El convento fantasma de San Ildefonso


La Granja de San Ildefonso, retiro de Reyes y Jefes de Estado
Entrada nº 1000

En el centro de La Granja de San Ildefonso, se encuentra esta iglesia desacralizada y que también fuera antiguo convento. La Granja no solo ha sido un tradicional retiro de Reyes y Jefes de Estado españoles. sino también y durante un tiempo, fue la capital del «clericalismo católico español». Los dos máximos ejemplos de este movimiento católico ultraconservador fueron Sor Patrocinio, más conocida como la monja de «las llagas», y el sacerdote y santo Antonio Mª Claret, fundador de la Orden religiosa de los Misioneros Claretianos. La primera religiosa fue la consejera espiritual de la regente Mª Cristina, y posteriormente de su hija Isabel II y de su esposo Francisco de Asís. En una segunda etapa llegó a la Corte el sacerdote Antonio Mª Claret, autor de una guía espiritual titulada: Camino recto y seguro para llegar al cielo.
Isabel II, mujer y Reina
Si en algún momento de la Historia de España se conciliaron todas las fuerzas posibles y los poderes fácticos (espadones militares, clericalismo, oscurantismo, conservadores, moderados), sobre una sola persona, para manejar el País, y seguir manteniendo los privilegios y los intereses dominantes, fue durante el reinado de la Reina Isabel II, llevada al trono con 14 años, y casada a la fuerza con su primo Francisco de Asís en 1846. Ella fue la reina, pero solo nominalmente, en realidad la volvieron loca y la descentraron como persona, desde intereses completamente opuestos, divergentes, afines, y hasta falsos. Todos la aconsejaron, pero solo desde el propio interés, y no desde los del Estado y los de la propia Reina.
Hay dos cosas que me hicieron fijar la atención sobre este Reina y mujer. La primera fue la excelente biografía de Isabel Burdiel, en la que retrata y enumera todas esas oscuras influencias que dislocaron a una niña ascendida al trono en plena adolescencia. Lo pecados y errores que supuestamente orlan la gestión de los hombres en el Poder, resultan imperdonables en una mujer, y ese parece ser el caso de esta Reina. El segundo de esos hechos, se produjo cuando leí una investigación histórica, en la que se contaba como las hijas de Isabel II, infantas de España, atendieron personalmente a los republicanos españoles concentrados en los campos de refugiados de Francia, algo completamente oscurecido por la historiografía oficial, y que sin embargo, las honra en grado máximo.
El convento fantasma
En 1859 y bajo la influencia de la Reina Isabel, se fundó el convento de la Orden de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Triunfo, bajo el auspicio de Sor Patrocino (la monja de las llagas). Un poco más abajo de este lugar, en la Iglesia del Rosario, el padre Claret realizó un portentoso milagro del que daremos cuenta algún día. La Granja de San Ildefonso fue la capital del catolicismo español más conservador. Como convento sufrió La Desamortización de Mendizábal en 1870, recuperado por las monjas posteriormente, y finalmente vendido a manos privadas en 1943. A partir de ese momento fue una hospedería, hasta quedar finalmente abandonado en la década de 1980.
De todo el conjunto queda solo el imponente edificio de la iglesia, hecho con piedra de granito de la Sierra de Guadarrama, y las celosías del antiguo convento, desde el que las monjas de clausura de Sor Patrocinio veían las vida, sin ser vistas. Hoy de todo eso, queda solo como testigo mudo, esta iglesia abandonada, y el recuerdo de muy pocos, de lo que albergó en su interior algún día.
A veces, por la noches, se oyen las campanas de las iglesias cercanas y de sus relojes, y en algún momento parece que esas campanas, provienen del interior del convento y de sus vacías estancias. Es solo un efecto sonoro.
PD: La Granja de San Ildefonso, obra de Mª Jesús Callejo Delgado (2004)
Nota: http://www.sorpatrocinio.org/

San Miguel de Cabo Gata


             Hay lugares que son algo más que sitios, y el Cabo de Gata es uno de ellos. Es interminable e inabarcable. Acumula más historias de las que pueden llegar a contarse. Hay mucho más de lo que se ve, aunque quien quiera conformarse solo con lo que está a la vista, ya es suficiente. El paraje de Las Salinas y el entorno desértico que le rodea es único. Las montañas son el eco mudo de un pasado volcánico que ya nadie recuerda. Existe allí un humedal en donde pueden verse flamencos y otras aves, casi todo el año. En esa larga carretera que conecta el pueblo de Cabo de Gata (su nombre completo es San Miguel de Cabo de Gata), con el macizo rocoso del legendario Cabo, existe una iglesia que llama la atención desde cualquier punto desde el que se fotografíe la zona.¿Cuántos años estuvo abandonada esa iglesia?, no sé, pero probablemente más de diez. Cada año acudimos a bañarnos a sus interminables playas y la vemos y fotografiamos.
Muchas veces hemos llegado hasta el pueblo de Las Salinas o La Almadraba de Monteleva, por la cercanía de los locales de restauración y de las pequeñas tiendas, en las que encontrar cualquier cosa que se haya olvidado. Cuando solo se quiere disfrutar del agua del mar y de un entorno agreste, se busca el kilómetro 15, en dónde el lecho marino tiene menos rocas y es más arenoso.

                       La iglesia del arcángel San Miguel
Miguel (quien es como Dios), el más potente de los arcángeles, que son los que están en la escala alta de las criaturas celestiales. El que tuvo que enfrentarse a los ángeles rebelados, y a los que venció, aunque no de modo total, ni definitivo. Los derrotados están confinados en algún lugar, pero siguen teniendo un gran poder de influencia. Esto puede verse todos los días, en cualquier lugar, porque el Mal tiene necesidad de manifestarse y ser reconocido, mientras que el Bien no, es más, este último, pasa desapercibido en la mayoría de los casos.
Tras muchos años de ir a las playas del Cabo de Gata, la más larga es la de San Miguel; en 2010 me acerqué hasta el interior de la iglesia y fotografié su descomposición interior. No existían imágenes en ella, ni exornos, ni casi nada que la hiciese reconocible como iglesia. Tanto es así, que lo reflejé en una entrada del Alminar y escribí lo siguiente: «no he podido constatar bajo qué advocación fue erigida». En 2011 se celebró allí dentro una misa negra, o algún tipo de actividad de tipo diabólico, y el estado de abandono de la iglesia ya no pudo ser obviado por más tiempo. Las autoridades tomaron cartas en el asunto y restauraron el templo, a costa del ayuntamiento de Almería. Las obras fueron recepcionadas por el obispado de Almería el año pasado.
Este año, al acercarnos por allí nuevamente realizar nuevas fotografías en ese hermoso entorno, pude ver claramente la advocación bajo la que está erigido el templo, que es la de San Miguel Arcángel. En un verano en el que me he encontrado con San Miguel en varios lugares y casi por sorpresa (Torremolinos, Segovia), no podía imaginar que me quedara encontrarla en un último lugar, y que este fuera Cabo de Gata y su extraña y bella parroquia, construida a mediados del siglo pasado. La sola mención del nombre de San Miguel, me hizo comprender todo en un solo instante; el abandono durante una década, la celebración de misas negras, y la derrota casi absoluta del arcángel en el que era su templo, por su principal enemigo, y a la vista de todo el mundo, durante una década. Todo un signo de estos tiempos.
PD: Ahora es una iglesia Rectoral y celebra culto todos los domingos a las 11 de la mañana.
                    Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/07/22/la-iglesia-del-cabo-de-gata/

El monasterio de El Escorial


     En toda vida siempre hay un punto central, un lugar talismán, que tiene más significado que otros, y que no tiene porqué ser el lugar de nacimiento o aquel en el que se vive. En la bóveda de la vida, cualquiera de las hiladas es tan importante como las demás, sin embargo, la clave de bóveda es distinta a todo, tiene un función distinta, aunque sea una sola piedra. No hablo de personas, pese a que las cosas no son nada sin ellas. Mi vida, hasta mi llegada a Melilla puede considerarse como errante. Sin embargo, dentro de todos esos cambios, hay un lugar que se ha mantenido como lugar de referencia, y que ha estado presente en las 4/5 partes de mi vida, desde que mis tías paternas decidieran instalarse allí en 1974. Ese lugar es San Lorenzo del Escorial y su espectacular Monasterio, mandado construir por el Rey Felipe II en 1563 y acabado 23 años después, en 1586.
A lo largo 4 décadas, he pasado todos los años, al menos un día, en ese lugar. Una inmensa y portentosa mole de granito, que permanece inalterada desde su construcción, y que no ha necesitado rehabilitación alguna, pese a sus 450 años de antigüedad. ¿Qué llevó a Felipe II a construir un lugar tan diferente a todo y de semejantes dimensiones?, ¿cómo pudo acabarse solo en 23 años?, son algunas de las preguntas que se plantéan en el libro «La historia secreta de los edificios», de Ricardo Aroca. Pese a todo lo escrito, que es mucho, hay cuestiones que seguirán sin respuesta, Nunca habrá una última palabra para casi nada.
Todas las personas que han significado algo en mi vida, tanto las que ya no están, como las que me rodean y componen mi entorno familiar, han paseado conmigo por la inmensidad de la explanada que rodea al monasterio. Es un contraste sobrecogedor la pequeñez humana frente a las ciclópeas proporciones del edifico, que se agranda cuanto más cerca se está de él. Si se quiere ver bien, hay que alejarse, pero eso también sucede con muchas otras cosas. No puedo separar esas piedras. No hay una sola concesión a la decoración figurativa en sus fachadas o torres. Si impresiones es por su dura sobriedad. ¿Qué mensaje quiso transmitirse con una obra de estas características?. Es sobrio, austero y sin embargo supuso un coste inmenso para su época, lo cual parece contradictorio.
Geoffrey Parker, el mejor biógrafo de Felipe II, retrata al monarca Felipe II como una persona austera y sobria, pero nada sombría. Preocupado hasta el más mínimo detalle por la educación de sus hijos e hijas, a las que escribía para interesarse por «sus menstruaciones». Huía del trato excesivo que le correspondía como el monarca más poderoso de su época, salvo en casos de inevitable protocolo. En todas las demás situaciones solo exigía el tratamiento de «Señor». Hoy cualquier cargo político, se desvive por ser tratado como excelencia o ilustrísimo, o se cree, por inaugurar un simple puente, un constructor más grande que Felipe II y su ciclópeo monasterio de piedra. En ninguna parte o lugar del mismo, hay una sola placa que le conmemore como impulsor de la obra.
Este verano, y por primera vez en los últimos 40 años, no estaban en El Escorial ninguna de mis tías, y eso sí ha constituido un hecho duro y diferente. Era una doble sensación de vacío y de estar presentes en cada rincón de El Escorial. Allí también residió la escritora Carmen Conde, muy vinculada a Melilla. En todo siempre busco algún nexo de unión con nuestra ciudad, a la que no olvido, pese a que muchos lo desearían. Sé que a los que se consideran mis enemigos, no le parecería mal lugar El Escorial para que permaneciese allí.
Sobre la luminosa explanada del Monasterio, denominada La Lonja, expuesta al implacable rigor solar del verano y al frío del invierno sin protección alguna, no se nota la negra y cercana sombra del Caudillo Franco y de su tétrico monumento del Valle de Los Caídos. Dicen que el dictador escogió ese lugar para su tumba, porque en altitud está unos pocos metros por encima del Monasterio de El Escorial, o sea, un poco más elevado en el reposo eterno, que los Reyes de España. Tampoco me olvido del dictador.
PD: También hubo quien se creyó más grande que reyes, o a su altura, y casó allí a su hija. El Escorial también es un lugar muy pijo. La Vanidad humana siempre es lamentable.

El Alminar de Sidi Ouariach


Es uno de los lugares más históricos y conocidos de Melilla, escenario de la guerra mundial del General Margallo, nombre que por sí solo, ha pasado a la historia como La Guerra de Margallo. Es lo máximo a lo que puede aspirar cualquier ser humano, o sea, a que su nombre no sea olvidado. Sin embargo, antes que Margallo, estaba Sidi Ouariach (el pelo sucio), el santón musulmán llegado de Al Andalus, y que profetizó la caída del mundo musulmán español y que dicen, pero eso solo es leyenda, que habitó en alguna de las cuevas de Melilla La Vieja, en donde advirtió a la población rifeña, de la inminente llegada de los castellanos. Otras fuentes orales hablan de que Sidi Ouariach perdió la vida frente a las huestes de Estopiñán.

En 1893 se provocó la «guerra de Margallo» para evitar que el cementerio, morabito y mezquita quedaran dentro del lado español, y justo 100 años después, se inauguró el primer cementerio musulmán de Melilla, desde la conquista española de 1497. La historia muestra su rueda puede retrasarse, pero nunca detenerse.

En el interior del Alminar de Sidi Ouariach

Melilla es una ciudad de mezquita e iglesias, pero con menor número de campanarios y alminares. ¿Qué se ve desde un alminar?; nada, todo. Lo más importante es que uno solo ve aquello que quiere ver, y que lo que está a la vista no es siempre ni la realidad, ni la totalidad de los hechos. Hay que querer ver la cosas, y querer mostrarlas. Lo primero que llama la atención de este alminar redondo, el único de Melilla, y con clara influencia oriental, es su deplorable estado de conservación y acabado. Las ventanas del mirador no se abren, salvo dos, porque el cemento se ha expandido y las ha bloqueado. Hay partes resquebrajadas y la claraboya del techo ha perdido parte de su acristalamiento y está a cielo abierto, lo que inunda el alminar en las épocas de lluvia.

La escalera interior, de caracol, no tiene los peldaños acabados. Son solo de cemento, sin enlosado de ningún tipo. Carece de barandillas y la subida es algo peligrosa. Las paredes interiores no están enfoscadas ni siquiera pintadas. No habíamos estado nunca en el interior de un alminar y la experiencia ha sido gratificante, pese a que la visibilidad no era excesivamente buena. Es un lugar muy interesante, que podía serlo más si estuviese en un adecuado estado de mantenimiento. No hay luz eléctrica en las escaleras medievales y el pararrayos está a punto del desplome. La diferencia de trato con respecto a los edificios y templos de la iglesia católica es evidente, y eso que este lugar es de titularidad municipal.

Hemos subido hasta la parte más alta, gracias a la amabilidad y beneplácito del almuhédano (clérigo musulmán), que es quien decide si autoriza o no las visitas a los lugares bajo su jurisdicción religiosa.

El monte Gurugú


Todo ha pasado alguna vez en el Gurugú, aunque cerca de Alcalá de Henares existe un cerro homónimo. Nadie sabe de dónde sale este nombre, ni quien se lo puso, pues verdaderamente se llama Yebel Sidi Hamed el Hach, nombre del santón del morabito que da está en la cima del monte, y que en realidad es un macizo montañoso de tres coronas o picos de 879, 795 y 725 metros de altura. El historiador Claudio Barrio se ocupó de este monte en su libro «Melilla mítica». Es un libro importante, porque estudia en su totalidad toda la zona y ofrece todas las citas de historiadores, tanto antiguos como modernos.
El macizo del Gurugú es un volcán sin actividad, pero debió serlo y mucho en el pasado remoto, pues toda esta zona está llena de formaciones de origen volcánico. Debió ser un monte colérico, y lo que es y fue su cráter, es de considerable tamaño. Su última explosión, de la que no hay noticias escritas, yace sepultada en la noche de los tiempos. La constante actividad sísmica de sus inmediaciones, indica que aunque profundo, su sueño no es total.
En el pasado más cercano, sus laderas, especialmente la de Sidi Hamed el Hach, fue testigo de cruentas batallas entres españoles y rifeños. Es un monte que está en le cancionero popular español, y que narran la guerras allí celebradas. Ha sido testigo de todo lo sucedido a lo largo de los siglos, y su imponente tamaño servía de gigantesca atalaya para advertir de cualquier amenaza, y también de refugio en caso de invasiones. La visibilidad en días de poniente es absoluta, por lo que resulta difícil creer que desde sus lomas, no fuese advertida la llegada de la flota castellana en 1497, pese a todas las precauciones que tomaron y de las que dan cuenta las crónicas. No solo la llegada, sino también el desembarco y el asentamiento posterior.
Se ve desde cualquier punto de la ciudad, y su presencia es a la vez protectora y amenazante. Su casi kilómetro de altura, retiene las nubes en los periodos de levante, y conforma un microclima infernal sobre la ciudad de Melilla, que es casi la única a la que afecta. En Nador apenas se percibe su presencia, y pasado Zoco el Had, en dirección a Cazaza, su paraguas nuboso desaparece.

El barrio de Reina Regente


 

            

          Esta es la zona poblada más alta de Melilla (87 metros de altitud), salvo el poblado legionario del que también hemos escrito. Este es el monte de Reina Regente, con su mezquita y alminar del losetas blancas, frente al fuerte o torreta de Reina Regente, uno de los llamados «fuertes exteriores», que constituían el cinturón defensivo de Melilla, y que se encuentra ubicada sobre el llamado cerro de La Carga. Por aquí cerca, se encontraba el poblado bereber de «Cabrerizas», cuyos restos todavía pueden apreciarse. Desde Cabrerizas, en sus vaguadas y barrancos, los bereberes mantenía un poblado, desde mucho antes de la llegada de los castellanos en 1497, y participaban en las guardias de la «mezquita de la higuera», de su santuario y alcazaba, conjunto que conocemos hoy como monte o cerro de Santiago, y después de  la conquista y hasta los acuerdos de 1860. Toda esta zona estaba a resguardo de la artillería española. En la zona más elevada, y en posición de dominio visual sobre todo el territorio de Melilla, se encuentra el acuartelamiento de La Legión, del que hemos escrito en días atrás.

       Todo este entorno es una zona arqueológica, pero el melillense no suele venir por este territorio. Está muy descuidado y el barranco de Cabrerizas fue objeto de especulación inmobiliaria, en uno de los proyectos más descabellados que se han podido escuchar en los últimos años. Todavía nada de este entorno está a salvo. Yo vuelvo por aquí siempre que puedo o tengo ocasión. En verano no es aconsejable porque el calor es sofocante. Es una zona natural, ya encajonada entre los barrios de Reina Regente y Cabrerizas, pero en la que siempre se descubre un detalle nuevo, algo que no se conocía. En algunos puntos ya hay vertido ilegal de escombros. Muchas veces no escribimos de las cosas, o no las mostramos de un modo más claro, para no echarlas a perder. Eso es lo que ocurre con toda este paraje. La progresión del cemento es una maldición bíblica, que sancionara como «mandamiento» el próximo Plan General de Ordenación Urbana.

          PD: La bandera de chapa metálica que ondea sobre el Torreón, esta casi desconchada. Quienes se ocupan de esas cosas, deberían reparar esta mala imagen. Los pequeños detalles son siempre importantes.

                Hace cuatro años, en un atardecer rojizo y de cielo despejado, obtuve una imágen del alminar de la mezquita de Reina Regente, con el Sol cayendo sobre uno de sus lados y cubriendo de color rojo las losetas blancas. Hoy puede comprobrarse como el alminar parece más encajonado, con una nueva edificación que se le aproxima. La fotografía fue publicada en El diario El Faro y también en El Alminar. Este efecto se produce cada  mes de Abril.

     Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/05/08/el-barranco-de-cabrerizas/

 

El depósito de agua y la riada de Cabrerizas


En el interior de las ruinas malditas

           Muchos ven el depósito desde lejos y resulta desagradable.  Bastantes  pasan cerca de él, y no suelen mirarlo cuando transitan por la carretera del Tiro Nacional. Solo algunos  han entrado dentro. Una ciudad con sensibilidad, hubiese eliminado estas ruinas hace mucho tiempo, pero los gobernantes melillenses no tienen sensibilidad. Hace ya dos años que ni siquiera conmemoran el trágico aniversario. Ni en el cementerio ni en lugar alguno de la ciudad, existe un monolito que conmemore el suceso y que sirva de recuerdo conjunto a las víctimas. En los dos últimos años no se encuentra ni siquiera una referencia del suceso en todo el conjunto de la prensa. Ningún estamento político lo recuerda ya. En la nueva barriada de Averroes, la que se edificó sobre el lugar que ocupaba la antigua, no hay tampoco placa o monumento alguno. Es un suceso olvidado y que todos quieren olvidar.

          El 17 de noviembre de 1997, varios millones de m³ de agua, se abalanzaron sobre la barriada de Averroes y sobre el barrio de El Rastro. La fuerza del agua, incrementada por la altura, la pendiente y la angostura de las calles, arrancó las planchas de cemento del depósito y las movió como si fueran de madera, convertidas  en guillotinas de piedra  que cortaron los primeros edificios de Averroes como si fueran de mantequilla. La ola provocó 9 muertos y la ruina física de dos barrios en apenas 30 minutos. Nadie que vivió el suceso lo ha podido olvidar.

          Mientras tanto, las horrendas ruinas siguen ahí, en lo alto del monte, como un siniestro recuerdo de lo sucedido. No es un lugar al que se mire, ni por el que suela transitarse. Ni siquiera los sin techo, o gentes de malos hábitos lo suelen utilizar como refugio. Es algo que debería haber sido demolido hace mucho tiempo y enterradas las ruinas. Fue una catástrofe previsible y anunciada, precedida por denuncias sobre filtraciones de agua y sobre problemas en su diseño y construcción. Nadie construye un depósito de ese tamaño, a esa altura, y sin proteger las paredes con el terreno. En su diseño, era una bomba de agua y así resultó, pues proyectó todo su contenido con la fuerza de una catapulta.

                               El depósito de agua de Cabrerizas

        Es un lugar sórdido y tétrico, que ni «los malos» quieren utilizar como habitáculo. Hay signos de presencia humana, pero son las menos. Las víctimas de la riada de Cabrerizas se vieron impelidas a aceptar las indemnizaciones estipuladas, o arriesgarse a un largo y tortuoso proceso judicial, de varios años de duración,  y de resultado incierto. Nunca hubo responsabilidades políticas, ni tan siquiera judiciales. La constructora se hizo cargo de las indemnizaciones  y los ingenieros responsables pactaron unas penas mínimas de inhabilitación. Todo se cerró de modo apresurado  y a partir de ese momento empezó a posarse sobre la zona el impenetrable manto del olvido. Ya es algo que no se recuerda de modo oficial, salvo por la inquietante presencia de las ruinas.

          El acceso es fácil, el paraje resulta desolado y desolador. Produce un gran desasosiego. Allí encima colocaron el morlaco publicitario de Osborne. Ni siquiera tienen sensibilidad para ubicar las cosas. Hay mucha energía negativa en esa zona.