Campanas e iglesia de La Divina Infantita


                              El bien suena y el mal vuela

Enrique Delgado

               La búsqueda constante y la casualidad, hacen que a veces se compongan los hilos del recuero. Hay muy poco escrito, muy poco fijado. Había muchas fotos y datos pero todo fue desapareciendo. Las religiosas esclavas de La Inmaculada Niña o Divina Infantita, llegaron a la ciudad en 1921. El Desastre de Annual hizo que el nombre de Melilla diera la vuelta al mundo. Es una advocación de origen mexicano, pero fundada en España por un almeriense, el padre Federico Salvador Ramón.

              Su primer colegio y convento se construyó casi en el mismo lugar que ocupa actualmente, en el barrio del Industrial, en donde han permanecido desde su llegada a la ciudad. Su primera capilla, con frente de espadaña y mirando hacia la calle se inauguró y bendijo durante las fiestas del barrio del año 1929, el día uno de septiembre. La capilla residencia y colegio se construyeron sin estilo arquitectónico determinado, pero el proyecto de la capilla originales del capitán ingeniero militar Francisco Carcaño, y éste sí es un importante dato olvidado.

                         Las campanas olvidadas de La Divina Infantita

            La pequeña congregación de la Divina Infantita esconde la historia de un milagro asombroso, en época de gran mortandad infantil en la ciudad, y uno de los escándalos judiciales más espectaculares de la historia de Melilla. Tenemos datos tanto de una como de otra cosa pero ahora no podemos escribir acerca de ello. Todas estas cosas me fueron reveladas por José Vacca (q.e.p.d.) y en principio no le creí, al menos en las proporciones que él lo contaba. Sin embargo, un día, varios años después de su fallecimiento en 2007, encontré el rastro judicial de ese formidable escándalo judicial, que pasó sin pena ni gloria entre el acontecer de la ciudad, pese a sus espectaculares proporciones.

        No sé en qué momento se transformó por completo el aspecto de la residencia, capilla y colegio de las religiosas de la Inmaculada Niña. Todo rastro del pasado fue alterado y borrado. Incluso las campanas fueron retiradas y ya no tañen desde entonces. Se encuentran depositadas en la azotea de la moderna residencia de las religiosas, y han sido objeto de constante atención por parte de coleccionistas, que han pretendido llevárselas, con la excusa de conservarlas y restaurarlas. Las traemos hoy aquí, al Alminar, con objeto de protegerlas. Al identificar en donde están y mostrarlo al mundo entero, ya nadie se intentará apropiar de ellas. Hasta ahora han sido defendidas con celo por parte de las hermanas de la Divina Infantita, y por algunos custodios voluntarios entre los que se encuentra José Luis Blasco.

                Son tres campanas de bronce, de tamaño mediano y pequeño;  y que podemos mostrar en su emplazamiento original gracias a una foto perdida de archivos fotográficos sin propietario. Solo una de ellas está datada, en el año 1923, y tiene una efigie del Sagrado Corazón de Jesús. Esta campana está coronada por  una cinta de ángeles en su parte superior. La más grande de ellas o principal, tiene un crucifijo grabado en su parte delantera y otro Sagrado Corazón en la parte posterior. Ésta última campana no lleva datación ni otras marcas. La tercera y más pequeña está totalmente lisa y no lleva nada significativo labrado. Todo puede haber sido borrado, o quizá no. También guardan rastro de haber sido pintadas en color beis claro.

Paquita, una campana francesa


          Enrique Delgado  

     Esta es una historia antigua y casi olvidada y que todos recordarán en cuanto la pongamos por escrito. Nuestra ciudad está llena de archivos personales inconsultables, sin otra finalidad que la de ocultar datos, documentos, fotografías. Solo cuando alguien escribe, recuerda o redescubre  algo ya olvidado o destinado a perderse, los «megadateros» se reúnen en sus cuevas, echan manos de sus copiosos datos, de sus abundantes y desconocidas fotografías y se quedan satisfechos porque esto tampoco pone en cuestión su hegemonía. Luego todo será pasto de los vampiros de ideas y de los plagiadores.

                                            Historia de una campana francesa

       Esta es una historia del Alminar. Nos es indiferente quién haya escrito antes o quién lo haga después. Nadie hasta esta fecha se ha subido al cielo de «Paquita», la ha limpiado, la ha acariciado y ha extraído todos sus secretos, que tampoco son tantos. Conocemos este lugar desde el año 2007. Siempre lo habíamos visto desde abajo, nunca desde arriba, a la misma  altura de Paquita, sobre su cielo.

        Es un dato común que la capilla del Centro Asistencial fue inaugurada un 4 de febrero de 1928. No es tan conocido que la campana, de nombre Paquita, dedicada a la esposa de Cándido Lobera, se llame así porque está dedicada a la que fuera su esposa: Francisca Peré.

         La bendición de la campana se efectuó el día 19 de enero de 1928, acto en el que no estuvieron presentes ni Cándido Lobera ni su esposa, por lo que fueron representados por Jaime Tur y su esposa Gloria Barraca. La inauguración de la capìlla estaba prevista para el día 23 de enero, pero tuvo que ser aplazada dada la imposibilidad de la asistencia del matrimonio Lobera. Este es el motivo por el que todo se retrasó hasta el día 4 de febrero de ese año.

                              Fonderie Paccard d Annecy

            Lo que nadie podía imaginar, ni saber, porque jamás fue escrito ni dado a conocer, es que Paquita es una campana francesa, elaborada en una de las fundiciones de campanas más selectas de Francia, las Paccard de la localidad de Annecy, junto al lago del mismo nombre, en la región del Ródano, junto a los Alpes franceses. Este es el secreto que nos reservaba Paquita, y que solo ha mostrado a quien ha estado junto a ella, en el cielo que domina desde el año de 1928.

            Las campanas de Paccard, son consideradas las mejores posibles, por su elegante aspecto, por su dulce y timbrado sonido y por su delicada forma. Se las conoce como  las «stradivarius» de las campanas. Han pasado casi 100 años desde su fabricación y está como el primer día. Se aspecto es diferente a las que hemos visto. Es pequeña y hermosa. La historia que yacía olvidada, ya no se perderá.

17 de septiembre en Melilla


          Un 2 de julio de 1494, en la villa de Arévalo, España y Portugal firman el conocido como Tratado de Tordesillas, por el cual se van a repartir el mundo conocido. España ha culminado la Reconquista, o la unificación del territorio peninsular, bajo el dominio de la fe de Cristo. Los musulmanes hispanos han perdido el último reino, el  de Granada, en el que se mantuvieron durante casi ocho siglos. El ejército al servicio de los Reyes Católicos es el más potente y mejor entrenado del Mundo. Fernando el Católico quiere conquistar plazas en el norte de África, para vigilar la costa e impedir una nueva invasión del territorio peninsular. Es algo que ya nunca se va a producir, pero en aquel momento no podían saberlo.

               Este es el motivo por el que en el Tratado de Tordesillas se menciona, en siete ocasiones, la necesidad de «conquistar las villas de Melilla y Cazaza que se duda sobre su pertenencia al Reino de Fez, pero con relación a Portugal, pues el límite norte del reparto, se situaba en las fronteras del mencionado reino. Portugal no estaba interesado en el norte y cede en sus pretensiones ante España, reservándose el comercio hacia el sur del continente africano.

                                       Las expediciones españolas sobre Melilla

            Las expediciones de sondeo sobre las posibilidades de ocupar, conquistar o tomar posesión de Melilla se inician apenas firmando el Tratado. Todas ellas coinciden en la dificultad de la empresa. Melilla está habitada en aquel momento, pero no con una gran población y carece de ejército propio. Martín Galindo y Cristobal Colón se posicionarán claramente en contra. Los Reyes Católicos se desentenderán de la empresa.

            Será la Casa de Medina Sidonia, que depende del obispado de Badajoz, la que tomará a su nombre y a su costa la expedición de conquista y ocupación del territorio. Previamente se intentó la negociación directa con los alguaciles o la familia en posesión de la ciudad. La vía de la rendición por pacto fracasa y los alguaciles serán considerados como traidores por los escasos habitantes de la ciudad. Pedirán ayuda al Rey de Fez, pero carece de fuerzas para impedir una invasión  como la que se les venía encima.  Deciden abandonar la ciudad, derruir los adarves, y quemarla, para que «los cristianos no encontrasen nada útil». Esto lo confirmará Juan león el Africano, quien afirma: que los cristianos tomaron gran disgusto en ver la ciudad en aquel estado.

                                                La cuestión de la fecha

           Todo el mundo sabe, que en estas tierras norteafricanas, siempre hay alguien observándolo todo, por ello, parece ser que la expedición pudo partir desde Gibraltar, para hacerla invisible. Se tomó la decisión de navegar de noche o alejados de la costa, y se escogió el mes de septiembre debido a la mayor continuidad de los vientos de poniente. El desembarco con viento de levante hubiera hecho imposible la navegación el desembarco, de hecho es algo que advirtió claramente el almirante de la Mar Océana Cristobal Colón, quien finalmente aceptó el aplazamiento de su 4º viaje a América, para facilitar el uso de la flota en la conquista y ocupación de Melilla.

              Parece más verosímil que la expedición se formara en 1497, pero es imposible concretar el día del desembarco. Las crónicas solo datan el mes de septiembre como el de partida de la expedición. Queda claro que el gran desembarco no se pudo realizar en un solo día, sino que debió durar al menos una semana o más. Su primer alcaide fue Mariño de Ribera, quien tomó posesión de la ciudad, cuando esta ya estuvo asegurada y reconstruida. Hubo varios viajes desde aquel primero y la zona solo quedo definitivamente en manos españolas, tras varios meses de esforzados y onerosos trabajos.

                      Melilla quedará como una ciudad española, pero Ducal, hasta el día 7 de junio de 1556, fecha en la que la Corona de España tomará posesión de la misma, tras la renuncia de la Casa de Medina Sidonia a seguir sosteniéndola. Este día es, a juicio del Alminar, el verdadero día de la ciudad. El 17 de septiembre es y seguirá siendo una fecha incierta

Las campanas gemelas de Santa María de La Victoria


           Las campanas de Melilla la Vieja tienen tres siglos de antigüedad

Enrique Delgado

             Las campanas tienen una función muy importante en las iglesias, tanto que muchas de ellas son bautizadas, rociadas con agua bendita, antes de ser instaladas en su torre, campanario o espadaña. En tiempos pasados su tañidos regulaban la vida de la ciudad, pueblo o comarca. Marcaban los nacimientos, las defunciones, eran la señal de aviso para contingencias, accidentes y grandes acontecimientos.  La labor de campanero era uno de los oficios importantes dentro de las personas que vivían dentro de la iglesia. Voltear una campana, ponerla en marcha de modo manual es algo que ya apenas se hace, entre otras porque es un oficio peligroso. En las grandes campanas de las catedrales hay que subirse en ellas e iniciar el movimiento con la fuerza y destreza humana.

           Las campanas ya no suenan en casi ninguna iglesia, entre otras cosas porque hoy se vive en una sociedad en la que casi todo molesta. Son muy pocos los lugares en donde el tañido de las campanas marcan las horas y los cuartos, aunque todavía quedan. Algunas son demasiado estridentes y otras aturden. Por eso, junto a las campanas principales, que solo se tañen en ocasiones especiales, se instalan otras más pequeñas para realizar las funciones horarias.

                Las campanas de la iglesia de La Purísima Concepción de Melilla

                   Son tres campanas las que se ven en la espadaña de la fachada de la iglesia de Melilla la Vieja. La más pequeña es de las llamadas de volteo, y fue instalada allí el 19/03/1940. Es pequeña y estridente. Su colocación fue objeto de una ostentosa ceremonia, y fue apadrinada por el general García Valiño y su esposa. Esta no nos interesa pero dejamos el dato apuntado.

                        En todos los folletos, artículos e historias  consultadas sobre la iglesia patronal de Melilla, nunca hemos visto ni una sola línea referida a las campanas, a su historia, a sus posibles nombre o a su antigüedad. Las campanas se fabrican en moldes específicos que luego se destruyen, por eso no hay dos iguales. En ellas se inscriben jaculatorias, el nombre de quien las encarga, el peso, el punto en donde debe golpear el badajo, o cualquier otra cosa que se quiera. También se adornar con escudos o anagramas en el cuerpo de la campana, y con filigranas e inscripciones en los bordes o labios.

                   Las dos campanas de la iglesia de La Purísima de Melilla la Vieja ya han perdido el yunque, y están sostenidas por vigas de hierro que atraviesan sus asas y hombros. En la parte superior o tercio, tienen la misma jaculatoria: Santa María ora pro nobis. En el cuerpo de la campana hay una misma cruz de filigranas, atravesada por clavos y la palabra INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudiorium). Las campanas están colocadas en sentido inverso, una frente a la calle y la otra frente a la iglesia. La cruces tiene también alguna diferencias, en la disposición de los clavos y en los adornos superiores. La campana con los datos de fabricación lleva encima la cruz hospitalaria, mientras que la otra tiene un pequeño asterisco o estrella.

                  Entre ambas hay unas pequeñas diferencias solamente. La situada en el lado del evangelio, en el labio tiene unos acrónimos con sus datos de fabricación: XPL DEBARGAS MFFESI MÁLAGA AÑO 1719. Su compañera y gemela no los lleva, pero en la parte superior, cerrando la jaculatoria, se lee el año de fabricación, el mismo 1719.

Melilla, el diecisiete a las 16


Vidas imperfectas, de Santos Calleja, modifica el inicio de la Guerra Civil en Melilla

          Santos Calleja es un maestro y escritor palentino afincado en Melilla que ya ha publicado varios novelas, de una de ella ya hemos dado cuenta en El Alminar. El pasado mes de abril presentó «Vidas imperfectas», el relato  de las vivencias de Cayo Aguilar, un labrador adinerado de un pueblo desaparecido de Castilla, Valdeno del Charcal.

     Al llegar al tramo final de su vida, el señor Cayo necesita revelar una parte de su vida, manteniendo el silencio sobre el resto. Para ello escogerá a un muchacho de diferente posición social y gran diferencia de edad, al que revelará los secretos de su estancia en Melilla, como soldado fusilero del Regimiento de Cazadores de Ceuta nº 7. A sus confesiones acompañará un «Diario de Campaña» ( que existe en realidad), y que donará a su joven confesor como legado.

        Santos Calleja escoge un formato clásico para su novela, pero es que se trata de un escritor costumbrista que forja sus historias en el duro paisaje y clima castellano, crisol de espíritus,  templador de ánimos y agostador de vidas. Son personajes y situaciones muy reales, narrados con una gran riqueza de vocabulario, pero sin concesiones a la galería.

                                El inicio del Golpe de Estado de 1936

          Las Fuerzas de Regulares, acantonadas en Nador debieron salir de su acuartelamiento a las cuatro de la tarde, para empezar a ocupar la ciudad de Melilla una hora después, las 17 horas del día  17, como dejara escrito Carlos Seco Serrano, hijo de Edmundo Seco, comandante leal al General Romerales. Algo retrasa su avance a Melilla, y es la Base de Hidroaviones del Atalayón, a cuyo frente se encuentra el Capitán de Aviación Virgilio Leret. El relato del fusilero Cayo Aguilar narra por primera vez lo que sucede allí dentro.

                         Leret, el primer defensor de La República

    Lo que sigue es el relato verbal de Cayo Aguilar en el texto de Santos Calleja. Virgilio Leret, comandante de La Base, impide el acceso a la misma de las fuerzas de Regulares.

                 —    El Jefe del Escuadrón, con un megáfono se le conmina a rendirse:

               — El General Romerales se ha rendido sin oponer resistencia. Todos los oficiales han declarado el estado de Guerra. Deber ponerte a las órdenes del Tte. Coronel Seguí, jefe de las fuerzas de Falange.

                 –No puedo ir contra el poder legalmente constituido. Estoy enterado de lo sucedido en la ciudad, pero esta Base no se unirá a los sublevados. No formaremos parte de la tropelía. ¡ Viva La República ! – gritó impasible Virgilio Leret.

                — Eres el único responsable de estos actos y de lo que suceda de ahora en adelante.

                  — Daré mi vida antes de caer en el deshonor. La deslealtad no forma parte de mí.

                 —  Los pocos soldados que guarnecían la Base adoraban al Capitán Virgilio por su sencillez, trato afable, dotes de mando, liderazgo. Todos siguieron su ejemplo sin necesidad de arengarlos. Un intenso tiroteo se inició de inmediato, esto provocó las primeras bajas entre los atacantes, pero la exigua guarnición y los escasos medios solo les permitieron resistir unas pocas horas. Máxime cuando un Tabor de Regulares rifeños, al mando del comandante Mohamed Ben Mizzian, interrumpió su marcha hacia Melilla para participar en el asalto.

               — Esa misma noche, diecisiete de julio de 1936, el capitán Leret y dos alféreces a sus órdenes fueron ejecutados, después de haber sido probablemente torturados.

           Este es el dialogo recreado por Santos Calleja, según el relato del labrador Cayo Aguilar, que aporta un testimonio muy novedoso. El resto de los soldados, tanto los pertenecientes a la Base, como otros que estuvieran allí de servicio, debieron permanecer confinados en un hangar. Allí es donde los desolados soldados recibieron la noticia de boca de uno que acababa de incorporarse al grupo: – Acaban de asesinar al capitán Leret. Todos contemplaron abatidos el cadáver de su jefe, en señal de consideración. Petrificados por el dolor, de sus labios apenas salieron unas palabras entrecortadas y heladoras de sentimientos. Cayo Aguilar partió de Melilla en diciembre de 1936 con su regimiento de Cazadores de Ceuta. Ahí se inicia su relato escrito sobre su participación en la Guerra Civil con los sublevados, bando con el que no comulgaba en ideología.

              Tenemos aquí pues el testimonio directo que habla del primer defensor de La República, Virgilio Leret. El héroe no reconocido en el reducto franquista de Melilla. Leret no cedió el mando de su base, no fue sometido a la indignidad y la farsa de un Consejo de Guerra, como el general Romerales, el comandante Edmundo Seco, Pablo Ferrer Madariaga, o el capitán  José Rotger Canals.

                  Virgilio Leret fue asesinado en esa misma noche, como siempre ha defendido su hija Carlota. No hubo farsa de juicio ni reconstrucción posterior de los hechos.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/04/06/el-maestro-de-ruiponce/

Una campana llamada Inmaculada


                   Historia de la Capilla Castrense de Melilla

Enrique Delgado

                    La historia de la construcción de iglesias en Melilla siempre ha sido complicada, pero la de la Capilla Castrense de la Inmaculada Concepción,  es quizá la más enrevesada de todas. La solemne inauguración de las obras se produjo el sábado 18 de septiembre de 1920. El acto ceremonial fue presidido por el Comandante General de Melilla Manuel Ferández Silvestre, y el presidente de la Junta de Arbítrios, General Federico  Monteverde y el capitán ingeniero de la Junta, Francisco Carcaño, autor del proyecto, así como la esposa y la madre del infausto General Silvestre.    Este dato es importante porque una vieja leyenda africanista dice que la campana mayor de la capilla castrense de La Inmaculada Concepción lleva el nombre de Eleuteria, nombre de la madre del entonces Comandante General de la Plaza. Las madrinas de la ceremonia fueron la madre de Silvestre y la esposa del General Monteverde.   La  ceremonia religiosa fue oficiada por el Vicario castrense Plácido Zaidín, y los capellanes Ramón Elías y Francisco Velasco.

            Las obras se extendieron demasiado  por la falta de crédito, pese a las campañas de donativos, y las dificultades que presentaba el terreno (las antiguas ciénagas del Río de Oro), por lo que se tuvieron que sustentar las torres y el edificio, sobre un sistema de placas de cemento, lo que encareció el proyecto y provocó nuevos retrasos. Tantas fueron las dificultades que casi un año después, pese a las reducidas dimensiones originales de la capilla, a duras penas se cubrieron aguas en el mes de junio, tras finalizar la cubierta y las bóvedas interiores.

         Unos días antes de partir hacia el frente, el general Silvestre organizó una pequeña fiesta en el edificio, cuyo interior fue adornado para la ocasión  y se dispararon fuegos artificiales. En presencia de su madre, Eleuteria, de los obreros y de las mujeres encargadas de la Comisión de recogida de fondos, hizo un pequeño discurso, en el que afirmó que: «No es una obra hecha para la guerra, pero a ella puede venirse como resultado de aquella». Alabó el trabajo de los obreros, resaltó que no se habían producido incidentes en su construcción y resaltó, una vez más, el proyecto de Francisco Carcaño. En su construcción también trabajaron soldados como obreros.

           Todo parecía marchar según lo previsto. Apenas unos meses más y Silvestre podría  volver, dedicar la obra a Melilla, al servicio religioso y a su madre; pero el destino tenía otros planes. La catástrofe de Annual, de la que él fue el principal responsable, trastornaría por completo las obras de la capilla, que fue utilizada como depósito de municiones durante ese año y el siguiente, 1922. El oficio religioso militar debería seguir celebrándose en la pequeña capilla de madera, junto al Muro X.

                  Bendición de la  capilla el 22 de noviembre de 1923

           A las nueve en punto de la mañana se inició el solemne oficio religioso de la bendición,  presidido por Julio de Diego y Alcolea,  Ilustrísimo Patriarca de las Indias Occidentales, lo que hoy sería el obispo general castrense, en un acto privado. Fuera esperaban los fieles, el inicio de la misa pública. Un poco antes fue trasladado el Santísimo de la vieja capilla a la nueva. El oficio público se inició a las 10h 30 de una desapacible mañana de otoño, dominada por un intenso aguacero, como si el destino quisiese lavar con el agua, cualquier error cometido en el pasado. El 22 de noviembre se conmemora la festividad de Cristo Rey y de Santa Cecilia.

                                 Inmaculada: el nombre de la campana

       La campana o las campanas, son tan importantes para un edificio de culto cristiano, como el mismo edificio. Las campanas son únicas, y se fabrican ex profeso para el templo. El molde se rompe con posterioridad y ya es imposible repetirla. En muchos casos a las campanas se las dota de un nombre propio o de un título. Caso de ser así, el hecho es tan importante que se menciona en el acto de inauguración o bendición del edificio. Las campanas se instalan en el último momento y se tañen en el instante de la inauguración. En ninguna de las crónicas leídas sobre la construcción e inauguración de la capilla se hace mención a las campanas. No se habla de ellas.

      La vieja leyenda africanista decía que a la principal, la instalada en la torre derecha o del evangelio se le había dado el nombre de Eleuteria, madre del general Silvestre y supuesta impulsora de su construcción. Tras subir a esa torre compruebo que el nombre de la campana es el de Inmaculada, fabricada en el año 1944 y donada por la Junta de Obras del Puerto. La torre izquierda, o de la epístola es inaccesible. Esta cegada y no tiene escalera interior de acceso. Esto es lo que dicen los hechos y las crónicas. La leyenda puede pervivir, por eso lo es.

Juan Medina, memorias de un prisionero de Franco


 Las memorias de Juan Medina en las prisiones de Franco

          Juan Medina Sánchez, un joven melillense, pasó 13 años de su vida como prisionero político o de guerra, entre 1936 y 1949. Las memorias presentadas el pasado viernes en Melilla por sus hijos son el relato de todas las vicisitudes carcelarias, desde el el campo de prisioneros de Zeluán (Marruecos), hasta la prisión de San Miguel en Valencia, en donde fue puesto en libertad. Son las primeras memorias completas presentadas en la ciudad.

       Antes que esto, en 2004, Mª Ángeles Sánchez había publicado y presentado los primeros testimonios de mujeres y hombres prisioneras en el interior del campo de prisioneros de Zeluán, localidad perteneciente al Protectorado español de Marruecos. Eran cartas de los hermanos Montoya Odri, describiendo su situación en el campo y comunicándose entre ellos/as, en el libro Mujeres en Melilla.

         Cinco años antes, en 1999, Enrique Delgado (el que escribe desde El Alminar), había publicado en El Telegrama de Melilla, y a lo largo de tres meses, todos los acontecimientos relacionados en el Alzamiento Militar de Melilla, la primera lista de ejecutados, con 294 nombres, la primera y única aproximación biográfica al General Romerales, el rescate de la memoria de Carlota O ‘Neill, la biografía del comandante Edmundo Seco, del capitán Casado Escudero, la historia de los comandantes Ferrer y Rotger, y también la del Padre Jaén, con la publicación íntegra de sus cartas en 2011, desde la prisión de Rostrogordo.

              Antes de 1999 solo existió el vacío, y después de 2004, solo la aparición del libro de Vicente Moga sobre la Represión de La Masonería en Melilla, rompió el espeso silencio sobre la represión franquista en nuestra ciudad, tanto durante el periodo de Guerra Civil, como en el posterior a la victoria del autodenominado Bando Nacional en 1939.

         En medio de casi dos largas décadas, la presencia constante y dinamizadora de Carlota Leret, en reivindicación de la memoria de sus padres (Virgilio y Carlota), ha supuesto una corriente revitalizadora y renovadora de la memoria republicana de Melilla, en medio del erial impuesto por la derecha desde 1991. Todos estos han sido los apoyos a la memoria histórica de la ciudad.    Todo los demás, han sido traiciones a la memoria, cuyo olvido por parte de las instituciones públicas ha sido y es,  activo y consciente.

                                 El libro de los hijos de Juan Medina

             Las memorias del activista comunista Juan Medina Sánchez, ha sido un trabajo elaborado primero por el propio Juan Medina en sus años de prisión, y luego mecanografiado para su publicación por su mujer e hijos. Juan Medina murió en Barcelona en 1991, por lo que la publicación de sus memorias ha debido esperar casi 25 años. No han contado con el apoyo de ninguna institución pública de la ciudad, que normalmente edita y reedita cualquier cosa. Presentaron las memorias en la Universidad a Distancia de Melilla (que no puede negarse a elloya que es una institución al servicio de todos), apoyados por el historiador Vicente Moga, por la Asociación Ateneo, representada por la maestra Inmaculado Ortell, y por José Juan Medina como portavoz de la familia. El libro es un edición costeada entre 31 personas de Melilla y del entorno de la familia en Barcelona.