Stalingrado


    El 2 de febrero será siempre el día Stalingrado, ciudad situada en la orilla derecha del Volga,  no era una ciudad cualquier. No era Moscú, ni Kiev, ni Leningrado. Era la ciudad de Stalin. La máxima militar soviética era que las capitales no se entregaban, fuese cual fuese el precio en vidas que hubiese que pagar. Las guerras también se ganan con el aparato de la propaganda, y el éxito o el fracaso en una ciudad que llevaba el nombre de Stalin, era algo que supieron ver tanto uno como otro dirigente. Una de las muchas diferencias entre ambos, era que el dirigente comunista Josip Stalin dejaba hacer a su Estado Mayor, mientras que con Hitler, el mandatario nazi, el único camino a seguir era la ciega obediencia de sus órdenes, por muy disparatadas que fueran. Afortunadamente para el Mundo, para Europa, la victoria soviética en la ciudad más emblemática, cambió el curso de la marea bélica, que empezó a retrodecer hacia Alemania.

                        Stalingrado desde Melilla en El Telegrama del Rif

          Resulta muy curioso pasar las páginas del Telegrama a partir del mes de octubre de 1942, cuando la ciudad de Stalingrado ya se daba por conquistada, y releer los titulares y abundante información que se ofrecía sobre la batalla en curso.

           El 1 de noviembre ya se daba por conquistada la ciudad, y el diario ofrecía una imagen da soldados alemanes paseando por el centro de la misma. Tres días después, se informa a los melillenses de que uno de los barrios había sido completamente destruido, aunque no se especificaba cuál. Resulta curioso contemplar la gran cantidad de fotografías publicadas, y ver el grado de destrucción de la ciudad, que llegó casi al 100%, sin que quedasen ya indicios de la resistencia soviética. El turrón y el champán ya se preparaba en la Cancillería del III Reich, y en los palacios de sus amigos y aliados, los franquistas españoles. El periódico mostraba cierto interés por las durísimas condiciones de vida de la población civil de Stalingrado, mientras que el Reich Alemán, la normalidad era absoluta. El diabólico doctor Goebbels, recibía a una comisión de escritores alemanes. Estamos en la mitad de noviembre y la lucha en el interior de la ciudad era feroz.

               Sin embargo había un detalle que el Estado Mayor alemán no sabía, y era que en ese momento, el VI Ejército Alemán del General Paulus ya estaba atrapado sin remedio, en el interior de una ciudad de la que no volverían a salir nunca. Pero esto no se sabía entonces. El Telegrama del Rif seguía inasequible al desaliento, e informaba de las “operaciones de limpieza de focos de resistencia bolchevique”. España, con su Caudillo al frente, se encontraba, una vez más, en el lado correcto de la historia, junto al Eje del Mal, y había que transmitir esa sensación a la población. Franco, el vencedor del bolchevismo, conducía a la nación, hacia una victoria que duraría mil años. El 20 de noviembre llegó hasta nuestra ciudad el General Yagüe, conocido como la hiena de Badajoz, para participar en los actos del homenaje a José Antonio. También se informaba a los melillenses de que el estado de Stalingrado, era ya el de una escombrera. Mientras tanto, el Generalísimo recibió en audiencia al alcalde de la ciudad, Rafael Álvarez Claro. La normalidad era absoluta.

         Pese a que la conquista era algo dado por hecho, todos los días se informaba de una nueva eliminación de un foco de resistencia, de un nuevo barrio destruido, o de la llegada de las fuerzas alemanas a la fábrica de Barricada. A finales de diciembre, los alemanes ya están cercados en Stalingrado. Ya no tienen posibilidad de escapar, ni de avanzar. En realidad ya se está defendiendo, pues la operación Urano, desencadenada por el ejército soviético, ha cerrado la tenaza sobre la ciudad. Europa contenía el aliento, porque se sabía lo que estaba en juego en la lejana ciudad del Volga, mientras que en España y Melilla, se vivía en un sueño, que en realidad era pesadilla, la de Franco.

       En la mitad del mes de enero de 1943, y con temperaturas de -40º, el VI Ejército de Paulus vive sus últimos días. En la prensa de Melilla se sigue informando de que cada día se captura más material y más territorio en Stalingrado. Lo raro es que todavía les quedase algo en su poder. El 20 de enero, Adolfo Hitler recibió en Berlín a una delegación de Falange, presidida por su entonces jefe, el camarada Arrese. El General Paulus ya sabe que su resistencia está al límite, en solo diez días deberá rendirse.

       En la prensa algo ha cambiado y se informa, el día 25 de enero, de que las fuerzas alemanas se “defienden” con brillante heroísmo, pero que aún así, la ciudad de Stalin, será el crisol de la victoria definitiva alemana. En los últimos días Paulus es ascendido a mariscal de campo. Hitler y Goebbels informan de que en el vocabulario alemán no cabe la palabra capitulación. Los otrora atacantes y firmes conquistadores son ahora heroicos resistentes.

         El día 3 de febrero, Von Paulus ya se había rendido. Una última noticia informa de que el nuevo mariscal continuaba la resistencia. Será la última vez que el nombre de Stalingrado aparezca en la prensa de Melilla. Europa entera celebró la victoria, y la gente se echó a las calles. En Alemania se declararon tres días de luto. En España no se volvió a mencionar nunca lo sucedido. En la capital de Francia, todavía una plaza lleva el nombre de la ciudad de Stalingrado.

        PD: El bombardeo de castigo llevado a cabo por la Lufttwaffe sobre la indefensa ciudad de Stalingrado en agosto de 1942, causó un número de víctimas civiles superior al bombardeo aliado de la ciudad de Dresde.

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5 Respuestas a “Stalingrado

  1. Un buen testimonio sobre la desinformación y la ignorancia que sufrieron los españoles durante tanto tiempo, tanto de lo que ocurría fuera como dentro de España.
    El Alminar siempre dando testimonio.

  2. Merecido recuerdo. Emocionante.

  3. El las estelas de las paredes del mausoleo, están escritos los nombres de los más de 800.000 defensores soviéticos que perecieron en la batalla, y que ya han sido identificados. La media de vida de un soldado en Stalingrado era de 1 hora.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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