67º aniversario de la liberacion de Auschwitz


         El 27 de enero de 1945, los hoy olvidados soldados del Ejército Soviético, llegaban al campo de prisioneros de Auschwitz. Hacía días que había sido abandonado y demolido por las tropas de las SS. Los pocos prisioneros supervivientes vagaban desorientados por el campo, ya sin vigilancia.
Eva Mozes Kor y su hermana Miriam lo relatan así en «Auschwitz» libro reciente de Laurence Rees en Memoria Crítica: «Corrimos hacia ellos y nos abrazaron y nos dieron galletas y chocolates. No solamente teníamos hambre de alimento sino también de bondad humana, y el ejército soviético nos proporcionó algo de ello».
Violeta Friedman superviviente de Auschwitz señala en sus «Memorias» dos peligros, uno el desconocimiento real sobre todo lo que sucedió durante el nazismo, los campos de extermino y sus políticas criminales y dos el intento constante de minimizar lo ocurrido, bien mediante el adelgazamiento de las cifras o mediante la negación directa, como los casos del escritor filo nazi David Irwing, o el del ex-intelectual Roger Garaudy, que fue condenado en Francia por negar el Holocausto.
Es un error muy común el considerar el Holocausto como algo sólo concerniente a la población judía, cuando la realidad es que de la ira nazi no escapó nadie. Eso sí, los judíos fueron el principal objetivo del exterminio nazi y sólo por el hecho de ser judío. La población judía europea exterminada alcanzó las 6.250.000 personas, y esa cifra representa el 50% de la población exterminada por las Einsatzgruppen (brigadas de sustitución de poblaciones).

          A esta monstruosa cifra hay que añadir 3.000.000 de prisioneros de guerra soviéticos, 3.000.000 millones de católicos polacos, 700.000 serbios, 250.000 gitanos, 80.000 disidentes alemanes, 70.000 disminuidos psíquicos de los programas de eugenesia social, 12.000 homosexuales, 7500 republicanos españoles, 2500 testigos de Jehová.
Lo que hace a Auschwitz II-Birkenau, a Belzec, Chelmo, Majdanek, Sobibor y Treblinka diferentes, no es la voluminosa e insoportable cifra de personas exterminadas, es la mentalidad, la ideología que los hizo posibles y sobre todo, el sistema y el método para llevar a cabo esa atrocidad.
La red de campos de exterminio en masa es el mayor crimen que se haya cometido nunca y supone una un hito, una marca indeleble en la historia de la humanidad. Nada de lo ocurrido hasta la fecha podrá compararse jamás al Holocausto. Como dice Violeta Friedman:
«Desgraciadamente en los últimos años han hecho un denodado esfuerzo por negar la historia. A ello se añade el intento de otros por minimizarla, por equiparar aquella barbaridad con otras cometidas antes y después. Es cierto que todavía en nuestros tiempos se sigue atentando contra la humanidad. Sin embargo aquel hecho es singular en la vida de los hombres».
El revisionismo se centra en minimizar las cifras, en hacer hincapié en la casi nula resistencia opuesta por los propios judíos a su exterminio, «como si hubiese sido posible resistirse». La máquina infernal nazi se tragó países completos armados hasta los dientes, por ello, el hacer recaer la responsabilidad de la resistencia sobre población desarmada es sumamente inmoral. El objetivo del campo de exterminio, de las «marchas de la muerte», el trato infernal y degradante, era la destrucción moral de la persona antes de su eliminación física y cuando esta alcanzaba un estado de muerta viviente, entonces los nazis denominaban a esto «estar en estado musulmán», Jorge Semprún en «Viviré con su nombre, morirá con el mío»
En esa situación de destrucción moral y física «cualquier grupo humano, judío o no, se hubiese dejado asesinar de igual modo», dice Violeta Friedman. Este extremo es innegable porque en los más recientes casos de genocidio como el de Tutsis en Ruanda o el de musulmanes en Bosnia, las poblaciones masacradas apenas pudieron oponer resistencia a su eliminación.

       Otro aspecto más estremecedor aun, si cabe esa posibilidad, es que la eficacia de la industria de la muerte nazi, no llegó al 40 %, esto es, el resto el 60 % de los 13 millones de asesinados (nunca llegaremos a conocer la cifra exacta), fue asesinado de un modo directo, mediante fusilamientos masivos y continuados, disparos arbitrarios, malos tratos brutales, o mediante «marchas de la muerte» en donde centenares de miles de personas caminaban durante días y en condiciones de brutalidad aterradoras y infinito sufrimiento, hasta los puntos en donde serían ejecutadas. La más espantosa de estas matanzas es la de Babi-Yar en Ucrania, en donde fueron asesinadas 33.000 personas.

                      Por tanto, no sólo era difícil de justificar el hedor nauseabundo de las chimeneas de los campos de exterminio, la llegada constante de trenes cargados de personas y que salían vacíos de los campos, sino que los nazis pasearon las inmensas filas de deportados por las carreteras, por el centro de los pueblos, por las estaciones y se les ejecutaba en bosques cercanos, a la vista y el oído de quién quisiera verlo. Es imposible que nadie viese ni oyese nada.
        La página Memorial de Auschwitz recoge el nombre de cuatro hombres, procedentes de Melilla que murieron en el campo de trabajo de Gusen; José Fajardo García, Rafael García Segura, Manuel Rojas de la Cruz y Mariano Tost Planal.  Nada los recuerda en Melilla. Para algunas cosas, la memoria en Melilla es demasiado floja o amnésica.

Svetlana Alilúieva, la hija de Stalin (Светлана Сталина)


La muerte de la hija de Stalin en Wisconsin, EEUU

          » En Occidente corren demasiadas falsedades sobre la vida privada de mi padre y de los miembros de mi familia» ; Svetlana Stalin.

    Aunque conocida ahora, la muerte de la única hija viva del dictador soviético ocurrió el pasado 22 de noviembre en una residencia de ancianos en Wisconsin, EEUU.  Que gran diferencia entre cualquiera de los vástagos de cualquier dictador fascista:  Franco, Pinochet y tantos otros que una vez expulsados del poder  dejaron las arcas familiares llenas a rebosar y la suerte de esta mujer, la única entre los tres hijos de Stalin.

    En estos días se sigue hablando de ella como de «la hija que renegó de su padre», como la necrológica firmada por David Alandete en El País. Imagino que en medios de la derecha y en círculos tabernarios de moda, se recordará que Stalin asaltó un banco en Tiflis, capital de Georgia, como si eso fuera algo malo, o en palabras del propio León Trostky: «Solo hay una cosa peor que robar un banco, y es fundarlo».

           La hija de Stalin (Светлана Сталина)

 Svetlana Stalin huyó a Occidente en 1960, ante la imposibilidad de vivir en un mundo, el soviético, que había condenado oficialmente el stalinismo. En aquellos años, incluso ella alteró el orden de los apellidos, adoptando el Alelúieva de su madre, para evitar así el «odiado» Dzhugashvili de su padre.       En esos mismos años, y ante la imposibilidad de que Carmen Franco, la hija del tirano español  le diera un heredero varón al dictador, se permitió por una Ley de las Cortes Franquistas, la alteración del apellido Martínez-Bordiú Franco, por el inverso, para hacer pervivir así el insigne apellido del tirano.

        Aún hoy, en Rusia, los nietos y nietas de Stalin, siguen sin poder usar el apellido del dictador soviético, vencedor, mal que les pese a muchos, del nazismo hitleriano, el peor régimen político al que se haya enfrentado jamás la humanidad, enfrentamiento que costó a Rusia más de 30 millones de víctimas directas.  

                      El cariño a su padre y a su madre   

      Svetlana fue utilizada por la CIA y a la larga se convirtió en un juguete roto de Occidente. su muerte en una residencia de ancianos, completamente empobrecida así lo refleja. Quizá por eso escribió en 1963 la obra : Rusia, mi padre y yo; para deshacer mitos sobre el suicidio de su madre Nadia Alelúieva, la muerte de su hermanastro Yacob en un campo de concentración nazi o cualquier otro sobre su propio padre. sus propias palabras ante el lecho de su padre no dejan lugar a dudas: » En aquellos días, en la despedida de su cuerpo en la Sala de Columnas del Kremlin, quise a mi padre con más fuerza y ternura que en toda mi vida. En aquellos días en que se calmó por fin y su faz se volvió hermosa y tranquila».        

     Sobre su madre  Nadia, dice lo siguiente: » Mamá era severa con nosotros, no por aridez de alma, sino por rigurosa exigencia interior hacia nosotros y hacia ella misma. Mamá ha quedado grabada en mi alma como una mujer muy hermosa, elegante, de gráciles movimientos, sin embargo, rara vez nos acariciaba. En cambio mi padre me cogía constantemente en brazos, le gustaba darme besos sonoros y jugosos».     

         Para mí Svetlana fue un ejemplo intelectual de como mantener el amor hacia su padre, sin justificar ni uno solo de sus crímenes. Igual que los de la Fundación Francisco Franco, que hasta reciben dinero del Estado por mentir.

                    ¡ Que descanse en paz Svetlana Stalin!  

Hijas de La Caridad, adiós a Melilla


              Las últimas Hijas de la Caridad de Melilla

              Son las cinco últimas Hijas de la Caridad  de Melilla: Sor Elisa, Sor María José, Sor Mª Dolores, Sor Ceferina y Sor Antonia, y por ese hecho entrarán en la historia de la ciudad por la puerta grande. Le han dado rostro a un hecho histórico que nunca debió producirse, esto es, su marcha del Centro Asistencial de Melilla, porque la historia de ese centro no se entiende sin las hermanas de La Caridad. A lo largo de 87 años, desde su llegada en 1924, han sido el elemento cohesionador de toda la asistencia social de Melilla.

       Éste era su Centro y su hogar y son centenares las hermanas que han pasado por su diferentes edificios, dejando para la posteridad apenas un nombre, sin apellidos, para el recuerdo. Queda y permanecerá siempre la estela de un trabajo inmenso e inigualable. Nada volverá a ser lo mismo sin «las hermanas», porque no solo realizaban el trabajo físico, al igual que el resto de trabajadoras del Centro, sino que además llevaban a cabo la labor de consuelo espiritual, la labor de asistencia religiosa.

      Resulta curioso el nulo celo de las hermanas por distinguirse unas de otras a lo largo de décadas, y contrastar esa actitud con las placas que abundan en el complejo asistencial, recordado que tal edificio fue inaugurado por este alcalde y aquel otro por el anterior aquel. En ese detalle se aprecia claramente la vanidad mundana, el querer ser recordado a toda costa.

            Carpo, carpsi, carpitum (separar arrancando)

       Casi todo el mundo conoce o ha oído la manida frase del Carpe Diem ( goza de este día), que insta a aprovechar cada momento, porque el mañana puede traer instantes nada agradables. Eso es una cosa y otra es acabar adoptando la actitud de la cigarra y no preocuparse en lo más mínimo por lo que el futuro pueda depararnos. Sin embargo, muy pocos saben que el verbo latino «carpo», significa en su primera acepción: Separar o separar arrancando, que es claramente una acción o suceso que provoca un desgarro, tanto físico como interior y no visible.

           Lo que se ha producido en Melilla y concretamente en el Centro Asistencial, se ajusta a este significado del verbo latino. Las Hijas de la Caridad están divididas en nueve provincias canónicas, la de Melilla pertenece a Granada, y a su vez, éstas están integradas dentro de La Congregación Religiosa de San Vicente de Paul.

           Esto ha sido una decisión interna de esta Congregación religiosa, adoptado en el pasado verano, que no sólo ha renunciado al Centro Asistencial, sino también a la parroquia de San Agustín, a la guardería de Damas y Luisas de Marillac y a la capellanía del Hospital Comarcal. La Congregación Paul no ha explicado nada, probablemente no lo hagan, sin embargo, una decisión de este calado, esta trascendencia y de esta repercusión, merecería una explicación y no esconderse tras el recurrente «falta de vocaciones». Melilla, los ancianos del centro asistencial, que son a los que más afecta esta decisión, merecerían que se justificase una acción, que ha supuesto un abrupto e inmerecido final a las Hijas de La Caridad en Melilla.

          La Congregación de San Vicente de Paul, ha dado un duro golpe a su vocación asistencial en Melilla. Ahora, moseñor Buxarrais se queda en soledad religiosa en el Centro Asistencial. Nada de esta decisión puede comprenderse.

Nota: http://hijascaridad.org/granada/index.shtml

PD: Hoy las Hijas de la Caridad estarán solas en El Alminar. Nada ni nadie está a su altura. Nada debe distraer el protagonismo y el reconocimiento que merecen.

La noticia del Rgto. de La Corona nº 71


            Los primeros en Melilla a las ocho de la mañana

           El día 24 de julio de 1921, procedentes de Almería, embarcados en el vapor Isla de Menorca, llegaban a Melilla a las 08h 00 de la mañana, los integrantes del Batallón del Regimiento nº 71 de La Corona. Tras ellos llegaron los tabores de Regulares, y los batallones de Infantería de Borbón, Extramadura y Granada. Los del Regimiento de La Corona fueron los primeros. Los legionarios del Tercio de Extranjeros de Astray, llegaron a media mañana.

         Al final del día 24, en Melilla existían 3500 efectivos militares de lo mejor del Ejército español de la época. Melilla y su perimetro estaba asegurado con la suma de todos.

        Conceder más protagonismo a unos que a otros es un agravio . El supuesto papel preponderante de Franco en este desembarco es una falsificación histórica. Mantener su estatua en el Puerto de Melilla es ridículo.

       Los primeros en llegar fueron los del Regimiento de La Corona nº71

PD: Incluyo una separata publicada por El Telegrama de Melilla del 25/07/1921, sobre las fuerzas militares llegadas a la ciudad en ese primer día.

Ni Franco, ni Astray, salvaron a Melilla


   El Regimiento de Infantería de La Corona

Cada 20 de septiembre La Legión celebra su aniversario y como es un cuerpo de sobra conocido, no vamos ni a glosar sus méritos ni a señalar su deméritos, entre otras cosas porque La Legión de 2011 nada tiene que ver con la fundada en 1920 y hoy es un cuerpo muy respetado dentro de Las Fuerzas Armadas españolas,  que se ha ganado un prestigio nuevo y el derecho a una nueva imagen, con su participación en las Misiones Internacionales de pacificación, en las que está colaborando.

Independientemente de que «todo» forme parte de su historia, en nada favorece a La Legión mostrar la vinculación obsesiva con personajes como Franco y Astray, o intentar justificar su bárbaro incidente con el Rector de La Universidad D. Miguel de Unamuno. Tampoco se le deben atribuir méritos que no son suyos, como el de la protección de Melilla en 1921, o que al menos no lo son en su totalidad, porque ese hecho, lo compartieron con otras muchas unidades del Ejército español.

El olvido del Regimiento de La Corona en 1921

En 1921 Francisco Franco era un soldado-oficial mas, de los 50.000 militares que había en la ciudad a a finales de agosto de 1921.   Por tanto el pretendido mérito del comandante Franco en la supuesta salvación de Melilla, cae por su propio peso cuando se repasa el “Telegrama del Rif “ de 1921.

En los días de la llegada de los diferentes regimientos y ejércitos que acudían a Melilla a proteger la ciudad (que no a salvarla), nunca se menciona a Franco, porque no era nadie destacable en ese momento.

 Los primeros en llegar a Melilla fueron el  Batallón nº 71 del Regimiento de La Corona con base en Almería y los tabores de Regulares de Ceuta. Son estos dos  cuerpos de ejército los primeros que desembarcaron en Melilla, para protegerla de un posible cerco por las tropas de Ab-Del-Krim.

También tuvieron el honor de llegar entre los primeros los batallones de Infantería de Borbón, Extremadura y Granada y por supuesto “El Tercio de Extranjeros”, que es verdad que concitó un especial entusiasmo.

Este reciente y casi desconocido Cuerpo, el Tercio de Extranjeros,que envió a Melilla a sus dos primeras banderas, llegó a la ciudad en el transatlántico “Ciudad de Cádiz”, con la espectacularidad que le caracteriza. Del Tercio  se destacaba en la noticia, que al frente del mismo se encontraba el Tte. Coronel Millán, al que también se le denomina como Millán Terreros o Sr. Millán. Las diferentes denominaciones se debe a que, pese a todo, no era especialmente conocido. A Franco ni se le menciona.

El batallón de La Corona sí fue el primero, y está absolutamente olvidado en Melilla, pero no en Marruecos, cosas del destino, en donde una población cercana a Alhucemas, tomo el nombre del Regimiento, al quedar establecido en las inmediaciones y todavía se llama Courona, pero  de Franco, en julio de 1921, ni rastro.

La historia del Regimiento

El regimiento de la Corona es de los más antiguos de España, pues fue creado en 1566 con el nombre de Tercio Nuevo de Nápoles. El apelativo de «Nuevo» se le puso para diferenciarle de las Compañías Viejas del Mar de Nápoles, que en 1537 constituyeron la primera Infantería de Marina española.

El Tercio Nuevo de Nápoles era uno de los denominados Grandes Tercios Viejos y fue una de las unidades creadas para combatir en batallas navales y en acciones de desembarco; su función era, pues, de Infantería de Marina, y su escenario de actuación el Mediterráneo. En 1633 adoptó el nombre de Tercio Fijo de la Mar de Nápoles, y en 1718 el de Regimiento de Infantería de la Corona. Historia Militar de España. Tenían su base en Almería, en el acuartelamiento que hay debajo de la alcazaba árabe y sobre el lugar en el que se encontraba la antigua mezquita mayor de Almería.

(http://www.ingenierosdelrey.com/unidades/infanteria/delacorona.htm

  PD: El olvido del Regimiento de La Corona en Melilla está a punto de acabar, porque un amante de la historia está finalizando un libro en el que glosa la historia de este Regimiento y su especial contribución a la defensa de Melilla en 1921. El Regimiento de Infantería de La Corona fue  desembarcado  y destinado inmediatamente  a cubrir la 1ª línea de defensa de Melilla, teniendo un 80% de bajas. Su acción fue todo, menos testimonial, sin embargo, la fama y el mérito se le siguen atribuyendo a otros.

          «Era una unidad de reclutas, que superó en combate a otras unidades  profesionales»: La historia secreta de Annual, Juan Pando.

      

Mustafa Aberchán frente a la Patrona de Melilla


     

 El presidente Mustafa Aberchán en la misa de La Patrona

       Mustafa Aberchán fue el primer alcalde rifeño de confesión musulmana, que accedía a la categoría de Alcalde de Melilla, 502 años después de que el último caid bereber fuera depuesto por La Conquista española de 1497. El hecho, independientemente del juicio político que merezca su presidencia, adquirió la categoría de «histórico» por sí mismo. Han  pasado sólo once  años y muchos melillenses, o no lo recuerdan o ni siquiera lo conocen, pero tiene una magnitud histórica que no decaerá con el paso del tiempo. Hay hechos que pasan a la historia por sí mismos y éste es uno de ellos.

         La historia política de Mustafa Aberchán como presidente y alcalde de Melilla fue la «lucha contra un caballo desbocado», del que sabes que tarde o temprano acabará tirándote de la montura, por lo que se trata de limitar los daños en la caída. Sin embargo, ese año escaso de 1999/2000,  estuvo plagado de actos muy significativos, que merecen ser recordados, interpretados y valorados con las luces de la perspectiva.

          El primero y más importante fue la presencia de un alcalde de confesión musulmana en un acto litúrgico cristiano, frente a La Patrona de Melilla, el 8 de septiembre de 1999. No creo que haya un caso similar en toda la historia moderna ( yo no he encontrado ninguno equivalente),salvo la presencia en actos ecuménicos de clérigos de diferentes religiones. Sin embargo, la «ofrenda» de Mustafa Aberchán a La Virgen de La Victoria ( la que ayudo a los cristianos en La Reconquista), en nombre de todos los melillenses, fue un hecho histórico que debería permanecer en el «haber» de Mustafa Aberchan, sean cuales sean los errores que haya podido cometer después.

       Revisada la prensa local, sólo El Faro comprendió la trascendencia del acto y valoró sin tapujos la ofrenda de Aberchán, calificándola como «emotivo discurso del Alcalde de Melilla». El resto de la prensa fue más bien cicatera en el elogio y se enredó con las críticas del fraile capuchino Fray Cejudo, a la clase política de Melilla. La homilía del fraile capuchino fue duramente criticada por parte de la oposición política.  El diario Melilla Hoy publicó con posterioridad una entrevista con Aberchán, en la que explicaba sus motivaciones para la realización de la ofrenda ante La Virgen de La Victoria. El presidente Aberchán delegaría la representación  de la Presidencia en La procesión de La Virgen, en uno de los miembros de su gobierno, concretamente en José Mejías, Consejero de Economía.

      Pocos días después Mustafa Aberchán conmemoraba y presidía el día de Melilla. Su discurso, que intentó ser alternativo y novedoso, fue duramente criticado por casi todos los medios de comunicación, en un sana discrepancia que ahora mismo, en 2011, ya no existe.  Mustafa Aberchán no colocó ninguna corona de laurel bajo la estatua de Pedro de Estopiñán (al que las crónicas atribuyen la conquista de Melilla) y ese fue la única acción que varió un guión que se ha repetido desde 1991, cuando se recuperó el acto institucional del Día de Melilla.

   La conclusión de todo esto es que Mustafa Aberchán hizo todo esto porque entre cristianos y musulmanes existe un espacio común, que permite asistir a oficios religiosos mutuos sin que se resientan las creencias más íntimas, pero igualmente, cualquier día, otro presidente/alcalde de Melilla de confesión musulmana, podría no acudir a realizar la ofrenda y debería ser aceptado como igualmente normal y lógico, sin pensar que estamos ante el final de Melilla. Creo que doce años después, no se ha valorado suficientemente aquel gesto sumamente ecléctico de Mustafa Aberchan.

 PD (modificada a 20/09/2011): En aras de la precisión histórica voy a añadir algunos datos sobre este interesante 17 de septiembre de 1999. El entonces Presidente Mustafa Aberchán pidió al asesor de Presidencia Jesús Ayala el diseño de un Día de Melilla que respetara al efeméride, pero que no conmemorara La Conquista, por eso, aquel 17/09/1999 fue rebautizado como Día de La Autonomía de Melilla y en ningún momento del discurso presidencial se hizo la más mínima alusión a Pedro de Estopiñán y tampoco se le hizo la hasta ese momento tradicional ofrenda de laurel. Una fina finta que pretendía preservar el Día de Melilla, pero no conmemorar el indudable hecho bélico que supuso la Conquista, porque si no hubo muertes ese día, sí se produjo un encuentro bélico en apenas una semana y a partir de ahí, sin parar durante cuatro siglos.

       Lo que tampoco hizo el Presidente Aberchán es la ofrenda floral a La Patrona, porque como él mismo dice en la entrevista reproducida del diario Melilla Hoy: «En ceremonias religiosas, tan malo es pasarse como no llegar». También delegó su presencia en la procesión ritual del 8 de septiembre.     Mustafa Aberchán nunca retiró el crucifijo que hasta ese momento presidía la Mesa de La Asamblea de Melilla, y durante su presidencia fue desplazado hacia la zona de las vicepresidencias, pero estando igualmente presente.  En la actualidad, ese crucifijo, ya no puede verse por lado alguno.

El soldado de los milagros


   Benito López Franco, un santo sin iglesia

      Enrique Delgado ( * artículo publicado el 7 de  mayo de 2007 )

         En la Cooperativa Gráfica melillense nunca faltan las estampas de Benito López Franco, el soldado de los milagros. Las encargaba el propietario de un comercio ya desaparecido, Electrónica 2000, Salvador Cañadas, que solicitó la intercesión del soldado Benito ante una complicada operación de espalda. Cada vez que se agotaban encargaba una nueva edición. Esta es la explicación de las misteriosas estampas azules que circulan por toda Melilla de mano en mano.

           Benito López Franco, aragonés de Cetina, soldado del desaparecido Regimiento de Infantería de Melilla nº 52, localizado en el acuartelamiento de Santiago y que murió en extrañas circunstancias el 17 de enero de 1950. La escueta nota publicada en prensa y el Registro del Cementerio de Melilla aluden al suicidio como causa de su fallecimiento, pero tanto los testimonios de sus familiares, su hermano José López, como los de cualquiera que se pregunte en la ciudad descartan la versión oficial.

           El escritor melillense José Luis Navarro, es el único que ha intentado aproximarse a esta historia en un conjunto de relatos titulado “El soldado incorrupto” pero ya advierte que su versión es sólo literaria. Sin embargo su condición de militar le permitió poner oídos a historias de “barras de cantinas militares” e indagar en el Cementerio de Melilla cuando fue encargado de hacer un catálogo de pertenencias militares en el campo santo melillense y quizá leyenda, verdad y literatura no estén tan separadas como parece.

          Benito López Franco tenía 20 años al llegar a Melilla, era de muy buena planta, cantante de jotas y siempre dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, sus dotes excepcionales para el canto y su don de gentes le llevaron a convertirse en ayudante de un  comandante médico, a dar recitales de jotas en El Casino Militar, cuna del Alzamiento franquista de 1936 y vedado al pueblo de Melilla hasta bien entrados los años 80.

            Su proyección pública le hace ser objeto del amor de la hija de un alto jefe militar según dice la familia, que ya estaba comprometida con el hijo de otro alto oficial, lo que desafiaba todas las reglas establecidas de la época.

           En el relato de José Luis Navarro se intuye que aquella novia  pudiera ser la que vigilaba la tumba de su amado desde el puesto de gerente del Cementerio. Esa  misma mujer que un día se le acercó y ante sus preguntas sobre el misterio de la tumba y del soldado le respondió con un lacónico: “lo único que sé es que no se suicidó”.

           Fuese quien fuese la chica el caso es que se obsesionó con él y le persiguió durante más de tres meses. El comandante médico del que era ayudante percibió lo peligrosísimo de la situación y recomendó un traslado a Madrid para el 20 de enero que nunca llegó a producirse, pues Benito apareció muerto en el Botiquín del Hospital Militar el 17 de enero de 1950.

                                 Y tras tantos años; La Verdad

        “Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes y le rompieron la cabeza y un brazo”. La estremecedora frase está contenida en la carta de Gregorio Gil, amigo de Benito y dictada antes de su muerte en 1975. El testimonio procede de Alfredo Marruelo, amigo y compañero de quinta de Benito en Melilla, quien junto con otros cuatro mozos cetineros fueron rápidamente licenciados tras su muerte.

          Antes de embarcar, un soldado que no se identificó dijo a Alfredo:“Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes”. Alfredo Marruelo únicamente reveló el secreto a Gregorio Gil, compañero de Benito desde la infancia, quién también calló y sólo ante la inminencia de la muerte dejó una carta dictada y que ahora la familia ha decidido desvelar, entre otras cosas para dejar desmentir las espurias versiones que hablan un fusilamiento, de un tiro en la nuca, de que fuera apaleado en los calabozos del cuartel de Santiago.

         Lo sorprendente es que la carta se redacta en 1975 y sólo cuando los familiares vienen a Melilla y abren la tumba para colocar bien el cadáver, los suicidas se entierran al revés, comprueban el dato de que Benito tenía hundido el cráneo y un brazo roto.

            No hay huellas de bala, ni nada por el estilo. Benito fue enterrado en calzoncillos y “con la cadena del aseo por toda pertenencia póstuma”. Supuestamente se había suicidado con ella. La paliza mortal ya había sido aventurada en la versión literaria del “soldado incorrupto”

           El entonces Vicario Arciprestal  J. Antonio Segovia le negó la sepultura en Sagrado “por no constar nada en contrario a esta Vicaría sobre el suicidio intencionado de la víctima”. El documento eclesiástico es toda la certificación oficial de su fallecimiento que posee  la familia, ni certificado médico, ni recibo de pertenencias personales. Así se hacían las cosas en la España, en la Melilla de Franco.

                   La voz de La Iglesia

            El Vicario Episcopal de Melilla,  Manuel Jiménez Bárcenas cuenta que: “para la La Iglesia Benito es un difunto más y La Iglesia pide por él, junto por todos los demás el día de Los Fieles Difuntos, 2 de noviembre”. Aquí  es donde el Vicario rondeño aprecia un error de culto, al ser conmemorado el día 1 de noviembre, reservado para los que se tiene constancia de que gozan de la presencia de Dios. “Sólo los santos van directamente al cielo sin el obligado período de Purgatorio, por eso el 1 de noviembre está reservado a Todos los Santos, aquellos de que se tiene constancia por medios humanos de que gozan de la estancia en el paraíso”.

        Pudiera ser, añade Jiménez Bárcenas que: “El soldado Benito ya hubiese cumplido el período de Purgatorio y al gozar de la presencia de Dios puede gozar también de la capacidad de intermediación y ayudar en curaciones y favores de aquellos que devotamente le piden a Dios que por mediación de Benito sean atendidos sus plegarias”. No hay otro modo de explicar los favores del soldado milagrero,   aun así, el Obispo Dorado Soto ofreció a la familia la posibilidad de elaborar una estampa con una oración para culto privado, pero la familia rechazó esta posibilidad ya que prefiere esta santidad popular.

            Quizá toda Melilla fue consciente de aquella injusticia y como modo silencioso de desafío al hermetismo oficial inició las ofrendas y culto del soldado Benito.

          PD: http://www.infomelilla.com/noticias/index.php?accion=1&id=2962

       Nota: El 7 de  mayo de 2007 publiqué mi primer artículo sobre «el soldado de los milagros». Lo hice además con una novedad, la carta del compañero de servicio militar, en la que descubre que Benito López Franco murió como consecuencia de una paliza y no suicidado. La carta me la proporcionó su hermano. Seguidamente llegaría la legión de plagiadores, que con copias de la carta compusieron historias similares, pero sin citar jamas a quien fue el primero en publicarla . No fuí el primero en escribir, obviamente, pero sí el 1º en publicar esa carta. Es fácil de comprobar con las fechas de edición de los artículos.