Archivo diario: 10 noviembre, 2013

Imágenes de podas y talas


             Observar la realidad es algo fácil pero que requiere continuidad, rigor y método. Interpretar la realidad es imposible si no se dispone de un método de análisis e ideas, ya sean propias o elaboradas. Uno puede adscribirse a un sistema ya establecido, o buscar respuestas propias y ofrecer nuevas ideas. Dar una nueva visión del mundo y de sus hechos. Me ha llevado mucho tiempo la observación del proceso de poda de árboles en Melilla. Al principio parecía haber un rigor, un método e incluso una secuencia. Tras observar todo durante meses, fui descartando que se podase por zonas,  por tipos de árbol,  por estaciones climatológicas, o por estar dañados o enfermos.

         Nunca entendí por qué ciertos árboles en el barrio del Hipódromo estuvieron tapados durante dos años, ni tampoco se ofreció ninguna explicación. Tras ser destapados, su estado eran tan lamentable, que hoy dudo que tengan alguna posibilidad de existencia. La sensación es que se va podando o talando (no he conseguido decidirme qué opción se está llevando a cabo), cuando la copa de un determinado tipo de árboles aparece demasiado desordenada e invade el suelo, la calle o las casas colindantes, o sea, cuando afea el entorno de modo irreversible. No parece haberse buscado la creación de zonas de sombra, o una determinada estética en cada barrio. El estado de la arboleda ornamental melillense es de desorden absoluto y de mezcla total de especies.

                 No hay término medio, o impera la ley de la selva, o la poda deja al árbol en el esqueleto, en el que pierde hasta su sentido estético. Están sucios y llenos de bolsas hasta los árboles. Melilla es una ciudad difícil, pero no mucho más que otras. Como compensación el territorio es pequeño y fácil de controlar, y la cantidad de dinero recibida por y para diversos conceptos es grande en comparación con otras ciudades peninsulares. Todo debería lucir de otro modo y presentar un aspecto distinto del que vemos. No hay orden ni tampoco concierto.

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¿Bandera o trapo?


Son símbolos, pero si se colocan deben cuidarse. Para observar una imagen así hay que hacer tres cosas: la primera viajar en COA (autobuses de Melilla) o coche, la segunda pasearse por el extrarradio de la ciudad, y la tercera volver a los lugares después de haber sido inaugurados. Ellos, nuestros gobernantes, no hacen ninguna de estas tres cosas. Nunca vuelven a un lugar que hayan inaugurado, no suele pasear por otras zonas que no sean sus urbanizaciones y los lugares de ocio y restauración que frecuentan, y sobre todo, no viajan en COA. El extrarradio de la ciudad es una zona inhóspita y desconocida para “ellos”. Es una zona de riesgo a la que solo acuden en ocasiones especiales y después de que haya sido peinada y adecentada para la ocasión. Cuando la visitan, acompañados de sus séquitos y medios de propaganda, deben sentir una sensación parecida a la de los descubridores del “Nuevo Mundo”. Cuando pasa la visita o la inauguración y ya todo se pierde en el recuerdo de la hemeroteca, todo vuelve a su estado inicial y el lento retorno de la degradación toma las riendas de lo que es su reino, el de la entropía.

La bandera de España en jirones, todo un símbolo de lo que sucede.

Medio millón de visitas


Hace 30 meses inicié la incierta aventura del Alminar, era el mes de mayo de 2011. Recurrí a textos que ya tenía escritos y publicados. Probaba qué era un blog y el manejo del mismo. En aquel mes ya era muy difícil publicar artículos de opinión contrarios al régimen imperante, y más en un mes electoral. También es cierto que mi ritmo de publicación, de las cosas que tenía en mente, superaban la capacidad de cualquier periódico. Un colaborador es admitido siempre y cuando no altere la línea editorial del medio en el que escribe. Esto ocurre en cualquier parte, pero en Melilla se visualiza de un modo muy rápido. La Constitución prohíbe la censura previa de informaciones y contenidos, pero al mil manera de soslayar ese mandato constitucional, sin que ni siquiera sea considerado como un acto de censura.

Después de todo, los dueños de los medios de comunicación son empresarios que si viviesen de los periódicos que venden y de la publicidad directa, no se distinguirían de cualquier otro asalariado, y sin embargo, suelen ser personas ricas e influyentes. Unos gracias a las subvenciones públicas, disfrazadas de otra cosa, y otros ya eran ricos, pero necesitan de un medio de comunicación para influir en la política de la ciudad y poner a salvo sus intereses económicos. Vistas y planteadas así las cosas, solo quedaba la opción de la aventura individual a través de un blog, la edición personal en una plataforma gratuita y libre. Una aventura solitaria en el que lo difícil es distinguirse y hacerse hueco entre  los cientos  de blogs que pueden existir en una ciudad o territorio y entre los  miles escritos en  un determinado idioma.

El autor de otro blog melillense (http://laotramelilla.blogspot.com.es/), ha recordado en un comentario que hace dos años, yo escribía una entrada en la que reflejaba  el primer semestre de existencia del Alminar, y el haber alcanzado la cifra de las 10.000 visitas (https://elalminardemelilla.com/2011/11/30/noviembre/), algo que entonces me pareció una enormidad. Dos años después el indicador de entradas rebasar las 500.000  a lo largo del día, y El Alminar se ha convertido en algo difícil de evaluar, tanto desde dentro, como desde fuera. Sabemos nuestro pasado y todo lo escrito está ahí para recordarlo, pero no podemos decir una sola palabra del futuro.

Esta entrada no es más que esto: un recordatorio estadístico y la conmemoración de una efeméride del Alminar. Hoy es 10 de noviembre. Llegados hasta aquí, lo difícil es mantenerse. Para mí lo más importante son los 8700 comentarios y la larga centena de comentaristas y colaboradores que han dejado su firma en el blog, y por supuesto, los lectores silenciosos, que siguen acudiendo, aunque no se escriba nada. No hay vanidad ninguna en esta entrada.