La Legión y José Mª Fernández Cloux


                     Esta es una historia legionaria, de alguien que en el Tercio era conocido como José Mª Fernández Clous, y que en su vida anterior era Juan Antonio Berges del Palacio.  En La Legión no importa la vida anterior y esa ha sido, y quizá sea así todavía,  otra de sus muchas leyendas y características. Los legionarios son lo que son, tanto su leyenda negra como La Legión moderna, la de los últimos tiempos; sin perder nunca su esencia. Otra de sus características es que jamás olvidan, abandonan o eliminan la historia de los suyos, aunque hayan pertenecido al «bando de los malos», el de los republicanos, el de aquellos que fueron juzgados por permanecer leales a La República o por el eufemismo jurídico de «auxilio a la rebelión», no a la de 1936 o Alzamiento, sino a la de Asturias de 1934. Por eso, estamos en condiciones de afirmar que su historia completa, su expediente personal se encuentra en los archivos del Acuartelamiento Millán Astray, 1er Tercio de La Legión, el que nunca ha salido de África, aunque en aquellos años, en 1934, estaba establecidos en Taouima, hasta su repliegue a Melilla, tras la independencia de Marruecos en 1956.

                   Esta historia ha surgido ahora, cuando una mujer francesa, Betty Bresse, se ha decidido a completar o documentar la historia de su abuelo, el sargento legionario, abogado y comunista José Mª Fernández Clous, natural de Oviedo, hijo de Ernesto y de Pilar, ejecutado a las 06h 30 minutos del día 5 de marzo de 1938; dirigiéndose al Alminar de Melilla. Intuimos, por lo escrito por su nieta, que parte de los problemas del sargento de La Legión empezaron en 1934 en Asturias, de ahí sus gestiones ante el diputado por Melilla Carlos Echeguren, biografiado por Carlos Esquembri. Este es también otro de los misterios de la ciudad, en la que un diputado de los partidos republicanos de derechas, Echeguren, ejecutado en Madrid en julio de 1937, fue completamente postergado durante el franquismo, y cuyo nombre fue prácticamente olvidado.

                  Ahora, ambas historias se unen en El Alminar, gracias a una entrada publicada en junio de 2013, en la que escribía acerca de otro legionario republicano, Fermín Galán, autor de varias obras literarias, considerado como uno de los protomártires de La República. Esa historia, fue aprovechada por Betty Bresse para intentar aclarar algo sobre la historia de su abuelo.

                  José María Fernández Clous fue enterrado en la parcela 19 del cementerio de Melilla, que fue vaciada y tapada en octubre de 1989, para edificar la Galería Norte y el actual enterramientos de los militares de La Legión, que tienen dos parcelas específicas en el cementerio de Melilla. En 1989 fue abierta la parcela 19 y casi todos los restos trasladados al denominado como Osario general, en donde probablemente se encuentren los de Fernández Clous y los de otros muchos represaliados en Melilla.

                  PD: En correo a su mail, enviaré a Betty Bresse la dirección a la que debe dirigirse, para que le hagan una copia del expediente de su abuelo. Ya sabemos en donde se encuentra. No tengo dudas de que se dirigirán a ella y le enviarán toda la documentación de la que dispongan.

              Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/06/03/la-legion-y-una-historia-republicana/

La tradición de Jesús de Medinaceli en Melilla


             En la mañana de hoy, primer viernes del mes de marzo, se conmemora y lleva a cabo el tradicional desfile de besamanos y besapiés de Jesús de Medinaceli, cuya imagen auténtica se venera en Madrid, en la parroquia homónima que regentan los padres capuchinos, presentes en Melilla hasta  hace una década. La historia de esta talla del siglo XVII, de la escuela sevillana, se inicia en la ciudad marroquí de Mámora, en donde los soldados españoles combatían en virtud de la política exterior de aquella época, que consistía en la ocupación de ciertas ciudades del norte marroquí, en prevención de una nueva invasión de la península ibérica. En 1681 el sultán Muely Ismail conquista la plaza y se apodera de la famosa imagen del Cristo de Medinaceli, ocasionando una convulsión social y política. La talla crística fue rescatada como un prisionero más, en el año de 1682 por los monjes trinitarios, que se dedicaban junto a los mercedarios, al rescate de cautivos cristianos en manos de los sarracenos y de los turcos otomanos. El comercio de esclavos y el rescate de prisioneros en todas las orillas del Mediterráneo, fue una de los comercios más lucrativos a lo largo de varios siglos. La imagen de Jesús de Madinaceli fue canjeada como un cautivo más, un año después, tras pagar las correspondiente 30 monedas de oro por su rescate. En recuerdo de este hecho se llevan a cabo dos cosas, la primera es el desfile o procesión que se realiza en Madrid hasta la imagen auténtica, desde 1682. La segunda tradición es depositar tres monedas junto a sus pies, en recuerdo del precio de su rescate. En aquellos tiempos el precio del rescate consistían en la equivalencia en monedas del prisionero. En el caso del la talla del Cristo de Medinaceli, pese a los varios intentos de pesaje, el resultado era siempre el mismo, el equivalente a 30 monedas, las mismas que obtuvo Judas por su desafección hacia el Nazareno.

     En Melilla, después de muchos años, la tradición parece recuperarse, pero porque los fieles que acuden a las iglesias melillenses, la están recuperando. Hoy no había ninguna nota de prensa por parte de la Vicaría Episcopal que así lo pusiese de manifiesto. Lo único que puede recuperarse y mantenerse es lo que surge desde abajo, y aquello que deciden los feligreses. En dos parroquias melillenses, la de Sta. Mª Micaela y la de la Purísima Concepción de Melilla La Vieja, se encontraban expuestas  y adornadas la imágenes, para veneración de los melillenses de confesión cristiana. En realidad son las dos imágenes del Cautivo existentes en la ciudad, pero que han sido vestidas y adaptadas para la ocasión, y para este tipo de culto efeméride religiosa. Sin embargo, hay una pequeña imagen, en la iglesia Arciprestal o del Sagrado Corazón, que recibe visitas diarias de los melillenses. Tantas, tan continuadas y a lo largo de los años, que su pie derecho, se encuentra completamente desgastado, por el paso continuo de las manos de los feligreses por esa parte de de la talla. Esto confirma que lo que se mantiene y pervive, es aquello que deciden las personas, los fieles, pese a la labor favorable o en contra, de las autoridades eclesiásticas. Lo que el pueblo abandona no se recupera, y lo que el pueblo venera no se pierde.

     Para aquellos que se extrañen del por qué escribimos de estas cosas, les diremos que siempre hemos defendido las tradiciones populares que se mantienen o resurgen, pese a La Iglesia, que suele recelar bastante de estas cosas. Hemos escrito y rescatado muchas historias sepultadas en la memoria de la ciudad, y que muchos desearon que nunca volvieran a salir a flote, como todo la relacionado con la iconoclastia.

PD: con las tres monedas se piden tres deseos, de los cuales será concedido uno. Esto es lo que me contaba una anciana venerable, que se ha pasado casi toda la mañana frente al Cristo Nazareno de Melilla La Vieja.

Nota: (1) http://www.archimadrid.es/jesusmedinaceli/imagen-cristo.HTML

  (2) https://elalminardemelilla.com/2011/09/19/%c2%bf-que-fue-de-de-los-capuchinos-en-melilla/

Las lágrimas milagrosas del Cristo de Melilla


             

El Cristo de La Caña y la sangre de Annual

                          Enrique Delgado

             Las lágrimas, las de verdad, fueron las que derramaron miles de madres a lo largo de tres décadas en las guerras de Melilla, pero hay otras lágrimas, unidas a las primeras y son las lágrimas milagrosas de una imagen ya casi olvidada, y una historia que ha estado cubierta por el velo del silencio, del olvido  y de la censura.  Estas son las premisas de un enigma imposible de resolver, y que hubiese desaparecido,  sin el acierto de un libro «De Cristo», del profesor de la Universidad de Salamanca,  Fernando Rodríguez de La Flor. Alguien lejano a nuestros hechos y a nuestro espacio físico, rescata, en un libro magnífico, denso, duro, desmitificador e incluso iconoclasta, la historia olvidada, no mencionada por ninguno de los cronistas religiosos de Melilla; de una imagen que no ha dejado de estar presente en las retinas de todos los que acuden, con una intención u otra, a la iglesia de La Purísima Concepción de Melilla.

            No hay nadie que no la haya visto o que no sepa de cual se trata, cuando se menciona el Ecce Homo de Melilla La Vieja o el Cristo de La Caña, pero tampoco hay nadie que supiese que esa imagen, desde días antes del «Desastre de Annual, en julio de 1921, empezó a derramar lágrimas, según dicen, los testimonios orales de los pocos que recordaban la historia, y que en algún momento se la contaron a José Luis Blasco, que me ayudó con los datos que le proporcioné, para identificar la imagen a la que alude el libro del profesor salmantino.

         En la Iglesia del Pueblo existen tres imágenes de Cristo y las crónicas que voy  a mencionar, hablan de una imagen que nadie identifica, pero de la que había oído hablar e incluso escrito, aunque sin poder identificarla tampoco. Concluye aquí una búsqueda de 7  años tras la imagen de un Cristo milagroso, y que ahora se cierran, de modo casual y justo cuando ya había dado por perdida la historia.  Dicen que a Dios no se va, sino que Él te busca y que incluso se sirve de no creyentes, en el sentido más canónico,  para conseguir sus fines.

                                     Las lágrimas en el arte

           Este es el título del artículo de Ramón Gómez de la Serna, publicado en La Esfera el 8/12/1923 y que rescata el profesor Rodríguez de La Flor. El párrafo que alude al Cristo melillense es el siguiente. «Un telegrama de la agencia Fabra que ha circulado últimamente por toda la prensa decía, refiriéndose a un Cristo de Marruecos: Según muchas personas la imagen que se venera en la Iglesia de La Purísima Concepción de Melilla, regentada por los Capuchinos, derrama lágrimas y abre y cierra los ojos cuando los fieles acuden a rezar ante Él. Si los Cristos lloran en el desastre del dolor solitario y fatal de España ante la sarracina inveterada, ¿Cómo no van a ser tan sentimentales y lloriconas nuestras vírgenes?».

           El artículo de Gómez de La Serna es de finales de 1923, cuando una agencia de noticias recogió el  caso del milagroso Cristo melillense, y tras saltar la barrera que impone el mar, se abrió paso entre las noticias de la época,  colocándose a la altura del Cristo cántabro de Limpias. Sin embargo el fenómeno llevaba ya dos años produciéndose en la ciudad. Un año y medio antes, un colaborador del Telegrama del Rif, P. Pillo, el 23/05/1922, hizo una rimas bastante anodinas que tituló como «Un Cristo milagroso en Melilla»: Como verán me limito a acoger lo que comentan, con fervoroso entusiasmo, gentes piadosas y serias. ¿Un exceso de fe?, ¿Una visión?.…

             Las enormes cautelas del colaborador del Telegrama del Rif, que tampoco identifica de qué imagen se trata, solo se explican por la presencia vigilante de la censura militar y de la  eclesiástica. Suponemos que cuando este colaborador se hace eco de la lacrimosa efigie de Cristo, es porque el asunto estaba suficientemente consolidado como para no confundirlo con un momento de efervescencia religiosa, tras la mayor sangría de un Ejército de España fuera de su territorio, como fue el caso de Annual.

            Desde la catástrofe del Barranco del Lobo en 1909, la opinión pública española estaba completamente sensibilizada con la palabra Melilla, que por otro lado siempre ha inspirado e inspira mucho temor a La Nación. Tras la conmoción de 1921, en la que una vez más la sangre la pusieron los hijos de las madres españolas, no se podía permitir que una imagen religiosa, por muy de Cristo que se tratase, pusiese en jaque la estabilidad de alambiques que sostenía a La Dictadura de Primo de Rivera y a la agujereada monarquía de Alfonso XIII. Solo el socialista Indalecio Prieto se puso en el lugar de las madres, que recorrían la carretera de Taouima a Zeluán (la de la muerte), para identificar en los despojos de cadáveres, lo que algún día fueron » hijos nacidos de sus entrañas». Las madres no tenían voz, y la verdad no podía ser expresada en modo alguno, por lo que una efigie de madera, que representa a Cristo, se convirtió en el portavoz  de tanto dolor y de tanta sangre derramada, de manera inútil y forzada.

                                             La cuestión de las imágenes

            Son numerosas las cuestionas planteadas y descritas por el profesor Fernando R. de La Flor,  como la relativa a si hay alguna manera de aproximarse a las imágenes, que no sea la de la Fe o la mirada artística. En largos periodos históricos, ya sea de la Edad Media, del Barroco o del Antiguo Régimen, las imágenes religiosas fueron parte de la vida de las personas, para desaparecer luego de modo completo. Las imágenes, según el profesor salmantino: «dejaron de interesar a la propia Iglesia». Así pues, tallas y representaciones de santos, cristos y vírgenes que lo fueron todo en determinadas épocas, yacen hoy solitarias y casi sin culto en centenares de iglesias. Algunas, como la del Cristo melillense, han estado a punto de que se borrase toda su historia.

                                ¿Por qué el Cristo de La Caña?

             En la Iglesia de La Purísima Concepción hay tres imágenes de Cristo expuestas al público y había que decidirse por una para asociarla a este olvidado pasado milagroso. El Cristo de La Vera Cruz está descartado porque tiene los ojos cerrados, y el Cristo del Socorro ya tiene su propia historia milagrera, a la que sin duda alguna se hubiese unido ésta. La imagen a la que aluden las crónicas tenía que ser otra y para eso solo podemos fiarnos de la tradición oral, recogida por José Luis Blasco y por un detalle fundamental. Aunque muchos no saben el motivo, sí conocen que el Cristo de La Caña estuvo retirado del culto y oculto en la sacristía durante décadas. Los que lo escondieron y sabían los motivos solo pretendían que todo se olvidase, y este detalle sí sirve para asegurar, ya sin temor al error, que el Cristo lacrimoso y milagroso de Melilla, solo puede ser el Cristo de La Caña. Ahora  la historia  ya está a salvo del olvido.

                                        

La Medalla Milagrosa en Melilla


Apuntes sobre Francia y una Virgen francesa

El cómputo del tiempo no es igual para nadie. Una fecha tiene un significado en el calendario y otro muy distinto en el cómputo general de una persona, de una familia, o de uan ciudad. El 27 de noviembre es la festividad religiosa de la virgen de La Medalla Milagrosa, virgen francesa, nación que fue cuna de La Revolución Francesa y del laicismo del Estado, y sin embargo no ha perdido el fondo católico de la sociedad. Por alguna razón a esta nación lleva el sobrenombre de  «la católica Francia» y es una de las hijas preferidas de La Santa Madre Iglesia, pese a que acogió a los Papas cismáticos de Avignon y fue la nación que acabó de un plumazo con la Orden de Los Templarios. Hoy también da cobijo a la comunidad cismática e integrista católica del obispo Marcel Lefebvre.

Francia alberga grandes contradicciones para España, pues acogió a los exiliados republicanos españoles, pero los trató bastante mal, internándolos en campos de prisioneros. Los refugiados españoles tuvieron la desgracia de quedar dentro de la mitad francesa que colaboró con los nazis, acabando muchos en verdaderos campos de concentración en Alemania y Austria. La negativa de Francia a que las armas que enviaba la extinta Unión Soviética atravesasen su territorio, supuso una de las causas de la derrota de la España republicana.

El 27 de noviembre en Melilla

Esta fecha estará marcada en la historia de nuestra ciudad como el día en que las Hijas de La Caridad abandonaron Melilla, de un modo abrupto y poco explicado, precisamente en la fecha de la advocación de la Virgen bajo la que prestaban sus servicios, la de La Medalla Milagrosa: Llegaron a Melilla en 1924 y se marcharon en 2011, hace hoy justo dos años.

La noticia me cogió por sorpresa, tuve que reaccionar de modo muy rápido y fuí hasta el Centro Asistencial para hablar con la Hermana Superiora, Sor Mª Jose. Les pedí permiso para hacer una foto y me citaron para la tarde del día 24 de noviembre. Entré en sus aposentos por primera vez en mi vida, le hice las correspondientes fotografías, las únicas que existen y desaparecieron de la ciudad dos días después. No pude ni entregarles las copias. Dicen las mujeres y hombres que allí residen, que nada ha vuelto a ser igual sin ellas.

Las hijas de La Caridad se integran dentro de La Comunidad de los Padres Paúles. Hubo un tiempo en que esta comunidad se extendió por toda Melilla. No había parroquia en la que no estuvieran, ni en la que no figurara su imagen, la de la Virgen francesa, la de La Medalla Milagrosa. Todo esto es suficientemente conocido. Lo único que es distinto es esta historia que cuento y recuerdo desde hace dos años.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/11/27/hijas-de-la-caridad-adios-a-melilla/

Las pruebas del incendio de Melilla


Al otro lado del pasadizo

Lo descubrimos hace mucho tiempo (https://elalminardemelilla.com/2011/07/19/el-arco-de-herradura-de-la-plaza-de-armas/) , porque alguien nos invitó a pasar dentro y dimos cumplida noticia, porque compartimos todo. Luego sellaron la zona, pero nosotros seguimos vigilando, es lo que siempre hacemos. Hace poco mostramos la parte baja del pasadizo (https://elalminardemelilla.com/2013/09/23/la-puerta-y-el-arco-del-hornabeque/) , ya limpio y despejado de escombros. No creo que nadie pensase que no íbamos a ir al otro lado, porque siempre buscamos el otro lado, y sobre todo cuando sabemos donde está. Nada desaparece del todo, siempre queda algo escondido, incrustado dentro de otra cosa, pero permanece. La Melilla musulmana desapareció en más de un 90%, pero sabemos que algo queda, que lo ocultan. Unos tienen una labor y nosotros tenemos la nuestra, que es mostrar todo lo que podemos.

Noticia de un incendio

En los tiempos modernos, el rey de España, envión una escuadra para conquistarla, pero antes de que llegaran, tuvieron noticia sus habitantes y pidieron ayuda al rey de Fez, el cual, estando  entonces ocupado en la guerra con los pueblos de Tamesna, envió un ligero ejército y los habitantes, habiendo sido muy bien informados sobre la grandeza de la armada de los españoles y, desconfiando en poder contener el asalto, evacuaron la ciudad y, con sus cosas, huyeron a los montes de Buthoia.  El capitán del rey de Fez, viendo lo sucedido, bien por hacer agravio a los de la ciudad o por desprecio a los cristianos, puso fuego a las casas, quemando la ciudad. Juan León el africano. Venecia, año 1550.

Es la cita más irrebatible acerca de la conquista de Melilla en 1497, la descripción de los motivos y las causas del incendio de la ciudad y la razón de su abandono. Pese a la claridad meridiana de la cita, siguen sin reproducirla de modo completo y empeñados en la fracasada negociación con los alguaciles traidores en 1494. como fundamento de la conquista. Sin embargo,  las pruebas del incendio estaban ahí (https://elalminardemelilla.com/2011/12/02/las-huellas-del-incendio-de-melilla/), también lo escribimos, las vimos y las fotografiamos. Cuando excavaron y alteraron la Plaza de Armas para siempre, todo el suelo estaba lleno las cenizas del incendio. Que nadie aprecie en esto el menor signo de vanidad. Llevamos escribiendo de todo mucho tiempo, aunque nunca, hasta ahora, habíamos visto una huella tan clara del lejano incendio.

La verdad también  está al otro lado

La madera que cubre la techumbre de ese pasadizo es muy antigua, podría tener tres siglos de antigüedad como mínimo. Estaríamos muy cerca de los techos de la ciudad musulmana que se encontraron los españoles. La muralla de caliza amarilla es un signo irrefutable (https://elalminardemelilla.com/2011/11/03/la-muralla-de-caliza-amarilla/) , pero no les gusta ese color y lo eliminaron en la Batería Real, pero también lo fotografiamos y lo mostramos. Esta es una entrada de entradas. Es una entrada desde el otro lado del pasadizo. Somos lo que somos, pero alguien tiene que serlo.

La Legión en Melilla


Objeciones a  un  monumento inapropiado

El principal monumento de La Legión en Melilla es la propia Legión, con su pasado, con su presente, con su leyenda negra y con su historia romántica. Quiero decir que no albergo ningún resentimiento hacia ella, porque La Legión del siglo XXI no es la de 1921, ni la de 1934 en Asturias, ni la de 1936 en La Guerra Civil. La Legión, como tal, esta suficientemente representada y homenajeada en las calles de Melilla. Tiene una amplia avenida con su nombre, una calle dedicada a su fundador, Millán Astray, y un amplio terreno con el nombre de Valenzuela. Hay placas y nombres de legionarios por otras partes de la ciudad, incluso una estatua dedicada a un heroico teniente legionario, Francisco Jesús Aguilar Fernández, muerto en Mostar en 1993. La estatua está instalada en el céntrico Parque Hernández.

Por todo esto, pensé, cuando leí y escuché la noticia de un nuevo monumento a La Legión, que era un exceso, propio del neo militarismo que se está cultivando últimamente en Melilla, en donde, colaboradores, y articulistas, compiten en resaltar «la especial vinculación de Melilla con El  Ejército», que siendo cierta, supone también un absoluto olvido de civiles, sanitarios, educadores, maestras, trabajadores, enfermeras  y de todo tipo de profesiones y oficios que han forjado la Melilla actual. La sumisión intelectual al militarismo africanista es casi absoluta. Todo esto lo pensaba antes de haber visto el monumento. Hoy me he acercado a verlo y me he quedado estupefacto. Estamos ante una involución, ante una vuelta a un pasado rancio e imposible de recuperar.

Un monumento de estética agresiva y guerrera

Un legionario, bayoneta calada en mano, defiende o asalta un parapeto. Es inaudita la agresividad del monumento y no se corresponde con lo que se pretende de esta ciudad, la de la multiculturalidad y de la convivencia. La Legión, como tal, solo ha actuado en combate en dos escenarios: el primero en las guerra coloniales de Marruecos, el segundo en La Guerra Civil, en contra del Ejército de La República, que defendía al Gobierno legítimo y a la Legalidad vigente. Por tanto, ese legionario se defiende o asalta un parapeto de rifeños, o acomete a  soldados españoles del Ejército de La República. Ninguna de esas dos cosas deben ser homenajeadas y exaltadas, por mucho que formen parte de la historia de La Legión.

Una placa y un nombre que se quiere olvidar

En el Barrio del Real, existe una calle y una placa con el nombre de La legión, que fue instalada en 1930, e inaugurada por el General Republicano y defensor de Madrid José Miaja Menant. En un libro dedicado a todos los monumentos y placas dedicadas al Ejército, se habla de esta placa, pero se olvida el nombre de quien lo inaugura, y sobre todo, se omite la fotografía del General Miaja, retirando la cortinilla en el acto oficial. Es todo un síntoma, y también, que el que esta crítica y ajustadas objeciones, solo las puedan leer y debatirse en El Alminar. Miaja es un nombre muy vinculado a Melilla, y al que muchos quieren olvidar por muchas razones. En aquella época era Coronel Jefe del Regimiento de Infantería de Melilla.

Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/2013/06/03/la-legion-y-una-historia-republicana/ , (2) https://elalminardemelilla.com/2011/06/23/estacion-electrica-y-la-gorra-legionaria/

Igueriben, 1921. El día antes.


         El olvido del Comandante Benítez en Melilla
En la mañana del jueves 21 de julio de 1921, el Rey Alfonso XIII se encontraba en Burgos junto a su esposa, la Reina Victoria Eugenia. España no sabía nada de lo que estaba sucediendo en el Rif. En la loma de Igueriben, en la madrugada, apenas unos poco hombres, al mando del comandante Julio Benítez, entre los que se encontraba el capitán Luis Casado Escudero, resisten sin apenas munición, sin víveres, ni agua y sin ni siquiera esperanza. Estaban vivos, pera ya muertos. Les quedaban 21 disparos de cañón, y en el último heliógrafo al Cuartel General de Annual, «Julio Benítez dice: contad 12 disparos, y luego abrid fuego sobre la posición, pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición». Pasado el medio día, el silencio sobre Igueriben era absoluto. La paz que instaura la muerte ya se había adueñado de la loma. Era o fue el preludio del gran desastre, el de Annual, la loma de Igueriben fue «el día antes».
Luego llegó la hora de los honores, con autoridades, con presencia Real en Málaga y la inauguración del Monumento al Comandante Benítez, junto al único superviviente de la posición, el capitán Casado Escudero. Y después de la hora de los honores, llego la del olvido. No sé que fue de la viuda de Julio Benítez, pero su única hija, murió sola y pobre en Melilla, en lo que hoy es la calle del Doctor Sancho Miñano, en una casa próxima a la calle del General Marina. Es verdad que hay en Melilla una calle con su nombre, y con un placa que estaba colocada en un edificio que fue derruido, y que al no concluirse la obra del nuevo, todavía no se ha sido repuesta en su lugar.
Sé que los objetos personales de Benítez, están en manos de una persona, a la que la propia hija del comandante se las donó, porque fue de la pocas que la atendió en los últimos años de su vida, llenos de soledad y probablemente de tristeza.
Demasiada guerra en Marruecos, demasiados muertos españoles y rifeños en los campo del Rif, para nada, salvo para el enriquecimiento de unos cuantos, y para llenar las pecheras de muchos, aunque no tantos. Melilla y su cementerio, que deben ser declarado de Héroes, pero de héroes a la fuerza. Nunca deben olvidarse la cosas, aunque ya hayamos escrito de ella. Aunque hasta hoy, no teníamos fotografías del monumento al comandante Julio Benítez en Málaga.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/08/09/la-doble-cruz-del-capitan-casado-escudero/