Abril, 1986, Melilla, Chernóbil


El 26 de abril de 1986 estalló en reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil. La Unión Soviética solo reconoció los hechos tras ser detectada la radiación en una central de Suecia. En Melilla apenas supimos nada, porque la ciudad vivía unos sucesos trascendentales. La lucha del colectivo amazigh o rifeño por su equiparación civil y documental con el resto de ciudadanos melillenses. En cuanto al alcance y magnitud de lo sucedido en la ciudad de Ucrania, hizo falta esperar hasta el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991.

En el mes de abril de 1986 visitó la ciudad el ministro socialista José Barrionuevo, acompañado del secretario de Estado Rafael Vera. Al frente de la Delegación se encontraba Andrés Moreno y en el Ayuntamiento Gonzalo Hernández. Felipe González había decretado el fin de la 1ª Legislatura socialista y se encaminada haca la 2ª mayoría absoluta. Sin embargo, en nuestra ciudad todo iba a dar un vuelco. Aomar Duddú, funcionario municipal, fue expulsado de su trabajo por un decreto de la Alcaldía de Melilla, al que se opuso la Delegación del Gobierno. Fue un gran error, que radicalizó las protestas del denominado como “colectivo musulmán”, orientadas siempre desde el lado pacífico. Sin embargo, todo se les escapó a todos de las manos. Apenas un mes antes, nadie discutía en la ciudad un nuevo triunfo de la candidatura socialista, liderada por Julio Bassets.

Otro nombramiento iba a resultar decisivo en Melilla, el del juez José María Treviño, pero eso se iba a ver algo más tarde. Por primera vez en la historia, la Policía Nacional reprimió una manifestación de melillenses peninsulares. Esto radicalizó la situación hasta tal punto, que un capitán de la policía se negó a cumplir las órdenes gubernativas, siendo destituido. Las elecciones se celebraron a finales de junio, por lo que Coalición Democrática, un nombre de transición entre la Alianza Popular del ex ministro franquista Fraga, y el Partido Popular, tenía hecha la campaña. Desde los primeros días de junio, hasta el día electoral (22 de junio) los aledaños de la Delegación del Gobierno estuvieron permanentemente rodeados por ciudadanos radicalizados, que gritaban día y noche, y arrojaban huevos sobre el edificio gubernativo.

El Partido Socialista estaba dividido, pero empezaba a corregir su apoyo a la Ley de Extranjería, aprobada en el mes de octubre de 1985. Es más, con la llegada de Manuel Céspedes a la Delegación a finales de año, el viraje en el rumbo fue total. La derecha no, estaba unida en la consideración de “ciudadanos extranjeros” de todo el colectivo amazigh melillense. El paralizador del acceso del colectivo amazigh al Documento Nacional de Identidad, fuel el diputado y Ministro Juan Manuel García-Margallo, el nieto del general Margallo, y que fue nombrado como Hijo Predilecto de la Ciudad por el gobierno de Juan José Imbroda.

Volatilizada la UCD, se creó en Melilla un partido localista a la derecha de Coalición Democrática, la Unión del Pueblo Melillense del muy popular Pepe Imbroda, de clara vocación regionalista y melillista. La partida ya estaba clara y no existiría una posición intermedia. La derecha ganó las elecciones con un amplio respaldo en la ciudad y el PSOE pagó todos los platos rotos, tanto los propios como los de los demás. Unos años después “el colectivo amazigh” agruparía su voto en torno a una formación de ideología ecléctica, Coalición por Melilla, mientras que la regionalista UPM. acabaría por tragarse al Partido Popular en 2000. Ahora mismo son formaciones opuestas, que concentran la casi totalidad del voto de las dos comunidades mayoritarias de la ciudad. Quedando el Partido Socialista situado en el centro social, que no político, de la ciudad.

En El Alminar, como siempre, escribimos y reflexionamos desde nuestra experiencia en los hechos. Unos provocaron el desarreglo y la diferencia (la derecha melillense), otros repararon la discriminación documental (los gobiernos socialistas de González) y quedaron señalados para siempre. Curiosa ironía histórica.

Nota:El disputado premio del Sr. Margallo | El Alminar de Melilla

Melilla: Aeropuerto 2021


No todo pueden ser temas de gran calado porque se corre el riesgo de encallar, como el mastodóntico barco del canal de Suez. Hay sucesos menores que también conviene relatar. Esta tarde, en un paseo por la pista de carros y los restos de las antiguas huertas del Real, se oía el inconfundible ruido de las hélices de un avión sobre la pista del aeropuerto, al que llamaremos 2021, mientras de dilucida o se lleva a cabo la imposición de su nombre definitivo. A las 19h 00 llega habitualmente un avión de Air Europa procedente de Málaga, y otro de Air Nostrum con apenas media hora de diferencia, que aparecen puntualmente sobre la cabecera sur, haciendo el giro por encima de Beni-Enzar, según manden los vientos.

Se aventuraba algún problema, ha debido existir algún tipo de retraso porque un avión seguía en pista en posición de despegue hacia la cabecera norte. El que venía de Málaga o Madrid (imposible aclararse si se consultan los horarios publicados en la prensa) o de ninguna parte, tuvo que realizar un giro de espera, para volver a encarar la pista, ya libre, y poder realizar el aterrizaje en la ciudad de Marte. Esto último ha quedado perfecto.

Seguidamente llegó otra aeronave, por un momento parecíamos estar en la ciudad soñada, la mejor comunicada del planeta. Quizá el año que viene tengamos un Airbus sobre nuestras cabezas. Esta vez era algo más pequeña, quizá el avión medicalizado para algún traslado desde el hospital.

Lo hemos podido ver todo y secuenciarlo, el avión de Air Nostrum estaba en clara maniobra de aterrizaje y tuvo que abortarla, volver a ascender y realizar la maniobra preceptiva de espera. Luego ya nos pasó por encima sin incidente alguno. Los aviones son el medio de transporte más asombroso creado por el ser humano. Eso sin entrar en los cohetes aeroespaciales.