Archivo diario: 1 abril, 2012

Carta al director


 

                  Carta abierta a un Presidente ceñudo    

                                          Ignacio Velázquez Rivera  

     Podría haber calificado al Presidente Imbroda  con cualquiera de los miles de adjetivos que, por su manera de hacer política, adornan su personalidad, pero he preferido utilizar este pseudónimo de amenazador para que no dé la sensación de que me siento amedrentado ante  esa deposición que efectuó el otro día, por la que, simplemente, me desterraba de la Ciudad. La  frase que utilizó era de tinte apocalíptico, o sea, revelador: “éste no tiene cabida en Melilla”, refiriéndose a mi persona. Y digo revelador, porque nos enseña el obsesivo deseo de un presidente devorado por el miedo y el despotismo. Miedo a mi presencia y, por ende, hacedor de frases típicas de déspotas medievales: me expulsa, me arroja, me lanza, me despide, me destierra, me excluye, me echa, me prescribe una proscripción, un extrañamiento, tal como los señores feudales solían finiquitar sus cuitas con aquéllos que les quitaban, una veces la razón, otras veces a la dama y, siempre, el sueño.

Todo ello viene a cuento de la tergiversación de mis palabras, cuando dije que Melilla no se merecía un presidente que “le gusta” que un diputado y viceconsejero suyo llame “hijos de puta” a unos periodistas y “maricones y cornudas a sus compinches”, por otras que yo nunca dije: que Melilla no se merecía un presidente como Imbroda.

Pero a la vista de lo visto y oído, voy a tener que darle la razón, no para que no me aplique el extrañamiento, sino porque, efectivamente, Melilla no merece un presidente de tal jaez. Porque Imbroda tiene la mala costumbre o el mal quehacer de no saber separar el ámbito político de las demás esferas del hombre; el discernimiento no es una de sus mejores virtudes y, así, su vituperio lo extiende como una mancha que todo lo inunda en contra de los que no coinciden con su pensamiento, que es único y verdadero, con el intento de anular cualquier voz discrepante.

Yo quiero recordarle al Presidente Imbroda que he vivido 26 años en Melilla, que he sido Jefe del Servicio de Anestesia del Hospital Militar, Adjunto y Jefe de Sección del Hospital Comarcal, Responsable de la Unidad del Dolor, Tesorero del Colegio de Médicos, fundador de la Revista Ánfora Médica, jugador, entrenador, médico y presidente de un equipo de Baloncesto, Presidente de la ciudad durante siete años, ciudadano y promotor del pabellón deportivo que, actualmente, lleva el nombre de su hermano por decisión suya y que, para desmontar al GIL, partido que consideré nefasto para la Ciudad,  lo voté a él en dos ocasiones como Presidente de la Ciudad Autónoma, sin haberme arrepentido de ello. Fundé una familia, estando alguno de mis hijos aún trabajando en la ciudad, aunque otro de ellos tenga que emigrar a Alemania para trabajar, pues ya ha sufrido su política de persecución, de extrañamiento, al no renovarle el contrato que tenía desde hacía más de dos años.

Finalmente, quiero terminar diciéndole que mi decisión de trabajar como anestesiólogo en Melilla es personal y profesional, no política. Melilla necesita más especialistas en anestesiología, Sr. Imbroda. Actualmente, se están incumpliendo las mínimas normas de seguridad para atender las urgencias, pues se precisa un anestesiólogo de presencia física por cada 1.500 partos y no sé si sabe que en Melilla el pasado año hubo 2.600. Son normas de la SEDAR y la SEGO. En Antequera, por ejemplo, hay 9 anestesiólogos; en Motril, 9; en Ceuta, (sé que le irrita) 9; en Guadix, 6; y en Melilla, 5. Todas esas ciudades tienen un menor número de partos y una menor presión asistencial.

El acoso que está ejerciendo para desterrarme sólo contribuirá a que en Melilla disminuya, como ya sucede, la calidad asistencial. Su sectaria, cobarde y miserable venganza política sólo conseguirá que Melilla sea cada vez más pequeña a costa del agrandamiento de su soberbia y de su orgullo, Presidente ceñudo.

PD:  Por cierto, en mi rueda de prensa denuncié las subvenciones dadas a dedo a asociaciones afines y de los insultos vertidos contra periodistas y miembros de la oposición. Su respuesta: la descalificación y el mencionado  extrañamiento. Se califica por sí mismo.

 Nota de El Alminar de Melilla:  El que fuera primer Presidente de la Ciudad de Melilla, Ignacio Velázquez Rivera, nos ha remitido una carta que ya no le publican en ningún medio de comunicación escrito de Melilla. Las cosas han llegado en Melilla a este incalificable  extremo. En las normas del periodismo más elemental, se dice que para que algo sea publicable debe tener uno de estos dos requisitos: “calidad de la noticia o calidad de la persona”. Un ex presidente de Melilla, debería tener derecho a que se publique una carta suya. En El Alminar hemos dicho que le daremos voz a los que no la tienen, o se la quitan, como es el caso. Por este motivo incluimos la carta de Ignacio Velázquez.

Pasando por el Arco Iris


                   

       Siempre hay solicitudes para  pasar por debajo de algún arco, o por un aro. Muchas instituciones, la sociedad, otras personas; nos han  solicitado que pasemos  por algún aro, o por debajo de algún arco de triunfo?. Ya lo decía el poema:  ” A la gente no gusta que uno tenga su propia fe”. Son muchos lo que no se arriesgan a caminar solos, sin la protección que otorga el rebaño, la creencia ciega y aciaga. Caminar contra corriente no suele ser prudente y más si se escribe de modo público, ante el mundo entero, delante de todo aquel que quiera leernos. Mirar en donde otros han mirado y ver lo que otros no han visto, o no han querido ver.  

                      Yo escogí este camino siempre, hace muchos años ( no siempre con el mismo tino y acierto),  allá por 1990, cuando empecé a escribir  en los periódicos de Melilla.  Inmediatamente quedé fuera de cualquier nomenclatura, y en aquella época uno se enfrentaba al “rodillo socialista”, que no era ninguna tontería. Hoy estamos frente a “la marea azul”.  A lo largo de los años uno va encontrando su lugar, su estilo. Se van corrigiendo errores, puliendo defectos y sobre todo, se va tallando el estilo, la forma de escribir, que es con la que expresamos lo que queremos decir y mostrando aquello que no decimos, pero que también se manifiesta.

                    Parte de mi producción está perdida en el mundo opaco anterior a internet, porque eso también existió, aunque hoy no resulte  difícil imaginar un mundo sin la comunicación total e inmediata que supone internet. 

                    Nunca había visto un Arco Iris en el mar. Fue un regalo visual, una de esas imágenes que a veces nos concede la naturaleza. En el mar no existen los obstaculos que interrumpan la visualización de un fenómeno así. Todo es diáfano  en la circunferencia que nos rodea. Es el máximo campo de visión posible.  La curvatura terrestre (esa que descubrieron los griegos y que el occidente civilizado  y la santa Iglesia tardaron 15 siglos en admitir), concede en el mar la visión  de la mayor  superficie terrestre posible, aunque parezca una antinomia decir que se ve superficie terrrestre en el mar .  Ocurre que en el mar, no hay nada que ver salvo agua. Aunque en este caso no.  Apareció un inmenso e intenso Arco Iris. Luminoso, pleno, gratificante. Y tal y como lo vi, lo comparto en el blog, que eso es también El Alminar.   Por debajo de algunos arcos no importa pasar.