Archivo diario: 7 enero, 2014

Despegando en enero


             Se acabaron los viajes y excursiones míticas, las grandes reuniones para analizar el mundo y después cambiarlo. Los buenos propósitos para el año entrante se van postergando lentamente, casi sin darnos cuenta. La cotidianeidad se vuelve a hacer con las riendas del presente. Todo cambiará y a la vez todo seguirá igual. Los cambios que se dejan notar se producen o de modo muy lento, o con brusquedad. Van a pasar cosas y vamos a ser testigos de muchas más. Por el momento vamos a despegar en busca de nuevos objetivos, aunque en otras ocasiones las circunstancias nos impongan aterrizajes no previstos . Conseguiremos cosas, pero casi ninguna sin esfuerzo. Despegar y dirigirse al cielo es muy fácil, solo se precisa la potencia adecuada y bajar los flaps a tope. La sustentación del aire hará el resto. Mantenerse en vuelo tampoco resulta demasiado complicado, basta con leer bien los datos de rumbo y altitud correcta, y el piloto automático se encargará de gran parte del vuelo. Aterrizar y hacerlo bien ya es una cuestión diferente. Localizar la pista de aterrizaje y cuadrar el avión requiere de una complicada maniobra de aproximación. Se necesita fuerza y músculo, porque los aviones se aterrizan prácticamente a pulso.

            Melilla está cerca de todo. En las grandes ciudades los aviones se suelen ver desde lejos. En nuestra ciudad es una constante visual la entrada y salida de aviones. Tanto que nos parece una cosa normal y simple, a la que casi no se presta atención. Ese es también el juego del Alminar, despegar de moto constante, volar en busca de nuevos rumbos y aterrizar siempre que sea necesario. Nadie puede mantenerse en lo alto siempre. El movimiento perpetuo no existe, salvo en el Universo, en donde no hay rozamiento.

            Cada año empieza de modo diferente. En 2013 tuvimos un arranque difícil, tanto que durante unos días estuvimos estacionados en el andén: https://elalminardemelilla.com/2013/01/03/el-alminar-se-encuentra-estacionado-en-el-anden/ .

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Las codiciadas papeleras de Melilla


 

          Parecidos razonables

       El año empieza el día 7 de enero, cuando uno se despierta del letargo impuesto por las comilonas navideñas y por la abundancia de vino y otras bebidas como la cerveza. El frenético ritmo del calendario festivo más parece una carrera de obstáculos, que una etapa de relajación y ruptura del ritmo laboral. No hay tregua en Navidad. La familia que permanece unida tras las navidades es que está asentada en sólidos cimientos.

         Volvemos a pasear por las calles y nos damos cuenta de que cada vez faltas más papeleras metálicas, uno de los objetos más codiciados del mobiliario urbano melillense. Junto a la proliferación de tiendas de “compro oro”, deberían existir otras de “se admite ferralla”. La fundición y acería de Selouanne no da abasto con todo el material procedente de nuestra ciudad. Entra las papeleras y las vigas de los edificios modernistas derribados, el horno principal no para deja de fundir metal a ninguna hora del día, lo que es bueno, porque los hornos deben mantenerse siempre encendidos. También es útil para la ciudad, porque en caso contrario no tendríamos lugar para almacenar tanto metal oxidado, bien procedente de las  demoliciones o del mobiliario urbano. Esta imagen es del principio de la calle García Cabrelles, una de las más deterioradas de la ciudad, y eso que es solo el inicio.