Archivo diario: 4 junio, 2012

La madre de todas las placas


    

                 Siempre me ha gustado el milagro de las bodas de Canaan por dos motivos. El primero es porque siempre me ha parecido un buen detalle el reservar algo de  lo mejor para el final. El segundo es porque se demuestra lo que es “una madre”. Los invitados de la boda se habían quedado sin vino y María, madre de Jesucristo le hace notar el hecho a su hijo: “No tienen vino”, a lo que su hijo  responde de no muy buen modo: ¿Y qué tiene que ver eso contigo y conmigo?. María, madre de Dios, pasa directamente del desplante de su hijo y le dice a los criados que llenen seis tinajas de agua. Seguidamente les advierte: “Haced lo que Él os diga”.  Sin necesidad de repetírselo, no duda ni por un instante, que su hijo va a convertir el agua en vino. Eso es una madre, pero también es algo que La Iglesia no ha conseguido comprender todavía. Una madre le dice a su hijo lo que tiene que hacer, por muy Hijo de Dios que sea.  Como dice mi cuñada Mabel: “Una madre es siempre una madre”.

                      La madre de todas las placas

         Por el motivo anterior, cuando se quiere aludir a que algo es lo más de lo más, se alude a que es la madre de todo, inmortal concepto acuñado por el dictador iraquí y gran amigo de Occidente Sadam Hussein. Hemos hablado de placas de todas las formas, tamaños, colores y sabores, pero no habíamos llegado hasta “la placa”, la que puede ser considerada como la madre de todas las placas de Melilla. Hay cosas muy singulares en esta placa, instalada en el nº 1, por supuesto,  de la calle Castillejos.

        Sorprende lo tardío de su erección, año 1971, en la ciudad que tanto le amaba. Llama la atención la desconsideración hacia el Jefe del Estado, al que solo se llama D. Francisco, como si fuera uno más. El modo correcto de denominarlo era: “Su Excelencia el Jefe del Estado,  Generalísimo Franco”, nunca D. Francisco. El último dato erróneo de la placa es que en esa casa nunca vivió el Jefe del Estado, si no el Jefe del Tercio de Extranjeros o La Legión, una vez que la divina providencia le hubiese auxiliado una vez más, quitándole de en medio al Tte. Coronel Valenzuela.

     Nota:    Este es el único número que nunca cambia por más remodelaciones del callejero que se hagan. También es el único número que nadie se atreve a cambiar, que todo hay que decirlo.

    PD: Como en las bodas de Canaan, solo relatadas por el evangelista Juan, en El Alminar estamos reservando lo mejor para este, ya próximo, final de la primera etapa.