Archivo diario: 29 diciembre, 2011

Santuario de Santa Fe de Mondujar


 

 

              La Alpujarra de Almería

           El municipio almeriense de Gádor es la puerta de La Alpujarra de Almería. Durante un siglo después desde la caída de Granada en 1497, la población morisca siguió habitando la zona, es verdad que cada vez en condiciones más difíciles. Tenían prohibido hablar la lengua árabe, leer o escribir libros en “algarabía”. Las mezquitas fueron derrumbadas. No podía vestir a la usanza tradicional de los moriscos. No podían practicar su fe musulmana ni siquiera en secreto, so pena de verse sometidos a La Inquisición o incluso ser desterrados al norte de África.

Las condiciones se fueron endureciendo con el paso de las décadas y así se sucedieron los levantamientos y “las guerras de Las Alpujarras”, en los siglos XVI y XVII, hasta el año 1610, fecha en la que se completó la derrota absoluta y el decreto de expulsión de la población morisca, que llevaba habitando estas tierras desde 900 años antes. Completa la expulsión se inició la puesta en marcha de un basto plan de “sustitución de población”. Nada quedo, salvo los elementos arquitectónicos y ciertos nombres, e incluso ciertas usanzas.

Vista esta fotografía, se pudiera pensar que está realizada en el Norte de Marruecos y que ese santuario es en realidad un morabito, sin embargo, es un santuario dedicado a la Virgen del Carmen y está ubicado en Santa Fe de Mondujar, que es la cabeza del partido judicial de la zona. No sería extraño, o incluso sería posible que se trate de la evolución de algún culto morabítico anterior, transformado al culto cristiano con posterioridad a la rendición del Reino nazarí de Granada.

Hay que pensar que todos los pueblos y localidades españolas cuyo nombre tiene o está compuesto por la rábida o la rábita, hacen referencia a cultos morabíticos de la etapa musulmana. Nada es lo que parece a primera vista, todo es susceptible siempre de ser visto bajo otro  prisma. Solo hay que tener los oídos y los ojos abiertos a otro tipo de sensaciones, pues todo está lleno de ecos mudos de un pasado diferente, al que el presente parece indicar.