Archivo diario: 22 octubre, 2013

La estrella roja del soldado ruso


 

                La historia anónima del soldado Iván

Iván avanzaba junto a su destacamento de soldados, tenía solo 18 años. La Alemania nazi acababa de invadir la Unión Soviética. Cumplía su servicio militar desde hacía unos meses. Su instrucción, equipo y armamento era mínimo, el de cualquier recluta en tiempos de paz. Nadie estaba preparado para resistir una ofensiva como la desencadenada por el Ejército Alemán en 1941, que además venía apoyado por las temibles divisiones de las SS. En el otoño de 1941 la información de la que disponían los soldados soviéticos era casi nula.

El destacamento de Iván entraban en una aldea aparentemente despoblada, de las que se había quedado en tierra de nadie. Caminaban en filas, flanqueado el camino, con el cuerpo ligeramente encorvado, la cabeza inclinada hacia el suelo. Estaban llenos de miedo. No sabían que podía esperarles. No oyó nada, no sintió nada.

Lo único que podemos saber de él es que murió en Bielorrusia en 1941, que era un soldado soviético, probablemente un varón joven, porque el caso es pequeño. Sabemos, por la trayectoria del impacto,  que falleció en ese mismo instante, que no sufrió o que no fue consciente de su propia muerte. El orificio de entrada de la bala alemana  está en el lado izquierdo, y su salida en el derecho. El agujero de salida es enorme, el estallido de la bóveda craneal fue instantáneo. La trayectoria presenta una suave línea ascendente (de izquierda a derecha), por lo que podemos suponer que Iván caminada ligeramente  agachado, en una postura natural de protección, defensiva, cuando se va en busca de un enemigo que acecha, pero que no se sabe dónde está.

El brutal impacto de la bala le arrojó al suelo de inmediato, los brazos se abrieron recibiendo una muerte a la que no vio, ni sintió llegar. La mano se abrió y soltó el arma. El soldado alemán les estaba esperando. A partir de esa instante, Iván fue el primero en caer, se inició la gran refriega. Probablemente murieron todos o casi todos. Las embocadas, en esos primeros meses de guerra resultaban letales para los soldados rusos. En su casco, puede verse todavía el color verde original de los cascos soviéticos.

Iván fue enterrado allí mismo, juntos con sus compañeros, en una improvisada fosa no muy lejos de Minsk, la capital Bielorrusa. Allí permanecieron hasta que en unas obras sacaron a relucir sus exiguas propiedades, y quizá sus restos mortales y el de sus compañeros. El suelo ruso está protegido por una Ley especial. Nadie puede extraer restos de antiguos combatientes soviéticos sin comunicarlo a las autoridades. Cuando fue encontrado este casco, Bielorrusia ya no pertenecía a la Federación Rusa.

Es una de mis reliquias más preciadas. Iván es uno de los 5. 187. 190 soldados rusos muertos de modo directo en combate, o quizá se  encuentre entre los 4. 455. 620 desaparecidos  o capturados por los alemanes. Su madre recibiría la clásica carta de:  En el día… su hijo Iván… desapareció o fue muerto en combate en.. y así hasta casi 10.000.000 de notificaciones. Ninguna población humana, ha pagado tan cara una victoria, sobre la peor clase de mal que haya existido jamás , sobre La Tierra.

Quién piense que lo ha leído todo en El Alminar, se equivoca gravemente. Quién piense que El Alminar es previsible también yerra. Si repetimos cosas es porque no hay más remedio. Nos da igual que la consigna sea no escribir ni participar aquí.

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