Herejes, profetas y brujas


              San Ireneo de Lyon, un santo contra los herejes

          Hoy es el día de San Ireneo de Lyon, un santo y teólogo del siglo II, fallecido en esta ciudad de Francia, que compuso un monumental tratado contra la herejías del cristianismo, que por entonces eran legión. Su obra más conocida es Adversus Haereses, en las que detalla, combate e intenta refutar las más conocidas o activas del momento.

                Gracias a la obra de San Ireneo conocemos los nombres de muchas de ellas (Barbeliotas, Ofitas, Caínitas), siendo Valentín y sus valentinianos, y Marción, junto con otros muchos, los principales objetivos de sus invectivas. La erudición de San Irineo era inmensa. Tenía una gran ventaja con respecto a nuestros días, y es que estaban muy cerca de los sucesos acaecidos en Palestina en el inicio del siglo I, y contaba con el acceso a textos y relatos pseudo evangélicos que hoy ya están desaparecidas, porque ellos mismos los mandaron quemar. Pese a todo, para poder refutar las doctrinas herejes, debían citarlas de manera prolija, por lo que tuvo que transcribir el contenido principal de las mismas y sus principales afirmaciones, así como sus nombres, con lo que contribuyó a salvar parte de su contenido. Gracias a San Irineo se sabía de la existencia histórica del evangelio de Judas, por lo que la aparición del texto manuscrito hace unos poco años, ya contaba con una prueba de autenticidad esperando  desde el siglo II.

                                        La vida en la disidencia

                Herejes, profetas y brujas, no fueron otra cosa que personas que no aceptaron las verdades doctrinales imperantes en su momento. Unos se opusieron a ellas de modo frontal, los herejes, y les fue bastante mal. Otros grupos, como las brujas, eran mujeres que accedieron a conocimientos medicinales y curativos, y hacían uso de ellos entre la población, por lo que fueron objetos de la ira de los poderes establecidos, que eran los custodios de los saberes tradicionalmente aceptados, y reservados a las clases privilegiadas.  Los profetas eran por lo general, personas, que denunciaban la inmoralidad del poder reinante y pronosticaban su caída, con lo cual también eran objeto de persecución. Profetas y brujas intentaban hacerse un hueco dentro del sistema imperante, los herejes sí se enfrentaban a el.

           En el mundo moderno, surgido a partir del siglo XX, todos los que no aceptaron los sistemas dominantes eran calificados como «disidentes», en los países socialistas, y «antisistemas» en el mundo capitalista. A cualquiera de los grupos de personas encuadrados en categorías les suele ir mal, porque nada altera más a la sociedad, que una persona o grupo que disiente del pensamiento establecido, lo manifiesta y lo hace público, tenga o no seguidores. Quien se sale de la norma es objeto del acoso social, del escarnio o incluso de la ira. Obviamente ni todas las herejías fueron buenas, ni todas las disidencias aceptables, ni todos los profetas tenían tino. Eso sí, el desacierto de algunas de estas disidencias, no hace mejor ni justificable al sistema con el que se enfrentaron. Es una cuestión muy compleja. En general, las herejías, las disidencias, los profetas y las brujas, contribuyeron a mejorar el sistema y a hacerlo más humano.

                                 El triángulo místico de Lyon

                 Lyon, atravesada pro el Ródano, es la tercera ciudad más importante de Francia. Fue uno de los bastiones de La Resistencia durante la II Guerra Mundial, y también compone uno de los vértices del triángulo de peregrinaciones católicas de Francia. En las otras dos puntas se encuentra Lissieu y Ars sur Formans. Francia es muy revolucionaria, muy laica y también muy espiritual. Gracias a las fotografías de Betty Beges, colaboradora del Alminar, podemos compartir las espléndidas vidrieras de la iglesia de San Buenaventura, la catedral de San Juan Bautista, y otras imágenes de Lyon, en el día de San Ireneo.

Una historia bizantina


El cuento del gallo y del asno

          El Imperio Romano de Occidente cayó en 476, y la gran expansión árabe no llegó al Norte de África hasta el año 648, casi dos siglos después. Entre invasiones y desembarcos de los vándalos, los bizantinos y su imperio, apenas ejercieron su influencia en la zona a lo largo de dos siglos escasos. Sin embargo dejaron en la zona muchas leyendas (la del conde Don Julian) y un vocablo griego, parakaló (Παρακαλώ), que significa tanto «por favor», como «de nada», y que en el norte de Marruecos significa «gracias» y se pronuncia como barakalofi. Es la explicación más lógica a la presencia de este vocablo en el idioma del Rif, el tamazigh.

         Hay otro término conocido como aromi o arrumi, y que se cree que designa a los españoles, equiparándolos a los romanos. Pero esto no es correcto. El vocablo procede de los árabes, que jamás estuvieron en contacto con los romanos, pues su parte del imperio se hundió en el siglo V. Los árabes solo conocieron a los griegos, esto es, a los bizantinos, y es a ellos a los que llamaban así: rum o rumi, que eran los que profesaban la fe de Cristo.  Al llegar a la península, las crónicas árabes designaban como rumis, a los integrantes de las fuerzas que se les opusieron, pero es una palabra surgida de su contacto con los griegos o bizantinos.

               Al llegar las cruzadas a Jerusalén, en el siglo X, los árabes no llamaron a éstos rumis, que para ellos eran los griegos, sino que los conocieron como los «frany», los francos, y esto ya sí englobaría a todos los occidentales en general.  Los «frany» ofrecieron una imagen salvaje en Palestina, con sus caballeros cruzados. Al defender a Cristo con la espada, siempre desde el punto de vista árabe, corrompieron para siempre sus enseñanzas. Pese a todo, las cruzadas no fueron pensadas solo para combatir a los árabes, sino también a los propios cristianos. Hubo una cruzada contra las herejías cristianas de Europa y otra contra los cristianos de Constantinopla.

                       Genios y demonios en el mundo rifeño

        El norte de África es un territorio de mezclas, de historias, de leyendas y de gentes. Hay creencias y leyendas comunes. Una de ellas hace referencia a los genios, ángeles y demonios y a su manera de detectarlos. Son los seres invisibles o puramente espirituales. El profeta de los musulmanes, Mahoma, explicó en sus hadizes o dichos, algunos puntos oscuros de la revelación coránica, y también opinó de temas mundanos. Según el hadiz de Bujari y Muslim afirmó: Cuando escuchéis el canto de un gallo pedid a Al´lah sus bondades, porque el gallo ha visto un ángel, y cuando oigáis el rebuzno de un asno, buscad refugio en Al-lah, porque ha visto a un shaitán.

            En algunas casas de Melilla, todavía se pueden ver y escuchar el canto de los gallos. Hace no muchos años, podía oír un gallo desde mi casa todas las mañanas. También es verdad que los asnos rebuznan sin venir a cuento y provocan a veces más de un sobresalto. Si a nuestro paso escuchamos el canto de un gallo, o un rebuzno, podemos saber qué tipo de espíritu nos acompaña. En mis visitas al barrio hebreo de la semana pasada siempre cantó el gallo, y el asno permaneció en silencio.

           También, mi amigo Wally, el librero, me regaló una novela «El ángel sombrío» de Mika Waltari, sobre la caída de Constantinopla en 1453, y por fin he podido unir todas estas historias que debía contar. Nombres ya perdidos en la historia, como el del Megadux Lukkas Notaras, o el del último emperador de Bizancio, Constantino Paleólogo,  vuelven a aparecer ante nosotros.

Isabel II y Sor Patrocinio


            Mujeres en un mundo de hombres

       La sociedad patriarcal ofrece pocos resquicios en un duro muro de dominio. Las mujeres son las principales víctimas, la gran revolución pendiente,  aunque los hombres tampoco escapan a la construcción de modelos y patrones diseñados para todos y de los que es difícil escapar.

             El 10 de noviembre de 1843 una niña de 13 años, Isabel de Borbón, a la que el Parlamento español, compuesto íntegramente por hombres,  jura el cargo como Isabel II, como Reina de una monarquía absolutista. Su educación fue deficiente y muy escasa en cualquier aspecto. Tres años después la obligarán a casarse, por decisión parlamentaria, con su primo Francisco de Asís, al que despreciaba, en el mismo día en que cumplía los 16 años, el 10 de octubre de 1846. «Pónganse ustedes en mi caso. Este me aconsejaba una cosa, aquel otra, y luego venía un tercero y me decía: ni esto ni aquello debes hacer, sino lo de más allá», le confesará a Galdós, en una citas rescatadas por el libro de Isabel Burdiel sobre la vida de esta ultrajada mujer, un juguete en manos de los más oscuros intereses de la época. «Diecinueve años y metida en un laberinto en el cual tenía que andar palpando las paredes pues no había luz que me guiara. Si alguno me encedía una luz, venía otro y me la apagaba». Isabel II abdicará en 1868, tras el triunfo de la Revolución conocida como La Gloriosa. Dice la autora de la biografía que no es posible ponerse en su lugar y yo creo que sí.

         Mª  Josefa Dolores Anastasia de Quiroga y Capopardo

    Este aparentemente complicado nombre se resumiría muy pronto y cobrará toda su dimensión si la mencionamos por su apodo religioso, Sor Patrocinio, a la que algunos quisieron comparar con la versión española de Rasputín, el monje negro que ejerció una nefasta y perversa influencia sobre la zarina Alejandra.  Mª Josefa Dolores nació un 27 de abril de 1811. Las biografías de la Reina Isabel II y de la monja coincidirán desde los primeros años de su reinado y la biografía de la primera mujer  no puede entenderse sin la de la segunda.

       Fue la época de los espadones, Espartero, Narvaez, O Donnell, Olózaga, su propia madre la regente Mª Cristina y la de tantos hombres a los que describe de esta manera el mejor biógrafo de Sor Patrocinio,  Benjamín Jarnés: «Y más si el espíritu se debate en un mundo grosero, entre hombres rectilíneos o de torpe sinuosidad, como lo fueron casi todos los hombres que nutrieron el ejercicio político de España, durante el siglo XIX».

           El 2 de febrero de febrero de 1852, el sacerdote demente conocido como el cura Merino, intentó asesinar a la Reina en la madrileña calle de Atocha. Sor Patrocinio sufrió también otros dos intentos de atentado en el refectorio,  por parte de intereses tan oscuros, que jamás se llegó a averiguar los motivos o la autoría. A lo largo del reinado de Isabel II, sor Patrocinio sufrió diversos destierros en suelo español, e incluso uno entre 1868 y 1877, que finalizó tras la Restauración de la monarquía en la cabeza de Alfonso XII, hijo de Isabel, a la que jamás se permitió regresar a España.

         La dignidad de ambas mujeres fue atropellada en lascivos panfletos que las representaban en un burdel, caso de Sor Patrocinio, o de prácticas lujuriosas y desenfrenadas, caso de la Reina. Curiosamente, los panfletos se editaron el las imprentas de los hermanos Becquer, y dicen que con el patrocinio (sin doble sentido), del espadón Narváez, que a su vez se hacía pasar por uno de los grandes valedores de Isabel II. El camino para dñar la imagen de una mujer es siempre el mismo. El imaginario machista es cerril y siempre sigue la misma senda, como la de las yuntas de  bueyes.

               La historia del convento abandonado de San Ildefonso

          Jamás pude pensar, que ese fantasmal edificio de granito de la sierra de Guadarrama, cercano a la casa de mi madre, pudiese albergar tantos secretos en sus ya enmudecidas piedras y celosías. El edificio hipnotiza. El eco de los sucesos vividos allí dentro tarda en apagarse, diría que no se ha extinguido aún. Las piedras hablan y a veces llaman, pero hay que estar atentos y saber escucharlas, y también a personas. Hay que buscar las voces de aquellos que conocieron las cosas antes que nosotros. Lo que no se escribe desaparece en la tiniebla del olvido.

             San Ildefonso, o La Granja, fue durante 25 años la capital espiritual del reinado isabelino. Por allí pasaron Sor Patrocinio o monja de las llagas, y el padre Claret. En 1858 Sor Patrocinio fundo 4 conventos entre El Pardo, La Granja, El Escorial y Lozoya, lugares a los que Jarnés llama «los parques reales». Tan solo 10 años después todo estará quemado y destruido.

              Todos los años me acerco allí, y entre sus rendijas intento captar la presencia de algún eco del pasado, de algún fantasma, o de alguna voz no oída de las piedras, en las que todavía hay algo que sigue llamando.

           PD: La importancia del reinado de Isabel II para Melilla es absoluta, pues durante el mismo se firmaron los tratados de ampliación del territorio melillense en 1860. En sus manos se puso el Decreto de la demolición y tala de la mezquita, morabito e higuera santa del cerro de Santiago, el secreto mejor guardado de la historia de Melilla,  hasta que lo desvelamos. Fue la época en la que los espadones españoles camparon a sus anchas por el territorio marroquí.

 (1) http://elfarodigital.es/enrique-delgado/28099-la-mezquita-de-la-higera-147-anos-de-su-demolicion.html#

Ubaldina García Díaz, maestra de La República


Enrique Delgado

         Mis recuerdos infantiles de la casa de mis tías en Madrid son siempre los mismos. En la salita, encima del sillón en el que siempre se sentaba mi abuelo paterno Esteban, Delegado de Estadística en Madríd, existía un gran retrato de mi abuela Ubaldina. Yo siempre preguntaba: ¿de qué murió la abuela?. La respuesta de mi abuelo Esteban era invariable, de leucemia.

          Nunca nadie olvidó a la abuela Ubaldina en su familia, su recuerdo estaba siempre presente. Había retratos de ella en toda la casa. Con el tiempo, un  día, mi tía Mª Luisa, que era la que sabía, cambió la información existente: la abuela era maestra en Palencia, directora de su grupo escolar y la habían matado en la guerra. Recuerdo que fue una conmoción para mí y para mi hermano Fernando. No nos dijeron más porque nadie sabía nada, al menos los dos hijos pequeños de Ubaldina, mi padre Fernando y mi tía Mercedes.

       Quien sabia era mi tía Carmen, maestra al igual que su madre, pero jamás contó nada. La otra que sabía era mi tía Luisa, pero llegaba un momento en que ya no podía contar nada más. Su mente estaba traumatizada y bloqueada, porque ella fue la que acompañó a su madre el día del inicio del curso escolar en 1936, el día en que la detuvieron, el día en que la arrancaron del brazo de su madre, el día en que no volvió a verla nunca más.

                     Ubaldina García Díaz, detención y muerte

           Ubaldina García era maestra de la escuela Modesto La Fuente de Palencia. Allí trabajaban la también maestra Sofía Polo y su marido Arturo Sanmartín, inspector de enseñanza primaria y socialista. Desde que estalla la sublevación contra La República el día 18 de julio, Arturo Sanmartín se esconde en los sótanos del colegio. Mi abuela Ubaldina no permite registros en el colegio ni identifica su paradero. Por la noche, según contaba mi tía Luisa, los falangistas disparaban sobre el grupo escolar. Mi otra tía, Carmen, era la única que se atrevía a bajarle comida al sótano. Contaba solo con 18 años.

                  En los primeros días de septiembre, los asesinos  de Falange secuestran a Sofía Polo, la violan y su cadáver aparece desnudo y ultrajado en un parque de Palencia, el día 14 de agosto de 1936. La bestialidad del asesinato conmociona a la capital, pero no doblega el ánimo de mi abuela, que mantiene a su compañero en el recinto del Colegio.

                     El curso se inicia en los primeros días de septiembre y Ubaldina García se hace acompañar por su hija Mª Luisa a la misa de acción de gracias. En la misma calle los falangistas la separan violentamente de su hija y se la llevan al Gobierno Civil de Palencia. Este era el punto en el que mi tía Luisa ya no podía contar nada más. De las gestiones para su «liberación» se encargan el Delegado de Estadística de Palencia, Ciriaco Jurro, mi abuelo Esteban y su hija mayor Carmen.

                  Beato Manuel González, obispo de Palencia

                     Los tres acuden al obispado de Palencia para que el obispo Manuel González interceda por la suerte de Ubaldina García y de otra compañera detenida. Pese a que el Delegado del INE es presidente de la Adoración Nocturna, la reunión es violentísima, y el obispo, fuera de sí, afirma que no hará nada por salvar a ninguna mujer roja, sic. Mis tías siempre recordaron a este obispo como un hombre lleno de odio e ira. Un día en el que se habló sobre este hombre, declarado beato por La Iglesia, mi tía Mercedes le dijo a su hermana mayor, una mujer de extrema religiosidad: acuérdate de lo que este hombre dijo de mamá. Lo que fuese tampoco lo contaron nunca. Ubaldina García Díaz fue paseada por las calles de la capital palentina en una furgoneta de Falange, como si se tratase de un trofeo de caza.

             El día 6 de septiembre de 1936, un camión traslada a algunas presas y presos desde la cárcel de Palencia a la de Burgos. El camión se detiene en las inmediaciones de Quintana del Puente y allí los fusilan a todos, junto a las tapias del cementerio. Desde entonces, mi abuela reposa en una fosa común.

              Visto lo sucedido con su esposa y con su compañera, Arturo Sanmartín ya sabe lo que le espera, realmente lo sabía desde el primer día. El día 13 de septiembre los falangistas debieron entrar en el colegio o él  intentó escaparse, pero lo cazaron de igual manera.  Le dieron el correspondiente paseo en la furgoneta y lo mataron esa misma tarde noche. Esa era la incontenible represión de Franco.

                         La acción de Esteban Delgado

              Esteban Delgado Cidón, ya viudo, se dirige al Registro Civil de Palencia, junto con otros testigos, y obliga, en febrero de 1937, a las autoridades franquistas a reconocer que su esposa fue fusilada, lo que consigue el 6 de febrero de 1937, con su correspondiente inscripción en el Registro Civil. Posteriormente sería trasladado de manera forzosa  a la Delegación del INE en Toledo, de la que se haría cargo  como delegado.

            PD: con mi especial agradecimiento al médico palentino Albano de Juan, que fue el primero en contarme todo.

          Nota: http://maestrasrepublicafeteugt.blogspot.com.es/2011_06_17_archive.html

La derrota de Villalar


 

                El 23 de abril de 1521, en el pueblo de Villalar, se enfrentaron las tropas imperiales de Carlos I y las de la autoproclamada Junta de Comunidades de Castilla, a cuyo frente estaban los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado.  La historia nos cuenta que las tropas del emperador Carlos I no tuvieron dificultades en hacerse con la victoria. Esto sí es cierto, porque es un hecho histórico.

                    Con el paso del tiempo se hizo un mito de todo. Los Comuneros acabaron convertidos en «santos» y la imagen del César Carlos quedó asociada a la del «mal hijo» que encerró a su madre, Juana la Loca, en el castillo de Tordesillas. La historia de la hija de los Reyes Católicos, esposa de Felipe el hermoso y madre del Emperador Carlos I,  acabó siendo falseada y convertida en un mito romántico. Todavía se la venera como la depositaria de las más nobles y rancias de las tradiciones de Castilla, las mismas de las que hicieron bandera Los Comuneros.

                         La historia pone de manifiesto  que quien ganó aquella batalla, Carlos I, en realidad la perdió, y que quienes fueron derrotados, Los Comuneros, a la larga resultaron vencedores, eso sí,  después de muertos.

                                       El otro modo de ver las cosas

                  Si en algún lugar las tradiciones son leyes, ese es Castilla, en donde todo es tan inamovible como las piedras de sus iglesias. Carlos de Gante, al llegar a España y ver el inmovilismo y atraso en que se hallaba con respecto a Europa, encargó un estudio a sus asesores flamencos, sobre las posibles causas. El dictamen fue que la dependencia  española del Vaticano, el tradicionalismo castellano, junto al predomino de la nobleza y la ausencia de un modelo económico moderno, lastraban el posible despegue de España.

                Nada hay más resistente a los cambios que el ser humano. Un rey criado en los Países Bajos, al que se acusaba de no conocer el español, fue rápido pasto del rechazo y de la deformación de su imagen. La realidad es que Carlos I hablaba varios idiomas, aprendió el español con facilidad, mientras que los españoles, casi 500 años después de aquella batalla, seguimos hablando solo uno.

                   Los Comuneros quisieron proclamar regente a su madre, la Reina Juana, quien había dado muestras de estar más sonada que los tambores de la torre del homenaje. Pero todo eso le daba igual al tradicionalismo castellano. El rey extranjero era el malo de aquella película.

                   Villalar de Los Comuneros, la reinvención de un mito

        Viví en Segovia durante los años de La Transición. Asistí al surgimientos del nacionalismo castellano, al surgimiento de la izquierda tradicionalista castellana y a la invención del mito de Villalar. Jamás fui a Villalar. En 1521, en Villalar triunfó el inmovilismo, aunque en apariencia fue derrotado. La nobleza cambió de bando poco antes de la batalla, pasándose al bando de Carlos I, aunque empezara apoyando a Los Comuneros.

                  Carlos de Gante, el César Carlos, sufrió una decepción profunda pese a su victoria sin paliativos, renunciando para siempre a cualquier cambio o modernización del país. En Europa triunfaba el erasmismo y nosotros nos quedamos con La Santa Inquisición (martillo de herejes, espada de Roma y  de Trento). Con el tiempo, sus ausencias de España empezaron a ser constantes y cada vez más prolongadas, convirtiendo años después a su hijo Felipe,  en un regente en la práctica.

                  Todo lo relativo a Villalar, la fundación del Estado castellano y la leyenda de los protomártires castellanos es una invención. En Segovia, encontrar los restos del comunero Juan Bravo, sería comparable al hallazgo de la tumba de Alejandro Magno. Hace ya años, mi hermano Fernando Delgado,  escribió un artículo situando  la posible presencia del cuerpo del comunero segoviano en Muñoveros. El alcalde afirmó que:  ese artículo era lo más grande que se había hecho nunca por el pueblo. El mito sigue en pie. A la leyenda le puso música el Nuevo Mester de Juglaría.

          Nota: el 24 de abril de 1921 fueron ejecutados en Villalar, los comuneros Juan Bravo, Juan de Padilla y Pedro Maldonado, entre otros.

La estrella roja del soldado ruso


 

                La historia anónima del soldado Iván

Iván avanzaba junto a su destacamento de soldados, tenía solo 18 años. La Alemania nazi acababa de invadir la Unión Soviética. Cumplía su servicio militar desde hacía unos meses. Su instrucción, equipo y armamento era mínimo, el de cualquier recluta en tiempos de paz. Nadie estaba preparado para resistir una ofensiva como la desencadenada por el Ejército Alemán en 1941, que además venía apoyado por las temibles divisiones de las SS. En el otoño de 1941 la información de la que disponían los soldados soviéticos era casi nula.

El destacamento de Iván entraban en una aldea aparentemente despoblada, de las que se había quedado en tierra de nadie. Caminaban en filas, flanqueado el camino, con el cuerpo ligeramente encorvado, la cabeza inclinada hacia el suelo. Estaban llenos de miedo. No sabían que podía esperarles. No oyó nada, no sintió nada.

Lo único que podemos saber de él es que murió en Bielorrusia en 1941, que era un soldado soviético, probablemente un varón joven, porque el caso es pequeño. Sabemos, por la trayectoria del impacto,  que falleció en ese mismo instante, que no sufrió o que no fue consciente de su propia muerte. El orificio de entrada de la bala alemana  está en el lado izquierdo, y su salida en el derecho. El agujero de salida es enorme, el estallido de la bóveda craneal fue instantáneo. La trayectoria presenta una suave línea ascendente (de izquierda a derecha), por lo que podemos suponer que Iván caminada ligeramente  agachado, en una postura natural de protección, defensiva, cuando se va en busca de un enemigo que acecha, pero que no se sabe dónde está.

El brutal impacto de la bala le arrojó al suelo de inmediato, los brazos se abrieron recibiendo una muerte a la que no vio, ni sintió llegar. La mano se abrió y soltó el arma. El soldado alemán les estaba esperando. A partir de esa instante, Iván fue el primero en caer, se inició la gran refriega. Probablemente murieron todos o casi todos. Las embocadas, en esos primeros meses de guerra resultaban letales para los soldados rusos. En su casco, puede verse todavía el color verde original de los cascos soviéticos.

Iván fue enterrado allí mismo, juntos con sus compañeros, en una improvisada fosa no muy lejos de Minsk, la capital Bielorrusa. Allí permanecieron hasta que en unas obras sacaron a relucir sus exiguas propiedades, y quizá sus restos mortales y el de sus compañeros. El suelo ruso está protegido por una Ley especial. Nadie puede extraer restos de antiguos combatientes soviéticos sin comunicarlo a las autoridades. Cuando fue encontrado este casco, Bielorrusia ya no pertenecía a la Federación Rusa.

Es una de mis reliquias más preciadas. Iván es uno de los 5. 187. 190 soldados rusos muertos de modo directo en combate, o quizá se  encuentre entre los 4. 455. 620 desaparecidos  o capturados por los alemanes. Su madre recibiría la clásica carta de:  En el día… su hijo Iván… desapareció o fue muerto en combate en.. y así hasta casi 10.000.000 de notificaciones. Ninguna población humana, ha pagado tan cara una victoria, sobre la peor clase de mal que haya existido jamás , sobre La Tierra.

Quién piense que lo ha leído todo en El Alminar, se equivoca gravemente. Quién piense que El Alminar es previsible también yerra. Si repetimos cosas es porque no hay más remedio. Nos da igual que la consigna sea no escribir ni participar aquí.

Alejandro de Macedonia en Afganistán *


En el año 330 aC., Alejandro de Macedonia llegó hasta la ciudad persa de Zadracarta, ciudad próxima a la actual ciudad Iraní de Bender Chah. Las guerras entre persas y griegos venían siendo una constante desde hacía varios siglos, pero nunca un occidental o europeo había llegado tan lejos. Las dos caras de la misma civilización humana, Oriente y Occidente iban a entrar en colisión y mezcla de modo definitivo y precisamente en un escenario de absoluta actualidad en nuestros días, Afganistán, un territorio que guarda como ningún otro, la huella de Alejandro. Nunca serían igual las cosas después del paso de los greco-macedonios por aquellas tierras, que se convertirían desde ese momento, en el obligado punto de destino entre Oriente y Occidente, de modo que quien dominaba Afganistán, dominaba el mundo. Si ambas caras de la civilización estaban en paz, aquellas tierras se convertían en un crisol en el que ambas culturas producían otra nueva, fruto de la mezcla. Sin embargo, en los periodos de conflicto y guerra Afganistán se convertía en un verdadero infierno para aquel que intentase dominarlo.
En cierto sentido, no hay occidental que no sea afgano, ni oriental que no sea griego, pues hubo un tiempo en el que las religiones monoteístas no existían y por tanto tampoco sus visiones excluyentes. O sea, que hubo una época en que los humanos existían antes de Dios y esa fue la época de Alejandro y de su viaje. Un viaje que transformó a todos los que lo hicieron, que produjo la cultura greco-budista (cuyos máximos ejemplos eran los Budas gigantes de Bamiyán) y que transformó el mundo.

                                     330 a.C., en Afganistán.

                  Aria, Bactriana y Aracosia y la región desértica de Gedrosia, compartida con Pakistán bajo el actual nombre de Beluchistán, eran las regiones de aquella parte del mundo en las que Alejandro y los varios miles de griegos que iban con él, pisaban por primera vez. Fue un verdadero viaje de transformación porque (lejos de las cosmogonías teológicas que se impondrían siglos mas tarde, con sus visiones dogmáticas del mundo y en las que no queda ningún margen para la interpretación individual), dos caras del mismo mundo estaban entrando en contacto. Conforme avanzaban en el viaje, Alejandro y muchos de sus hombres, iban adoptando rápidamente hábitos orientales, a la vez, como siempre sucede, que otro grupo también numeroso, se iba reafirmando en sus ideas preexistentes al viaje.
Las tradiciones, la mentalidad tradicional y establecida que no acepta ponerse en contacto con otros modos de vida, con otros modos de ver las cosas, acaban siendo una atadura y una causa generadora de conflictos; y Alejandro en su viaje tuvo muchos, pues algunos de sus compañeros como el general Filotas, acabaron conspirando contra él, bajo la acusación de corromper las costumbres tradicionales macedonias para adoptar “la de los bárbaros”, las orientales. Siempre surgirá ese mismo conflicto, entre el dogma y la tradición, con lo surgido de la mezcla y el contacto.
En octubre del 330 a. C., entraron en Afganistán por la región de Aria la actual provincia de Herat procedentes del vecino Irán, de la ciudad de Zadracarta (Bender Chah), es más, fundaría su primera Alejandría afgana, la de Aria (Herat). Desde allí fueron hacia Frada (Farah) en la región de Zarandj y en donde tuvo lugar la “llamada conspiración del general Filotas”. Pasaron allí el invierno, pues esas regiones son de inviernos prematuros, fríos e intensos y en donde habitan tribus muy celosas de su independencia y refractarias a cualquier poder hegemónico. Abandonaron Frada en diciembre del 330 a. C., con las tropas macedonias ataviadas con el turbante afgano, obligatorio para proteger la cabeza del sol y tras haber sustituido las sandalias griegas por un cierto tipo de botas.
En la región de Aracosia fundó la Alejandría de Aracosia, hoy Kandahar, la ciudad de las mil fuentes y hoy emblema del movimiento Talibán y del Mulá Omar y desde allí siguieron hacia el norte, hasta las estribaciones del Cáucaso (Hindu-Kush) a unos 68 kms del actual emplazamiento de Kabul y en los alrededores de la actual Baghlan, fundó la Alejandría del Cáucaso o del Monte Paropámiso, justo debajo de la roca en la que Zeus encadenó a Prometeo, perfectamente descrita en sus dimensiones por Quinto Curcio, en su “Historia de Alejandro Magno”.
Prometeo estuvo un día encadenado en Afganistán por haber robado el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, hecho por el que es conocido como su protector, del género humano, y allí permaneció encadenado hasta que fue liberado por el mismísimo Heracles. Gran parte de la población europea y su cultura proceden de los llamados pueblos indo-iranios.
Alejandro de Macedonia, el grande, fue tras el mito de Heracles y por eso quiso fundar su Alejandría caucásica a los pies de la roca de Prometeo. Como dice Carlos García Gual en “Mitos, viajes y héroes”: “los mitos no tienen una fijeza dogmática, en contraste con la fe requerida por los textos de ciertas religiones frente a los que no se admiten disidencias. En tal sentido la religión antigua era mucho más liberal que la tradición cristiana, musulmana o hebraica “.

                                              El final del viaje

                     En los últimos meses del año 329 aC., abandonaron Afganistán para adentrarse en el territorio de los actuales Uzbiekistán, Tazdhikistán y Kirguistán, en donde una ciudad próxima a la actual Tashkent, todavía lleva el nombre de Iskender (Alejandro en persa), aparte de la Alejandría egipcia y de la turca Iskenderum. En Uzbiekistán fundó la Alejandría Tarmita (Termez), contrajo matrimonio con la princesa Uzbeka Roxana y en la ciudad más emblemática de la zona en Maracanda o Samarcanda ( La gloria del Tamerlán, La perla de la Ruta de La Seda), tuvo lugar uno de los sucesos más trágicos de su vida, cuando diera muerte a su amigo de infancia Clito el Negro, en una discusión provocada por un rito oriental, la proskinessis o prosternación. Este rito, que consiste en saludar a los monarcas orientales con una inclinación total del cuerpo y posterior beso de la mano, sigue provocando recelos en Occidente y se confunde con un signo de humillación, cuando no es más que otra forma de saludo. Para ejemplo de esto baste con decir lo mal interpretado que es ese tipo de gesto, pleitesía, cuando se realiza ante el monarca marroquí.
Dos milenios después ese tipo de saludo sigue provocando conflicto y malas interpretaciones, la misma que le costara a Clito la vida y a Alejandro una de sus más grandes depresiones, pues quiso darse muerte con la misma sarisa (lanza macedonia) con la que había matado a Clito. Después de aquello nunca volvió a exigir ese tipo de saludo a los griegos.
Alejandro volvió a territorio afgano dos años después, a su Alejandría del Cáucaso, en 327 a. C., tras volver a atravesar el Hindu Kush, probablemente por el paso de Salang, que utilizaran los soviéticos en la invasión de Afganistán.
Tras reorganizar allí su ejército, ya de mayoría persa, abandonó Afganistán definitivamente en otoño de ese mismo año y de allí se dirigió a lo que entonces se conocía como India y hoy llamamos Pakistán, siguiendo el trazado que hoy utiliza la vía férrea Kabul-Rawalpindi-Lahore.
En esa ruta conquistó la célebre Roca de Aornos, que Heracles hubo de abandonar sin dominar. Tras dominar Pakistán, bajó desde Peshawar a Karachi por el antiguo curso del Indo.
Según uno de los grandes estudiosos de Alejandro, citado por Antonio Bravo García en su introducción a la Anábasis de Arriano: “Alejandro fue un soñador que persiguió la unión de los pueblos, en su creencia de la unidad de La Humanidad”, pero como decía Flaubert: “eso fue en el tiempo en el que los viejos dioses ya no servían y los nuevos no habían aparecido, fue en el tiempo en el que el hombre estuvo solo”, frente a sí mismo.

Nota: * publicado en El Telegrama de Melilla, el 07/11/2001