Hic iacet Don Pedro de Estopiñán


En el décimo año del Alminar estamos saldando cuentas pendientes con acontecimientos de la historia de la ciudad y de las que hasta el presente, no habíamos escrito sobre ellos. Estamos continuando también con las historias que siempre nos han distinguido y que constituyen nuestra seña de identidad, y también concluyendo otras historias, como la del fundador de la Melilla hispana.

La historia de este blog es también la de sus comentaristas, lectores/as y colaboradoras/es. Una de esas colaboradoras, Feliciana Torralbo, nos ha permitido llegar hasta el mismo lugar en donde reposan los restos del Contador de la Casa de Medina Sidonia, Pedro de Estopiñán. Muchos ven por nuestros ojos, y nosotros vemos con la ayuda de otros o de otras, como en este caso.

Pedro de Estopiñán era un excelente contable, de esos que si gastaban diez, ponían diez, y no 13 ni 25, y esto le granjeó probablemente muchas enemistades. El porqué de esto, es algo que se entenderá fácilmente en nuestra ciudad, tan dada a malgastar, casi desde su misma fundación.

En 1957, con ocasión del 450 aniversario de la conquista de la ciudad, se organizó en Melilla un Congreso sobre su historia, en el que participaron historiadores franquistas e historiadores en el franquismo, como Hipólito Sánchez de Sopranis. Poco aclararon sobre la enigmática figura del fundador de la Melilla hispana, salvo que estuvo en la ciudad en septiembre de 1497, junto con Martín Galindo, Martín Bocanegra, Gómez Suárez de Figueroa o capitán Andino , Gonzalo Mariño de Ribera y Bernal Francés. Los primeros pobladores de Melilla alcanzaron la cifra de 700, todos varones y en su mayor parte de profesión militar.

En aquellos tiempos, un varón como Estopiñán, debía tanto manejar una pluma como un sable, contar escrupulosamente los gastos o repartir mandobles con ambas manos. Es innegable que tuvo un papel importante en la conquista, aunque no esté claro si mandó la flota de desembarco. Lo que sí es un hecho es que nada podía moverse sin su conocimiento. La conquista costó dos millones de maravedíes y el apunto dos. Hoy en día el precio final hubiese sobrepasado los 6, con los errores contables, de los que tanto sabe el Tribunal de Cuentas.

Pedro de Estopiñán era un enlace habitual entre la Casa Ducal y la Corona de España. Se le reconoce en compañía de la Reina Isabel y del Rey Fernando, y también con sus sucesores, la Reina Juana y Felipe el Hermoso. Parece ser que organizó otras expediciones en la zona de Orán, para combatir a los piratas berberiscos. Era uno de los integrantes del Consejo de 24 de la ciudad de Jerez. Se casó con Beatriz Cabeza de Vaca y tuvo al menos 7 hijos. Su fecha de nacimiento es desconocida, y Sopranis conjeturó que podría situarse en 1470. Lo que sí está clara en la fecha de su muerte, el 3 de septiembre de 1505, en el Monasterio de Guadalupe, de forma repentina.

¿Infarto o envenenamiento? Nada se sabe, pero dejó una viuda muy joven, con hijos pequeños y con abundantes deudas. ¿Qué ocurrió? parece ser que su escrupulosidad contable dio al traste con una expedición de conquista que querían llevar a cabo los Guzmanes, señores de Jerez. Estopiñán identificó barcos en mal estado, dudosa capacidad de las tripulaciones y algunas cosas más, que desbarataron un pufo en toda regla a la Corona, y quizá ahí se granjeó alguna enemistad africana.

La angustia de su situación económica, una expedición malograda a Mazalquivir o quizá un plato demasiado cargado de condimentación, acabaron con su vida en 1505. Los frailes jerónimos del monasterio guadalupano se compadecieron del finado, probablemente bien considerado y con cierto carisma como hombre de corte, y decidieron evitarle el anonimato de la fosa común, esculpiéndole una lápida en la capilla de Santiago, en cuya cripta reposa desde entonces.

Con estas fotografías, damos por concluido uno de nuestros principales temas, aunque nunca puede afirmarse que se ha escrito la última palabra sobre algo, y menos aún si se trata del personaje más homenajeado y desconocido de la ciudad de Melilla.

El cuartel de Santiago está abierto


¿Qué significa que todas las instalaciones de Santiago estén abiertas? Nada, salvo que una parcela de 67.000 m2 , quede expuesta, con mas de 20.000 m2 edificados, a todo lo imaginable e incluso a lo inimaginable. ¿Qué es este cerro y qué significa esta instalación para la historia de Melilla? Todo.

Es un cerro histórico, con la edificación más antigua de la ciudad antes de la llegada de los españoles, o incluso de romanos y normandos. Centro histórico en donde se reunían los líderes de las cabilas de Guelaya para debatir sus asuntos. Lugar de vigilancia y defensa. Hospedaje natural de los sultanes del Reino de Fez. Cerro sagrado e histórico. Ya durante su historia española, albergó al Regimiento de Infantería de Melilla y al Tabor de Regulares nº 2, dedicado a Claudio Temprano.

Decenas de edificios de las antiguas compañías, de la Plana Mayor, de almacenes, o incluso el propio fuerte histórico de San Francisco de Asís, llevan décadas sometidos a una lenta degradación, primero mecánica, del propio abandono, y ahora a la acción erosiva humana. Hasta hace unos dos años existía vigilancia de seguridad privada, pero ahora ha desaparecido. Todo el interior, salvo la zona del «colegio temporal», y del ya extinto centro de detección del Covid, quedan expeditos para la acción destructiva, en donde no puede descartarse hasta algún incendio, como ya ha sucedido en otros lugares de la ciudad.

Pasará al menos un lustro antes de que exista un proyecto para esta enorme extensión, que debe negociarse mediante un convenio con el Ministerio de Defensa, y rubricarse, para que no se repitan escandalosas especulaciones urbanísticas, como la del antiguo cuartel del Valenzuela.

Luego habrá que derribar, demoler, conservar las zonas verdes, salvaguardar el uso público y desescombrar. Todo eso son al menos 5 años. Ya han empezado a remover la ladera del cerro, en la calle de los Hermanos Senén y Mauricio, con el infausto resultado de la tala de todos los eucaliptos. El cerro de Santiago tiene en su interior una gran abundancia de vegetación y arbolado. Todo no debería perderse si más, pero todo puede degradarse hasta extremos irreconocibles, si sigue abierto y sin vigilancia alguna.

El suelo de Santiago reserva muchas sorpresas, porque en algún lugar debe de estar, el cementerio histórico que todavía no ha aparecido, de los mauritanos, pobladores tradicionales de la zona. En las zonas que rodean el cuartel y el cerro, siempre han aparecido restos históricos. Si hay algún lugar en Melilla, es este.

Ouchen, el señor del barranco


Los nombres del Barranco del Lobo

Y llegaron los españoles, y al modo bíblico, le pusieron nuevo nombre a las cosas. Puede que hubiera lobos en el monte Gurugú y su barrancos, pero el «barranco del lobo» tomó su nombre del Caíd de Beni Said, Mohamed Amar Ouchen (el lobo, en la lengua támazigh). Probablemente fue un nombre periodístico surgido a raíz del suceso de 1909, un buen titular de prensa. Es más, en un plano topográfico militar, dominando las entradas al monte, hay un poblado nombrado como Amar Uxen. Es muy normal, que pequeñas aldeas o aduares tomasen el nombre de la familia principal, o de los dueños del terreno. Los exploradores y geógrafos Delbrel y Ghirelli, no transmiten en sus escritos estos nombres periodísticos.

No hay muchos datos sobre la biografía de Ennaib Haj-Mohamed Amar Ouchen, pero la prensa de la época le designó como uno de los responsables del desastre del Barranco del Lobo, y de la destrucción completa del Regimiento de Madrid. Los temas en El Alminar se suelen entrelazar de una manera no prevista. Para ir hacia el macizo del Gurugú, el camino a seguir se inicia en Beni Enzar y los barrancos paralelos del Lobo y del Infierno, buscado la loma de Sidi Ahmed el Hach, que es el nombre del pico que vemos desde la ciudad de Melilla, en donde se encuentra el morabito de Sidi Hamed el peregrino, ya saqueado por el rigorismo islamista. Por ese punto ascendió el general Guillermo Pintos y su Regimiento de Cazadores, y fueron directos a la boca del lobo.

En esos primeros días de julio, el santón Mohamed Mizzian agitaba la zona ante la llegada de los españoles, al mando del general Pedro del Real, en dirección a Lehedara. Allí, como le sucediera a los romanos en Cannas, un anciano octogenario, al que la prensa llama «un exaltado», advirtió a las fuerzas españolas de los riesgos de proseguir en su invasión del territorio: «Si yo jamás he pisado tierra de cristianos, no hagáis vosotros lo mismo con las nuestras». La advertencia, como la que hiciera el oráculo a los romanos: «cave en eas» (guárdate de ir) cayó en el vacío.

Barcelona, en 1909, se agita en la violencia anarquista. Como ahora, es una de las ciudades más reivindicativas y revolucionarias de España, también con mayores desigualdades. Lo que está a punto de suceder en las tierras próximas a Melilla, tanto, que están a nuestra vista, será la espoleta que cargará la bomba del estallido social. El 9 de julio los rifeños tirotean una zona en donde trabajan obreros españoles protegidos por soldados. Los cabileños desbordan el perímetro melillense y la línea de frente llega hasta los Lavaderos y el Hipódromo el día 20. La guerra ya está dentro de casa. Hay cábilas afectas como las de Amor, Cheka, Mojtar y Azmani (el moro gato) y otras que se distancia o se declaran ya hostiles. Empiezan a llegar tropas. El incipiente barrio del Real se convierte en un campamento militar.

El cañonero Mª de Molina bombardea la cábila de Beni Said, la del lobo Ouchen. Las noticias se publican con al menos 10 días de retraso en El Telegrama del Rif. Un temporal de levante dificulta y retrasa el desembarco de las tropas. Todas las cábilas del Gurugú están en abierta rebeldía. El día 26, la Brigada Mixta del General Pintos ya está en Melilla y es dirigida hacia la entrada del Barranco del Lobo. El día 27 se consuma el desastre que marcará la historia de España del siglo XX. El monje Mizzian, Chaldy y el Hach Amar descomponen el frente de guerra y aniquilan la Brigada del General Guillermo Pintos (nacido en Chafarinas), que deja una carta en la que solicitaba al Rey Alfonso XIII, que si moría en Melilla, se ocuparan de su esposa y 4 hijas. No sabemos qué ocurrió con esta familia, ni si tienen líneas de descendientes.

Quebdana, en el Palacio del Caíd Ouchen

En 2004, en una de las excursiones del seminario de Lengua y Cultura Támazigh, que dirigía Jahfar Yahia, fuimos hasta Dar Kebdani, al que fuera el palacio del Caíd Ouchen, invitados por su hijo, Amar Ouchen. Tras lo que se denominó como «pacificación del territorio» tras el desastre de 1921, Mohamed Amar-Ouchen, fue designado como gobernador de Quebdana. Un suceso tremendo, que nos relató su hijo, pero que no puede verificarse documentalmente, hizo que el Caíd se trasladara a Melilla, protegido por el general Franco, ocupando una nueva residencia en las inmediaciones del aeropuerto. Desde entonces, fue amigo personal del dictador, y uno de sus principales suministradores de tropas de infantería para las fuerzas de Regulares, del ejército sublevado, al mando del general Mizzian.

Fue una excursión muy interesante, a un lugar significativo para la historia de la zona. Hoy, pasados 17 años, podemos enlazar muchos nombres y lugares, y recordar a un buen hombre y melillense, Amar Ouchen, conocido como «amaruchi«.

Movimientos en el Barrio Uno


El Mantelete

La conocida como Puerta de la Marina, con su aljibe antiguo (prehispánico) y esas grandes murallas, que esconden respuestas, junto con la Alafía, ofrecen el perfil más parecido al de la Melilla que vieron las huestes de Pedro de Estopiñán en 1497. Tenemos que imaginarlo todo sin puerto, sin los fosos, sin las edificaciones. En este sector están los tramos más antiguos de las murallas que todavía pueden verse. Por aquí estaba la cueva en donde predicaba el santón nazarí Sidi Ouarich, llegado poco antes de la conquista de Granada.

Hay que imaginar la línea de playa en lo que hoy es la avenida del general Macías. En esta zona debió de producirse el gran desembarco. El río de Oro desembocaba apenas a unos cien o doscientos metros de la villa antigua de Melilla. Si embargo, estos suelos limosos, enriquecidos con las aportaciones de otros arroyos, conformaban una fértil zona de huertas, que en periodos de paz, proporcionaban a la ciudad algunos recursos alimenticios, con los que paliar la penuria que caracterizó a la larga noche de los 400 años.

Aquí se encuentra la Consejería de Fomento, hoy de Infraestructuras, que es la más poderosa de todas, pues es la que rige, junto con la de Hacienda, los destinos de la ciudad. Quien maneja el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tiene el poder de decidir cómo será la ciudad. Todo lo que se hace, desde una humilde acera, un derribo, una recalificación, una nueva construcción, o las importantes recepciones de suelo liberado desde el Ministerio de Defensa, se decide, en la modesta estructura que vagamente recuerda a los bazares del viejo Mantelete. Esto lo han sabido todos, de hecho, hay empresas inmobiliarias de personas que en el pasado formaron parte de algún gobierno. Aunque existe alguna objeción legal sobre no participar en áreas en las que se tengan intereses, o ese teatrillo de salir de una reunión en el instante en que se decide algo que afecta a una empresa familiar, todo el mundo sabe que eso es solo teatro, sin mas, porque la información adquirida queda ahí para siempre. Melilla es una ciudad con los metros cuadrados contados. Por ello, la Consejería que recibe más presiones es esta.

El Mantelete fue la zona de desahogo de la ciudad amurallada, algunas huertas, almacenes, incluso la famosa y nunca localizada «ermita de extramuros». En el periodo político previo al actual, se iniciaron algunos movimientos para rehabilitar y revalorizar la zona. En general son casas muy viejas, con escaso valor arquitectónico, pero singulares. El único edificio que tenía interés arquitectónico fue derribado. Todo esto se ha contado en el Alminar. Una década da para mucho. El valor de la zona multiplica el del suelo. Hay casas que se están reformando manteniendo la fachada, otras que han sido derribadas y que se están reedificando de manera inmediata, y otros edificios que caerán bajo la piqueta en breve. El barrio, pese a la zona en la que se encuentra, se encontraba en un estado lamentable de abandono. El anterior gobierno fue incapaz de gestionar incluso la zona centro de la ciudad.

Estamos atentos a los movimientos en este barrio, también de interés arqueológico máximo, aunque hay otra zona mucho más importante y que también hemos visitado y fotografiado. Por encima de las campañas de propaganda, hay que hacer una ciudad acogedora, habitable para todas y todos, que conserve su pasado y su sentido. Melilla tiene una singularidad única, que hay que seguir manteniendo. La especulación urbanística tiene que tener un límite. Los edificios antiguos del Mantelete y la Ciudad Vieja están arruinados en su totalidad. Hay abundantes solares en donde construir. El terreno está abonado para la especulación. La calle de San Miguel es una pura ruina.

Nota: Edificio liquidado | El Alminar de Melilla

Incluimos el último catálogo de edificios protegidos del 2012.

Abril, 1986, Melilla, Chernóbil


El 26 de abril de 1986 estalló en reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil. La Unión Soviética solo reconoció los hechos tras ser detectada la radiación en una central de Suecia. En Melilla apenas supimos nada, porque la ciudad vivía unos sucesos trascendentales. La lucha del colectivo amazigh o rifeño por su equiparación civil y documental con el resto de ciudadanos melillenses. En cuanto al alcance y magnitud de lo sucedido en la ciudad de Ucrania, hizo falta esperar hasta el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991.

En el mes de abril de 1986 visitó la ciudad el ministro socialista José Barrionuevo, acompañado del secretario de Estado Rafael Vera. Al frente de la Delegación se encontraba Andrés Moreno y en el Ayuntamiento Gonzalo Hernández. Felipe González había decretado el fin de la 1ª Legislatura socialista y se encaminada haca la 2ª mayoría absoluta. Sin embargo, en nuestra ciudad todo iba a dar un vuelco. Aomar Duddú, funcionario municipal, fue expulsado de su trabajo por un decreto de la Alcaldía de Melilla, al que se opuso la Delegación del Gobierno. Fue un gran error, que radicalizó las protestas del denominado como «colectivo musulmán», orientadas siempre desde el lado pacífico. Sin embargo, todo se les escapó a todos de las manos. Apenas un mes antes, nadie discutía en la ciudad un nuevo triunfo de la candidatura socialista, liderada por Julio Bassets.

Otro nombramiento iba a resultar decisivo en Melilla, el del juez José María Treviño, pero eso se iba a ver algo más tarde. Por primera vez en la historia, la Policía Nacional reprimió una manifestación de melillenses peninsulares. Esto radicalizó la situación hasta tal punto, que un capitán de la policía se negó a cumplir las órdenes gubernativas, siendo destituido. Las elecciones se celebraron a finales de junio, por lo que Coalición Democrática, un nombre de transición entre la Alianza Popular del ex ministro franquista Fraga, y el Partido Popular, tenía hecha la campaña. Desde los primeros días de junio, hasta el día electoral (22 de junio) los aledaños de la Delegación del Gobierno estuvieron permanentemente rodeados por ciudadanos radicalizados, que gritaban día y noche, y arrojaban huevos sobre el edificio gubernativo.

El Partido Socialista estaba dividido, pero empezaba a corregir su apoyo a la Ley de Extranjería, aprobada en el mes de octubre de 1985. Es más, con la llegada de Manuel Céspedes a la Delegación a finales de año, el viraje en el rumbo fue total. La derecha no, estaba unida en la consideración de «ciudadanos extranjeros» de todo el colectivo amazigh melillense. El paralizador del acceso del colectivo amazigh al Documento Nacional de Identidad, fuel el diputado y Ministro Juan Manuel García-Margallo, el nieto del general Margallo, y que fue nombrado como Hijo Predilecto de la Ciudad por el gobierno de Juan José Imbroda.

Volatilizada la UCD, se creó en Melilla un partido localista a la derecha de Coalición Democrática, la Unión del Pueblo Melillense del muy popular Pepe Imbroda, de clara vocación regionalista y melillista. La partida ya estaba clara y no existiría una posición intermedia. La derecha ganó las elecciones con un amplio respaldo en la ciudad y el PSOE pagó todos los platos rotos, tanto los propios como los de los demás. Unos años después «el colectivo amazigh» agruparía su voto en torno a una formación de ideología ecléctica, Coalición por Melilla, mientras que la regionalista UPM. acabaría por tragarse al Partido Popular en 2000. Ahora mismo son formaciones opuestas, que concentran la casi totalidad del voto de las dos comunidades mayoritarias de la ciudad. Quedando el Partido Socialista situado en el centro social, que no político, de la ciudad.

En El Alminar, como siempre, escribimos y reflexionamos desde nuestra experiencia en los hechos. Unos provocaron el desarreglo y la diferencia (la derecha melillense), otros repararon la discriminación documental (los gobiernos socialistas de González) y quedaron señalados para siempre. Curiosa ironía histórica.

Nota:El disputado premio del Sr. Margallo | El Alminar de Melilla

El panteón de la Guerra de Margallo


Las Guerras de Melilla

No es que fuera la guerra del General Margallo, fue la guerra de los límites, o la de Sidi Ouariach (1893-94), contras las cábilas que residían siempre en los terrenos que circundan lo que se conocía como campo exterior.. Se resistieron a abandonar sus tierras seculares, y a dejar el santuario de Sidi Ouariach dentro del territorio español. Estalló la guerra y España se vio sacudida por un nuevo conflicto bélico, que llevaría ya un nombre que nadie olvidaría nunca, el de Melilla. El 28 de octubre de 1893, las fuerzas españolas estaban cercadas en el fuerte de Cabrerizas Altas*.

En una maniobra desesperada, tres oficiales españoles recibirán la Cruz Laureada de San Fernando: Miguel Primo de Rivera, Juan Picasso y Lucas Hernández. El gobernador de la Plaza, el jefe de la fuerzas militares de la ciudad, Juan García y Margallo también sale del fuerte, recibiendo una certera bala de un tirador rifeño en la cabeza. Su muerte sacudirá a la nación, y dará nombre a esta absurda guerra. Un año después, el general Martínez Campos firmará la paz con el Sultán de Marruecos. En los primeros años del siglo 20, se construirá el panteón que ahora vemos y que alberga los restos de aquel conflicto, que obligó a retranquear la frontera española, para dejar el cementerio histórico rifeño en territorio marroquí. La cifra oficial de bajas fue de 70 muertos y 122 heridos, pero en España nunca se creyeron esas cifras. La mayor parte de los caídos en ese conflicto están ahí enterrados.

El panteón solo se abre en noviembre, de modo oficial, con guardia de honor, en el Día de Difuntos. Hoy se encontraba abierto por razones de mantenimiento. Es necesario abrir las puertas y la cripta para secar el agua que humedece las paredes, especialmente tras días de lluvia. La cripta en donde reposan los restos de Margallo está a tres metros bajo la tierra. Solitaria y en silencio todo cobraba un aspecto distinto.

Solo 15 años después, el 27 de julio de 1909, otro lugar geográfico resonaría en la nación española, el Barranco del Lobo. La explotación de los minerales de Uixan forzó la penetración militar española en la zona limítrofe en la ciudad. El Regimiento de Madrid había desembarcado esa mañana y se dirigió hacia el monte Gurugú. No se sabe muy bien si se trató de un error táctico, de una equivocación. El caso es que el general Guillermo Pintos y todo el Regimiento de Cazadores de Madrid fue abatido en ese día. El desastre del mítico barranco, tan cercano, puso del revés a todo la Nación. Barcelona se sublevó, al negarse a una nueva leva de reclutas para su embarque hacia Melilla. La Semana Trágica fue una conmoción política que ha quedado fijada en la historia de España con ese nombre. El pueblo estaba harto del continuo goteo de muertos de los hijos de las clases populares, alistados como soldados, para el enriquecimiento de las grandes familias de la burguesía española.

Este es el otro gran nombre que hace muy interesante y especial este mausoleo. Aquí está enterrado el general Pintos, y gran partes de «los restos anónimos», de soldados caídos en aquel combate. Restos que no pudieron ser identificados nunca. Hijos de madres que jamás volvieron a verlos. Como siempre, tradición en el Ejército de España, no hay cifras oficiales de bajas. Se habla de un millar, pero nada es seguro.

La cripta tiene unas escaleras de difícil acceso. La gente de Melilla le rinde culto a las ánimas. Hay restos de velas encendidas en el pasado mes de noviembre. El silencio es sobrecogedor en esta pequeña cripta. La cripta conserva el calor en invierno y resulta fresca en verano. Es la temperatura de la tierra, que acoge a todos estos muertos sin nombre. Todavía estremece ese «Tu esposa e hijas» sobre la lápida del general Pintos.

Nota: *Cabrerizas Altas, la gran novela de Ramón J. Sender.

El día del levantamiento del asedio


19 de marzo de 1775

El 9 de diciembre de 1774, tras haber declarado previamente la guerra a España, apareció en las inmediaciones del fuerte de San Lorenzo, el sultán de Marruecos Sidi Mohammend Ben Abd-Allah, con la intención de poner fin a la presencia española en Melilla. Dos hechos resultaron trascendentales, uno el inmenso poder de la artillería española, que seguía siendo de las mejores del mundo, aunque el Imperio español empezaba a declinar. Para estar fuera de su alcance había que situarse bastante lejos, restando eficacia a los disparos de la artillería marroquí, el otro fue el sistema defensivo abaluartado, que resulto decisivo.

Ningún cañón de la época podía elevar el ángulo de disparo por encima de los baluartes. Aparte, las balas todavía no eran explosivas, solo proyectiles de piedra o metal, lo que limitaba mucho el posible daño sobre las defensas. La única posibilidad para rendir una ciudad era ponerla bajo asedio y rendirla por hambre. Si se observan las proporciones de las defensas abaluartadas de Melilla, se comprende la imposibilidad de conquistar la ciudad mediante un asalto, o por la destrucción de sus murallas, que aún así tenía uno de sus puntos más débiles entre los baluartes de san José el de san Fernando.

Las fuerzas del Emperador de Marruecos alcanzaban los 20.000 hombres, pero tenían una artillería deficitaria. No podían acercarse a la plaza de Melilla, y necesitaban disparar sobre la ciudad desde la altura, para conseguir dañarla. Los morteros, la fusilería, las minas y el bloqueo terrestre provocaron grandes daños en la ciudad, que sin embargo y con muchas dificultades logró ser abastecida por mar. La población civil fue evacuada el 12 de diciembre. El bloqueo marítimo no existió, como en Constantinopla.

La misa del levantamiento del Sitio de Melilla

El 16 de marzo de 1775, vista la imposibilidad de la rendición de Melilla mediante el bloqueo y fracasado el intento de conquista, el Sultán Mohammed Ben Abd-Allah, dio por finalizado el cerco y comenzó a retirar sus tropas. El día 19 de marzo evacuó las inmediaciones de la ciudad el último contingente marroquí, por lo que pasó a considerarse este día como el del “Levantamiento del Sitio”. El 2 de septiembre de 1775, se acordó celebrar una misa anual cada 19 de marzo, como recuerdo y homenaje a los que defendieron la ciudad, y a los que murieron en su defensa. Es una efeméride indudable de la historia de Melilla, y una obligación  ineludible la celebración de la misa. Nada más. No es incompatible con nada. No es necesario que sea un día festivo y ya es una efeméride muy lejana.

El baluarte

El baluarte puede considerarse un avance tecnológico de los ingeniería militar del siglo XV. conocido como la trace italienne*. La muralla plana y longitudinal siempre podía ser batida por la artillería y provocar su derrumbe. El baluarte, con sus flancos, revellines, fosos, carpas y contraescarpas, sus coronas, puntas y ángulos, resistían cualquier tipo de ataque con artillería, y asalto frontal, salvo que se quisiese quedar atrapado en los fosos, sin posible salida y a merced del fuego desde la altura. Esto es lo que ocurrió en Melilla entre 1774 y 1775. Una técnica constructiva y de defensa muy moderna y desarrollada, frente a un sistema de ataque medieval y obsoleto. Constantinopla sucumbió en 1453, porque tenía unas murallas potentes pero medievales. De haber contado con un sistema abaluartado, Mehmet II no la hubiese conquistado nunca. El baluarte tenía una fácil defensa.

Sin embargo, el primer ejército del mundo, el español, se encontró con el mismo problema en las campañas de Flandes. El asalto español sobre Maastrich en 1579, fue el último que consiguió el triunfo, por el sistema de asedio y rendición por hambre, tras un brutal asedio de 4 meses, impuesto por el más poderoso ejército de la época.

A partir de ahí el sistema de baluartes se desarrolló con rapidez, y las guerras se convirtieron en penosísimas campañas de asedio e intentos de rendición por hambre. Muchos asedios de los Tercios españoles fracasaron del mismo modo en que fracasó aquí, el sitio impuesto por el Emperador Sidi Mohammed.

Todavía en 1800, con la Grande Armèe de Napoleón, seguía vigente el sistema de asedio bárbaro y demolición a cañonazos de las defensas de las ciudades. El último gran sitio con derribo total y entrada al asalto, fue el de Zaragoza en 1809.

Nota:*Geoffrey Parker; El ejército de Flandes y el Camino Español.