Archivo diario: 25 septiembre, 2011

Parque infantil arcáico


 

            Área infantil de Barrio de La Victoria

   Es el área de juegos infantiles más grande de Melilla, inaugurada en los tiempos de Gonzalo Hernandez hace unos 25 años. Ha recibido escasas renovaciones, los últimos balancines son de 1995. Los toboganes metálicos nos retraen al recuerdo de uno que existía en el Parque Lobera. El concepto de seguridad infantil ha cambiado mucho y hoy ya no hay metal en las zonas infantiles de juego. La vista de los columpios, los más abundantes de toda Melilla, proporciona una imagen antediluviana. El vetusto suelo de goma está muy endurecido y provoca grandes erosiones en los niños, cuando alguno se cae al suelo jugando.

          Sin embargo, la zona admite muchas posibilidades, porque es muy grande y atractiva y con la incorporación de las viviendas VPO de Lo Güeno y las viviendas de lujo colindante, la población infantil del Bº de La Victoria ha aumentado considerablemente. Un nuevo diseño  del espacio, una adecuación de los juegos infantiles y sobre todo, el aprovechamiento del viejo castillo del guardaparques, convertiría esta zona de juegos infantiles en una de las más codiciadas por los niños. También, podría ser una segunda plaza para los residentes en el Barrio, si se readaptase el castillo y aparte de los aseos, se instalase allí un ambigú o una pequeña cafetería.

       La inversión no sería grande y luciría mucho si se hace bién. Realzaría toda la zona y podría convertirse en un área emblemática de la ciudad, porque al estar elevada y aislada, no tiene el peligro ni el ruido del tráfico. Eso sí, instalen un poco de sombra y bancos más cómodos. Los actuales son parte nalgas.

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Anábasis (la expedición)


Los 10.000 de Jenofonte y las 10.000 visitas

         La anábasis fue una expedición de liberación, la de los 10.000 mercenarios griegos incrustados en el ejército de Persia ( siglo V aC). Enfrascados en una guerra civil dentro del reino de Persia, los 10.000 griegos se quedaron abandonados a su suerte, sin jefes, en medio del inmenso territorio persa. El relato de Jenofonte narra las vicisitudes y desventuras de 10.000 hombres en busca de su futuro y de su libertad. Nadie les amparaba ya, el oro persa se iba camino de otras manos, debían buscar sus propios referentes.

           Nada es fácil en el mundo actual, en el que faltan los horizontes y decidirse a buscar la libertad propia no es un recurso fácil, ni algo al alcance de todos y a menudo no sirve de nada. El cardenal Caraffa lo dijo hace tiempo: “El pueblo desea ser engañado, luego sea engañado”. Sobran ejemplos en este sentido. Sin embargo, hay que intentarlo, hay que intentar liberarse y aportar luz propia al mundo que no rodea. Todavía no hace 5 meses desde que emprendí la aventura de El Alminar de Melilla y hoy he querido hacer coincidir la cifra de 10.000 visitas, con el recuerdo de la expedición de los 10.000 de Jenofonte, que no solo era uno de los miembros de aquella expedición, sino que además lo narró, porque tan importante es participar en una cosa, como luego contar lo que ha sucedido, aunque los tiempos no parezcan propicios.

            La anábasis fue un viaje por el interior de Persia, pero también es un viaje por el interior de uno mismo. “Si tienes algo que decir, escríbelo”, decía San Pablo, porque la palabra nunca vuelve de vacío. La prueba está aquí en El Alminar de Melilla y en muchos otros que se han atrevido y atreven a hacer lo mismo.