La realidad de la precariedad laboral


 

                          Lo público frente a lo privado

    A la élite empresarial española se le llenan los dedos a la hora de escribir en contra del Sector Público. La realidad es que la mayor parte de ellos vive anclado a este sector económico, al igual que las ciámides a los grandes cetáceos. Son empresas que sin el amparo del sector público no existirían, al igual que esos pequeños moluscos adosados a la piel de las ballenas.

     La existencia del Sector Público es esencial para una sociedad, como espina dorsal de la actividad económica, como garantía de la protección de los ciudadanos y como árbitro de la regulación de la actividad económica privada. En los casos en los que ha habido desregulación absoluta, o el Sector Público era muy pequeño, solo se han producido grandes estafas (Lehman Brothers), con la consiguiente quiebra mundial, y la ausencia total de derechos laborales y desamparo de las personas frente a asistencias sociales básicas.

         La falta de vigilancia de los mecanismo del Estado sobre la Banca privada ha llevado a este importante sector de la actividad económica española,  al fraude masivo contra los ciudadanos y al rescate por parte del Estado. Los casos de grandes estafas han jalonado la vida pública a lo largo de las 20 últimos años. Fraudes masivos en la ayudas europeas, caso del lino, fraudes en las inversiones, planificación de infraestructuras innecesarias (aeropuertos), o la gran burbuja inmobiliaria tras poner a disposición de los constructores y especuladores enormes cantidades de suelo público, Ley de Aznar de 1999.

          La clase empresarial española es uno de los grandes problemas de nuestra actividad económica, de los que hay que hacer algunas obligadas excepciones, la pequeña empresa, la empresa familiar y los autónomos. Ya no hay sector de la actividad económica que no esté a salvo de la corrupción o de la prácticas maliciosas, incluido el mundo del fútbol y el sector público, al que ha acabado contaminando. Por definición, la actividad económica especulativa no puede regularse a sí misma, no contenerse en su voracidad.

                                      Despidos en Semana Santa

               No es que no se puede despedir en Semana Santa, de hecho se hace en cualquier época del año, y de modo masivo. Con las nuevas reformas laborales impuestas por el modelo neoliberal, despedir sale ya casi gratis. La precariedad laboral del mercado de trabajo es absoluta y las condiciones laborales son cada vez más leoninas. No hay ninguna línea, de las antaño infranqueables, que no se haya acabado rebasando en lo concerniente a los derechos de los trabajadores.

                    Esta escena se producía en Almería, frente a las instalaciones de un conocido hotel de la capital, en plena Semana Santa. Al menos hay quienes todavía mantienen en alza la bandera de la defensa de los trabajadores. Los tan denostados sindicatos, incluso por la propia clase trabajadora, son la última línea de defensa. Cuando caigan, y eso es lo que intentan los poderes económicos, no quedará absolutamente nadie que defienda a los trabajadores.

               Nota: cualquiera, de las partes implicadas,  que quiera dar una versión distinta sobre este suceso o denuncia, puede hacerlo.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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