Bienvenido Pampliega. La misión Paúl


        

 

   En la década de 1950, España se encontraba en el corazón de la tiniebla franquista. No había nada: solo hambre, un mundo gris, y todo bajo el espeso manto del silencio y del miedo. El final de la guerra estaba aún reciente, los miles de represaliados todavía en el dolor y la memoria. Los que cumplían condena en las cárceles multiplicaban por diez a los muertos. Era un país de ausentes. El “perdón” franquista no llegaría hasta 1964, cuando ya estaban seguros de que nadie había escapado a la feroz, amplia, extensa y profunda represalia. La vida desapareció en Melilla. La grisura del Telegrama del Rif es absoluta. Sus páginas solo recogían las efemérides fransquistas, discursos del Caudillo, información deportiva y noticias sobre conmemoraciones eclesiásticas. El vacío era total.

                               La gran Misión de 1951

   El 14 de enero de 1951 los padres paúles, establecidos en la ciudad desde 1938, trajeron hasta las tierras norte africanas su misión evangelizadora. La gente acudía en masa a estas conmemoraciones, en parte obligadas y en parte como único remedio para reencontrarse con personas venidas del otro lado del mar. Era un soplo de aire distinto. La imagen de la Virgen de Fátima recorría los pueblos y ciudades de España. Era eso o la nada franquista. Desde las páginas del Telegrama, se advertía  claramente a la población: Frente a la Gran Misión, sería inútil -nadie lo ha intentado- oponer la frialdad o la indiferencia. No hay hombre o mujer que no esté impresionado o interesado devotamente, por los actos que van a producirse. No se podía hacer oídos sordos a  esta advertencia. Los misioneros paúles llegaron en el  crucero, así lo denominaban, Martín Alonso Pinzón.

     La imagen de la Virgen de Fátima fue expuesta en un altar en la plaza de España. Los primeros en dirigirse a la multitud fueron el Vicario Arciprestal Antonio Segovia y el director de la Misión, padre Langarica. La anterior misión se había llevado a cabo en 1944. Sin embargo, todo se torcerá en esta misión. Para el día 27 de enero se anuncia la visita a la ciudad del obispo de la Diócesis, cardenal Herrera Oria, pero un día antes, el 26, se produce el fatídico accidente de Loja, en el que fallecen dos jugadores de la Unión Deportiva Melilla (Martín y Mamblona), y el masajista del club (Manuel Salvador). El periódico encuentra dificultades para tratar adecuadamente la noticia, sin restar importancia a la visita episcopal. Sin embargo, será el propio obispo el que oficie el funeral de los deportistas fallecidos.

              Bienvenido Pampliega Tobar, la leyenda de la misión Paúl

        Con perspectiva, los padres paúles llevan casi un sosteniendo un siglo la Fe y la caridad en Melilla. Las hijas de La Caridad llegaron en 1924, los padres Paúles una década después. Su virgen, la Medalla Milagrosa, se extendió por toda la ciudad. Es una imagen muy característica, cuyos brazos abiertos parece acoger a todos. En 1938 se instalan en el barrio del Real y funda la parroquia de San Agustín, una de las más populosas, popular y ornamentadas de la ciudad. En ella permanecerán hasta 2012, de la que serán barridos por una decisión de la Diócesis de Málaga, no explicada ni comprendida. Su presencia numerosa les permitió desplegarse por todas las parroquias de la ciudad, evitando la actual situación de cierre de iglesias, y de reducción de oficios religiosos o misas. Entre los frailes capuchinos y los padres paúles, todo el terreno religioso cristiano estaba cubierto.

          La Misión Paúl del año 1951 se alojó en los locales de Tracción Mecánica (antiguos Viveros municipales), en la calle Fernández Cuevas del  Barrio del Tesorillo, desde su llegada a la ciudad el día 14 de enero. Allí atendieron a todas las personas que por una u otra causa, acudían a solicitar su ayuda. Parece, según relatan las crónicas, que el joven sacerdote Paúl Bienvenido Pampliega, natural de Tardajos, destacó pronto por su amabilidad y disposición para atender a todo aquél que se lo solicitaba. Tardajos es una pequeña localidad situada a poca distancia de la capital burgalesa. Durante su estancia en la ciudad fue víctima de una enfermedad, que acabó con su vida en pocos días.

          Bienvenido Pampliega Tobar (no Arnáiz, como dice la primera esquela aparecida en prensa), había ingresado como seminarista en 1927, con 16 años. En 1944 tomo posesión como párroco, de la iglesia de San Vicente de Paúl, erigida como parroquia independiente solo tres años antes, en  la finca conocida como Lomo Apolinaro,  situada a poca distancia del Las Palmas de Gran Canaria. La fundación de la iglesia se remonta a 1916, cuando Mª del Pino Apolinaro, hizo construir una pequeña capilla en l finca de su propiedad.En la capital grancanaria, Bienvenido Pampliega cuenta con una calle dedicada, aunque su segundo apellido es escrito como Tovar. Una calle de Tardajos, dedicada al Obispo Tobar, hacer suponer que esta sea la escritura correcta de su apellido.

               La crónica cuenta que siguió atendiendo a cuantos quería verle en las habitaciones del Hospital de la Cruz Roja hasta el último aliento. Era perfectamente consciente de la gravedad de su enfermedad y  sus últimas palabras fueron: “Todo lo ofrezco por los pecadores, por las misiones”. Falleció el mismo día que el Cardenal Herrera Oria daba por concluida la misión y partía de la ciudad de Melilla. Es de suponer que fue informado de su enfermedad, que lo visitó en su lecho, y que probablemente, le administró el Último Sacramento, el de la “extrema Unción”; aunque de nada de esto informó la prensa. Tanto al principio como al final de su visita a la ciudad, el obispo de Málaga fue precedido y despedido por la muerte.

                El cementerio de Melilla es un lugar de cultos populares, que también se dan en algunas otras ciudades españolas. En los últimos tiempos, la tumba del sacerdote Paúl es una de las más visitadas, encontrándose a muy poca distancia de las tumbas de los represaliados franquistas. Cerca del inicio de la Galería del Carmen, se encuentras las tumbas de los “Hermanos Gómez Galindo”, del doctor García Viñas y su esposa, y también, a poca distancia de la tumba del “Soldado de los milagros”.

                   Es una ruta de culto de la que ya habíamos escrito en 2013. Ahora, gracias los sacerdotes Paúles de Melilla, y a la Comunidad Central de la Orden Misionera, hemos podido poner rostro y fecha al padre Bienvenido Pampliega, fallecido en nuestra ciudad hace 65 años, con solo 40 de edad, y 23 de vida religiosa.

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/05/17/las-rutas-del-cementerio-de-melilla/

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8 Respuestas a “Bienvenido Pampliega. La misión Paúl

  1. Primero fue El Alminar y luego la legión de vampiros de ideas, plagiarios, megadateros, pero ya se sabe: “Uno abre un pozo y mil beben de su agua”. Eso no se puede evitar, pero al menos existe el deber de citar, a los que fueron antes que nosotros, en cualquier cosa.
    Esto es una norma básica en este blog.

  2. Hospitalario, magnífico trabajo. Desde niño, frecuenté la tumba del Padre Pampliega. Me llevaba el Padre Eleuterio Díez el día de Todos los Santos. Hacíamos el desplazamiento en la Vespa de la comunidad de Padres Paúles. Una vez en el cementerio, comenzaba el recorrido por las sepulturas de los bienhechores de la comunidad, Hijas de la Caridad de las tres casas, Infantitas, Adoratrices, Hermanas Franciscanas, Hnos. de La Salle, María Inmaculada, Capuchinos, etc. Y, sobre todo, por las de aquellos feligreses muertos durante el último año. Esa era la costumbre. A la vez que el Padre Díez rezaba un responso en cada una de dichas sepulturas, y al que yo contestaba en latín. Conocía la historia del Padre Pampliega que me contada el Padre Díez, y que también escuché a las Hermanas del Hospital Militar. Sobre todo a Sor Florencia Casanova.

  3. Hospitalario, hay constancia de la presencia de Padres Paúles en Melilla desde el año 1921. Luego volvieron en 1938. Las Hijas de la Caridad llegaron en agosto de 1921, mandadas por el Rey Alfonso XIII. Ellos vinieron como capellanes de las Hermanas que atendían a los heridos en los hospitales de Melilla y en el propio campo de batalla.
    La primera imagen de la Medalla Milagrosa es la que permanece en la actual iglesia de Batería Jota, lugar en el que quedó erigida la Asociación de la Medalla Milagrosa en 1927.

  4. Artículos que publiqué en prensa. Quizás en ellos esté la clave de mis inquietudes.
    Blasco López, José Luis, “De la primitiva Iglesia de Santa María Micaela al cuerpo incorrupto del Padre Pampliega”, diario El Telegrama de Melilla, Melilla, 20 de noviembre de 1992.
    “Melilla: Melilla: Ciudad y Presidio. Cementerios, criptas y enterramientos en su historia”, diario El Telegrama de Melilla, Melilla, 7 de febrero de 1993.
    “LXX Aniversario de la Fundación de la Asociación de La Medalla Milagrosa en las Escuelas del Ave María”, semanario El Faro, 23 de noviembre de 1996, nº 10.

  5. En la inédita fotografía que nos muestra el impresionante aspecto del entierro del Padre Pampliega, aparece, en primer término, la figura legendaria de Fray Felipe de Coín, hermano capuchino.

  6. Gracias Imparcial. Me alegro de tu regreso. Ya me había fijado en su figura. Lo conozco por el libro de sus memorias, publicado con tu erudita vigilancia, en 2012.

  7. Gracias Hospitalario. Nunca me he marchado. Algunas veces quiero estar ausente y evadirme. Dedico tiempo a andar. En las memorias, sólo fui un pequeño colaborador. El mérito no fue mío.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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