Imágenes del Río de Oro


           El Río de Oro siempre ha acechado a Melilla. Las avenidas de sus aguas han ocasionados siempre problemas y enfermedades a los habitantes del entorno melillense. También ha sido un instrumento de guerra. En ocasiones, los cabileños desviaban su curso en dirección a la ciudad vieja, para provocar el hundimiento de las murallas y de la ciudad entera. Durante siglo provocó todo tipo de enfermedades a la población y la acechó con plagas diversas. Por eso, tras lo acuerdos de ampliación del territorio, los españoles, lo primero que hicieron fue desviar su curso, alejarlo de la villa vieja y situarlo en el trazado actual, allá por 1870.

          Tras una semana de lluvias y de temporales, en días pasados, el río melillense ofrecía este tranquilo y relajante aspecto. El agua bajaba algo turbia. Arrastra demasiados desechos, los del trazado marroquí, y los de la parte española. Pese a todo, podría ofrecer un mejor aspecto. Este gobierno lleva 11 años luchando en la desembocadura contra no se sabe qué.  Alguien dijo, hace ya meses, que la obra de la parte final del río  era comparable a la de los chinos en la presa de Las Tres Gargantas.

                    Siempre se ha comparado al río,  a su constante fluir, a la vida humana. Torrenteras, meandros. La corriente que nos lleva, que nunca es la misma, pero que siempre es el mismo río. Lo ríos parecen a veces amenazantes y otras totalmente apacibles, pero siempre hay que tener cuidado, Un hoya o un bodón pueden aparecer en cualquier parte. Un río, al igual que la vida, esconde muchas sorpresas y nunca debe confiarse en su aspecto a primera vista. Cuanto más apacible puede resultar más peligroso. Yo nací en una ciudad bañada por el Guadiana  y siempre se contaban historias sobre sucesos, leyendas y misterios relacionados con el río. Dos ríos bañaron mi infancia,  Badajoz, la ciudad del Guadiana y Ciudad Rodrigo, la del río con nombre de mujer, el Águeda.  Todos los veranos vuelvo a un río, a las pozas del Eresma en Segovia. El primer baño es un ritual que repito año tras año, casi como un bautismo.

   Nota: La misma imagen del río, tomada en el mismo lugar, a lo largo de cuatro años. Es el mismo cauce, pero no es la misma corriente. El cambio es constante, como en la vida.

El barrio de la incineradora


                                  La vida en el Cerro de Horcas 

         Ya habíamos hablado de este barrio, o grupos de casas que se encuentran al lado de la incineradora de residuos urbanos. Los temas siempre se relacionan y esta va unido al anterior.  El antiguo barrio del Carmen o de las canteras es el que está por encima del cementerio y se pobló a partir del año 1900. En un principio, junto a casas insalubres, la gente habitaba las cuevas naturales, de las que había decenas, las cuevas moras de las que también hemos hablado. Eran los años del inicio del Protectora español, cuando España se atrevió a desarrollar el Rif, teniendo gran parte de su población en el mismo estado de subdesarrollo en la ciudad de Melilla. En El Telegrama del Rif pueden verse muchos artículos relatando las penosas condiciones de vida de parte de la población melillense. Eso era en 1912, pero 100 años después, la vida ha cambiado muy poco en este grupo de casamatas.

                                       Retorno al pasado en Melilla

           Es difícil que en Melilla, en 2012, exista un entorno así, en la ciudad de los proyectos faraónicos, la que paga 700.000€ anuales por el leasing del Teatro Kursaal, la que imagina ampliar su puerto hasta el infinito, la que quiere construir 1550 viviendas más. Esta incineradora es de la época de Ignacio Velázquez (1996), y en todo ese tiempo se ha sido incapaz de sacar este grupo de 12 familias de este lugar. Claro que por aquí no viene, ni pasa nadie, ni siquiera en elecciones. En este lugar no se inaugura nada, no hay obras de acondicionamiento de calles, porque sencillamente no existen. Es uno más de los barrios olvidados y que no se sabe si estará incluido en el desarrollo de los distritos 4º y 5º, aunque es probable que ni siquiera estén.

           El ruido aquí es constante, durante 24 horas, tanto de día como de noche. El monstruo de la incineradora ruge a un ritmo constante y enloquecedor. Además está los ruidos de los camiones al entrar y salir del recinto, la descarga de su infecta carga, los olores, las enfermedades, la insalubridad, en definitiva, la inhabitabilidad absoluta. Enfermedades nerviosas, vasculares, epidemiológicas y gastrointestinales.

                Melilla sin modelo de gestión medio ambiental sostenible

          En este apartado hay que darle la razón a los ecologistas de Equo, de Guelaya y de la primigenia CEDENA (Colectivo para la Defensa de la Naturaleza). En Melilla no hay gestión medio ambiental sostenible. Apostar por el modelo de incineración de residuos es optar por un modelo caro, muy contaminante y sin futuro. No resuelve nada porque luego hay que almacenar y transportar a otro lugar, pagando por ello, las peligrosas y altamente tóxicas cenizas de la incineradora.  La basura está ahí siempre, solo que transformada. Además, un mes al año, la incineradora entra en parada técnica, pero la basura se sigue recogiendo y descargando. En ese mes, el hedor en esta zona es sencillamente insoportable.

             Pese a todo, el ser humano subsiste y se abre paso en cualquier circunstancia y condición. Aquí se ven pequeñas huertas, higueras silvestres o incluso rebaños de borregos. Lo que no tiene justificación es que la ciudad más derrochadora, tenga una zona así, a poco menos de 1km. del centro de la ciudad.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/06/24/vivir-junto-a-la-incineradora/

La actividad molesta de los pobres


                 El incalificable Reglamento de la Consejería de Medio Ambiente

   Escribo incalificable como recurso retórico, pero se podría calificar perfectamente y de forma muy dura. Este insólito reglamente que criminaliza al rebuscador de basuras y lo denomina como: «personas no autorizadas para la recogida de residuos».  Curioso eufemismo para denominar a los pobres del Reino de Marruecos que acuden a diario a la ciudad de Melilla para buscarse la vida recogiendo chatarra, muebles viejos, electrodomésticos usados, garrafas de plástico, ferralla  y una larga lista de productos que los melillenses arrojamos a la basura.

        Diga lo que diga el Consejero de Medio Ambiente, en nuestra ciudad ni se recicla, ni se separa la basura, porque ambas cosas son incompatibles con la actividad de una incineradora. La instalación de contenedores para vidrio y papel y cartón es solo una apariencia, una manera de hacer creer que se cumple la Ley, cuando en realidad no se hace, al menos de modo completo. No hay selección ni separación de residuos, no hay contenedores para envases y los de recogida de aceite usado son solo simbólicos.

                        El Reglamento de la Consejería Medioambiental

        La orden 1468, de 24 de octubre de 2012, achaca a los rebuscadores de basura/personas no autorizadas para la recogida de residuos:  el mal aspecto de la ciudad, los malos olores y el impacto visual y olfativo de los alrededores.  Nadie había llegado tan lejos nunca en nuestra ciudad.

        La basura es el «reino de los pobres», que ya bastante desgracia tienen con tener el detrito y el residuo, como único lecho económico, de donde obtener entre uno y cinco euros diarios para la subsistencia. Un ejército de bicicletas y ciclomotores entra a nuestra ciudad todos los días, para buscar cualquier objeto metálico, malla de hierro, electrodomésticos de desecho, vigas de derribo, con la fundición de Taouima como destino final.  Se puede ver a personas en el límite de su resistencia física, llevándose objetos incomprensibles  y de gran peso, que deberán transportar a lo largo de todo el día, durante varios kilómetros, para obtener unos pocos euros como sustento.

         De esta actividad, se ha beneficiado Melilla, porque cientos de toneladas de materiales, que ni Melilla recicla ni puede almacenar, se han ido camino de Marruecos, en donde todo se reutiliza o transforma. Esto ha sido así durante décadas. Ahora el incalificable reglamento de Medio Ambiente, pretende imponer multas a los rebuscadores de basuras, a los transportistas de material teóricamente reciclable, y a los melillenses que les den objetos para llevarse. También quieren incautar todo ese material y almacenarlo no se sabe dónde, y no se sabe para qué, porque todo eso no hay modo de reciclarlo en Melilla o transportarlo a la península. Todo es un gran disparate, que debería tener respuesta en los partidos de la oposición, los sindicatos y todos aquellos que defienden, o dicen defender a los desfavorecidos. De momento solo lo han hecho los ecologistas de Equo.

Las aceras sumergidas


                      El tiempo no se detiene ante nada, ni la vida tampoco.  La climatología avisa en todos los lugares del mundo. La Atlántida se sumergió bajo las aguas hace mucho. Cualquier obra humana, por muy grande que sea, es vulnerable ante los rigores del clima. Cuanto peor esté hecha una cosa, las consecuencias serán mayores. La diferencia de lo sucedido en el terremoto de Japón y el de Haití es notoria, este último país está hundido para muchos decenios y el primero sigue en pie. La naturaleza siempre se abre paso. Muchas de las consecuencias de las últimas inundaciones  en el sur de España, se deben a haber habilitado antiguas ramblas fluviales como zonas habitables, o autorizar la construcción junto a los antiguos cauces. Cuando llegan las inundaciones nada resiste.

        Cuanta ahora, que las tremendas consecuencias del terremoto de Lorca, se agravaron por la sobreexplotación de los acuíferos. Las ciudades se construyen encima, y aumenta el peso de la zona. Los acuíferos se secan y al final el suelo queda sustentado sobre inmensas bóvedas huecas, que ofrecen menos resistencia a las fracturas que provoca un terremoto. Cierto o no cierto, el caso es que cada vez con menos, pasa más. Poco se sabe todavía de las consecuencias que la acción humana está teniendo sobre el planeta, y cuando se sepa, ya será tarde. Algunos y no son pocos, y muy entendidos, niegan la realidad del cambio climático.

               Esta tarde he caminado sobre las aguas, mejor, sobre aceras sumergidas. He visto el agua correr airosa sobre lo que eran sus antiguos cauces, los del barrio del Real. Calzadas anegadas, pasos rebajados para discapacitados convertidos en improvisados pantanos. Arquetas que no podían aliviar  tanta agua. Lo de hoy solo era un pequeña prueba para nuestras renovadas infraestructuras urbanas. El decorado impermeabilizado del Parque Forestal, reparte el agua por todo el barrio del Real. Antaño ese suelo agrícola, absorbía  toda el agua.

Franco, el fiel difunto de Melilla


                          Noviembre es el mes de todos los santos y también de los fieles difuntos. En Melilla tenemos la estatua del difunto más fiel posible, Franco y a su vez, Melilla es la ciudad más fiel al difunto. Da igual cómo esté o se le represente, igual que los santos, pues Francisco Franco entra en ambas categorías. Hoy en día su estatua acecha, mirando al puerto por donde vino, casi escondido tras la torre de San Juan.  Se me ha ocurrido esto porque en días pasados, circulando por la zona, pude ver a dos jóvenes haciéndose fotografías junto «al comandantín», como le llamaban sus compañeros de armas. Claro que esa no es la idea que ofrece la estatua, de casi dos metros de altura. Dicen que cuando uno envejece, suele achicarse un poco, sin embargo la muerte restablece el equilibrio perdido y algunas figuras se agigantan con el paso del tiempo. Nada hay más cierto, que el momento en el que se habla mejor de casi cualquier persona, es tras su fallecimiento.

                                 La estatua, el arquitecto y el libro

             La estatua siempre está: ¡Presente!, en la realidad social y política de la ciudad. Hace medio año, en verano, apareció por El Alminar un tal Isidoro, nombre sevillano, que resultó ser un conocido arquitecto afincado en Madrid. Había hecho el servicio militar en Melilla, y se juntó con otro grupo de soldados, altamente cualificados. Uno de ellos realizó y/o ayudó al autor de esta estatua, con los bocetos y el diseño de la misma. La verdad es que la estatua, como tal, tiene una buena factura y proporciones, y parece tener cierto dinamismo. Posteriormente y a través de los correos hemos tenido ocasión de comentar muchas más cosas, acerca de esta estatua y de la ciudad en donde sigue erigida.

             «Francisco Franco, cristiano ejemplar»*, es una obra editada por la Fundación Francisco Franco. dedicada a enaltecer la vida y la obra del que fuera «Dictador de todos los españoles». Parece un delirio, desde el mismo título, pero resulta que el libro está escrito totalmente en serio.  Su autor es un fraile de la Orden de San Benito, Manuel Garrido Bonaño, la que custodia la Basílica del Valle de Los Caídos. Lo pedí hace unos años, cuando vi en televisión que se presentaba la 5ª edición.  Una edición ya me parecía mucho, pero cinco sobrepasaba cualquiera de mis mejores expectativas para ese libro.

                  Según su testamento político, Franco creía que moría dentro del seno de La Iglesia, cosa que esta Institución santa,  jamás ha desmentido, y si él esta dentro,  es que casi todos los demás estamos fuera. En la iglesia del Palmar de Troya, Franco ya es santo. Por algún sitio hay que empezar, aunque se el mismo infierno.

         PD: Añado mi versión para la construcción de un pequeña capilla dedicada a Franco Salvador, por tres veces de Melilla. Hay elementos ornamentales nada desdeñables, como el arco omeya que representa los rayos del Sol, y la cúpula o koba de los morabitos del rif.

Cuando el asfalto es puzzle


             No hay una sola calle en Melilla que esté en perfectas condiciones de principio a fin. El encadenamiento de obras, sin aparente coordinación, ha convertido las calzadas de la ciudad en una sucesión de obstáculos y dificultades para la conducción. Todo está lleno de costurones, de cicatrices y de remiendos. Baches, diferencias de nivel, rellenos de cemento, asfalto mezclado con cualquier otro material de parcheo. Un aspecto deplorable. Se acaba una calle y se vuelve a abrir pasados algunos meses y por el mismo sitio, si es posible. Si había asfalto se parchea con cemento y si había cemento se rellena también, hasta tal punto que el firme cede, se abren enormes agujeros, socavones y vuelta a empezar.

                  Esto ha sucedido en la avenida de La Marina española, en dirección a la Delegación del Gobierno. El pavimento ha cedido, tras semanas venciéndose, y se ha producido un agujero. Pasar por allí ya resultaba peligroso para las ruedas y para la seguridad del vehículo. La zona se ha acotado, porque el hundimiento en el último día convirtió ese punto en un lugar impracticable.  Las cosas nunca están tan mal como para que no puedan seguir empeorando y un poco más atrás, el estado del antaño «firme», hace presagiar un horizonte nada prometedor para la conducción.

               Es este punto de la avenida de La Marina española, frente a la Casa del Mar, el pavimento presenta tres características diferentes (cemento a la derecha, adoquinado en el centro y asfalto en la izquierda), o en situación inversa según hacia donde se circule.

El Rastro is different


Una sucursal de pan, y la oferta  económica del año

   El Rastro de Melilla es algo diferente a lo que podría indicar su nombre, es diferente a lo que uno evoca con esa palabra.  El Rastro de Melilla es lo más parecido a un zoco, de hecho,  sigue la tradición de los mercados de la zona, con la diferencia de que en vez de un día a la semana, ofrece sus productos y diferencias a diario. en el Rastro de Melilla se puede encontrar cualquier estampa inimaginable en otras partes del mundo, o similar a muchas otras partes de ese mismo mundo. Ropa, productos perecederos, tiendas de cualquier cosa de 2ª mano, productos rescatados prácticamente del desguace o incluso algo que nosotros desechamos, puede volver a encontrarse, cualquier día en El Rastro.

    Sin embargo, en esta ocasión es una sucursal de pan la que ha causado la sensación comercial de la ciudad. Ofrece 10 bollos de pan, por solo 1€. De la oferta se habla en cualquier parte de Melilla. Muchos la conocen y se desplazan desde otros barrios a por ella. Había oído hablar acerca de esta oferta, pero fue hablando con una familia cuyo presupuesto es de 3€ al día para comida,  cuando me ofrecieron la imagen más nítida de esta sorprendente y exitosa oferta.

    Han pasado los tiempos de la ganancia desaforada, del querer amortizar cualquier negocio en el primer año de funcionamiento, de ofrecer los productos por encima de su valor real. Una oferta que sirve para aumentar las ventas y además hace una función social. Es la revolución del pan, en El Rastro.