La amenaza de Andrómeda


El martes aparecieron unos pasquines misteriosos de complicada redacción. Algunos hasta inducían al equívoco. Con la misma celeridad con la que fueron colocados en los parabrisas de los coches, se retiraron. De cualquier otro pasquín o panfleto, hemos encontrado ejemplares, de este no. La literatura panfletaria, fue un arma muy común durante la Revolución Francesa. Como normal general suelen ser libelos, pues consisten en acusaciones muy burdas y de tono infamante. Hablaban de gente que bebe cerveza y que come paellas, como si no hubiéramos visto durante décadas, las desvergüenzas de la taberna. Pero la gente es olvidadiza y ahora está acongojada.

Llevamos un año de pandemia, este será completo y no nos la quitaremos de encima hasta el 2022. Ya hay muchos problemas, y en los tiempos revueltos, los pescadores echan sus redes. El nombre de los demonios es “legión” porque son muchos y actúan unidos y al unísono. No hay ni siquiera falsos profetas, porque tampoco les creerían. Sin embargo, si un demonio se agita y es atacado, los demás se revuelven, vociferan y se agrupan. Agitan las aguas y los peces se confunden, ven la luz de las lámparas y saltan a las redes que los apresan.

Esa es su estrategia, la división: “Si un reino está dividido contra sí mismo, no puede durar. Y si una casa está dividida contra sí misma, no podrá subsistir”1. No es posible defenderse en una situación así. Si quien debe gobernar se divide, entonces no perdurará. Los demonios siempre esperan agrupados, y con la mitad de esfuerzo, tienen el doble de resultado.

Dicho esto, no se entiende que cuando se ataca a la cabeza de aquel o aquella, que debe hacerles frente, los discípulos no solo no salgan en su defensa, sino que se agazapen en su trinchera, mientras barren la de al lado. Así cada vez comen más terreno. El espacio para la defensa es estrecho. Si todo lo que hay es ruido y furia, y algo que ni siquiera llega a calumnia, nada hay que temer, pero hay que reaccionar. Se aprecia mucha indolencia

Hay otra legión distinta, la de nombramientos de confianza, que deberían batirse el cobre en las redes, pero no se les ve, salvo a unos pocos, y la mayor parte de ellos son voluntarios. Eso es lo que produce la sensación de agobio. La dispersión de la “calumnia”, del libelo, el rosario de querellas, pretender dar la sensación de ambiente embarrado, de corrupción generalizada, cuando no existe. En El Alminar todavía guardamos algunos de los informes anuales del Tribunal de Cuentas, con decenas de requisitorias, por cientos de irregularidades y malas praxis administrativas. Aquello sí era generalizado, aunque como la nieve, acabó desapareciendo. Ahora no hay nada de eso, pero la situación parece insostenible y muy erosionada. De seguir “el reino dividido”, caerá entero. Nuestro papel sigue siendo el del observador, el del evangelista, el del que da noticias.

Andrómeda es una lejana Galaxia, de las más conocidas y visibles, pese a su enorme distancia. También es el título de una novela que anticipaba la llegada a la Tierra de una bacteria procedente del espacio exterior. Andrómeda parece siempre una amenaza. Este nombre es utilizado por una urbanización de la ciudad. Una de las primeras que se construyeron en Melilla.

El diluvio de querellas es solo una cortina de humo. Los servicios jurídicos del ayuntamiento son potentes. Libraron a más de 20 funcionarios de las horcas caudinas del Tribunal de Cuentas, hace apenas 5 años. La gente no puede haber olvidado tanto. Nadie esperaba una pandemia, el cierre fronterizo y todas las consecuencias derivadas, que han sido muchas y de gran calado. Estamos inmersos en un bienio negro, en el que estamos viendo cosas que nadie esperaba ver. Ha arruinado las esperanzas y proyectos de todos los gobiernos del mundo. Tanto los buenos como los malos.

El presidente de Melilla se ha quedado sin partido. Eso no representa problema alguno. Si tuviese que dimitir y ser sustituido por otro, tampoco se hundiría el mundo. Entre 1998 y 2000, conocimos 4 presidentes (Ignacio Velázquez, Enrique Palacios, Mustafa Aberchán, Juan José Imbroda). Lo importante es no dividirse, salvarse todos juntos como en la Balsa de Medusa. No hay que dejar pasar la advertencias de Marcos, el evangelista (1).

Eso sí, los que han sido designados para exponerse, deben hacer aquello para lo que han sido escogidos. No vale esconderse más, ni tanto. A nuestras espaldas solo está el Volga.

Nota:La voluntad de resistir | El Alminar de Melilla