Archivo diario: 13 noviembre, 2012

La actividad molesta de los pobres


                 El incalificable Reglamento de la Consejería de Medio Ambiente

   Escribo incalificable como recurso retórico, pero se podría calificar perfectamente y de forma muy dura. Este insólito reglamente que criminaliza al rebuscador de basuras y lo denomina como: “personas no autorizadas para la recogida de residuos”.  Curioso eufemismo para denominar a los pobres del Reino de Marruecos que acuden a diario a la ciudad de Melilla para buscarse la vida recogiendo chatarra, muebles viejos, electrodomésticos usados, garrafas de plástico, ferralla  y una larga lista de productos que los melillenses arrojamos a la basura.

        Diga lo que diga el Consejero de Medio Ambiente, en nuestra ciudad ni se recicla, ni se separa la basura, porque ambas cosas son incompatibles con la actividad de una incineradora. La instalación de contenedores para vidrio y papel y cartón es solo una apariencia, una manera de hacer creer que se cumple la Ley, cuando en realidad no se hace, al menos de modo completo. No hay selección ni separación de residuos, no hay contenedores para envases y los de recogida de aceite usado son solo simbólicos.

                        El Reglamento de la Consejería Medioambiental

        La orden 1468, de 24 de octubre de 2012, achaca a los rebuscadores de basura/personas no autorizadas para la recogida de residuos:  el mal aspecto de la ciudad, los malos olores y el impacto visual y olfativo de los alrededores.  Nadie había llegado tan lejos nunca en nuestra ciudad.

        La basura es el “reino de los pobres”, que ya bastante desgracia tienen con tener el detrito y el residuo, como único lecho económico, de donde obtener entre uno y cinco euros diarios para la subsistencia. Un ejército de bicicletas y ciclomotores entra a nuestra ciudad todos los días, para buscar cualquier objeto metálico, malla de hierro, electrodomésticos de desecho, vigas de derribo, con la fundición de Taouima como destino final.  Se puede ver a personas en el límite de su resistencia física, llevándose objetos incomprensibles  y de gran peso, que deberán transportar a lo largo de todo el día, durante varios kilómetros, para obtener unos pocos euros como sustento.

         De esta actividad, se ha beneficiado Melilla, porque cientos de toneladas de materiales, que ni Melilla recicla ni puede almacenar, se han ido camino de Marruecos, en donde todo se reutiliza o transforma. Esto ha sido así durante décadas. Ahora el incalificable reglamento de Medio Ambiente, pretende imponer multas a los rebuscadores de basuras, a los transportistas de material teóricamente reciclable, y a los melillenses que les den objetos para llevarse. También quieren incautar todo ese material y almacenarlo no se sabe dónde, y no se sabe para qué, porque todo eso no hay modo de reciclarlo en Melilla o transportarlo a la península. Todo es un gran disparate, que debería tener respuesta en los partidos de la oposición, los sindicatos y todos aquellos que defienden, o dicen defender a los desfavorecidos. De momento solo lo han hecho los ecologistas de Equo.