Archivo de la etiqueta: sanidad en melilla

Pandemia, vacunas y sanidad en Melilla


China es el indudable origen de la pandemia que asola el mundo, sin embargo, ocupa el lugar 35º en el número de contagios, 90.025; y el 29º en el de fallecidos, con 4.728. No vale decir que no nos creemos esas cifras. Esto escribíamos el 26 de febrero: “Afortunadamente, China es un Estado mixto, de tipo socialista aunque inmerso en la economía de mercado, que controla todos los recursos básicos de producción y todos los sectores estratégicos de la economía. La rapidez con la que aislaron la región de origen y la construcción de dos inmensos hospitales en tan solo 10 días, habla mucho de su eficacia, aunque no deban dejar de señalarse los errores de valoración cometidos en el inicio de la epidemia”.

España, Melilla y la demolición de la Sanidad Pública

Nada más llegar al Poder en noviembre de 2011, el Partido Popular presidido por Mariano Rajoy, inició el mayor programa de recortes y desinversiones en el campo de la Sanidad, desde la reinstauración de la Democracia en 1978. Con la aquiescencia y silencio del gobierno local y de la nueva dirección del Ingesa, la obra en marcha del nuevo hospital fue paralizada entre 2012 y 2018. Esta infraestructura hubiese resultado determinante en la actual crisis sanitaria, provocada por la pandemia de Wuhan o peste de los murciélagos.

El concepto de sanidad universal fue derivado al de sanidad porcentual, o sea, que se cuenta con que el 80% o más de la población está sana o no necesita acudir al médico durante un periodo amplio de su vida, y así se fueron reduciéndose las prestaciones, o externalizadas de modo descarado al terreno privado. Se redujeron los medicamentos subvencionados por el Estado y se eliminaron pruebas diagnósticas del catálogo de las compañías de prestación de servicios sanitarios, a la vez que se permitía la intromisión en el espacio sanitario, de multitud de “clínicas médicas”, antes conocidas como consultas, que ofrecían intervenciones paralelas a las de la sanidad pública. Los médicos especialistas dejaron de ser una realidad en las compañías privadas, y un bien escaso en el ámbito público.

Cataluña solo dispone de 34.500 camas hospitalarias públicas para toda su población y Madrid 20.600. Ceuta dispone de 252 y Melilla de solo 168. Lo que está desbordando los hospitales es la exigua capacidad de atención, en relación con la población.

Vacunas y la situación en Melilla

En la campaña 2018/2019, Melilla fue la tercera Comunidad con menos porcentaje de vacunación en mayores de 65 años, solo por delante de Baleares y Ceuta, que fue la última. Hay un problema con las vacunaciones, que se reproducirá este año, en el que coincidirán pandemia y gripe. La alarma pandémica provocará un previsible aumento de la demanda, con la correspondiente saturación del servicio. Como puede verse, las cifras de recursos públicos disponibles son ínfimas con respecto al volumen del contagio pandémico.

En 2005 Melilla recibió las competencias menores en materia sanitaria, como por ejemplo la relacionada con las vacunaciones. En apenas 2 años, el servicio público estatal de vacunaciones en la calle Cardenal Cisneros estaba cerrado. Las prisas de la consejería sanitaria melillense por deshacerse de este servicio fue casi su asunto primordial. Los responsables sanitarios melillenses en la última década fueron Francisco Robles, Mª Antonia Garbín y Paz Velázquez. En 2011, bajo la responsabilidad de Garbín, se alcanzó la cifra mínima de vacunaciones en toda la década. Un año después se inmovilizó una partida de 8000 vacunas, por sospechas de estar caducadas.

Se liquidó el servicio público y se traspasó a las compañías de prestación de servicios sanitarios y a los ambulatorios, además de complicarse el trámite para la administración de la vacuna de la gripe, dirigida a niños y mayores. Sin embargo, se dejó de visitar los colegios para vacunar a la población infantil. En los últimos diez años Melilla ha sido la comunidad con más escaso índice de vacunación.

Hospital público y clínicas privadas

Una carambola política el 1 de junio de 2018, desbarató los planes sanitarios previstos en los despachos para la ciudad de Melilla. Apenas un año antes, un movimiento s iniciado en la Consejería de Sanidad, dirigida por Paz Velázquez, inició la revocación de un concurso público de diagnósticos clínicos adjudicados a las Clínicas Remartínez. Casi a la vez, se había separado al radiólogo Enrique Remartínez de su puesto de funcionario público, por un expediente incoado desde el INGESA. A día de hoy, esa situación no ha sido todavía resuelta administrativamente, y los melillenses nos vemos obligados a pagar pruebas diagnósticas de calidad.

A la vez que la entonces ministra de Sanidad Dolors Monserrat desembarcaba en Melilla para anunciar que el nuevo hospital reiniciaba su construcción, después de 6 años de paralización total, el grupo Echevarne desembarcaba en Melilla comprando los laboratorios Lamas. Pero el anuncio tenía truco: Lo que iniciaron solo fue el derribo de los viejos edificios del antiguo hospital militar, por un importe de 1,9 millones de euros.

Las nuevas clínicas o consultas privadas proliferan por toda la ciudad, mientras la sanidad pública se mantiene a duras penas, con casi el mismo personal activo. Se llegó a desarrollar un proyecto de clínica privada, en un conocido solar de Batería Jota. Un antiguo almacén que ya fue derribado y recalificado.

Nota:https://elfarodemelilla.es/la-campana-de-vacunacion-aumenta-la-carga-de-trabajo-de-las-enfermeras/

Parábola del avión


OLYMPUS DIGITAL CAMERA

                                   Una verdad y 10 mentiras

       Esta es una parábola con un solo nombre, el del doctor y cirujano del Hospital Comarcal de Melilla Mustafa Aberchán. Según las condiciones estipuladas por el Ingesa, en el avión bimotor turbohélice medicalizado solo pueden ir la tripulación, el personal médico (medico/a y enfermero/a) y el propio enfermo. La disponibilidad del avión, con velocidad de crucero de 250 nudos y techo superior de servicio de 20.000 pies es de 24 horas al día. Su base operativa puede estar en Melilla o Málaga y debe contar con sistemas de navegación nocturno y estar capacitado para volar en condiciones adversas.

               El procedimiento de vuelo, así como el plan de servicio corre a cargo del director operativo, o sea, de la persona o empresa adjudicataria de la prestación. En este caso el doctor Aberchán recibió el placet para embarcar hacia Madrid como sanitario de acompañamiento de las muestras de biológicas para analizar en la capital del Estado, como presuntos casos de Covid-19. Por tanto, era un vuelo programado: Nadie hizo nada irregular ni se utilizó un avión para nada distinto de lo previsto.

       Ya tenemos pues dos titulares que no se corresponden con la más estricta verdad: “El expresidente Aberchán usó un avión público medicalizado para eludir el estado de alarma”. El titular del diario Público lo presenta casi como un pirata aéreo, intentando huir de la situación de confinamiento de Melilla. Mientras tanto, el diario El Confidencial titula: ” El líder del partido de Gobierno se salta el confinamiento para ir a Granada”, lo cual tampoco es cierto, porque Mustafa Aberchán no llegó Granada. Su pretensión fue solo recoger a una de sus hijas, que trabaja como sanitaria en la antigua capital nazarí, pero en el aeropuerto de Málaga. Una compañera sanitaria suya había dado positivo por coronavirus, y ella presentaba sintomatología. Ese fue el motivo de solicitar su inclusión en el procedimiento operativo del avión medicalizado. La dirección del Ingesa no autorizó el desplazamiento del doctor Aberchán a Málaga (como acompañante del traslado de un enfermo), y éste respetó esa orden. El viaje a Madrid, en el que no llegó a bajarse del avión, no supuso la espera de un paciente en nuestra ciudad, porque se trataba de un viaje programado por el propio Ingesa.

           Se trata pues dos viajes programados, el primero a Madrid con analíticas, en el que sí estuvo, y el segundo para un traslado de un enfermo. En uno estuvo, en el otro no, pero no se trataba de “eludir un confinamiento”.

         El asunto ha creado mucha alarma en la ciudad, pero ha sido debido a la desinformación y a la bola de nieve creada en las redes sociales. No hubo utilización indebida del avión, ni se saltó procedimiento alguno, de los establecidos para el traslado de enfermos y pruebas médicas. Si el doctor Aberchán hubiese solicitado el permiso reglamentario por enfermedad de familiar no residente en la ciudad, hubiese estado al menos una semana fuera del Hospital Comarcal.

              La exclusión de las Clínicas Remartínez del sistema público de salud

         Mientras tanto, el anterior Presidente de la ciudad, la anterior consejera de Sanidad, y el anterior responsable del Instituto de Gestión Sanitaria, siguen callando sobre la decisión que más daño ha hecho al sistema público de salud de Melilla: La revocación del contrato de servicios diagnósticos a las clínicas Remartínez, por cuestiones que sólo tenía que ver con normativas de accesibilidad , y la sanción para el ejercicio de su profesión, a uno de los radiólogos más prestigiosos de España, el doctor Enrique Remartínez Escobar.

       Esta decisión, pronto será revisada en los Tribunales Administrativos, y podría suponer la mayor sanción económica de la historia al INGESA, así como la revocación de la sanción al doctor Remartínez. Si todo esto se cumple, estaríamos ante la presuntamente mayor prevaricación administativa de nuestra historia médica. Sin embargo, nadie pide explicaciones públicas por esto. Los melillenses, siguen pagando de su bolsillo pruebas diagnósticas, que deberían estar siendo llevadas a cabo por la Sanidad melillense, y por las compañías de prestación de servicios médicos., que también callan, porque durante el gobierno de Rajoy (2011-2018), se suprimió la posibilidad de elegir entre dos compañías médicas y/o especialistas.

           Si tratamos aquí este incidente, es debido a la alarma creada en la ciudad, sometida a un confinamiento completo desde hace dos semanas, y porque siempre de imperar y buscarse la verdad.

 

 

Historia de una ambulancia


                En una ciudad como Melilla es habitual ver una ambulancia marroquí camino del Hospital Comarcal, aunque no en las cifras que las que algún partido intenta amedrentar a los ciudadanía. El mayor daño hecho a la Sanidad en Melilla fue la paralización de las obras del nuevo hospital en 2012, tras la victoria electoral del Partido Popular. De esto se sigue hablando muy poco en la ciudad y la Sanidad Pública es algo prioritario.

               Mientras que la sanidad melillense quedó en niveles mínimos bajo los anteriores gestores (2012-2018), hemos visto proliferar todo tipo de clínicas privadas de salud, ofreciendo, previo pago, tratamientos e intervenciones a los que se tendría derecho en el sistema público, pero que carecen de especialistas. Esto motiva que el ciudadano/a de Melilla deba optar por pagar de su bolsillo tratamientos, consultas e intervenciones, bien en la ciudad o en el exterior.

               Ha pasado año y medio y sigue sin resolverse el complicado asunto de las Clínicas Radiológicas Remartínez, que fueron sacadas del sistema público de diagnóstico mediante un ardid administrativo, que todavía no ha podido ser revocado.

                  En todos los ámbitos somos clientes o usuarios, salvo en el de la medicina, en el que somos pacientes. Esto quiere decir que lo que está en juego es nuestra  salud, y por eso rige la norma de pagar y callar, porque va tu vida en ello. No hay nadie protestando porque las compañías de prestación de servicios sanitarios hayan reducido sus servicios al mínimo, o que incluso los tengan  por debajo, pues no hay médicos especialistas de determinadas especialidades en la ciudad. La norma se salta con la presencia mensual de una especialidad y con listas de espera sobrecargadas. Apenas hay médicos de medicina general con consultas propias, y los que hay están abarrotados. Las compañías ofrecen una prestación mínima, y otra más amplia previo pago mensual.

                                     Las ambulancias marroquíes

            Sin embargo, hay un partido político que ha hecho bandera social de la presencia de ambulancias marroquíes en nuestra ciudad, creando alarma e incluso rechazo social. Obviamente, las ambulancias de la zona no están al nivel de las melillenses, como tampoco lo están los hospitales públicos de Marruecos y de España. Sin embargo nadie habla de que el mejor dermatólogo de Melilla esté en Nador, y es al que acuden muchos melillenses para tratar sus afecciones epidérmicas. La sanidad privada en Nador tiene un nivel parejo con la de nuestra ciudad.

            El pasado miércoles observamos como una ambulancia marroquí parecía recoger a un paciente en la plaza de España, imaginamos que para trasladarlo al Hospital Comarcal. Esto sí es cuando menos extraño. Una cosa es traer un paciente desde Marruecos y otra que esas ambulancias estén prestando asistencia en suelo de Melilla. Sin embargo, el tema sanitario sigue fuera de la campaña política. Cada día se abren más clínicas privadas y se deteriora irremisiblemente la Sanidad Pública. Al día siguiente de realizar las fotografías de la ambulancia marroquí “operando” en plena plaza de España, nos enteramos que se han inmovilizado 4 de estos vehículos, y que constituían no solo un lucrativo negocio, sino también una espesa trama.

         En el mes de octubre algunas especialidades tenían ya las citas completas en el Hospital Comarcal, para todo lo que queda de año. Así pues, ante cualquier eventualidad, la única posibilidad de asistencia específica es acudir por Urgencias, algo que luego los gestores sanitarios, que no los profesionales médicos, reprochan a los pacientes.

          Estos también son problemas de la sanidad melillense, no solo el de las ambulancias marroquíes. Para resolver esto, el de la asistencia médica a ciudadanos marroquíes en Melilla, bastaría con firmar desde Madrid un convenio de atención sanitaria, para que luego el gobierno de Marruecos se haga cargo de la atención prestada a sus ciudadanos, igual que hace España con el resto de países europeos.

               Es cierto que el coste sanitario de la atención a pacientes marroquíes es elevado, pero no tanto como para hacer quebrar el sistema sanitario melillense. El colapso del hospital se debe a que ya es una infraestructura insuficiente y obsoleta, a la falta de especialistas, y a una muy discutible gestión en los últimos ocho años. Tampoco se entiende la total renuncia al cobro de toda o parte de esa asistencia. Esta es la parte visible, pero también hay otras muchas situaciones de las que nadie habla, ni siquiera los sindicatos de profesionales médicos y sanitarios, como el de la creación de una clínica privada, que quedó paralizada tras el cambio de gobierno nacional y local.

         La pregunta es: ¿Qué grado de descontrol se ha permitido en esta ciudad en los 10 últimos años?.

La sanidad no puede esperar


 

              El impacto de las tres muertes en el servicio de urgencias de Melilla (una niña, una mujer embarazada, y una parturienta) fue tremendo. La perdida de confianza en el estado de la sanidad melillense se vio muy afectada. Es el resultado de 7 años de políticas de ajustes en el gasto, en plantilla y en profesionales sanitarios. Falta medios en un hospital obsoleto, se reducen y administran con cuentagotas las pruebas diagnósticas, y faltan también especialistas y un mayor número de profesionales en cada área. Es un hecho que el hospital está afectado por la atención a pacientes marroquíes, pero en las previsiones eso también debe ser tenido en cuenta, porque la situación geográfica de la ciudad no admite discusión. Muchas veces se utilizan estos datos, de modo interesado, para tapar otras deficiencias.

              La reforma de la sanidad y el cambio  de rumbo en la política sanitaria, no pueden esperar más en una ciudad que ha llegado a mínimos históricos en todas aquellas áreas que afectan de modo directo al ciudadano (sanidad, educación, seguridad ciudadana y servicios sociales). El Partido Popular se ha ido del gobierno de la Nación, siete años después, sin haber reiniciado las obras del nuevo hospital, que ellos mismos paralizaron. Nadie esperaba un final así, y por esa razón el cambio no admite demoras. Hace falta cambiar las intenciones, la dirección y también los nombres. Nadie que estuviera implicado en la situación dejada atrás, puede seguir al frente de la nueva orientación  y de los nuevos tiempos. Podríamos estar ante la última oportunidad para enderezar las cosas.

                   Las limpiadoras del hospital, uno de los servicios externalizados a empresas satélites, han estado tres meses acampadas frente a la puerta del hospital, sin que la empresa les hiciera el menor caso. Cada trabajador en su ámbito, tiene el derecho a desarrollar su actividad laboral en las mejores condiciones, y con el mejor salario posible. La limpieza es uno de los servicios más duros en un hospital.

                       El estrangulamiento de las Clínicas Radiológicas Remartínez

              El que Mariano Remartínez, a sus 86 años, siga al frente de la Unidad de Tomografía Computerizada, es un ejemplo de vocación y profesionalidad médica que difícilmente será igualado en el futuro. Además resulta un hecho casi milagroso para sus pacientes. Son muchos los que acuden tanto a su clínica como a la de su hijo, para solicitar la repetición de pruebas diagnósticas de calidad y de interpretación precisa y certera, ante resultados dudosos o contradictorios en las pruebas concertadas con el Instituto de Gestión Sanitaria. Son muchos los ciudadanos melillenses, que ante la falta de alternativa, están pagando de su peculio, las pruebas radiológicas que se les solicitan.

                   El doctor Mariano Remartínez presentó en los pasados meses de marzo y abril, sendas denuncias ante el INGESA, por las presuntas irregularidades detectadas con el nuevo servicio diagnóstico contratado por el organismo rector de la Sanidad en Melilla. Cuando se resuelva el recurso contencioso administrativo, presentando por las clínicas diagnósticas de Remartínez, por la irregular suspensión del concurso de prestación de servicios del que habían resultado adjudicatarias, el INGESA deberá sacar de su arcas más de un millón de euros por el perjuicio ocasionado, que no es solo económico. También hay que incluir aquí la pérdida de calidad de la atención a pacientes. Hay casos de pacientes que han tenido que repetir pruebas diagnósticas en Málaga, o que son tratados allí por la ausencia de medios y profesionales especialistas en la ciudad.

             Otro de los asuntos a resolver es la anulación del expediente sancionador al radiólogo titular del Hospital Comarcal Enrique Remartínez Escobar, y la reposición en su puesto de trabajo. Cuando se resuelva en los tribunales esta situación, el INGESA deberá abonar otra onerosa cantidad indemnizatoria.

                        Las compañías de prestación de servicios médicos

            MUFACE, que es el organismo rector de la prestación de servicios a funcionarios, debe exigir y velar por una de las cláusulas obligatorias en los contratos de prestación de servicios médicos: “que las compañías tienen a disposición de los melillenses, especialistas en todas las áreas radicados en la ciudad”. La llegada de un especialista una o dos veces al mes, en jornadas en las que se atiende a 60 pacientes en un día, es un incumplimiento descarado del contrato de servicios médicos, que firman estas compañías. Muchos pacientes y mutualistas, exigen que se vuelva a incluir la posibilidad de escoger entre al menos dos especialistas, algo que también eliminó el gobierno del Partido Popular en sus últimos 7 años.

 

 

La situación sanitaria de Melilla


                              Salud pública, negocio privado

                  Mientras decrece la sanidad pública, aumentan la oferta sanitaria como negocio privado. Esto es algo que puede observar cualquiera. Las compañías de prestación de servicios sanitarios se han dado cuenta de que las personas están dispuestas a gastar parte de su dinero para preservar su salud. De modo paralelo al decaimiento del modelo sanitario público, crece de modo progresivo el privado. La medicina privada es un negocio saludable.

                  La mayor esperanza de vida, el aumento de enfermedades crónicas, el crecimiento de la población, que se situará en los 11. 000 millones de personas al final de siglo XXI, hace necesario el replanteamiento del servicio sanitario para la población, sin que ello suponga un menoscabo de la asistencia sanitaria. Hay que renovar el modelo de gestión, dentro de un modelo fiscal limitado. Las tres necesidades básicas, que también son conquistas sociales colectivas son: Educación, Trabajo y Sanidad. Hay recursos suficientes, como para no tener que renunciar a ninguno de ellos.

                 La educación en estilos de vida saludables, evitando hábitos nocivos; la implementación de los servicios de prevención y atención primaria, para evitar la cronificación de enfermedades, junto con la lucha contra la degradación medioambiental, son tres pilares básicos que el crecimiento demográfico no suponga una degradación de los servicios médicos y sanitarios.

                   En España, en Melilla, estamos viviendo el colapso de los servicios de atención primaria, con una carga de trabajo cada vez mayor para el médico de familia o cabecera. El aumento del tiempo de espera para pruebas diagnósticas, o la renuencia a solicitarlas en su debido momento,  hace que con el paso del tiempo un síntoma acabe convertido en una enfermedad crónica o de larga duración. Un diagnóstico certero y a tiempo, evita muchos problemas futuros, pero para eso hace falta que la atención sanitaria se adecúe a las necesidades de la población, y a sus entorno específico. Lo que se ve, es que se derrocha mucho dinero en traslados de pacientes a especialistas de Málaga o Almería, para consultas rutinarias, cuando sería más lógica la existencia de esos especialistas en la ciudad. Un traslado del paciente o de sus familiares genera trastornos de muchos tipos en una familia, por la escasez o inexistencia de esos recursos en la propia ciudad. En muchos casos agrava la situación del paciente, y repercute negativamente en la situación económica y laboral de la familia.

                     El tomógrafo más potente del mundo, está  en Melilla

            En todo ese conjunto de innovación en salud, juega un importante papel el desarrollo tecnológico, con la aparición de aparatos de alta tecnología no invasiva, como los tomógrafos o escáneres. Un diagnóstico certero, evita muchas otras pruebas al paciente, y quizá una enfermedad o lesión crónica. La innovación tecnológica, junto con la de los profesionales, es otro de los pilares sobre los que se sustenta la sanidad del siglo XXI.

     Recientemente se abrió en la ciudad una polémica con la eliminación del sistema público de las clínicas de los radiólogos Remartínez, los únicos afincados en la ciudad. Ellos cumplen con los requisitos de innovación de los profesionales sanitarios, y también con los de renovación e innovación tecnológica. El tomógrafo de 640 cortes, calificado por algunos responsables sanitarios como “un capricho”, es el scanner más potente del mundo, y del que apenas existen 6 unidades en España. Una de ellas está en Melilla. Las clínicas radiológicas de Remartínez, lo incluían en su oferta sanitaria al Ingesa, rechazada luego de ser aprobada,  por criterios urbanísticos.

           La situación sanitaria en Melilla es de colapso, pero no solo por la asistencia médica a ciudadanos marroquíes. Las obras paralizadas de un hospital desde hace 5 años, sin que se vislumbre ni su reanudación, ni un horizonte cercano para su puesta en funcionamiento, la fuga de especialistas, la ausencia endémica de especialidades médicas en la ciudad, la saturación de los centros de salud, la reducción del personal sanitario, la disminución de horas  de atención de urgencias en los centros de atención primaria, colaboran mucho a la situación de saturación actual. La muerte de pacientes tras ser dados de alta en el servicio de Urgencias, es un síntoma de gestión ineficaz o incluso mala, de los recursos existentes.

              La medicina, según refieren en curso on line de la Universidad de Concepción en Chile, tiene horizontes éticos. Se puede llegar a vivir muy bien ejerciéndola de modo privado, pero nunca puede ser considerada como un instrumento o via para el lucro. La atención de calidad y humana al paciente, está antes que cualquier otra cosa.

            Nota:http://www.creublanca.org/el-tac-mas-potente-del-mundo-se-instala-en-creu-blanca/

El estado de la sanidad en Melilla


 

               Recortar sobre lo que tenemos

           En Melilla no tenemos muchas de las cosas que tiene un gran hospital de una capital de provincia y sobre esa ya deficitaria, o incompleta asistencia médica, nos van a hacer los recortes. El nuevo hospital universitario, es una obra muerta desde hace ya más de 1/2 año. El dinero para la construcción de la obra civil estaba consignado y apartadas su correspondientes partidas  gasto. Si ya no hay dinero para finalizar la edificación, mucho menos lo habrá para el equipamiento y para la asignación de especialidades y nuevas dotaciones.  Lo que hay construido, permanecerá en esa situación durante años y no se acabará en esta legislatura, que va a  ser mucho más corta de lo legalmente establecido.

            Melilla lleva años sin determinadas especialidades que existían (dermatología, oncología) y algunas otras que nunca han sido cubiertas y que precisan del traslado de los pacientes a Málaga. En muchos enfermedades, sobre todo los accidentes vasculares, la reducción de las lesiones sobre el paciente  depende de modo directo del tiempo en que sea diagnosticado y tratado. Si el diagnóstico debe esperar por la saturación en el servicio de urgencias  y luego su tratamiento debe esperar a un posterior traslado a Málaga, debemos concluir que la exposición del paciente a daños irreversibles o más graves de lo habitual es alta.

                El diagnóstico precoz de muchas enfermedades, sobre todo de las cancerígenas, dependen de la realización de pruebas rutinarias (de marcadores), en su debido momento, que a lo mejor, se postergan algunos años o meses, no por criterios objetivos, sino puramente económicos.

                       El desbordamiento del Hospital Comarcal  se ve por todos lados y eso que los usuarios nos fijamos solo en el aspecto  físico y no conocemos los pormenores de lo que sucede dentro, en las cabinas y gabinetes  de los especialidades médicas. De vez en cuando sale algún tipo de información al conocimiento público y no suele ser bueno, pero todo redunda en la saturación, en la carencia de especialidades, de profesionales sanitarios y en las dificultades de atender debidamente a los pacientes, pese al alto grado de  dedicación de la mayoría de los profesionales de la medicina en Melilla. El Hospital Comarcal, inaugurado en 1990 con 185 camas para atender a una población de 56.000 personas, da hoy asistencia a 76.00o melilleses. La población se ha incrementado casi en 1/3 y el hospital sigue siendo el mismo.

                                 Reducción de prestaciones

         No tengo acceso a las cifras macroeconómicas, pero me cuesta creer que la única reducción posible del  gasto sea la de eliminar personal, con la consiguiente carga de trabajo para el personal que existente. Nadie se molesta en calcular qué cantidad se gasta en traslados a la península para consultas, tratamientos y revisiones de enfermedades, que podrían ser tratadas en Melilla con la existencia de espacialistas, y equipando al Hospital con medios de los que ahora se carece, como por ejemplo el apartado de las alergias.

         Cuando se habla de la saturación del hospital, todo el mundo piensa en la asistencia a ciudadanos marroquíes, pero no se pregunta por los usuários de pólizas de compañias privadas (sanitas,adeslas,asisa), cuyos tratamientos e intervenciones acaban revirtiendo sobre la única instalación hospitalaria existente en Melilla, más allá del servicio de consultas. ¿Se cobran a las compañías privadas todos los servicios que presta el hospital público?.

        Primero llegó el cierre de los ambulatorios en fines de semana, ahora llega la reducción del contrato de ambulancias y de sus prestaciones. Con menos no se puede seguir prestando el mismo servicio y el cierre de un ambulatorio en horarios vespertinos y los fines de semana incidirá de manera clara sobre el ya saturado Servicio de urgencias.   Pedir una cita para una revisión o prueba cuesta al menos una hora y conseguirla al menos entre uno o tres meses. Insisto, esto es lo que se ve desde fuera. Los profesionales saben realemente qué es lo que está ocurriendo dentro. Resulta curioso ver como el declive de la sanidad pública se está traduciendo en una proliferación de nuevos centros médicos y de diagnóstico, privados, en Melilla, que hasta la fecha no existían.

      PD: ¿ Quién se acuerda ahora de cuando el PP, en la campaña electoral de noviembre pasado, hizo correr el bulo sobre que el PSOE pensaba retirar las cartillas sanitarias?. ¿ Quién recuerda las promesas de no tocar la Sanidad?. Se ha despilfarrado, ha existido una indudable mala gestión colectiva, pero lo único que no sobran son profesionales y prestaciones.  Hay un dato: Si los puestos de trabajos son retrubuidos con arreglo a la categoría, si se abonan las guardias, las horas extras, los complementos correspondientes, entonces,  ¿de dónde salen o que son las denominadas “productividades”, cuál es el volumen de ese extraño concepto que no se sabe muy bien a qué responde?.

        Nota:  http://www.elfarodigital.es/melilla/sanidad/107330-unas-40-personas-se-manifiestan-en-el-comarcal-contra-los-recortes.html, http://www.elfarodigital.es/melilla/sanidad/107621-satse-demanda-mas-recursos-para-el-servicio-de-endoscopia.html