La última calera de Melilla


                                  La calera de Aceras de Negrete

           Hace ya mucho tiempo, en el mes de diciembre, publiqué una entrada sobre lo poco que sabía de la antigua industria de la cal en Melilla. Lo hice tras encontrar, casualmente, un artículo de Ginés Adán sobre el tema.  Así conseguí unir mis fotografías a los conocimientos de este conocido constructor. Medio año después, un nuevo colaborador del Alminar, Angel, nos descubre como blog, encuentra aquella ya olvidada entrada y nos documenta, tanto sobre las propias caleras, como sobre la dureza del trabajo en las mismas.

             Tenía ya pensado desde hace tiempo, fotografiar esta calera, situada al final de las Aceras de Negrete y junto a la calle de La Cal. Tenía la intención, pero me faltaba documentación y tiempo para poder hablar sobre estas antiguas industrias con un mínimo de rigor. No se trata de traer cosas porque sí, sino también para que sean útiles y atractivas. Lo escrito permanece siempre.

                      La fabricación de la cal ( Texto de Ángel)

      La fabricación de cal era un trabajo simple pero penoso. Como he dicho nací en 1925 en una de las dos casas que lindaba con los dos hornos situados en la Acera de Negrete; que en aquella época tenia el n° 93, esquina a la cuesta que subía hacia Batería Jota. Viví allí un año y medio, y volví a la misma casa en mayo de 1936. A esta parte se le llamaba entonces “Faldas de Batería Jota” . La puerta de entrada al espacio de estos hornos se situaba en medio de estas dos casas. La puerta, que era de hierro forjado, era lo suficiente grande para permitir la entrada de los carros que entraban cargados de piedra caliza como también del carbón (carbonilla ), que eran los restos del carbón utilizados por los barcos de la época, y que se utilizaba para el cocido de la piedra caliza.
      Con la llegada de los camiones, importados por la casa “Parres”, se fueron dejando los carros. Los mulos que tiraban de estos carros lo dejaron en paro y los carreros se fueron convirtiendo en conductores o ayudantes de estos nuevos medio de transportes. Presencié muy de cerca estos cambios pues lo vivía durante todo el día..

          La carbonilla era el elemento inprecindible para que el horno funcionara día y noche. La piedra caliza se troceaba en trozos algo mayor que un puño, con un martillo de largo mango que se llamaba “porrillo”; se cubría el horno con una capa de esta piedra y otra de la dicha “carbonilla”; lo que hacia que toda la profundidad del horno estuviera toda como una ascua. En invierno, los niños teníamos la costumbre de reunirnos en estos hornos y a veces de secarnos cuando habíamos cogido un aguacero. Se daba el caso de accidentes respiratorios, e incluso la muerte como fue el caso un año en que murió axficiado un joven en la calera del Patio de Florido. La parte de abajo del horno unos cinco a siete metros, terminaba en unas rejas de hierro que sostenía toda aquella pesada mole de piedra y carbonilla. Al llegar la capa de piedra a esta reja, se encontraba ya cocida y el obrero , mediante un largo y grueso pincho hacia caer estas piedras ya cocidas, que se retiraban una vez enfriadas. Entonces se extendían por tierra y se les rociaba con agua para como se decía “apagarlas”, lo que hacia que a esta cal se le llamaba “cal apagada”, y a la piedra cocida que no se había rociado con agua se le llamaba “cal viva”. Cuando se apagaba la piedra desprendía una gran humareda y muchísimo calor! La producción estaba dedicada a las obras de la construcción, pero también se atendía a aquellos particulares que deseaban la “cal viva” y que empleaban estas para el “blanqueado” de sus casas.

        Los obreros que trabajaban en estas caleras pertenecían todos a una familia naturales de una kabila de Mariguary. Llegaban por la mañana después de una larga caminata y volvian a su casa al atardecer. A la hora del té siempre me encontraba en su corrillo. Cuantas veces partí  piedras con aquel dichoso “porrillo” !! y tambien intentaba sacar agua del pozo a pesar de mi poca fortaleza!
         Mis recuerdos sobre ellos son inmejorables y quedaron grabados en mi memoria para siempre.

   Nota: entrada de diciembre sobre las caleras.

 https://elalminardemelilla.com/2011/12/18/las-caleras-de-melilla/

Un comentario en “La última calera de Melilla

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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