Archivo diario: 15 noviembre, 2012

Imágenes del Río de Oro


           El Río de Oro siempre ha acechado a Melilla. Las avenidas de sus aguas han ocasionados siempre problemas y enfermedades a los habitantes del entorno melillense. También ha sido un instrumento de guerra. En ocasiones, los cabileños desviaban su curso en dirección a la ciudad vieja, para provocar el hundimiento de las murallas y de la ciudad entera. Durante siglo provocó todo tipo de enfermedades a la población y la acechó con plagas diversas. Por eso, tras lo acuerdos de ampliación del territorio, los españoles, lo primero que hicieron fue desviar su curso, alejarlo de la villa vieja y situarlo en el trazado actual, allá por 1870.

          Tras una semana de lluvias y de temporales, en días pasados, el río melillense ofrecía este tranquilo y relajante aspecto. El agua bajaba algo turbia. Arrastra demasiados desechos, los del trazado marroquí, y los de la parte española. Pese a todo, podría ofrecer un mejor aspecto. Este gobierno lleva 11 años luchando en la desembocadura contra no se sabe qué.  Alguien dijo, hace ya meses, que la obra de la parte final del río  era comparable a la de los chinos en la presa de Las Tres Gargantas.

                    Siempre se ha comparado al río,  a su constante fluir, a la vida humana. Torrenteras, meandros. La corriente que nos lleva, que nunca es la misma, pero que siempre es el mismo río. Lo ríos parecen a veces amenazantes y otras totalmente apacibles, pero siempre hay que tener cuidado, Un hoya o un bodón pueden aparecer en cualquier parte. Un río, al igual que la vida, esconde muchas sorpresas y nunca debe confiarse en su aspecto a primera vista. Cuanto más apacible puede resultar más peligroso. Yo nací en una ciudad bañada por el Guadiana  y siempre se contaban historias sobre sucesos, leyendas y misterios relacionados con el río. Dos ríos bañaron mi infancia,  Badajoz, la ciudad del Guadiana y Ciudad Rodrigo, la del río con nombre de mujer, el Águeda.  Todos los veranos vuelvo a un río, a las pozas del Eresma en Segovia. El primer baño es un ritual que repito año tras año, casi como un bautismo.

   Nota: La misma imagen del río, tomada en el mismo lugar, a lo largo de cuatro años. Es el mismo cauce, pero no es la misma corriente. El cambio es constante, como en la vida.

El barrio de la incineradora


                                  La vida en el Cerro de Horcas 

         Ya habíamos hablado de este barrio, o grupos de casas que se encuentran al lado de la incineradora de residuos urbanos. Los temas siempre se relacionan y esta va unido al anterior.  El antiguo barrio del Carmen o de las canteras es el que está por encima del cementerio y se pobló a partir del año 1900. En un principio, junto a casas insalubres, la gente habitaba las cuevas naturales, de las que había decenas, las cuevas moras de las que también hemos hablado. Eran los años del inicio del Protectora español, cuando España se atrevió a desarrollar el Rif, teniendo gran parte de su población en el mismo estado de subdesarrollo en la ciudad de Melilla. En El Telegrama del Rif pueden verse muchos artículos relatando las penosas condiciones de vida de parte de la población melillense. Eso era en 1912, pero 100 años después, la vida ha cambiado muy poco en este grupo de casamatas.

                                       Retorno al pasado en Melilla

           Es difícil que en Melilla, en 2012, exista un entorno así, en la ciudad de los proyectos faraónicos, la que paga 700.000€ anuales por el leasing del Teatro Kursaal, la que imagina ampliar su puerto hasta el infinito, la que quiere construir 1550 viviendas más. Esta incineradora es de la época de Ignacio Velázquez (1996), y en todo ese tiempo se ha sido incapaz de sacar este grupo de 12 familias de este lugar. Claro que por aquí no viene, ni pasa nadie, ni siquiera en elecciones. En este lugar no se inaugura nada, no hay obras de acondicionamiento de calles, porque sencillamente no existen. Es uno más de los barrios olvidados y que no se sabe si estará incluido en el desarrollo de los distritos 4º y 5º, aunque es probable que ni siquiera estén.

           El ruido aquí es constante, durante 24 horas, tanto de día como de noche. El monstruo de la incineradora ruge a un ritmo constante y enloquecedor. Además está los ruidos de los camiones al entrar y salir del recinto, la descarga de su infecta carga, los olores, las enfermedades, la insalubridad, en definitiva, la inhabitabilidad absoluta. Enfermedades nerviosas, vasculares, epidemiológicas y gastrointestinales.

                Melilla sin modelo de gestión medio ambiental sostenible

          En este apartado hay que darle la razón a los ecologistas de Equo, de Guelaya y de la primigenia CEDENA (Colectivo para la Defensa de la Naturaleza). En Melilla no hay gestión medio ambiental sostenible. Apostar por el modelo de incineración de residuos es optar por un modelo caro, muy contaminante y sin futuro. No resuelve nada porque luego hay que almacenar y transportar a otro lugar, pagando por ello, las peligrosas y altamente tóxicas cenizas de la incineradora.  La basura está ahí siempre, solo que transformada. Además, un mes al año, la incineradora entra en parada técnica, pero la basura se sigue recogiendo y descargando. En ese mes, el hedor en esta zona es sencillamente insoportable.

             Pese a todo, el ser humano subsiste y se abre paso en cualquier circunstancia y condición. Aquí se ven pequeñas huertas, higueras silvestres o incluso rebaños de borregos. Lo que no tiene justificación es que la ciudad más derrochadora, tenga una zona así, a poco menos de 1km. del centro de la ciudad.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/06/24/vivir-junto-a-la-incineradora/