La historia de las mujeres


 

               Hasta hace poco más de un siglo, la Historia de La Humanidad era la historia del hombre, de hecho, todavía se sigue aludiendoa  la historia del hombre, como si nunca hubiera habido mujeres. Es el genérico que todo lo engloba. Dentro de esa historia, los nombres que pasaban a la historia colectiva de La Humanidad, eran nombres de hombres. Uno de cada 100 de esos nombres eran de mujeres, generalmente en papeles subsidiarios (esposas de, amantes de, madres de), o en el de malvadas, en cuyo caso sí pasaban solas a la historia. Eva y su manzana engañosa, Judith matando al gigante Holofernes, Salomé pidiendo la cabeza del Bautista, Elena vendiendo a Troya entera o Cava, la mujer que abrió la puerta de España a la invasión musulmana de 711. En estos casos sí les estaba reservada la gloria inmortal, y el vituperio.

            Muy pocos ejemplos se salvan en la historia del papel asignado a las mujeres a lo largo de los siglos, y eso desde que hay referencias escritas. Si a cualquier ser humano varón, que no perteneciese a la élite social ya le iba mal, hay que hacer un duro esfuerzo para imaginar cual sería la condición social y humana de las mujeres, a las que ni siquiera se les reconocía esa categoría, la humana, me refiero. Hasta el siglo XV o por sus aledaños, no se reconoció la existencia de alma en las mujeres.

         Desde que hay constancia  de las cosas, conocemos los logros de los hombres, unos cuantos, y de su multitud de guerras, de su incansable producción de violencia contra el resto de sus congéneres. El 90% de los seres humanos ha pasado por la historia del mundo sin pena ni gloria, sin que nada ni nadie se molestase en dejar escritos nombres de nadie, y dentro de ese elevado porcentaje, hay una mitad completa (las mujeres), absolutamente invisibilizado y oculto, salvo unos pocos ejemplos que todos conocemos. Sacar a la luz la historia oculta de un hombre es difícil pero posible, la de una mujer es como buscar guijarros en una playa de fina arena, y encontrarlo.

                              Cuando los hombres eran mujeres

        Las mujeres han tenido siempre, y tendrán, la capacidad de generar, esto es, de dar vida, de generarla. Por eso, en un principio, casi todas las deidades eran femeninas. Dios nació mujer, como escribiera el periodista  José Luis Gutiérrez en su libro. Quizá existió un tiempo en que el ser humano, mujer y hombre, vivieron en una sociedad igualitaria, aunque breve, antes del surgimiento de la ideología machista, y de que ésta impusiera su sistema, el patriarcado. Quizá en aquel tiempo las únicas diferencias eran las físicas, y no existía ninguna ideología que legitimara esas diferencias, ni la superioridad de una mitad de la humanidad sobre la otra.

        ¿ En qué momento el machismo surgió como teoría de dominación, cuando se impuso el patriarcado como sistema?. Está o parece claro que cuando la historia aparece como tal, escrita, el patriarcado ya estaba asentado, y la teoría de la dominación se extendía en muy diversas formas, tanto políticas como religiosas. La historia de las religiones es la elaboración intelectual más fina,  de la dominación del varón sobre la hembra humana, aunque eso sí, dio la oportunidad a las mujeres de ser vírgenes o santas, dos maneras sublimes de hurtarles su condición de sexo, y de anular su capacidad generadora.

          La Biblia, en todas su variantes, es el vademécum de la dominación del varón sobre su congénere humano, y eso que hay un hecho innegable y que no está suficientemente interpretado y valorado. Dios Todopoderoso, creador de Cielo y Tierra, para convertirse en humano, necesitó de una mujer. Sin ella, sin la mujer, nada hubiese sido posible. Hasta Él, tuvo que cumplir con esa condición, nace de mujer, la única con capacidad de generar, de dar vida. El hombre la quita, la mujer la da.

         La gran brecha en la pared machista fue el surgimiento del “feminismo”, una teoría humana, universalizadora y de liberación, que vale tanto para mujeres como para hombres, porque si la mujer se libera de sus ataduras milenarias, también lleva consigo al varón en ese viaje. El neomachismo arrecia, y combate con dureza al feminismo (porque es la única ideología que le hace frente), y lo hace con la colaboración de gran parte de los varones, y con la de alguna parte de las mujeres.