Todo cae


 

 

                    Se caen a la vista de todos y de todas. Es la mejor manera de que todo pase desapercibido. En Melilla las casas caen o las tiran. Hace ya tiempo que condenaron al “modernismo” a un presencia residual, lo menos molesta posible. Lo suficiente como para que constituya una marca de la que poder seguir extrayendo réditos de diverso tipo, pero no tan potente como para que impida el negocio inmobiliario.

               Pasamos por esos lugares a diario desde hace años y las casas está como estaban, pero cada vez con más peligro de derrumbe sobre los ciudadanos. Se mantienen negocios bajo edificios completamente arruinados, a no mucho tiempo del colapso. En las calles interiores no hay problema, pues en ellas no hay observadores ni testigos. Solo algunos pocos ciudadanos/as viven en las inmediaciones, pero esos no importan a nadie, salvo en época de voto. Esplendor y cochambre se dan la mano en la ciudad. Las fotografías de hace años siguen siendo útiles en la actualidad, solo confirman hasta qué punto la dejadez y la desidia extienden su mano sobre la ciudad. La década melillicida está mostrando su factura.

              No se puede parar el tiempo, no se puede parar nada. La ciudad de hoy es un reflejo distinto de la ciudad que fue un día y que ya no puede recuperarse. En ese sentido, en ese intento de mantenerse en una ciudad que ya fue, decimos que Melilla está muerta. La ciudad que se pretende, carece de futuro social, político y económico, porque no es una ciudad del futuro sino del pasado, como la Comala de Pedro Páramo. La cifras del éxodo hablan por sí solas.

                   Hay decenas de inmuebles vacíos en el centro urbano. La gravedad y las fuerzas erosivas trabajan en una misma dirección, sin que nada las detenga. Esta última década se conocerá como la década perdida para la ciudad, pero no para los que detentan el poder económico. Los últimos pingües beneficios se están obteniendo ahora. Solares, inmuebles completos, negocios cambian de mano con la misma facilidad que en una partida de cartas. Solo es tener suerte de acertar con el palo dominante. Más de una tercera parte de la ciudad está en este estado.

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2017/03/02/el-negocio-de-las-ruinas/

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6 Respuestas a “Todo cae

  1. Después de las difíciles vicisitudes pasadas en el último semestre, El Alminar permanece en pie, y se ha recuperado la senda en cuanto a número de visitas. Los archivos fotográficos permiten tocar temas sin necesidad de realizar nuevas fotografías. Muchos de los temas estaban pendientes, pero la realidad a veces espera a que llegue el narrador. Otras no y los temas pasan.

  2. Resultan indecentes las cantidades invertidas en obras ornamentales y en acondicionar el pavimento una y otra vez, mientras la población vive en esas casas.

  3. No sé si es más lapidario “La década melillicida” (yo ampliaría más de una década…con miles de millones de euros dilapidados por el desgobierno local)…o el hecho de que no se tenga que hacer fotos porque las cosas, ergo los problemas, están inamovibles o peor…

    Te apunto, el inmueble de Miguel Zazo, en la que se caía el techo sobre conservatorio y Telemelilla. Capillas se reforman, rotondas se sustancian, calles se levantan una y otra vez. Pero parece que este edificio lo van a dejar caer también unos y otros. Después Presidencia paga miles de euros a la Salle para alquilarles sitios, dejando morir edificios públicos.

    Caer, caer…qué lástima que el tripartito de derechas consiga apuntalar el imbrodinato en mayo, como la familia Velázquez lo hizo en 2015…nos los vamos a comer otros 4 años

  4. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercero de los seres vivientes, que decía: “Ven”. Y vi, y he aquí un caballo negro. Y el que montaba sobre él tenía una balanza en la mano.

  5. Oh, Hospitalario. He pasado un tiempo fuera, quizá haya sido largo. No he dejado de pensar en El Alminar, y en tantas cosas. Leo y no entiendo todo. Por las cifras de los archivos veo que a partir de agosto del verano pasado se derrumbaron las publicaciones. Ahora veo que todo resurge y me congratulo.
    Algo ha ocurrido, pero la lámpara no ha dejado de estar encendida.

  6. Lo que mata todo es la corrupción. Mata la democracia, un país, una ciudad. Melilla es una ciudad llena de corrupción.

¡Bendita perseverancia la del borrico en la noria!. Siempre al mismo paso, siempre las mismas vueltas.

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