


«Los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos», decía la lectura litúrgica del pasado día 20 de septiembre, la del ciclo A, leída en la parroquia de Sta. Mª Micaela en Melilla, eso sí, con la diferencia de que en esta ocasión, el texto litúrgico se leía frente al obispo, muy vigilante y tenso en casi todo momento. No bajó la guardia, no se permitió distracciones. El calendario pastoral en su cuarta visita a la ciudad, era muy denso. La mayor parte de los fieles asistían a una misa de domingo, pero esta vez con el obispo y el nuevo párroco al frente.
Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Este es el misterio, en el mismo lugar y ante lo mismo, no todos entienden lo que se ha dicho, o creen entender cosas distintas. ¿Qué es lo que permite tomar decisiones correctas? La información de calidad, algo que ya dijo Benedicto XVI, en sus conversaciones con Peter Seewald. Un obispo, un presidente de gobierno, un Papa, tienen información de calidad y con ella actúan, por eso ningún Poder es inocente en ese sentido. El único que sabía lo que estaba pasando allí, era el obispo Satué.
Así pues, en medio de la homilía, monseñor Satué se detuvo y preguntó: ¿Quién creéis que es el primer santo? Nadie dijo nada, no se escuchó proponer ningún nombre. Hasta que José Antonio Satué deshizo el interrogante: «Es Dimas, él es el primer santo, el ladrón crucificado junto a Cristo, el primer creyente, el que le interpela de modo directo: -Señor, acuérdate de mí cuando esté en el Paraíso»-. Mientras tanto, del Gólgota hacia abajo, los apóstoles corrían en desbandada para ocultarse, ante la magnitud del desastre. El proclamada Mesías había sido liquidado en la cruz, sin que ninguna intervención celestial lo hubiese evitado.
Esta parábola, dicha allí en medio, en la nave de Sta. Mª Micaela, con lo que había pasado, y lo que estaba sucediendo, la remoción total del clero en Melilla, cobraba otro sentido, pero no sabemos cuál es el que quiso darle el propio interviniente. Tenemos el nuestro, pero es distinto. «Los últimos serán los primeros. Pagad a todos empezando por los últimos«.