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Amianto en el Gabriel de Morales


           El amianto no es un material inocente, es letal, un agente cancerígeno del tipo 1, el más alto posible. El 15% de los casos de cánceres o de asbestosis por contaminación por amianto son de origen ambiental, o sea, provocados por su degradación o rotura. Su descomposición provoca que millones de fibrillas de amianto se esparzan por el medio ambiente. En España el amianto se comercializa, usa y distribuye con el nombre de uralita, que está presente en canalizaciones y conducciones de agua, en tejados de edificios y de aparcamientos, y en los bajantes y desagües de los edificios.

          Desde siempre, desde el principio, se supo que este mineral era perjudicial para quienes entraban en contacto con él, y eso quiere decir que su peligrosidad ya se detectó en 1889. Un reciente libro ha vuelto a recuperar toda la información sobre este peligroso agente que nos rodea de múltiples maneras, las principales en el sector de la construcción. El libro se titula Amianto, una epidemia oculta e impune. El libro está prologado por la periodista Soledad Gallego-Díaz.

           En España, casi todo el amianto instalado en edificios, en vías públicas, bajo el suelo de las ciudades, en colegios, en cuarteles, en pabellones deportivos, se llevó a cabo por la empresa Uralita, de la familia March, viejos conocidos de la etapa del Protectorado de España en Marruecos. A lo largo de 50 años, entre 1943 y 1993, la empresa de la familia March distribuyó casi el 80% de toda la uralita instalada en el Estado español. Pese a conocerse su letalidad, fue producido en el mundo entero en cantidades difícilmente imaginables. La inmensa masa de beneficios recayó sobre apenas unas pocas familias, como la Schmidheiny de Suiza. Pese a su riesgo, solo fue prohibido en España en el año 2002. Los afectados por el amianto, que son el 80% de los trabajadores directamente relacionados con este material, ven muy difícil el reconocimiento de la enfermedad como causa profesional y el reconocimiento de indemnizaciones. Las muertes producidas por el mesotelioma, o cáncer de amiento se sitúan en torno a 1.300.000 personas hasta el año 2000.

                       La letal peligrosidad del Amianto

          La producción industrial del amianto fue juzgada en Italia como un caso de homicidio voluntario y se intentó calificar como “genocidio” de tipo industrial. En Suiza se denominó al amianto como Ethernity, es la vanidad propia de los poderosos que se sienten impunes.

         La uralita, el amianto en España, tiene un período de vida útil, tras el cual se degrada y resulta peligrosa. Su descomposición puede provocar la pérdida de fibrillas en el ambiente. Su inhalación provoca enfermedades graves. El otro riesgo es la rotura, que al producirse provoca miles de partículas invisibles, inodoras e indetectables, que son letales.

       La situación en el cuartel Gabriel de Morales de Melilla es muy grave. Como puede apreciarse en las fotografías, queda una nave con el techo de uralita roto y fragmentado, en acceso completamente libre. A la vista de las fotografías surge otra duda, peor aún que esta evidencia y es la del resto de las dependencias sin techo. ¿Estaban también compuestos de uralita; qué se hizo con todo ese material?.

       La uralita debe ser retirada por empresas especializadas, con trabajadores totalmente protegidos y almacenadas  en depósitos, sin posibilidad de tratamiento alguno. Paco Puche, el autor del libro Amianto, identifica otro peligro no valorado aún, el que gran parte de esa uralita se haya retirado de modo clandestino, llevada a escombreras y triturada allí para ser reutilizada como material de relleno. Esta fragmentación devuelve las fibrillas de amianto al medio ambiente, con la posibilidad de ser ingerida o inhalada por las personas.

      La situación del cuartel Gabriel de Morales es muy grave. Lleva una década abandonado. La uralita existente está degradada y rota. Ya no es posible esconder la realidad de la amenaza.

 

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Amianto, el mal invisible


                    ¿Amianto en la plaza de toros de Melilla?

              El amianto es un agente cancerígeno de primer orden, y en España constituye un legado invisible del desarrollismo urbanístico  franquista. Se acaba de publicar un libro titulado Amianto, una epidemia oculta e impune, de Paco Puche y editado en La Catarata. No es solo un problema que afecte a España, como todo, nuestro país fue solo uno más de la inundación de este material venenoso, fabricado y distribuido por el capitalismo criminal.

             El amianto da consistencia a más de 3000 compuestos distintos, uno de los más conocidos o habituales es la uralita, presente en casi todas las edificaciones del franquismo, que coincidió en el tiempo con la expansión de este material. Edificios y urbanizaciones, granjas, cuarteles, colegios y así hasta un catálogo interminable de obras, componen el mapa de esta “epidemia”, como la califica el autor del libro. Uno de los problemas es que ahora nadie se responsabiliza de su instalación.

            En Melilla ya se ha descubierto en varios lugares, uno de ellos el antigua cuartel Gabriel de Morales, el centro de Salud de Polavieja, y parece ser, porque no hay nada confirmado, en la techumbre de la plaza de toros de Melilla. No hay confirmación oficial y toda la información está obtenida de fuentes solventes aunque oficiosas.

            El terremoto de enero de 2016 dejó en muy mal estado a la plaza de toros de la ciudad, construida en la década de 1940. Las tejas, que se distribuyen en dos niveles, están en mal estado desde 2011, cuando fueron fotografiadas pro primera vez en El Alminar, pero al parecer, al proceder a su desmontado para la posterior reparación, apareció la uralita, y las sospechas sobre su posible composición, el temible amianto.

            Con el mayor sigilo, se está desmontando por completo toda la cubierta de la plaza de toros, para proceder a la completa retirada de la uralita, sospechosa de estar compuesta de amiento, un material muy resistente al calor, muy barato, y también muy nocivo.

     Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/10/07/el-caso-del-coso-taurino/