Archivo diario: 24 septiembre, 2013

La Legión en Melilla


Objeciones a  un  monumento inapropiado

El principal monumento de La Legión en Melilla es la propia Legión, con su pasado, con su presente, con su leyenda negra y con su historia romántica. Quiero decir que no albergo ningún resentimiento hacia ella, porque La Legión del siglo XXI no es la de 1921, ni la de 1934 en Asturias, ni la de 1936 en La Guerra Civil. La Legión, como tal, esta suficientemente representada y homenajeada en las calles de Melilla. Tiene una amplia avenida con su nombre, una calle dedicada a su fundador, Millán Astray, y un amplio terreno con el nombre de Valenzuela. Hay placas y nombres de legionarios por otras partes de la ciudad, incluso una estatua dedicada a un heroico teniente legionario, Francisco Jesús Aguilar Fernández, muerto en Mostar en 1993. La estatua está instalada en el céntrico Parque Hernández.

Por todo esto, pensé, cuando leí y escuché la noticia de un nuevo monumento a La Legión, que era un exceso, propio del neo militarismo que se está cultivando últimamente en Melilla, en donde, colaboradores, y articulistas, compiten en resaltar “la especial vinculación de Melilla con El  Ejército”, que siendo cierta, supone también un absoluto olvido de civiles, sanitarios, educadores, maestras, trabajadores, enfermeras  y de todo tipo de profesiones y oficios que han forjado la Melilla actual. La sumisión intelectual al militarismo africanista es casi absoluta. Todo esto lo pensaba antes de haber visto el monumento. Hoy me he acercado a verlo y me he quedado estupefacto. Estamos ante una involución, ante una vuelta a un pasado rancio e imposible de recuperar.

Un monumento de estética agresiva y guerrera

Un legionario, bayoneta calada en mano, defiende o asalta un parapeto. Es inaudita la agresividad del monumento y no se corresponde con lo que se pretende de esta ciudad, la de la multiculturalidad y de la convivencia. La Legión, como tal, solo ha actuado en combate en dos escenarios: el primero en las guerra coloniales de Marruecos, el segundo en La Guerra Civil, en contra del Ejército de La República, que defendía al Gobierno legítimo y a la Legalidad vigente. Por tanto, ese legionario se defiende o asalta un parapeto de rifeños, o acomete a  soldados españoles del Ejército de La República. Ninguna de esas dos cosas deben ser homenajeadas y exaltadas, por mucho que formen parte de la historia de La Legión.

Una placa y un nombre que se quiere olvidar

En el Barrio del Real, existe una calle y una placa con el nombre de La legión, que fue instalada en 1930, e inaugurada por el General Republicano y defensor de Madrid José Miaja Menant. En un libro dedicado a todos los monumentos y placas dedicadas al Ejército, se habla de esta placa, pero se olvida el nombre de quien lo inaugura, y sobre todo, se omite la fotografía del General Miaja, retirando la cortinilla en el acto oficial. Es todo un síntoma, y también, que el que esta crítica y ajustadas objeciones, solo las puedan leer y debatirse en El Alminar. Miaja es un nombre muy vinculado a Melilla, y al que muchos quieren olvidar por muchas razones. En aquella época era Coronel Jefe del Regimiento de Infantería de Melilla.

Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/2013/06/03/la-legion-y-una-historia-republicana/ , (2) https://elalminardemelilla.com/2011/06/23/estacion-electrica-y-la-gorra-legionaria/

El regreso del picabolos


Hace unos meses, en todos los pasos de cebras rebajados y accesibles para personas con discapacidades y limitaciones físicas, aparecieron unos delimitadores con forma de bolo, o de  otra cosa menos neutra, que flanqueaban la longitud del paso de peatones. Los hay en el Real, en el centro de la ciudad, y en el barrio de La Victoria, pero la actividad del “picabolos” parece extenderse y limitarse a la vez,  al último de los barrios mencionados. Decimos “picabolos”, pero no nos pronunciamos sobre el género del mismo, que puede ser tanto masculino como femenino. Es muy curiosa la forma en que aniquila el bolo, por la base, y los roe como si fuese un castor o castora, de modo metódico y dejándolos solo sostenidos por un alambre.

Si fuese solo vandalismo urbano, se limitaría a destruirlos sin más, con una maza o una machota. Es esa forma específica que da el/la “picabolos” a su trabajo, la que sugiere una interpretación “freudiana” de esa extraña demolición. Podría tratarse tanto de un claro resentimiento hacia el claro símbolo fálico con el que parece más próximo, o también una persona excesivamente pudorosa, que piensa abatir una tras otro,  a ese obsceno objeto con el que han llenado las calles de Melilla, o de su entorno.

El último que ha sido roído, es el situado en la calle Talavera, frente a la Piscina Municipal. Hay trabajo aquí para los psicólogos.

 Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/05/18/estampas-ciudadanas/