Archivo diario: 18 diciembre, 2016

Un brindis en Navidad


                         

                      Cuando el Presidente lo lee todo

   Desde que Charles Dickens escribiera su inmortal Cuento de Navidad, con los tres espíritus de las Navidades. Nadie quiere acabar su tiempo como Mr. Scrooge. En Navidad hay una mayor proclividad a saludarse, a dejar atrás diferencias personales. Aún así hay personas que no sienten empatía por casi nadie y otras con las que es imposible trabar relación alguna, aunque sea meramente formal.

    Hace mucho que sabemos en El Alminar, que el Presidente de la Ciudad lo lee todo, es la única manera de estar atento a la opinión de los ciudadanos, y paliar en alguna manera el mal de altura. Es una manera de no desvincularse de la realidad. Sin embargo, una cosa es intuir que ese todo incluye al propio Alminar y otra cosa que te lo diga él mismo. Juan José Imbroda es una persona que siempre saluda. No es un presidente lejano, pues lo puedes encontrar en cualquier lugar de la ciudad, incluida la playa o en el mercado navideño de la Plaza de las Culturas. Al finalizar el brindis con el que Irene Flores agasajó a todos los que fuimos al homenaje a Fernando Belmonte, Juan José Imbroda se me acercó y además de saludarme, me dijo: “Quiero que sepas que leo todo lo que escribes, y no lo digo por decir. Me gusta que busques siempre la historia de la ciudad. En especial, me gusta la última línea que estás siguiendo”.

      Obviamente le agradecí tanto el saludo, como sus palabras. Luego, repuesto del asombro, ya pensé en el alcance de ese “todo”. Todo es un absoluto, no deja nada fuera. Lo normal, en un alto cargo público, es que su equipo de asesores le filtre y seleccione lo publicado. En las altas esferas de gestión pública, hay muy poco tiempo libre. Todo quiere decir todo. Saber que el Presidente de la Ciudad pertenece a ese grupo de lectores atentos y silenciosos, que conocemos como “la comunidad del Alminar”, es algo que llena de satisfacción, y además, que aparte de leer le guste. No es usual que una personalidad pública se manifieste de esta manera.

         Toda persona que escribe pretende, entre otras cosas, influir y contribuir a mejorar el entorno en el que vive. Aportando reflexiones y su particular punto de vista. Si toda esta inmensa actividad iniciada en mayo de 2011, es de alguna utilidad y ayuda a reflexionar, incluido al presidente de esta ciudad, entonces es que nuestro modesto objetivo se está cumpliendo.

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La historia audiovisual de Fernando Belmonte


                       Lo que no se ve no existe y, en cierta manera somos lo que vemos. Y somos, también, el resultado de cómo nos ven los demás. Por lo mismo, diera la impresión de que una ciudad que carece de imágenes de su pasado, es una ciudad sin pasado, sin historia. FB

              Fernando Miguel Belmonte Montalbán ya está en la historia, audiovisual, de Melilla. Es una paradoja que el archivo que él ideara y creara, sea ahora el que albergue su memoria para siempre. Sin saberlo, creó su propia forma de ser recordado. Nadie puede prever en qué forma lo será,  o si alcanzará el modo de trascender el tiempo. El Archivo Audiovisual de la Ciudad de Melilla, que ya lleva su nombre, lo contiene a él, como creador y como parte del mismo. Ya no está, pero también estará siempre.

                      Fernando Belmonte, periodista y amigo fallecido hace solo un año, creía en el poder de la imagen, tanto como en el de la palabra, para fijar la memoria colectiva e histórica de una ciudad. Desde el primer día se apasionó con su “archivo audiovisual” y contaba a sus allegados los pormenores de sus contenido, que en principio se reducía a los contenidos de la Televisión Municipal, de la que fue Director entre 1995 y 1998. Él consiguió que el cinematógrafo aficionado Manuel Carmona Mir, le cediera todos sus archivos privados. Recuerdo perfectamente la ilusión que le hizo esa cesión, que consideraba fundamental para la puesta en marcha de ese fondo audiovisual que fijara en imágenes la historia de la ciudad, o el día en el que recibió todos los archivos audiovisuales que contenía el otrora célebre NODO, y que tenía que ver con la ciudad de Melilla. Así fue sumando hasta conseguir que cualquier cosa filmada sobre nuestra ciudad, tuviese copia disponible en los archivos melillenses.

           Por encima de la controversia que pueda suscitar el nombre de cualquier homenajeado, hay una cosa que distinguía a Fernando y que le hace merecedor de este recuerdo. Toda persona que escribe pretende de algún modo influir en los acontecimientos de su entorno y provocar algún cambio, pero Fernando no buscó nunca crear nada para su enaltecimiento personal o para sí mismo. Su único objetivo era consolidar la historia audiovisual de  Melilla, una ciudad en la que creía, y luego poner todos esos fondos documentales a disposición de cualquier interesado en nuestra historia. en este sentido era una persona generosa, y muy leal con los que consideraba sus amigos. En una carta de réplica, algo que no solía hacer, enviada al diario Melilla Hoy en 1985, la acababa con esta sorprendente frase: “busco amor sincero”. Es absolutamente cierto que Fernando buscaba la sinceridad en las relaciones personales.

                  En el acto de homenaje intervinieron la Consejera de Cultura Fadela Mohatar, amiga y compañera de Fernando en la redacción del Melilla Hoy, su inseparable compañera y esposa Irene Flores Sáez, y el presidente de Melilla Juan José Imbroda, quien dijo que a pesar de proceder de las antípodas de Fernando, se complacía en haberlo conocido, y de haber entablado con él una relación entrañable y respetuosa. Todos reconocieron que por encima de los deseos, el impulso de crear el archivo con su nombre, y darle forma física y un espacio real, se debía al interés personal de Juan José Imbroda.