesia de La Purísima Concepción de Melilla, regentada por los Capuchinos, derrama lágrimas y abre y cierra los ojos cuando los fieles acuden a rezar ante Él. Si los Cristos lloran en el desastre del dolor solitario y fatal de España ante la sarracina inveterada, ¿Cómo no van a ser tan sentimentales y lloriconas nuestras vírgenes?».

           El artículo de Gómez de La Serna es de finales de 1923, cuando una agencia de noticias recogió el  caso del milagroso Cristo melillense, y tras saltar la barrera que impone el mar, se abrió paso entre las noticias de la época,  colocándose a la altura del Cristo cántabro de Limpias. Sin embargo el fenómeno llevaba ya dos años produciéndose en la ciudad. Un año y medio antes, un colaborador del Telegrama del Rif, P. Pillo, el 23/05/1922, hizo una rimas bastante anodinas que tituló como «Un Cristo milagroso en Melilla»: Como verán me limito a acoger lo que comentan, con fervoroso entusiasmo, gentes piadosas y serias. ¿Un exceso de fe?, ¿Una visión?.

             Las enormes cautelas del colaborador del Telegrama del Rif, que tampoco identifica de qué imagen se trata, solo se explican por la presencia vigilante de la censura militar y de la  eclesiástica. Suponemos que cuando este colaborador se hace eco de la lacrimosa efigie de Cristo, es porque el asunto estaba suficientemente consolidado como para no confundirlo con un momento de efervescencia religiosa, tras la mayor sangría de un Ejército de España fuera de su territorio, como fue el caso de Annual.

            Desde la catástrofe del Barranco del Lobo en 1909, la opinión pública española estaba completamente sensibilizada con la palabra Melilla, que por otro lado siempre ha inspirado e inspira mucho temor a La Nación. Tras la conmoción de 1921, en la que una vez más la sangre la pusieron los hijos de las madres españolas, no se podía permitir que una imagen religiosa, por muy de Cristo que se tratase, pusiese en jaque la estabilidad de alambiques que sostenía a La Dictadura de Primo de Rivera y a la agujereada monarquía de Alfonso XIII. Solo el socialista Indalecio Prieto se puso en el lugar de las madres, que recorrían la carretera de Taouima a Zeluán (la de la muerte), para identificar en los despojos de cadáveres, lo que algún día fueron » hijos nacidos de sus entrañas». Las madres no tenían voz, y la verdad no podía ser expresada en modo alguno, por lo que una efigie de madera, que representa a Cristo, se convirtió en el portavoz  de tanto dolor y de tanta sangre derramada, de manera inútil y forzada.

                                             La cuestión de las imágenes

            Son numerosas las cuestionas planteadas y descritas por el profesor Fernando R. de La Flor,  como la relativa a si hay alguna manera de aproximarse a las imágenes, que no sea la de la Fe o la mirada artística. En largos periodos históricos, ya sea de la Edad Media, del Barroco o del Antiguo Régimen, las imágenes religiosas fueron parte de la vida de las personas, para desaparecer luego de modo completo. Las imágenes, según el profesor salmantino: «dejaron de interesar a la propia Iglesia». Así pues, tallas y representaciones de santos, cristos y vírgenes que lo fueron todo en determinadas épocas, yacen hoy solitarias y casi sin culto en centenares de iglesias. Algunas, como la del Cristo melillense, han estado a punto de que se borrase toda su historia.

                                ¿Por qué el Cristo de La Caña?

             En la Iglesia de La Purísima Concepción hay tres imágenes de Cristo expuestas al público y había que decidirse por una para asociarla a este olvidado pasado milagroso. El Cristo de La Vera Cruz está descartado porque tiene los ojos cerrados, y el Cristo del Socorro ya tiene su propia historia milagrera, a la que sin duda alguna se hubiese unido ésta. La imagen a la que aluden las crónicas tenía que ser otra y para eso solo podemos fiarnos de la tradición oral, recogida por José Luis Blasco y por un detalle fundamental. Aunque muchos no saben el motivo, sí conocen que el Cristo de La Caña estuvo retirado del culto y oculto en la sacristía durante décadas. Los que lo escondieron y sabían los motivos solo pretendían que todo se olvidase, y este detalle sí sirve para asegurar, ya sin temor al error, que el Cristo lacrimoso y milagroso de Melilla, solo puede ser el Cristo de La Caña. Ahora  la historia  ya está a salvo del olvido.