Archivo diario: 8 mayo, 2011

El barranco de Cabrerizas


           El Barranco de Cabrerizas                  

              Enrique Delgado

              Es un entorno ecológico de primer orden y debería ser junto con “Los Pinos”, el 2º espacio natural protegido de Melilla. La progresión del cemento y de la especulación del suelo se ha mostrado imparable en esta última década en Melilla. Por ello se hace cada vez más necesario la conservación y preservación de espacios naturales como el Barranco de Cabrerizas.     La noticia dada por la Consejería de Fomento de que pretende realizar un Plan Especial para urbanizar el barranco de Cabrerizas y edificar allí más de 400 Viviendas de Protección Especial con 8 pisos de altura, supone una agresión más al medio ambiente, liquidando una de las últimas zonas vírgenes que todavía existen en la ciudad y echando a perder la feraz Huerta de Embarek, la última existente en Melilla.

     Este barranco es una zona histórica y en la parte alta se asentaba el poblado amazigh de Cabrerizas, cuyos últimos restos pueden verse todavía, escondidos en el terreno, bajo los restos de una edificación moderna y semiocultos entre la vegetación autóctona y precisamente esta zona es muy fértil y rica en vegetación y es por ello por lo que debe protegerse, realizar en ella algún tipo de actuación que preserva la zona y convirtiéndola en algún tipo de parque, similar a Los Pinos.

      En la parte baja del barranco, además de la Huerta Embarek, se encuentran unas caballerizas, que mantiene todavía el recuerdo de la Melilla rural de los tiempos de la expansión, en los primeros años del pasado siglo. Es un entorno destinado a protegerse y no a ser agredido con bloques de viviendas, destinados a convertirse en guetos o zonas urbanas de complicada y difícil habitabilidad.

       Los ejemplos de Averroes, Tiro Nacional, Minas del Rif o Las Palmeras deberían ser suficientes para disuadir a los dirigentes del Gobierno de Melilla a realizar nuevas actuaciones de este tipo. Porque no se trata solamente de realizar edificios y aglomeraciones de población, sino de crear zonas de esparcimiento, de aparcamientos, de nuevas unidades escolares, de servicios y quizá también de un nuevo Centro de Salud para una zona que soporta ya, la mayor concentración de población de toda Melilla.

       Crear una nueva aglomeración de viviendas en esa zona, en un barranco, sin resolver el problema de la edificación sin control del Monte de Reina Regente es una huida hacia delante, además de un sin sentido y supone incrementar los problemas de urbanización de un barrio ya saturado, sin viales de comunicación, sin aparcamientos, sin servicios urbanos.

       Todo el Monte de Reina Regente es ilegal. Carece de calles, de vías urbanas, no se puede legalizar casi nada porque la construcción ilegal sigue incrementándose sin control desde 1991, cuando el gobierno de Ignacio Velázquez intentó sin  éxito poner freno a la construcción ilegal y del crecimiento de un barrio al margen de cualquier actuación urbana.

       No consta en la elaboración del reciente Plan General, que este gobierno tenga la más mínima intención de afrontar el problema inmenso que tiene Melilla con respecto a Reina Regente y La Cañada de Hidum. Y no solo no existe la más mínima intención de hacer cosa alguna, sino que además tampoco existe actuación alguna en el sentido de impedir que el problema siga creciendo.

       Si Melilla necesita un Plan Especial es el este y es algo en el que deberían empezar a trabajar ya, tanto El Gobierno como los grupos de Oposición, porque es un problema inmenso que va a heredar cualquier gobierno de Melilla.

       Antes de destruir el barranco de Cabrerizas, deberían afrontarse los problemas reales de la ciudad. El Gobierno ya ha abierto la veda, sorprendentemente, con un proyecto inverosímil e inaudito para esa zona.

        Porque se trata de un barranco, que en los pasados aguaceros ha absorbido el 100% del caudal de agua de lluvia, pero en cuanto se sustituya el terreno por cemento, toda esa agua caerá completa sobre la desembocadura natural, osea Tadino de Martirengo y Las Palmeras y entonces, los problemas vividos en El Real y en las viviendas de Huerta Salama, se reproducirán en esta otra zona de la ciudad. Se ve que aquí ya nadie aprende de sus errores pasados.                 

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