Archivo diario: 7 diciembre, 2016

De Melilla al mundo


                     Hacia la desconexión aérea

           Un solitario avión despega o aterriza en Melilla cada hora. Las conexiones se reducen y cada vez lo harán más. Las privatización de Binter, compañía pública, en febrero de 2001 por la exigencias europeas, solo a traído una mayor incomunicación, y la práctica imposibilidad de salir de la ciudad a precios razonables. Las enormes subvenciones a Air Nostrum no han servido para casi nada, era una situación de respiración asistida. La otra compañía, Air Europa, se mantiene con voluntad y sin regalías de ningún tipo. Una vez fuera de Melilla, se puede ir a cualquier parte del mundo. El problema es salir o entrar de la ciudad. La gestión del área de Turismo, Transportes, y Comunicaciones ha servido de muy poco, pues ni siquiera ha mantenido la situación de la que partíamos. El cuadro de comunicaciones de Binter en 2000 es harto elocuente. la comparación con la situación actual resulta desoladora. La gestión es muy deficiente, pese a la altisima cantidad de dinero gastado.

           Sin el Estado nada existe, pese que los empresarios insistan en su desaparición. El modelo de explotación privada puro es un mito y un fracaso. El gran empresario solo atiende a su beneficio, solo busca subvenciones constantes, exenciones de impuestos, y la seguridad de una actividad económica subsidiada al Estado, o a un organismo público, pero sin renunciar a su amplio margen de beneficio. Solo el Estado garantiza una existencia digna y eficiente en los sectores básicos y comunes: educación, sanidad, transportes.

            Melilla está al borde de la incomunicación. Con el más exiguo cuadro de vuelos de la última década, se intenta vender a la opinión pública la posibilidad de un ascenso a la ACB. Con esta situación de transporte aéreos eso es un imposible. Salir o entrar en Melilla es una lotería, fuera de ella espera el mundo entero, y a menor precio.

             Los vuelos de próximos a suprimir, los de Granada y Almería han fracasado por el desinterés de la propia compañía, y por la falta de vigilancia de la Administración local. Los horarios disuadían del uso. De una frecuencia diaria de ida y vuelta se pasó a cuatro semanales, luego a tres y finalmente, como los límites, tiende a cero. Pura ineficacia en la gestión. Volvemos al galeón y a la galeaza.

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