Manuel Godoy y el Motín de Aranjuez


 

           El Motín de Aranjuez y las respuestas sociales

           En 1808 corrían tiempos convulsos en España, aunque el tiempo convulso siempre ha sido una constante en nuestro país. Al grito de: ¡ Abajo Godoy  y su camarilla!, el pueblo español inició un motín en la ciudad de Aranjuez, que acabó con el gobierno del Valido Manuel Godoy, entre el 17 y el 19 de marzo de ese mismo año. Godoy fue expulsado del poder y tuvo que huir de  España.  Karl Marx calificó este hecho como «la primera revolución española«. Pasa también que las revoluciones no acaban en el sentido que uno quiere. Las fuerzas populares desatadas en aquella ocasión, sirvieron para dar forma a la 1ª Constitución española, la de 1812, la de Cádiz, aunque como  perversa consecuencia sirviese también para poner en el trono español al monarca más funesto de nuestra historia, Fernando VII, el único que creo que no tiene nada dedicado a su nombre en ningún lugar de España, y eso es toda una señal.

            La que siempre sale a flote en cualquier situación, es la clase dominante o burguesía, «la clase social más revolucionaria de todas», como también escribiera Karl Marx, porque siempre sabe adaptar los modos de producción a las nuevas situaciones, y seguir siempre en la cresta social.

                                                 De 1993 a 2013

          Algo parecido ocurre con la derecha española, enormemente revolucionaria cuando se trata de conquistar el poder. En 1993 estábamos en la parte final del primer gobierno socialista de La Democracia, y consiguieron crear una situación de alarma y escándalo  social, apoyada por sus siempre potentes fuerzas mediáticas. Es verdad que en aquellos años finales del «felipismo», los escándalos políticos, los fraudes y pelotazos económicos, sacudían al gobierno del PSOE sin tregua, pero como dijera Nietzsche: «Hay espíritus que enturbian las aguas para hacerlas parecer más profundas». Aquí encaja como un guante en una mano, la actitud política de la derecha en España, siempre y cuando no esté ejerciendo el Poder. Porque mientras todo esto sucedía y lo pagaban electoralemente los socialistas, con la derrota, en 1996, empezaron a moverse las aguas turbias de la financiación económica de la derecha en España, monopolizada por el PP.

                        Escándalos económicos del PP

           Los casos Naseiro, Palop, Ollero, Gescartera, Forum Filatélico, Afinsa y tantos y tantos otros, se gestaron en aquellos años y también durante los gobiernos de José Mª Aznar (1996-2004).  El gran misterio es por qué el PP nunca paga en las elecciones sus escándalos y su mala gestión, como sí ocurre con los socialistas.  Camps revalidó su mayoría absoluta en Valencia con todo el trasfondo de la turbia gestión de La Generalidad valenciana. En Galicia, tras un breve tiempo del tripartito, la derecha domina sin mayores problemas, y tienen el paradigma del mayor cacique del País, Baltar, que se marchó dejando a su hijo como presidente de La Diputación de Ourense.

        Ahora estamos ante un escándalo, el de la posible financiación irregular del Partido Popular, que en el caso de haber sucedido en caso contrario, hubiesen llevado a las masas populares a una revolución, convenientemente agitada por sus múltiples y variados medios de comunicación. La corrupción socialista es siempre socialista, y la suya propia, la del PP, es un problema del sistema, de La Democracia, que también es cierto, pero no como manera de diluir su propia responsabilidad.

                                  Movimientos sociales alternativos

             Gran parte del movimiento del 15 de Mayo, desapareció tras la espectacular derrota de los socialistas en ese mes del 2011 y que solo era la antesala de la debacle del 20 de noviembre, por lo que no es muy aventurado decir que gran parte de ese movimiento, podía estar movido por fuerzas de la derecha española.  Las concentraciones en torno a La Iglesia, el mayor partido político de España, en palabras de Manuel Azaña, tampoco han vuelto a ser las mismas tras la desaparición del poder socialista, en prácticamente todo el Estado.

       La parte positiva de aquel movimiento se halla en que parte de la sociedad se ha dado de que puede defenderse a sí misma, articular respuestas en defensa de otros, caso del Movimiento contra los desahucios, y provocar cambios en el sistema político. No se le puede pedir a los grandes partidos, que desarticulen un tinglado político del que han extraído tantos y tan grandes beneficios. La sociedad debe defenderse, podemos defendernos y no debemos dejar de hacerlo. Esta es la lección.