Archivo diario: 6 abril, 2012

Alexander Solzhenitsyn


                              Un hombre frente a Stalin

    Recuerdo perfectamente su aparición en un programa de Televisión Española de la década de 1970. El presentador era José María Iñigo. En un momento de la entrevista, el presentador le preguntó  que cómo era la vida en una dictadura, a lo que Solszhenitsyn respondió: “De eso saben Vds, es lo mismo que con Franco”. Recientemente en el programa de RNE en el que interviene José Mª Iñigo, reconoció que se quedó blanco con esa respuesta. No supo qué hacer, ni que decir. Recuerdo también, que el  primer libro de Solzhenitsin, entró en mi casa en un tambor de detergente Dixan, que regalaba su novela: ” Un día en la vida de Iván Denisovich”. Todavía la tengo. Todo el mundo tiene claro que Stalin era un tirano, a nadie se le ocurre ya defenderlo, salvo en Corea del Norte. Sin embargo, la mitad de este País duda que Franco lo fuera, un tirano, e incluso se le defiende y se consienten sus estatuas en la vía pública. Esa paradoja sigue causándome una gran perplejidad.

            La izquierda comunista siempre trató mal a Solzhenitsyn, y le clasificó como a un agente del capitalismo. Conforme ha pasado el tiempo y Rusia ha ido ajustando sus cuentas con el pasado stalinista, la figura de Alexander Solzhenitsyn se ha ido agigantando. Hace unos años compré una vieja edición de su genial novela: “El primer círculo”, en la que habla de las relaciones de poder en el círculo del tirano, en el sometimiento de las gentes que rodeaban al círculo íntimo de Stalin, o de cualquier otro ejemplo de tiranía. El culto a la personalidad, la idiolatría que se ejerce en torno al jerarca.

                 Vladimir Putin calificó a Solzhenitsyn como “la conciencia moral de Rusia”. Su hierática figura me recordó siempre a la figura del “starets”, un  personaje que en la vieja Rusia podría ser el equivalente a un asceta, un santón. El que mejor refleja la figura del starets, es Dostoyevski en Los Hermanos Karamazov. Ludwig Wittgenstein quedó impresionado por la figura del starest y siempre quiso asemejarse al personaje de la inmortal obra de Dostoyevski, el starest Zosimo.

                 Reconozco que tenía una vieja cuenta pendiente con Solzhenitsyn. He ido leyendo cada uno de sus libros y me siguen produciendo asombro.  No solo por la precisión con la que reflejaba cada rasgo de la tiranía de Stalin y de la dictadura soviética, sino también por el modo en que fue recopilando y guardando esos datos. Estuvo doce años preso en un campo de trabajo del Archipiélago Gulag, en los que fue escribiendo y ocultando de manera milagrosa lo escrito. Una vez liberado, enterró sus escritos en el jardín de su casa, hasta que pudo publicarlo todo, una vez derrumbada la Unión Soviética. Nadie se ha enfrentado nunca a un tirano semejente, pero demostró la necesidad moral de hacer frente a la dictadura.

          En el capítulo XXI de: El primer círculo, describe así a Stalin, al que llamaba “el inmortal”: “Por su parte, el inmortal, excitado por grandes pensamientos, caminaba a largas zancadas por el despacho. ¿Descontentos?, quizá hubiera descontentos. Siempre los había habido y siempre los habría. Pero a través de sus conocimientos de historia universal, Stalin sabía que con el tiempo los hombres perdonan e incluso olvidan todo mal, y hasta llegan a recordarlo como un bién… Está bién. Construirse monumentos; todavía más altos, todavía más grandes. Lo que se llama propaganda monumental”.