Desaparición de aparcamientos en las calles


Aparcamientos en calle Pavía

          El General Pavía entró a caballo en el Congreso de Los Diputados en 1874 y acabó con la I República Española. El soldadito de Pavía era una «tapa» clásica en los bares de Melilla hace algunos años. La batalla de pavía se produjo un 24 de febrero de 1525, entre españoles y franceses, sonriendo la victoria a las tropas de Rey español Carlos I. La calle Pavía es una de las varias que conmemoran batallas en el melillense Barrio de La Victoria.

              Hasta hace unos días  se podía aparcar en ambos lados de la misma, pero la llegada de los señaladores, ha eliminado una de las líneas de aparcamiento de la calle, como ya sucediera en la cuesta de Los Estudiantes. Los aparcamientos urbanos desaparecen, sin que medie la menor explicación, ni comunicación a los vecinos. Hasta ese momento, los vehículos aparcaban en ambos lados y no había la menor dificultad para circular por la calle.

                  De la noche a la mañana todo ha cambiado. Se ha ensanchado la línea de aparcamientos del lado derecho y se han instalado las señales de prohibido estacionar en el lado izquierdo. Así cambian las cosas en Melilla. Cuesta mucho estar atento a todo.

Obras, baches y mentiras de vídeo


 Melilla, estado: en obras

          No es cierto que sea por nuestro bien, ni por mejorar la ciudad. Aguantar y salir indemne de este estado permanente de obras es poco menos que un triunfo. En cualquier lugar, en cualquier circunstancia espera el bache, la zanja o el socavón. Las obras se eternizan, no se cumple plazo alguno, se encadenan en una falta de coordinación absoluta entre las consejerías. El barrio del Industrial, el del Hipódromo, el del Real, el de La Victoria, y la zona Centro fueron reventadas hace no más de cuatro años para introducir en el suelo gigantesca tuberías de saneamiento. Ahora vuelven a introducirse otras, pero no sabemos si son para sustituir las anteriores, reparar algunas, o es porque éstas son nuevas. Los obras nuevas se confunden con las reparaciones y con las averías.

       Si todo fuese por nuestro bien, se coordinarían la obras, y no se esperarían a los seis meses previos a las elecciones para llevarlas todas a cabo, mediante la presentación de vídeos idealizados, que parecen ser de una ciudad distinta a la que padecemos a diario.

      Melilla parece una ciudad bombardeada. Son las mismas obras siempre, en los mismos lugares, o por sorpresa. Las reparaciones llegan tras las obras acabadas, el pavimento está reventado, mezclado el cemento con el asfalto, llenos de costurones, con placas fragmentadas y hundidas. Al igual que en el cuanto des sastre y el rey, ya solo es él, el único que ve su propio vestido. Ya nada se corresponde con la propaganda.

El gigantismo de las aceras


                     La falsa peatonalización de la piñata

        Las obras de la calle Carlos Ramírez de Arallano llevan más de tres meses en curso, solo para agrandar las aceras, dificultar la maniobrabilidad de los coches, autobuses urbanos y vehículos pesados que luego tendrán que pasar por allí. Dicen que es una obsesión común a los dictadores el modificar el espacio urbano a su antojo, en busca de una monumentalidad exagerada.

             La propaganda y los vídeos oníricos presentan la obras de un modo que luego no coincidirá en nada con la realidad finalizada. La falsa peatonalización de esta zona de la ciudad, y de otras,  solo se plasmará en la eliminación de aparcamientos públicos gratuitos, en el gigantismo de las aceras, con unos pasos de peatones desproporcionados, y en las dificultades para la carga y descarga de vehículos en los comercios de la zona, aparte del estrechamiento de los carriles de circulación en la calzada. No servirán de nada todas estas obras, porque no son espacios que luego pueda utilizar los ciudadanos melillenses para el ocio, o para el juego de los niños. Es añadir más cemento gris a la ciudad. No son nuevas zonas verdes. son solo explanadas.

        Se sigue enterrando dinero en el suelo y se edifica una ciudad cada vez más gris, color escogido para el Palacio de La Asamblea. Gris es el color del cemento. Melilla se ha vuelto gris. Es el color imperante. El estado de obras se prolonga durante meses, cuando solo se trata de agrandar las aceras.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/13/real-y-arellano-obras-que-no-se-entienden/

La mancha amarilla de Endesa


      En los días muy claros y con el viento en calma, se puede apreciar perfectamente la línea amarilla del humo de las chimeneas de Endesa, la fábrica de luz de Melilla. La diferente consistencia y color del humo  procedente de sus chimeneas, compone  una fina y delgada capa amarilla que va ascendiendo lentamente a la atmósfera. Son motores que funcionan constantemente a lo largo de todo el día y de todo el año. No reparamos en este humo, salvo cuando el viento racheado de poniente lo lanza contra las Torres del V Centenario. La carbonilla se mete en los ojos y en los pulmones de cualquier usuario que pase por la zona o trabaje en ellas. En un tipo de contaminación que casi no se ve ni se percibe, pero está ahí de modo permanente, y que nos contamina.

             Es una línea difusa que parece partir la fotografía y el horizonte. Nadie ha propuesto todavía una solución a esto. Además del humo también está el ruido continuo de los motores. Melilla tiene grandes problemas sin resolver. Da igual el número de veces que se escriba sobre algo.  Hay cosas que siempre estarán ahí.

Imágenes del inicio de marzo


                           El acantilado de Melilla

                       En marzo suele  pasar de todo, es un mes imprevisible:  «viento de todos los cabos, tiempo de todos los diablos».  La garra de invierno se resiste abandonar sus últimos días y la primavera se abre paso con timidez, casi pidiendo permiso.  En marzo pueden producirse temporales, tan violentos como los de febrero, aunque menos duraderos e intensos. Tanto para unos como para otros vale lo mismo este refrán: «por ningún tempero, abandones el camino real por el sendero». Cuando el temporal hace caer, o obliga a detenerse, es mejor permanecer a refugio durante el tiempo que sea necesario, antes que arriesgarse a transitar por sendas desconocidas, aunque parezcan más cortas o seguras.

              Marzo se ha iniciado en calma y eso es lo que importa. Estas son imágenes de la playa natural de Horcas Coloradas, obtenidas desde un lugar que no identificaremos. Las aguas y el viento agitado han desaparecido.  Un ave sobrevuela la zona de modo apacible. A veces es mejor esperar y volver a empezar en calma, desde u lugar seguro y tranquilo.  La luz incrementará en una hora y 28 minutos su tiempo de vigencia. En marzo: siembra avena, poca y en tierra buena.

Cuando la yihad sobrevuela Melilla


                  La amenaza del Estado inexistente

       Una de las tres novelas mas afamadas  de Italo Calvino se titula«el caballero inexistente», cuyo nombre nos sirve para hacer un  Iraq ya no existe, ni Siria, ni Libia. Los tres países estaban regidos por tiranos. Ellos, los antiguos tiranos,  ya no son nada. Sus países tampoco. El Estado ha desaparecido con todos ellos, y el territorio se lo disputan bandas armadas y etnias de diversos tipos y creencias, fanáticas algunas e innombrables otras. Ninguna de ellas constituye un Estado, Califato o nada que se le parezca.

        Lo que entendemos por Estado ya no existe, aunque el imperio del terror y del crimen constituya  un hecho innegable en esos territorios vacíos y en poder de bandas armadas de islamistas fanatizados.  El Estado Islámico es solo una etiqueta con la que se marcan los crímenes de grupos de diversa índole, que probablemente, tengan poco que ver entre sí. La destrucción de esos tres países tiene mucho que ver con la políticas de la llamada Comunidad Internacional, que en 2001 decidió la invasión de Iraq y el derribo del tirano Sadam Hussein, el otrora amigo de Occidente.

                                 La necesidad del enemigo

          Según cuenta Umberto Eco, el mundo siempre necesita enemigos. En la legendaria Grecia el enemigo era el Imperio Persa, en el Imperio Romano los bárbaros. En el siglo XX el enemigo fue el mundo comunista y en el siglo XXI el fantasma que se agita frente a nosotros es el de la Yihad islámica, término que es una redundancia en sí mismo. La Yihad, El IS  (Islamic State), y sus crímenes,  no tiene entidad suficiente para amenazar el orden económico y político mundial establecido e imperante, sin embargo, gran parte de la población mundial sí lo percibe como una amenaza real. Esto sirve de elemento de cohesión de la sociedad. Un ejemplo reciente y que todos conocemos es el de Corea del Norte y la «supuesta» amenaza que representa para ellos los Estados Unidos. Visto desde fuera resulta absurdo.

        Escribe el profesor Eco:  Al parecer no podemos pasarnos sin el enemigo. La figura del enemigo no puede ser abolida por los procesos de civilización. La necesidad es connatural también al hombre manso y amigo de la paz. Sencillamente, en estos casos, se desplaza la imagen del enemigo de un objeto humano a una fuerza natural o social que de alguna forma nos amenaza y que debe ser doblegada. Nuestra imagen se construye tanto con aquello que nos aportan nuestros aliados, familia o amigos, como por nuestra oposición frente a  rivales, adversarios  y enemigos.

                              La yihad virtual de Melilla

         Llamo virtual al yihadismo melillense porque todos/as los detenidos hasta ahora, parecen tener en común una cierta obsesión por acumular perfiles Facebook, o incluso blogs abiertos al público, en donde organizan sus actividades y planes secretos, para derrocar el orden económico mundial.

             Desde primeras horas de la mañana, el ruido de los  rotores de los helicópteros constituía nuestro sonido ambiente. En Melilla vivimos en una situación similar a la de Apocalypse Now, la legendaria película de Coppola. Nadie pensó inicialmente en algo distinto a un nuevo salto a la valla, y al ver a unidades especiales de la Guardia Civil en las calles,  no pensamos en otra cosa que no fuera un nuevo registro en la Ciudad Autónoma.

                No vivimos a salvo de ninguna amenaza, pero la imagen exterior de Melilla está completamente arruinada. Si sumamos los tres acontecimientos más repetidos en los últimos tres años (detenciones yihadistas, saltos de inmigrantes y registros en dependencia autonómicas), proyectamos una imagen cercana a uno de los lugares más conflictivos del Mundo. Para venir a bañarse a las playas ofertadas en Fitur, debe  pensárselo dos veces cualquier turista, o un crucero de tranquilos ancianos de la Tercera Edad europea. Bañarse entre el ensordecedor ruido de los helicópteros o el posible desembarco de una patera, resulta algo atemorizador.

       Lo de menos es que se haya detenido a dos o a cinco personas en esta operación. Lo preocupante es que estamos al nivel de los campamentos de reclutamiento de Afganistán o Pakistán, en cuanto a conocimiento público.

Lo que se lleva la corriente


         Quince años de trabajo en la desembocadura del Río de Oro, décadas cubriendo el delta  del río sin ningún resultado ni objetivo,  y los cuatros últimos de trabajos forzados, para nada. Apenas unos días antes de la gran tormenta y aguacero, habíamos fotografiado el lamentable estado de las aguas del  estuario melillense. Todo ese esfuerzo inútil, toda esa inversión baldía en la depuradora de aguas residuales, para que dos días de lluvias, arrojen toda esa porquería a la bahía de Melilla, esa misma en la que nos bañamos en verano y que obtiene las banderas azules de un modo un tanto cuestionable. Esta es la gestión que tenemos en la ciudad. Muy propagandística, muy costosa, pero de escaso resultado. En estas aguas cristalinas y turquesas o de color esmeralda, nos bañamos durante toda la temporada estival.

   Si recopilásemos todos los lemas y proyectos suntuarios acumulados en el último decenio, no helaríamos por su simplicidad y sobre todo, por su falta de resultados. Costaría muy poco mantener limpio el pequeño tramo de la desembocadura, y convertirlo en un espacio de ocio para los melillenses, al menos en los meses sin precipitaciones, que son casi todos. Solo hacen falta tres cosas: Voluntad, ideas y dinero. Se carecen de las dos primeras y sobra y malgasta  en abundancia la tercera.