Archivo diario: 14 septiembre, 2011

El soldado de los milagros


   Benito López Franco, un santo sin iglesia

      Enrique Delgado ( * artículo publicado el 7 de  mayo de 2007 )

         En la Cooperativa Gráfica melillense nunca faltan las estampas de Benito López Franco, el soldado de los milagros. Las encargaba el propietario de un comercio ya desaparecido, Electrónica 2000, Salvador Cañadas, que solicitó la intercesión del soldado Benito ante una complicada operación de espalda. Cada vez que se agotaban encargaba una nueva edición. Esta es la explicación de las misteriosas estampas azules que circulan por toda Melilla de mano en mano.

           Benito López Franco, aragonés de Cetina, soldado del desaparecido Regimiento de Infantería de Melilla nº 52, localizado en el acuartelamiento de Santiago y que murió en extrañas circunstancias el 17 de enero de 1950. La escueta nota publicada en prensa y el Registro del Cementerio de Melilla aluden al suicidio como causa de su fallecimiento, pero tanto los testimonios de sus familiares, su hermano José López, como los de cualquiera que se pregunte en la ciudad descartan la versión oficial.

           El escritor melillense José Luis Navarro, es el único que ha intentado aproximarse a esta historia en un conjunto de relatos titulado “El soldado incorrupto” pero ya advierte que su versión es sólo literaria. Sin embargo su condición de militar le permitió poner oídos a historias de “barras de cantinas militares” e indagar en el Cementerio de Melilla cuando fue encargado de hacer un catálogo de pertenencias militares en el campo santo melillense y quizá leyenda, verdad y literatura no estén tan separadas como parece.

          Benito López Franco tenía 20 años al llegar a Melilla, era de muy buena planta, cantante de jotas y siempre dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, sus dotes excepcionales para el canto y su don de gentes le llevaron a convertirse en ayudante de un  comandante médico, a dar recitales de jotas en El Casino Militar, cuna del Alzamiento franquista de 1936 y vedado al pueblo de Melilla hasta bien entrados los años 80.

            Su proyección pública le hace ser objeto del amor de la hija de un alto jefe militar según dice la familia, que ya estaba comprometida con el hijo de otro alto oficial, lo que desafiaba todas las reglas establecidas de la época.

           En el relato de José Luis Navarro se intuye que aquella novia  pudiera ser la que vigilaba la tumba de su amado desde el puesto de gerente del Cementerio. Esa  misma mujer que un día se le acercó y ante sus preguntas sobre el misterio de la tumba y del soldado le respondió con un lacónico: “lo único que sé es que no se suicidó”.

           Fuese quien fuese la chica el caso es que se obsesionó con él y le persiguió durante más de tres meses. El comandante médico del que era ayudante percibió lo peligrosísimo de la situación y recomendó un traslado a Madrid para el 20 de enero que nunca llegó a producirse, pues Benito apareció muerto en el Botiquín del Hospital Militar el 17 de enero de 1950.

                                 Y tras tantos años; La Verdad

        “Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes y le rompieron la cabeza y un brazo”. La estremecedora frase está contenida en la carta de Gregorio Gil, amigo de Benito y dictada antes de su muerte en 1975. El testimonio procede de Alfredo Marruelo, amigo y compañero de quinta de Benito en Melilla, quien junto con otros cuatro mozos cetineros fueron rápidamente licenciados tras su muerte.

          Antes de embarcar, un soldado que no se identificó dijo a Alfredo:“Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes”. Alfredo Marruelo únicamente reveló el secreto a Gregorio Gil, compañero de Benito desde la infancia, quién también calló y sólo ante la inminencia de la muerte dejó una carta dictada y que ahora la familia ha decidido desvelar, entre otras cosas para dejar desmentir las espurias versiones que hablan un fusilamiento, de un tiro en la nuca, de que fuera apaleado en los calabozos del cuartel de Santiago.

         Lo sorprendente es que la carta se redacta en 1975 y sólo cuando los familiares vienen a Melilla y abren la tumba para colocar bien el cadáver, los suicidas se entierran al revés, comprueban el dato de que Benito tenía hundido el cráneo y un brazo roto.

            No hay huellas de bala, ni nada por el estilo. Benito fue enterrado en calzoncillos y “con la cadena del aseo por toda pertenencia póstuma”. Supuestamente se había suicidado con ella. La paliza mortal ya había sido aventurada en la versión literaria del “soldado incorrupto”

           El entonces Vicario Arciprestal  J. Antonio Segovia le negó la sepultura en Sagrado “por no constar nada en contrario a esta Vicaría sobre el suicidio intencionado de la víctima”. El documento eclesiástico es toda la certificación oficial de su fallecimiento que posee  la familia, ni certificado médico, ni recibo de pertenencias personales. Así se hacían las cosas en la España, en la Melilla de Franco.

                   La voz de La Iglesia

            El Vicario Episcopal de Melilla,  Manuel Jiménez Bárcenas cuenta que: “para la La Iglesia Benito es un difunto más y La Iglesia pide por él, junto por todos los demás el día de Los Fieles Difuntos, 2 de noviembre”. Aquí  es donde el Vicario rondeño aprecia un error de culto, al ser conmemorado el día 1 de noviembre, reservado para los que se tiene constancia de que gozan de la presencia de Dios. “Sólo los santos van directamente al cielo sin el obligado período de Purgatorio, por eso el 1 de noviembre está reservado a Todos los Santos, aquellos de que se tiene constancia por medios humanos de que gozan de la estancia en el paraíso”.

        Pudiera ser, añade Jiménez Bárcenas que: “El soldado Benito ya hubiese cumplido el período de Purgatorio y al gozar de la presencia de Dios puede gozar también de la capacidad de intermediación y ayudar en curaciones y favores de aquellos que devotamente le piden a Dios que por mediación de Benito sean atendidos sus plegarias”. No hay otro modo de explicar los favores del soldado milagrero,   aun así, el Obispo Dorado Soto ofreció a la familia la posibilidad de elaborar una estampa con una oración para culto privado, pero la familia rechazó esta posibilidad ya que prefiere esta santidad popular.

            Quizá toda Melilla fue consciente de aquella injusticia y como modo silencioso de desafío al hermetismo oficial inició las ofrendas y culto del soldado Benito.

          PD: http://www.infomelilla.com/noticias/index.php?accion=1&id=2962

       Nota: El 7 de  mayo de 2007 publiqué mi primer artículo sobre “el soldado de los milagros”. Lo hice además con una novedad, la carta del compañero de servicio militar, en la que descubre que Benito López Franco murió como consecuencia de una paliza y no suicidado. La carta me la proporcionó su hermano. Seguidamente llegaría la legión de plagiadores, que con copias de la carta compusieron historias similares, pero sin citar jamas a quien fue el primero en publicarla . No fuí el primero en escribir, obviamente, pero sí el 1º en publicar esa carta. Es fácil de comprobar con las fechas de edición de los artículos.

La lancha del Caudillo


                         Hacia el 20 de Noviembre

          Que en Melilla alguien decida llamar a su embarcación “Caudillo”, no causa extrañeza alguna, solo cabe un poco de asombro porque la matriculación del barco se haya hecho en 1999, porque para llamar así a una lancha, a solo un año del cambio de milenio, hace falta valor. En esos años gobernaba Aznar y se pudo pensar que volvían más que viejos tiempos, viejos aires. En cualquier caso la embarcación está en dique seco, aunque cuidada y parece que de momento el aire no sopla en su favor, como tampoco lo hizo en la Semana Náutica de Melilla, en la que apenas dispusieron de un sólo día de viento.

        Pero quizá todo cambie dentro de poco, el próximo 20 de noviembre, fecha en la que el Gobierno socialista ha decidido convocar las próximas Elecciones Generales , a las  que llamara acertadamente el diario Público : “Elecciones Generalísimas”. Yo todavía no he entendido ni comprendido la causa última de la fecha de convocatoria. Quizá se hizo pensando en que la izquierda está ese día movilizada y acudirá a votar en mayor proporción, aunque lo que creo es que “la derecha”, siempre movilizada, votará en masa, en una ola de grandes proporciones, que sin llegar a ser Tsunami, nos barra de modo uniforme y sostenido, desde Cabo de Gata hasta Finisterre, desde Isla Cristina hasta Palafrugell.

    Mientras tanto aquí seguimos, ya con la batalla perdida contra el recuerdo inmerecido de Franco en nuestra ciudad. Con su inamovible estatua en el Puerto, la del que nunca salvó a Melilla y que tampoco visitó jamas. Con una lancha que llama Caudillo y que quizá vuelva a navegar pronto, y con otra estatua de Franco, esta a caballo, convertida en pieza de museo y en objeto visitable.