Archivo diario: 6 octubre, 2013

Locales nocturnos en Melilla


Este problema afecta a muchas ciudades que tiene locales de copas, pubes, o de ocio nocturno, en la parte baja de los edificios de viviendas. En eso nuestra ciudad es como todas. Ocurre que en muchos ciudades los gobiernos municipales están atentos y en otras no. En este último apartado nos encontramos en el segundo grupo. Melilla contaba con una zona de ocio nocturno que era el Puerto Deportivo, pero la autoridad Portuaria decidió cargársela, eso sí, con un plan de renovación que costó 1,2 millones de euros y que en realidad no ha supuesto cambio alguno, salvo malgastar el dinero. La consecuencia es que algunos de los locales de ocio nocturno allí instalados han buscado otros lugares en donde seguir ejerciendo su actividad, y han escogido el barrio del Real, que estaba tranquilo hasta hace poco. La realidad es que en donde hay un local nocturno, hay problemas, porque la gente entra y sale, y da mas voces según ha consumido más alcohol. Hay que respetar el derecho al descanso y el derecho al trabajo y este es el ámbito de actuación de la administración local.

En ninguna ciudad del mundo, los dueños de estos establecimientos solicitan no cumplir la ley o el reglamento de actividades molestas, salvo en Melilla, en donde la Asociación de Empresarios de Hostelería ha solicitado la flexibilización de las horas de apertura y cierre, o sea incumplirla, para limitar la reducción de beneficios, que no pérdidas. No es la misma cosa aunque los empresarios lo pretendan. Se puede intentar reducir el margen de beneficios, reducir el precio de la segunda consumición, no ofrecer “garrafón”, pero nunca solicitar el “no cumplir los horarios de cierre y apertura”. El derecho al trabajo y el derecho al descanso deben conciliarse, y no verse reducido el segundo-

La responsabilidad de todo esto es de la autoridad competente, en este caso la municipal, que debe velar por el cumplimiento riguroso del horario de cierre, porque los locales estén insonorizados, porque no se consuman bebidas alcohólicas en la calle y porque los paseos y bulevares no se conviertan en improvisados merenderos. Los dueños de los locales de copas y de ocio nocturno deben también velar porque los clientes no conviertan la calle en una ampliación de su negocio, porque no se aproveche el salir a la calle a fumar, para entablar ruidosas, interminables  y molestas charlas.

Todo lo que debería evitarse y vigilar, es lo que está ocurriendo en la calle Mar Chica, en el pub arrendado de un consejero del gobierno de Melilla. Cuando la autoridad no vigila, todo queda en mano de los vecinos y de los ciudadanos. Otro cercano también tiene los mismos problemas con sus vecinos.

Nota: (1) https://elalminardemelilla.com/2013/08/31/cuando-el-bar-es-la-calle/

(2) https://elalminardemelilla.com/2011/07/22/incidentes-junto-a-un-local-de-copas/

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Galería y silo de San José


 

                     Suciedad, abandono y el gato muerto

Casi nadie visitó nunca el silo prehispánico (rifeño-musulmán), y la galería española del Baluarte de San José bajo, pero durante un tiempo, una azafata de “Melilla Monumental”, se pasaba allí las mañanas de los domingos y festivos, en espera de que algún visitante despistado o algún turista ocasional de cruceros, cayese por las inmediaciones. Ambas cosas sucedían rara vez, y tampoco la visita resultaba demasiado atractiva. Era muy corto el espacio a visitar y casi nula la información proporcionada. La nomenclatura nunca se ha distinguido por mostrar lo mejor de lo que atesora. El yacimiento del Gobernador sigue hundiéndose en la miseria del olvido, así como todo el edificio, que iba a ser desde un “hotel encantado”, hasta una posible sede múltiple de asociaciones desesperadas. Todo es propaganda y luego, como casi todo el mundo se olvida, y los medios de guerra no se ocupan de ello, salvo de los actos institucionales; la realidad queda sepultada por el espesor del plomo del silencio informativo.

Juro que no quería volver a ocuparme de estas cosas, que por nuestra parte (la del Alminar); las de  todo el gobierno de Melilla y su ineficaz gestión, que podría irse entera al Hades y no nos volveríamos a ocupar de ella.  Ayer, simplemente aparqué en el pasadizo del Mantelete y la calle de Santiago, y al pasar junto a la  otrora esplendorosa “galería y mina de San José”, un inconfundible pestazo a animal muerto atrajo mi atención hacia la puerta del emblema turístico. Procedí a hacer las fotos y a identificar la causa del hedor infernal, que no era otra que la que había imaginado. La fotos, que son las pruebas, no mienten. Esta es la realidad turística de nuestra ciudad, mientras nuestro gobierno sigue a lo suyo, que es presentar la siguiente Semana Náutica, en el Club Marítimo de Barcelona.

PD: Esto es lo que queremos dejar de hacer en El Alminar, o dedicarnos a ello solo de manera esporádica, sin que la realidad nos infecte con su podredumbre. No es que no seamos capaces de hacerlo, podríamos hacerlo hasta 70 veces 7, es que no queremos hacerlo más. El hastío es absoluto.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/12/10/galerias-y-minas-de-melilla/

Desmoronamiento en la Estación Marítima


 

                                      Desplazamiento lateral del bordillo 

Este bordillo que delimita la zona de aparcamientos de la Estación Marítima se está desplazando hacia arriba y provocando también un empuje lateral, que amenaza con derrumbar la señal de tráfico y los pivotes y la cadena que delimitan la acera y la calzada. La mala impermeabilización del suelo, o las deficiencias en la construcción de la estación marítima más cara del mundo, provoca ya defectos a solo unos pocos años de estar finalizada. Es curioso como se repiten los modelos constructivos de una ciudad a otra, incluso el empleo de los mismos materiales. Esas piedras artificiales no dan buen resultado, eran más seguros los clásicos bordillos de granito, que por lo que se ve, han pasado a la historia. Es un tipo de material urbano que resulta vistoso el día de la inauguración, porque van enlucidos en diferentes colores, pero que se deteriora con demasiada rapidez.

Está claro que el origen del problema radica en el modelo de contratación con las obras públicas. La sucesión de contratas, adjudicaciones y los modificados de proyectos, encarecen las inversiones hasta más allá de lo razonable,  y provocan enormes fugas del dinero público, que acaba haciendo no rentable cualquier proyecto realizado. Todo acaba siendo deficitario, obliga a un mantenimiento constante y a una pérdida masiva del dinero disponible. A una reparación le sucede otra y así hasta el derroche infinito. Otro problema provocado por modelos de contratación, es que al ser varias las empresas que participan en la construcción, luego es casi imposible el atribuir responsabilidades en caso de que algo vaya mal, o la exigencia de las reparaciones menores, como esta, que deberían tener un “plazo de garantía”.