¿Ruptura o revolución?


 

         Los sindicatos son centros de resistencia útiles contras las usurpaciones del capital. Fracasan en lo concreto debido al uso poco sensato de su poder. Fracasan en lo general al limitarse a sí mismos a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en lugar de tratar de modificarlo, en lugar de utilizar sus fuerzas organizadas como un instrumento para la emancipación de la clase obrera. Karl Marx

    Durante La Transición española, entre los numerosos partidos y sindicatos de izquierdas, se hicieron interminables debates acerca de acordar la ruptura  con los herederos del Régimen de Franco, o decidirse por una revolución. Lo segundo era inviable y al final también se renunció a la ruptura. Se acabó aceptando la reforma y al final, a tan solo 35 años de la aprobación de La Constitución, la endeblez del sistema democrático «pactado» es tan notoria, que se encuentra minado desde su misma base. La corrupción es generalizada, el capital sigue concentrado en casi las mismas manos y familias que constituyeron el motor económico del franquismo, y los recursos públicos del Estado se han transferido y se siguen transfiriendo al sector privado. La propiedad de la tierra, los latifundios siguen perteneciendo a quienes ya pertenecían. La banca pública desapareció y todo se dejó en manos de la banca privada, cuya voracidad y afán de lucro ha sido tan extremo, que han tenido que ser rescatados.

       Dicho de una manera más clara: El Gobierno de España ha tenido que solicitar una ayuda o rescate público (al Banco Central Europeo), para pagar las deudas del sector bancario español provocadas por el latrocinio. Los ciudadanos españoles y sus recursos públicos, deben hacer frente a las deudas del sector privado bancario español.

                                          La resistencia de los sindicatos

           Si queda alguna capacidad de resistencia todavía frente a las políticas económicas neoliberales, no se encuentra en otro lugar que no sea en los sindicatos, y en su capacidad de influencia y transformación. Donde no existen, y son muchas las grandes empresas que exigen la «no afiliación» a sindicatos de clase, las condiciones laborales son esclavistas, y la defensa del trabajador nula.

        En estos tiempos y en los que vienen, la gente debería intentar hacer un frente común frente al destrozo del Estado Social y del Bienestar. Los que todavía trabajamos, no podemos calcular en este momento el daño que se ha hecho a nuestras pensiones futuras y ya no tan lejanas. Los que trabajadores que se han quedado sin empleo, han sido sacados del sistema a la fuerza, y los que vuelvan a recuperar el trabajo, lo harán en condiciones laborales y salarios medievales. Los jóvenes, hombres y mujeres, que todavía no han accedido al mercado laboral, deben saber que aunque encuentren trabajo en un futuro próximo, no alcanzarán una vida laboral lo suficientemente larga, como para tener una pensión suficiente y digna, allá por el año 2050.

                           ¿Qué hacer?

        Lo pactado en 1978 y años posteriores, Constitución y Pactos de La Moncloa, ha sido dinamitado, volado desde arriba vía Reales Decretos y Decretos Leyes. No habría ya pues ningún freno para seguir manteniendo este sistema político, completamente carcomido por la corrupción, y empezar a buscar alternativas diferentes. Una nueva Constitución, una nueva forma de Estado, o la vuelta de los sectores energéticos y productivos a manos del Estado. Incluso una nueva Banca Pública. La situación política y social de España, demanda visiones completamente diferentes y totales. La salida a esta situación no puede ser solo para unos pocos.

       De todo lo obtenido nos quedaban tres cosas: educación, sanidad y servicios públicos, y eso es contra lo que van ahora.

Mantener el caudal


       En tiempo de abundancia de lluvias, nadie se preocupa del caudal, salvo que desborde. Cuando la lluvia no amenaza y las nubes están alejadas, cuando el río discurre con apenas un hilo de agua, cuando está seco, no nos preocupamos de mantener o de limpiar el cauce. Es el eterno dilema. Todos quieren un caudal abundante, que cubra las necesidades en cada momento. Todos quieren escribir y ser leídos, pero el trabajo es arduo, muy pesado e ingrato. No es solo escribir o hacerlo bien, es también tener algo que decir, que transmitir. Provocar sensaciones, remover las conciencias. Crear la urdimbre, no dejar a nada ni nadie en el desamparo, en la sensación de soledad.

         Los temas  gruesos, afilados, con calado, tienen centenares de visitas y pocos comentarios. Los aparentes más sencillos y simples provocan decenas de comentarios y mueven a comentar infinidad de cosas, aunque nada tengan que ver con el tema propuesto.

           ¿Cuál es la conclusión?. Pues que realmente lo que interesa a las personas es el día a día, lo inmediato, que es lo que ven y con lo se enfrentan a diario, y de los que todos tenemos una opinión, un juicio o una experiencia. Los grandes temas pillan lejanos y rara vez se nos presentan encima. Eso también lo saben y por eso se comportan como si nada fuera con ellos. Es difícil romper esa barrera, entre otras cosas porque los medios de propaganda y de alienamiento, son infinitamente superiores a los de cualquier ciudadano común, que pretenda luchar contra esta inmensa mentira.

Contrastes en domingo


            El domingo siguiente al de Resurreción, es designado como el de «La Misericordia divina». Después de muchas semanas, ha sido una mañana apacible y soleada en Melilla. Hoy llegaba a nuestra ciudad un crucero finlandés y los pocos turistas que se animaban a subir hasta la ciudad vieja, se encontraban con los museos abiertos, había ampliado su horario para acogerlos. Los comercios del resto de la ciudad permanecían cerrados a cal y canto.

        Algo sigue faltando en la parte vieja de la ciudad, y eso que el quiosco de bebidas  de la plaza de Estopiñán estaba abierto. Un grupo local de música ofrecía un concierto de rock y amenizaba la mañana. El entorno sigue resultando algo desangelado. la vida en Melilla La Vieja sigue resultando tan dura como hace siglos.

      El ascensor estaba cerrado, algo inexplicable. Al haber convertido el almacén de La Florentina en una exposición permanente, con el resto de la muralla árabe, pero sin independizar del ascensor, ocurre que la falta de personal, o cualquier otra contingencia, obliga a cerrarlo todo. Intentamos bajar junto con unos turistas finlandeses, y todos nos vimos obligados a buscar otras rutas de evacuación, ellos por los túneles y nosotros por la Puerta de La Marina, vía calle de San Miguel.

      Había poca gente deambulando por la parte vieja de Melilla. Sigue resultando poco atractiva para los ciudadanos, o quizá sea que los cuatro siglos de duro encierro entre sus muros, parecen haber creado un rechazo inconsciente hacia la misma. Allí no se sube, salgo que sea necesario. Por lo menos, ahora es visitable, con sus diferentes museos, incluso con cierta oferta de hostelería.

      Los olores procedentes de las cocinas del restaurante allí instalado, y los procedentes de las casas, contrataban con el de unos jóvenes, ¿Menas, menores no acompañados?, que sin molestar a nadie y con una botella de refresco, hurgaban entre los contenedores, buscando algo de comida. Salieron de la ciudad vieja, por la Puerta de La Marina, algo antes que nosotros, y al cruzarse en su camino con un vecino del «pueblo», sin que mediara causa, recibieron un feroz insulto racista.

      Los pobres atacando a los pobres. Los pobres considerando que otros más  pobres que ellos constituyen un problema para ellos. Esta es la herencia feroz del capitalismo desalmado y criminal. Siempre que se rechaza a un pobre, se comete el mayor de los pecados.

     Nota: No hay carteles con información turística sobre horarios de apertura o detallando qué es cada cosa. No hay rótulos en ningún idioma que no sea el español. Incomprensible en una zona supuestamente turística.

¿El siguiente en caer?


 

             La propaganda dice que somos una ciudad modernista, que existe un triángulo de oro de edificios modernistas, protegido por al menos dos «Reales Decretos». La realidad es que se deteriora y cae todo, en cualquier punto de la ciudad, da igual que pertenezca al triángulo, al cuadrado o al círculo sin retorno.

               El nuevo Plan General de Ordenación Urbana está al caer, sobre la ciudad, con su oleada de recalificaciones, de ensanches, de nuevas zonas habitables, de aumentos de edificabilidad. en definitiva; negocios, especulación y multiplicación del valor.

                  Este edificio de la calle Aizpuru parece el siguiente destinado a caer, o ser derribado. Los balcones tienen profundas grietas, incluso la línea de la verticalidad está perdida. El empuje hacia afuera de los balcones,  es muy evidente. La estructura parece totalmente perdida y arruinada. Caerá como casi todo. La Administración sigue llegando tarde a este tipo de casos.

          Nota: Hace casi dos años que nos llevamos ocupando de ruina de los edificios en Melilla, de mostrarla.

   https://elalminardemelilla.com/2011/06/29/diferentes-grados-de-ruina-de-un-edificio-en-melilla/

La parábola de Yugoslavia


                 Se necesita un siglo para construir un estado, y una hora para reducirlo a polvo. Lord Byron

          La República Federal de Yugoslavia era el paradigma del estado plurinacional, multiétnico y multiconfesional. Hacían gala de sus siete nacionalidades, cinco idiomas oficiales y cuatro religiones.  La Presidencia se obtenía por turno rotatorio. Pueden buscarse a posteriori  todos los defectos que se quiera, pero el más grande de ellos, no merecía ni uno solo de los miles de muertos que provocó La Guerra de Yugoslavia.

                    La desgracia de Yugoslavia fue que en el momento más crítico de su historia, se encontró gobernada por los políticos más incapaces. El símil sirve para dónde vds. quieran, desde lo más cercano, que es Melilla, hasta lo siguiente, que es España, o lo más lejano, que es la Unión Europa. Esa es la eficacia de las parábolas, que sirven para mostrar sin señalar.

                El papel de Europa fue, como siempre, lamentable. Los responsables de la voladura de Yugoslavia como país, casualmente Alemania, con su reconocimiento unilateral de Croacia como estado independiente.  El mérito, creo,   recayó sobre Helmut Khol.

                 ¿Quiénes sufrieron más?. Los bosnios-musulmanes, que fueron masacrados por miles, ante la mirada impasible de la Unión Europea. Sarajevo pasó de ser ciudad olímpica en 1984, a un inmenso cementerio en 1991/2.

                      ¿Quién es el enemigo?. El otro, siempre. Nada está tan lejano como parece. Nunca olviden Sarajevo. Yo no la olvido, ni a Yugoslavia tampoco.

              Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/05/11/la-parabola-de-sarajevo/

El trabajo y la necesidad de podar


           La mayor parte del tiempo, El Alminar navega tranquilo, atravesando tempestades, épocas de calma, mares procelosos o pacíficos lagos. Estamos en donde nuestro trabajo, los colaboradores, y los lectores nos han colocado. Nos hemos erguido como una atalaya, como prefieren llamarle algunos, o como un alminar, como prefiero llamarle yo, y que es el nombre del elemento arquitectónico escogido para el blog. Aun así, cada cual puede llamarlo como desee.

        Cuento esto, porque en los últimos días se han recrudecido las acusaciones por «podar demasiado», o por no publicar determinados comentarios, o por no permitir determinadas expresiones. Cuando la situación social y política se complica, es una tentación fácil caer en la simplificación de la realidad, y alinearse con posiciones extremas. Mantener la independencia y un criterio equilibrado en situaciones difíciles, suele provocar la ira de tirios y de troyanos. Léase del Poder y sus acólitos y de sus enemigos y detractores. Todos al unísono, arremeten contra el que permanece sin inclinarse en medio de la ventisca.

         Hay un comentarista al que no hemos publicado dos comentarios, Pelayo, y le hemos explicado el porqué. Hay otro que está en lista de espera y cuyo Nick ya es malicioso. Hemos «podado» algunos comentarios porque contenían frases que incitaban al choque entre comentaristas. No es un trabajo fácil, pero cuando se llega a esta altura de visibilidad, hay que vigilar cada detalle. Cada vez hay más problemas legales con expresiones en redes sociales y en blogs, porque la gente piensa que no son medios de comunicación.

           Todo se lee, todo es público, y todo puede tener consecuencias. ¿Preferirían que El Alminar no existiese?. Sin duda. Ocurre que quien intenta ofender lo hace amparado en el anonimato, y desde aquí escribimos a cara descubierta. La vigilancia debe ser permanente. La sombra siempre acecha.

             San Bernardo y la necesidad de podar

            «Creedme: Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible; porque, si bien te examinas, siempre hallarás alguna cosa que podar».

La Parada del Convoy


      

                   

        Lugares y nombre perdidos de Melilla

       En un debate sobre cualquier asunto, alguien, creo que fue Ángel, escribió el nombre de «La Parada del Convoy». Creo que se hablaba sobre las caleras  de la Carretera de Hidúm, Me quedé con el nombre y un día, hojeando y buscando información en La Biblioteca Pública, encontré un viejo número de Trápana, de la época en que José Luís Blasco o Juan Díez eran presidentes de la Asociación de Estudios Melillenses. La impresión de la fotografía no era de buena calidad, pero creí poder identificar el lugar.

          Está situado entre la esquina de la calle Pedro de Valdivia y la subida hacia Tadino de Martirengo. La carretera de Hidúm empezaba en la parte baja del Barrio del Príncipe, justo debajo de la  fuente de los Cuatro Caños, pero alguien decidió borrarle el nombre, no se sabe con qué criterio ni intención, y prolongó la calle Ibáñez Marín hasta la urbanización de Las Palmeras. Unos de los muchos despropósitos hechos en Melilla, contra su historia y sus nombres, en los últimos diez años.

         La Parada del Convoy se llamaba así, porque desde ese lugar partían los convoyes que llevaban a los soldados en camiones, hacia los diferentes frentes de las guerras de Melilla, en las primeras décadas del siglo XX. Estaba en la carretera de Hidúm. Un poco más allá había garajes de autobuses, que cubrían las diferentes rutas entre Melilla y esta zona del Rif.

          Los nombres no deberían perderse. Es la única forma de asentar los recuerdos y la historia común. Una placa debería recordar el lugar y el nombre.