Undecimus annus


El año undécimo del Alminar se inicia a partir del presente 3 de mayo. Hemos rebasado todas las previsiones y registros posibles, incluido el del algoritmo que sitúa en 10 años de continuidad, los necesarios para garantizar la permanencia eterna en las redes de la actividad de un blog. No quedará todo y pero siempre algo permanecerá, aunque sea en un lugar etéreo, pero lo hará.

En 11 años y 2523 artículos hemos reflejado casi todo aquello que hemos visto y de lo que debía quedar constancia para el futuro. El Alminar siempre se lee en presente, aunque toda su actividad pertenezca al pasado, porque es pasado desde el día siguiente en que algo se publica y se lee.

De un tiempo tan largo, impensado, se extraen muchas experiencias, porque este blog atraviesa nuestras vidas y nosotros viajamos dentro de él, ya sea en la posición de escritor, de lector, o de comentarista ocasional. Hemos observado a la sociedad, a la ciudad y sobre todo al Poder, porque este blog está pensado como refugio frente a él.

El Poder puede ser amable, hosco, pero nunca inocente. Sin embargo, pese a lo denostado que es, la gran bicha para el anarquismo de cualquier tiempo, tiene capacidades innegables, como la de «desnudar» la verdad de la condición individual y colectiva. Su ejercicio continuado acaba sacando a la luz aquello que no era antes visible y solo muestra la realidad personal. No hay engaño posible, por mucho que algunas realidades tarden en aparecer. Quien ha ejercido el poder ya no puede enmascararse de nuevo y volverá a ser lo mismo que fue. El que lo ejerce no puede evitar que aparezca, en algún acontecimiento clave, su verdadera personalidas, que a unos/as enaltecerá y a otros tantos, no.

Hechos y predicciones

Es imposible predecir nada, aunque este blog y muchos de sus escritos se hayan anticipado a hechos que luego han ocurrido, pero es debido, sobre todo, a una atenta observación de determinados acontecimientos y signos que están ahí para ser interpretados de modo correcto o acertado. Nadie podía prever una pandemia, en la que seguimos inmersos y que ya ha provocado 6.262.345 muertes, de las que 104.456 corresponden a España. No era previsible tampoco que Rusia desencadenase una guerra en Europa, de las proporciones que está padeciendo Ucrania. Tampoco la destrucción de un Estado muy importante en Oriente Medio, como Siria, o la guerra del Yemen. Catástrofes, terremotos, la erupción volcánica de La Palma. ¿Quién iba a imaginar dos años de bloqueo en la frontera con y por parte de Marruecos, con familias viviendo una experiencia parecida a la del Muro de Berlín?

Lo que sí queda claro, es cualquier acontecimiento en el mundo, tiene su reflejo proporcional en nuestra ciudad, en forma de oleadas de inmigración. Por el Centro de Inmigrantes han pasado ciudadanos de casi todo el mundo, sobre todo de países en guerra, porque esta sí es una realidad del mundo. La profecía no es lo mismo que la predicción, y este blog es más lo primero que lo segundo.

Los datos del Alminar

El año con más visitas fue 2014 (275.000). Durante 5 años se superaron con largueza las 200.000 visitas anuales hasta 2017, para luego entrar en un descenso que se frenó en 2021. Desde entonces, las visitas mensuales superan las 11.000 de media, desde la 20.000 del mes de enero de ese mismo año. Después de 132 meses y una media mensual de 19 artículos, lo difícil es seguir con una visión fresca, pese a todo lo que hemos visto, y contar, tanto tiempo después, con la fidelidad de los lectores y lectoras tanto de Melilla, como del resto del mundo. El año precedente, el de la década, lo dedicamos a saldar cuentas pendientes sobre realidades de la ciudad, de las que todavía no nos habíamos hecho eco, ni dado cuenta. Si algo queda, que quedará, dejaremos constancia de ello. Las historias siempre deben quedar cerradas, en lo que sea posible

Esperábamos un año más tranquilo, menos exigente en cuanto a la sucesión de acontecimientos. La intención era tomar un poco de distancia y observar todo desde la parte alta del Alminar, pero no ha sido posible. ¿Qué nos deparará el futuro y hasta cuando El Alminar seguirá en posición de dar testimonio de los hechos? Es imposible saberlo. Solo agradecer, como cada año, a tantos y tantas lectoras que nos han traído hasta aquí, y que nos han acompañado en este ya muy largo viaje. Sin esa compañía constante y silenciosa, no estaríamos escribiendo esto en 2021, en el undécimo año desde la fundación del Alminar. El Alminar modificó su época, y el tiempo moldeó al Alminar. Aquí todo tiene el mismo valor: la palabra, la imagen, lo simbólico.

La leyenda de Mariúpol


Putin enfanga a Rusia en el barro de Ucrania

No sirve de mucho conocer la historia, porque se acaba repitiendo igual. Cada tiempo, cada época, necesita de sus héroes y de sus villanos. La acería Azovstal, de Mariúpol, pasará a la historia con el mismo rango que la fábrica de tractores Octubre Rojo, o la de cañones Barricada, y el nombre de Stalingrado será sustituido en la historia de las generaciones modernas por el de la pequeña ciudad ucraniana de Mariúpol, junto a la orilla de mar de Azov.

La situación actual es la misma que en Stalingrado en 1942, con toda la ciudad dominada por los invasores alemanes, salvo el área de esas dos míticas fábricas. La resistencia de las fuerzas ucranianas se concentra en la acería de Azov. Suceda lo que suceda, ya es un mito y una leyenda. La ciudad es una ruina de lado a lado, como lo fue en su momento la ciudad del Volga, Volgogrado. El armamento de hoy en día no es el de hace 80 años, pero la desproporción de fuerzas sí. La Alemania hitleriana se lanzó al asalto de Stalingrado en agosto de 1942 y tuvo que rendirse en la ciudad 7 meses después. En aquel momento, uno de los errores alemanes fue el reducir la ciudad a ruinas, en los bombardeos previos al asalto, que causaron más de 40.000 muertos. No son comparables las cifras, ni los momentos, pero sí los hechos. Los escombros ayudaron a los defensores y entorpecieron el avance de los atacantes.

El ejército de Rusia ha repetido los mismos errores que los predecesores alemanes, aunque hoy, ni ucranianos ni rusos se defiendan del mismo enemigo. Los ucranianos siguen siendo los agredidos, pero el agresor actual es Rusia, lo que resultaba inimaginable.

Ucrania, la deshonra rusa de Vladimir Putin

Así tituló la periodista Anna Politkovskaya uno de sus primeros libros sobre la 2ª guerra de Chechenia en 2004. Ni siquiera ella pudo llegar a imaginar que 17 años después, Rusia intentaría un salvaje asalto a Ucrania, condenado al fracaso. Mi conciencia grita que no es posible que nuestras autoridades se obstinen de un modo tan estúpido en oprimir a las gentes que viven aquí. ¿Y los soldados? Se envía a la guerra a muchachos de 18 o 19 años, completamente analfabetos a causa del hundimiento del sistema escolar en la década de los ochenta. ¿Y los oficiales? ¿Cómo podrán reunirse después con sus familias y educar a sus hijos?, escribía la periodista asesinada.

Los dirigentes son los que son, y el mundo ha convivido con personajes muy extraños y sórdidos, incluso en algunos países del mundo democrático. Nunca nadie, en Rusia, ha vivido bajo un régimen o Estado democrático. Se ha aceptado la idea de que en su historia, solo pueden aparecer dictadores, zares o tiranos de diversa índole, como en casi todos los Estados de Asia y del Golfo Pérsico. Por eso los los líderes políticos de Occidente conviven con Jefes de Estado extrañísimos, con los que nadie se juntaría si solo fuesen personas comunes, el vecino o el tendero. Este es el motivo principal por el que había que aceptar a Putin, pese a la ausencia de características asociables a la democracia en la Rusia postsoviética, o en gran parte de los países del mundo.

Miles de muertos, ciudades arrasadas, y un país, Ucrania, devuelto al mismo estado económico y social de su salida de la Unión Soviética en 1991. Actualmente era uno de los más pobres de Europa. Lo peor de todo, es que Vladimir Putin ha aniquilado el prestigio acumulado por Rusia en las últimas décadas. Fue modélica la retirada de las fuerzas rusas de toda la Europa oriental en 1989, e igualmente modélica fue la disolución de la URSS en 1991. Estos hechos históricos se llevaron a cabo sin disparar un solo tiro y sin crear más resentimientos históricos.

Nunca sabremos en qué momento y por qué motivos, Putin, decidió tirar toda la historia de Rusia al cajón de sastre de la historia de Europa. No sabremos qué le llevó a escalar hasta el pedestal de los grandes villanos del mundo, en donde ya permanecerá siempre. Ha hundido a Ucrania y a Rusia para todo lo que queda de siglo. El 9 de mayo, Putin organizará su desfile tradicional en la Plaza Roja de Moscú, pero ya no celebrará victoria alguna. Ha llevado incluso a la Iglesia cristiana mas sufriente y santa de toda Europa (la Ortodoxa de Rusia), la que se enfrentó a Stalin, a su descrédito más completo.

Rusia ya no ganará nada en Ucrania. El mundo ha cambiado después de esto, en una dirección que no conocemos, aunque intuimos. Para Politkovskaya, la característica principal del régimen de Putin, «era que había convertido a Rusia (el Estsdo más plurinacional del mundo) en un estado racista«. Este es el gran problema del futuro y de ahí el ascenso de las opciones ultras.

El camino del Encuentro


Parábola del camino del Encuentro

Estaban todos/as los que han pasado la Semana Santa en Melilla y han seguido las procesiones. Estaban también todos aquellos/as que regresan a lo largo del fin de semana. Estaban todos los que acuden, como en un ritual, al encuentro de esta singular procesión, una de las más luminosas de Melilla, no solo porque se celebra a medio día, sino porque también suele marcar el inicio de la temperatura más cálida. Eso sí, cuando el fin de la Pascua cristiana acontece en la mitad del mes de abril, hecho que se repite cada tres años.

No hay otro camino que el del encuentro, cuya parte más vistosa es la que se produce en la plaza de España y en la Avenida principal de Melilla. Sin embargo tiene una parte menos visible, más dura, que es la del traslado de los tronos hasta su encuentro, y luego el regreso, casi en solitario, a sus templos de reposo y culto.

El simbólico encuentro de las imágenes del Resucitado y de la Theotokos (Madre de Dios), puede servir también como metáfora y parábola para la ciudad del «encuentro de culturas», que tiene una parte muy vistosa, y otra menos visible de trabajo constante para fomentar esa convergencia cultural sobre la ciudad común. Siempre existen roces y fricciones, unas casuales y otras con alguna intencionalidad, pero para el bien de todos, empieza a percibirse una naciente voluntad de superar todas esas dificultades y la intención de mantener ese espacio colectivo. No es un trabajo fácil y sí es una labor constante, muy exigente, diaria, en la que no se puede desfallecer, pero en la que pueden existir errores, como en toda actividad humana.

Este año han coincidido la celebración del Ramadán, junto con la Pascua judía y cristiana. El año que viene, que será electoral, se volverá a producir la misma circunstancia, porque la semana santa coincidirá con la última semana de marzo, y el adelanto anual del mes sagrado musulmán también tendrá una semana común con la conmemoración cristiana, que está indisolublemente unida a la Pascua del Pesaj. Es algo en lo que ya se puede ir pensando, porque una vez finalizadas, nos lanzaremos de modo irremisible a la cita electoral de mayo.

Las procesiones han vuelto a nuestras calles después de una ausencia, forzada por la pandemia, de dos años. Esperemos también que este año permita también el reencuentro de los melillenses con su Patrona, que no procesiona en la ciudad desde 2017, es decir, desde hace un lustro.

Detrás de cada Encuentro hay mucho trabajo, mucha labor callada y oculta, mucho esfuerzo constante y también la ley inexorable del azar. Todo es frágil. No siempre estaremos cerca, no siempre llegaremos a tiempo. Pero el encuentro siempre tendrá su camino.

Cuestiones en procesión


    Cada año salen las procesiones a las calles y se repiten, cual salmodia,  las retahilas de argumentos a favor y en contra, o las bulas de aquellos que intenta reducir todo lo que acontece a una sola expresión, o a ninguna, que tanto da.

   Expresión de fe, cultura, fenómeno religioso, tradición, religión al margen de la Iglesia, todo, nada, individual, colectivo. Es todo eso y también cualquier otra cosa que queramos, porque ni siquiera la religión explica toda la vida.

   Hay años en los que estaremos más pendientes, otros en los que menos. La olvidaremos durante un lustro, o no podremos vivir sin ella. Esperaremos a que regrese el año venidero o nos cogerá por sorpresa. Es igual, cada año permanecerá ahí, porque es todo eso que hemos dicho y también lo que ni siquiera hemos pensado. A quien quiera buscar en estas fuentes de sabiduría, encontrará tanto agua dulce como ajenjo.

  Acudiremos a las calles a ver sus ritos y su liturgia, ó a disfrutar de la contemplación de las imágenes en sus tronos o en sus palios. Nos aturdiremos y dejaremos llevar por los sones y acordes de clarines, trompetas y tambores, mientras nuestros sentidos se embriagan con las oleadas del incienso.

  A veces mirando no veremos y escuchando no oiremos, y aunque tengamos ojos y oídos, no entenderemos. Por eso se explican algunas cosas en parábolas.

  La Pascua judía y cristiana coincidirán siempre y hasta el final de los tiempos, porque Jesús, el Cristo, era un rabí judio, además del Ungido de Dios. Sin embargo, en esta ocasión , como cada ciclo de 31 años, coinciden las Pascuas de las 3 religiones del Libro, aunque técnicamente, no sean el mismo libro, ni la misma redacción.

  La coincidencia temporal se debe haber aprovechar para buscar lo común y no lo que diferencia. Si la religión, que es algo íntimo, se hace extensivo a la esfera pública, surgen los roces. Cuando lo religioso quiere ocupar todo el espacio, se acrecienta la distancia. El hecho religioso es parte de la cultura humana, pero no su totalidad.

Una de las cuestiones irrenunciables de las sociedades y Estados europeos, es la laicidad de las instituciones y de sus sociedades. Por ello resulta perniciosa la discusión acerca de la presencia de autoridades en la procesiones. El confesionalismo es para otro tipo de Estados. En toda religión hay una parte que se exhibe de cara a la calle, al exterior, y otra que se encuentra sumergida en donde no alcanza la vista.

No podemos saber cuál opción es más auténtica. Tampoco lo pretendemos. Quien busca en lo público la recompensa, allí la tendrá, quien la pretenda en lo secreto, alli la encontrará.

Asedio, Estatuto y efemérides


La conmemoración del Asedio

El levantamiento del Asedio de Melilla, por parte del Emperador de Marruecos Sidi Mohammend Ben Abd-Allah el 19 de marzo de 1775 es un hecho histórico. Sin el apoyo decidido del Rey Carlos III y la brillante estrategia defensiva del Mariscal Juan Sherlock, los días de Melilla como ciudad española hubieran acabado hace 247 años.

Lo único que se estableció como recuerdo a aquella gesta o efeméride fue la celebración de una misa y un pequeño homenaje por parte de las autoridades, de modo anual sempiterno. No es tampoco una ofrenda que lleve a la pérdida de la virtud, u ocasione una contradicción imposible de solucionar. En la oposición uno puede criticar o estar en desacuerdo con cualquier cosa, pero si se forma parte de un gobierno la actitud debe ser otra. Se ha hecho «casus belli» de esta conmemoración por parte de los dos partidos mayoritarios y la cuestión de fondo permanece sin resolver.

No es admisible la ausencia de Coalición por Melilla, como gobierno, del acto oficial de conmemoración, como tampoco es admisible que no participen en ninguno de los actos del 17 de septiembre. Otra cosa es que decidan no acudir a la ceremonia religiosa. Si uno quiere cambios debe proponerlos y debatirlos a la luz pública. CPM impuso el día del Estatuto como festividad colectiva, sin debate alguno, y todos los partidos de la Asamblea acuden a los actos señalados, sin que previamente manifiesten su acuerdo o no. Para que nadie diga que hemos cambiado de postura, aunque sería lícito, vamos a citar lo que escribimos en otros años y seguimos pensando.

La misa del levantamiento del Sitio de Melilla ((19/03/2019)

El 16 de marzo de 1775, vista la imposibilidad de la rendición de Melilla mediante el bloqueo y fracasado el intento de conquista, el Sultán Mohammed Ben Abd-Allah, dio por finalizado el cerco y comenzó a retirar sus tropas. El día 19 de marzo evacuó las inmediaciones de la ciudad el último contingente marroquí, por lo que pasó a considerarse este día como el del “Levantamiento del Sitio”. El 2 de septiembre de 1775, se acordó celebrar una misa anual cada 19 de marzo, como recuerdo y homenaje a los que defendieron la ciudad, y a los que murieron en su defensa. Es una efeméride indudable de la historia de Melilla, y una obligación  ineludible la celebración de la misa. Nada más. No es incompatible con nada. No es necesario que sea un día festivo y ya es una efeméride muy lejana.

Entre el 13 y el 19 de marzo (18/03/2019)

La celebración del 13 de marzo de 1995, o Día del Estatuto, es una imposición de Coalición por Melilla, que no ha sido discutida en lugar alguno, probablemente tampoco en su Ejecutiva nominal, que no efectiva. La coalición que cambió la historia política de Melilla, no es un partido político, o no ha conseguido estructurarse como tal. Celebrar algo que no se ha conmemorado desde su aprobación, carece por completo de sentido.

El levantamiento del Sitio (19/03/2018)

  El Vicario Roberto Rojo ha recordado en su homilía aquella efeméride, pero también que aquella ciudad es muy distinta a la actual, y que por tanto, sin olvidar los acontecimientos pasados, y el sacrificio de quienes mantuvieron en aquel asedio la continuidad histórica de la presencia española, hecho que llega a nuestros días, «deben las autoridades presentes en el oficio litúrgico, crear un clima que permita vivir y respirar a todas las comunidades que componen la sociedad de la ciudad»

Las Cuevas del Conventico

Melilla recibió 8200 bombas y recibió 3207 cañonazos de la artillería del Emperador de Marruecos. Murieron 105 defensores y 584 resultaron heridos. Sin esa resistencia, en medio de la larga noche de los 400 años, hoy no existiría nada de lo que ahora mismo está en discusión. Nadie discute o se muestra contrario a la identidad cultural bereber o Amazigh de la ciudad, pero tampoco se puede borrar su identidad española, ni sus referentes históricos. Cualquier fecha puede celebrarse con otros contenidos, con otras orientaciones, para que no sean excluyentes para nadie. Ese 19 de marzo es parte de esa historia común, la de todos los que estamos aquí.

Durante todo ese tiempo, 100 días, la población resistió y habitó en las galerías y Cuevas del Conventico, en condiciones muy difíciles e insalubres, casi sin víveres, esperando siempre el socorro por vía marítima. Hoy es un entorno idealizado, pero que puede dar una idea de lo difícil que debió ser la resistencia y vivir en esas condiciones. Solo se conmemora eso, nada más. Ni siquiera el propio Sherlock tiene una calle demasiado vistosa en su recuerdo.

Si ahora volvemos a estar incomunicados con el entorno marroquí, no es únicamente por causa de la pandemia y sus consecuencias sanitarias. Es Marruecos quién un año antes (2018) interrumpió el acuerdo comercial vigente desde fechas anteriores al final del asedio que hoy se conmemora, de manera tan leve. Si no hay contacto alguno entre familias, ni circulación de trabajadores transfronterizos, no ha sido por causa de España. Marruecos no ha permitido ni siquiera «corredores humanitarios», ni para la salida de sus nacionales desde Melilla, ni para el regreso de los trabajadores fronterizos residentes en la ciudad. Nadie habla de los que han muerto ahogados intentando regresar.

La crisis social, humana y económica que está viviendo la ciudad, está agravada por la actitud de las autoridades marroquíes, que impiden cualquier tipo de contacto humano, político y comercial con la ciudad. Las fronteras ya están abiertas en el resto del Mundo, salvo para nosotros.

La profecía del Tigre Blanco


La guerra de Ucrania

En realidad es Tiger, el carro de combate alemán más tenido durante la II Guerra Mundial. El Tigre Blanco es un película rusa de 2012, que narra la leyenda de un misterio tanque que aparecía y desaparecía en las batallas, después de destruir todo lo que se encontraba a su paso. Ivan Naidenov es un tanquista de T-34, que sobrevive a quemaduras del 90% de su cuerpo. La película, que puede verse subtitulada, es magnífica. El Tigre Blanco representa la obsesión del hombre por la guerra, como modo extremo de resolver conflictos e imponer dominios, desde la antigüedad más remota. No se debe invadir países, tampoco destruirlos.

Rusia nunca ha invadido Europa, sin embargo la historia europea siempre la ha percibido como una amenaza. En 1812 Napoleón invadió Rusia. Tras dos años de guerra, en marzo de 1814, Alejandro I, Zar de Rusia, entraba en París y libraba a Europa de la tiranía napoleónica y francesa. Un siglo después, la Alemania hitleriana inició una invasión de Rusia en 1941. En 1945, las fuerzas rusas llegaban hasta Berlín para poner fin a la tiranía nazi que asoló Europa.

En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, Mijail Gorbachov ordenó la completa retirada de las fuerzas militares rusas de todo el territorio oriental europeo. Desde entonces, ni un solo soldado ruso ha vuelto a poner un pie en la Europa, mientras que la presencia de la OTAN se ha extendido incluso a países del Este europeo. Desde el final de la II Guerra Mundial, Estados Unidos tiene 7 bases militares en territorio europeo: 5 en Alemanía, 1 en Bélgica y 1 en Italia. Hasta el año 2018 la fuerza militar estadounidense en Alemania era de casi 80.000 efectivos, que fueron reducidos a la mitad por Donald Trump.

Ucrania se desmorona como Afganistán

Rusia siempre ha sido percibida en Occidente como una Estado semi asiático al que nunca llegó la Ilustración, como afirma John Gray en Misa Negra, propenso a los despotismos de tipo oriental. Tras la demolición de la Unión Soviética, Ucrania fue tentada por Occidente para ser integrada en su estructura económica, política y militar. Algo que para Rusia es inadmisible, porque Ucrania, aunque país independiente, es parte de una historia común, del mismo modo en que Cataluña lo es de España, o Kosovo de Serbia. Reiteramos que no es admisible invadir países, pero tampoco destruirlos.

El Ejército de Ucrania no quiere combatir contra el Ejército de Rusia, entre otras cosas porque nadie quiere perder la vida por cuestiones decididas por las esferas políticas. Fuerzas militares paralelas y nacionalistas, están haciendo frente al ejército ruso, con más intensidad que el Ejército legítimo de Ucrania. Cualquier muerto es mucho, ya sean 100 o 1000. La política europea se equivocó al armar a Ucrania e intentar utilizar el país frente a Rusia. Esto no va a durar más de un mes. Estados Unidos debe medir bien sus sanciones económicas, porque una cosa es «castigar al gobierno de Putin» y otra al pueblo ruso y a Europa entera.

El Tigre Blanco

El tanquista Naidenov dialoga con su comisario político, y este le dice que esa guerra ha acabado: Pero le dice que no, que solo se ha escondido, que pasados 20, 50 o 100 años, la guerra volverá, porque vuelve siempre. En la escena final, Hitler dialoga en el infierno con el diablo, que solo escucha, y al que dice: «Ellos (los europeos) siempre temieron a ese país lúgubre y taciturno en Oriente, ese centauro salvaje y ajeno a Europa, Rusia«.

En 1999 la OTAN bombardeó una capital europea, Belgrado, con misiles de Uranio empobrecido 238. Hoy Serbia es una de las zonas europeas con tasas más altas de cáncer. Unas cosas no excusan las otras. No se puede invadir países, tampoco destruirlos. Pero los líderes europeos han borrado esto de su memoria. Las heridas de Yugoslavia no se repararon nunca. La acción política mundial no avanza. Hay una vara distinta de medir para cada caso. La ONU ya no existe.

Holodomor, la hambruna de Stalin


¿Fue planificada la hambruna de Ucrania en 1932-33?

El conflicto de los «guardias rojos bolcheviques» con los campesinos ucranianos venía de lejos, casi desde los primeros años de La Revolución. La obsesión por la colectivización iba a tener una de las peores consecuencias posibles. Los Kulaks o kulaki, o lo que es lo mismo, campesinos propietarios de tierras, eran considerados los enemigos «del pueblo socialista» y de su paraíso en la tierra.

Las hambrunas eran habituales y periódicas desde el tiempo de los zares. Las malas cosechas provocaban grandes mortandades y también acumulación de alimentos por parte de aquellos que los tenían. Los revolucionarios bolcheviques creían tener la solución a todo: la colectivización. La imposición mediante medidas forzadas, expropiaciones, asaltos y detenciones en masa, iban a tener como resultado una de las peores catástrofes humanas de toda la historia de Ucrania, el Holodomor, o Hambruna Roja, como la denomina la historiadora estadounidense Anne Applebaum. En un solo año (1932-1933), cuatro millones de personas murieron de hambre en Ucrania.

Los bolcheviques veían enemigos y contrarrevolucionarios hasta debajo de su sombra. Lo que se planificó fue la colectivización, no la matanza o la mortandad. Es verdad que todas las decisiones que se adoptaron desde Moscú solo incrementaron la catástrofe humana, sin paliativos de ninguna clase. Por tanto, es normal que en estos países, nadie quiera hablar del comunismo o del periodo soviético. Los dirigentes comunista rusos no se caracterizaban por tener compasión alguna hacia la población.

Los esfuerzos por equiparar el Holodomor, como intentara el actual presidente ucranio Volodymyr Zelenski, con el Holocausto, con las autoridades de Israel, no han tenido éxito alguno, porque la bestialidad nazi no tiene equivalencia posible. Es el tope máximo en la escala de la maldad humana. La imágenes dejadas en Ucrania y en toda Europa por las Waffen SS y las Einsatzgruppen no tendrán comparación nunca, por más esfuerzos que se hagan en esa dirección. Intentarlo es no haber comprendido todavía lo que fue la planificación del exterminio de toda la población judía de Europa. Polonia, Ucrania, Alemania, Hungría, Países Bajos, son países cuya historia fue alterada para siempre.

La colectivización forzada de los Kulaki*

La colectivización se decidió entre 1929 y 1930. Una primera oleada expropió tierras, confiscó iglesias, confiscó cereal y animales, se arrestó a granjeros y a líderes locales que pudieran oponer resistencia. En apenas unos meses se había arrestado a 15.985 contrarrevolucionarios. La resistencia y la rebelión frente a la colectivización hizo enloquecer a los bolcheviques y al propio Stalin. Las deportaciones y los traslados de poblaciones se hicieron en masa, también hacia el Gulag o campos de trabajo esclavo, que no de exterminio. Eso sí, los muertos suman igual, y las cifran alcanzan millones. Muchos campesinos aceptaron bajo presión el traslado a las granjas colectivas, pero la colectivización había fracasado, aunque todavía no lo sabían. A finales de 1930, el gobierno de los Soviets se decide por la exportación de cereal para obtener divisas y los graneros se vaciaron.

Ya no había freno para lo que iba a pasar. La mala climatología y los deficientes datos de la nueva cosecha, la de 1932, situaban en el horizonte una nueva hambruna. Las previsiones se habían hecho en base a deseos y no de realidades. Los dirigentes ucranianos advertían del inicio de la hambruna, de los robos y de la ausencia de alimentos básicos en las tiendas. Se ordenó la incautación de todo el cereal existente y su traslado a las granjas colectivas. Se elaboraron listas negras de aldeas, de granjas y de empresas que no cumplían con los objetivos de producción, pero la gente ya empezaba a morir de hambre. Personas hambrientas, en estado cataléptico, deambulaban por las calles, hasta que se derrumban y morían, en cualquier lado. Estaba prohibido intentar escapar de Ucrania.

Se intentó salvar a la población, pero buscando antes a los culpables, con lo que se perdieron esfuerzos y tiempo. Tampoco se decretó una petición de ayuda internacional, porque en el país de Los Soviets eso no podía estar pasando. La purga alcanzó a unas 200.000 personas. La Iglesia Autocéfala ortodoxa de Ucrania fue disuelta. El robo de campanas e iconos se convirtió en norma. El catálogo de horrores padecido por la población resulta estremecedor. Nadie te mataba, morías solo, en la calle, de mil maneras posible. La locura e incluso el canibalismo, se abrieron paso. Hasta la primavera de 1933, los campos ucranianos se llenaron de muertos, hasta los 3,9 millones de personas. Nada de esto se pudo investigar en tiempos soviéticos, entre otras cosas porque se vaciaron archivos, registros y se eliminó toda la información existente. Los investigadores ucranianos lo califican como genocidio y probablemente lo es, como el armenio, perpetrado por Turquía, pero que tampoco reconoce.

Solo desde la independencia de Ucrania en 1991, se inició el proceso de investigación del Holodomor. Sin embargo, apenas una década después, Ucrania y toda Rusia se enfrentaron a una experiencia mucho más atroz que la padecida, la del extermino planificado de la población judía y eslava, llevada a cabo por la Alemania nazi, y con ellos ya no había posibilidades de salvación. Si quedó algún archivo o documento, desapareció. En solo 4 años (Rusia, Bielorrusia y Ucrania), y los territorios Bálticos, directamente afectados por la invasión nazi de 1941, se perdieron 30 millones de vidas.

Nota:* Hambruna Roja, Anne Appelbaum. Debate