Elogio y reivindicación de las brujas


               ¿Existieron  las brujas?, por supuesto que sí. ¿Quiénes eran?, mujeres buenas, sabias y libres. Eran mujeres libres, o sea, solteras, viudas, o incluso casadas, pero sobre todo, eran mujeres que se ayudaban entre ellas, y a sus niños. Eran mujeres que se transmitían sus conocimientos de medicina natural, y sobre sus experiencias. De madres a hijas, de abuelas a nietas, de tías a sobrinas. Vivir sola, sin la necesidad de los hombres, era ya un motivo de sospecha por parte de los hombres, ayudados en sus temores por otras mujeres. Eran mujeres que a pesar de vivir sin pareja, solas, no habían renunciado a su sexualidad, y transmitían sus experiencias a otras mujeres,  o sobre cómo cuidar de sí mismas y de sus problemas específicos.

                  La mujeres dan a luz por su propia condición, y mientras los hombres guerreaban y no se preocupaban si quiera de atender a los heridos en las batallas, ellas, imaginamos, acumulaban experiencias y se lo decían unas a otras, para sobrevivir al parto, o para sacar adelante a sus criaturas. También recurrían a otras mujeres, que probablemente suministraban remedios y cocciones naturales, entre ellas, o hechizos y bebedizos entre los hombres, que para entonces ya se habían adueñado del saber oficial.

                Las mujeres que vivían solas, que eran sabias y sanadoras, o sea, las brujas, fueron acusadas de provocar plagas, inundaciones, sequías, de espesar las nubes, de provocar el granizo, de provocar muertes. Contaban también, como en cualquier época, con la ayuda de algunos hombres buenos, que eran acusados de brujería igualmente. Si la mentalidad machista no soporta la condición de igualdad de una mujer en el siglo XXI, hay que imaginarse qué sucedería en el siglo XIII, o en el VII. Sin embargo, la cacería de mujeres, el feminicidio, se desarrolló en Europa en la Edad Media, entre los siglos X y XVI, en una de las más deleznables producciones del machismo, una ideología ya violenta por sí misma.

                            Malleus Maleficarum  (martillo de brujas)

       Federico Engels  dijo que la de la mujer, es ante todo, una lucha de clase, y el desarrollo teórico del socialismo especificó que hay dos colectivos oprimidos a lo largo de toda la historia humana, “la mujer y el trabajador”. Esto ha cambiado muy poco y estamos asistiendo a claro retroceso.

      Dos monjes dominicos, Heinrich Kramer y James Sprenger , enfermos de odio contra las mujeres, redactaron este libro en 1486, que por su contenido de maldad, podría estar entre los más perversos de la historia humana. A las mujeres se las persiguió por ser mujeres, y se las sacrificó de modo ritual y sistemático, en casi toda Europa Central, entre los siglos XVI y XVII. La Orden de Los Dominicos fue la encargada de La Inquisición, su brazo de hierro.

                                     Mujeres sanadoras

       La medicina masculina no existía. Hasta el siglo XV no existían los hospitales en España y fueron una idea del que más tarde sería y es conocido como San Juan de Dios. Las que curaban y sanaban, desde siempre, eran las mujeres, que recibían sus conocimientos de otras mujeres, y los transmitían a su vez. Si sanaban al enfermo, era por brujería, si no sanaba con sus remedios y moría, era por brujería. Ante tal situación de acoso y hostigamiento por parte del varón, del machismo, del patriarcado, desarrollaron sus sistemas de defensas.

          La llamada “intuición femenina”, verdaderamente poderosa, debió surgir por necesidad defensiva, y también por la observación de las cosas. Eran ellas las que buscaban los remedios naturales y observaban la naturaleza. Eran ellas las que debían percibir los signos de amenaza, y ocultarse y protegerse unas a otras, del varón dominante y agresivo. En la mitad de la Edad Media, siglo XIV, si te encontraba en casa algún tratado de “medicina”, procedente de árabes o judíos, era una casi segura acusación de brujería. Por ello, crearon un alfabeto propio, en el que poder fijar sus conocimientos y transmitirlos, lejos de las sospechas de los varones. Cuando La Inquisición cayó sobre ellas, este alfabeto fue considerado de brujas.

                           La denigración sobre las brujas

             Fue inmensa, y llega hasta el mismo instante en que se escribe esta entrada. La última, es una película que es presentada como “los cazadores de brujas”, como si eso fuese una categoría digna de elogio y reconocimiento. Casi cualquier autor clásico, de los que se estudian en el bachillerato, sucumbió a la tentación de maldecir sobre las brujas. Incluso un gran pintor, como Goya, las pintó feas y viejas, volando sobre sus escobas. Sin embargo eran mujeres normales, con el aspecto físico imperante en su época y en las condiciones sociales en las que vivían.

                 La mentalidad inquisitorial sigue presente. Se transforma según las necesidades de cada época. La ideología dominante se adapta a cualquier situación. El capitalismo está dispuesto a arrasar con cualquier logro o avance obtenido en los últimos 200 años.

      Notas:(1)http://traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/historia/Caliban-y-la-bruja.-Mujeres-cuerpo-y-acumulacion-originaria-2a-Edicion