Archivo diario: 27 septiembre, 2011

El Día de la Conquista de Melilla, y (III)


                Melilla, septiembre de 1496, o era 1497. Diario de Ramírez de Madrid

Enrique Delgado (El Faro de Melilla, 20/09/2009)

– Hemos retenido los barcos durante casi un día para desembarcar por la noche y así evitar alertas que complicasen la situación. La flota estaba en posición y rumbo, pero lejos de la visual de la costa de Melilla. El tiempo se ha mantenido bien. Las noches de poniente son siempre frías en esta época del año.

– En la hora prima del 17 iniciamos la maniobra de desembarco. Las carabelas permanecen ancladas, pero con las embarcaciones de menor calado nos aproximamos al peñón rocoso y lo rodeamos a poniente y levante. Iniciamos el desembarco y asalto a La Alafía y subimos rápidamente hasta la explanada. Pero algo resulta extraño, no hay nadie, todo está deshabitado y abandonado. Nadie guarnece nada. ¿Es esto conquistar?. Todo está muy oscuro pero hay un penetrante olor a madera quemada. Hay mucha ceniza y escombro. Avanzamos con dificultad pero sin resistencia.  Las naves se alinean en la costa, hasta treinta.

– Hemos tomado las posiciones elevadas y encendido hogueras. La oscuridad era absoluta. Hemos creado un perímetro de defensa y asegurado las dos zonas de desembarco, que se comunican entre sí por un estrecho pasadizo. El trasiego es constante, de hombres, de materiales. Las órdenes de mando resuenan por la silenciosa bahía. Nadie puede penetrar en el perímetro sin encontrar la muerte.

– De vez en cuando se oye algún disparo de arcabuz. Serán los centinelas disparando a las sombras. No se ve a nadie pero nos sentimos observados y de repente, entre las ruinas de las casas de La Alafía, lo descubrimos. Debía ser el único lugareño que no había abandonado la villa vieja. Con 10 mosquetes apuntándole a la cabeza.

-¡Es sorprendente esta tierra de Berbería, nunca hay lugar en donde no haya alguien observándolo todo sin hacer comentario alguno¡. Su sonrisa y el “Salam rrumis” y el : “Os esperábamos”, que nos dedicó le sirvió de seguro de vida. Con dificultad nos explicó que todos se fueron de la ciudad, que el Rey de Fes tomó gran enojo por ello y ordenó retirar la guardia, derrumbando antes lo poco que aun seguía en pie.

-Por eso la hemos hallado vacía. Él es un anciano. Lleva viviendo entre estos muros toda su vida y no quiere abandonarlos. Dice que no tiene nada que temer, ni de nosotros ni de nadie. Que sus días estarán cumplidos si esa es la voluntad de su Dios. Lo dejamos con nosotros. Poco a poco, desde las cuevas naturales de Melilla van apareciendo otros pobladores.

                              Amanecida en Melilla

– El doble desembarco ha dado resultado, pero con la amanecida, el estado de la villa vieja resulta desolador. Todo está destruido. No han querido dejarnos nada útil. No tenemos siquiera un techo donde guarecernos. Fortificamos a toda prisa los derruidos muros y los “enmaderamientos de vigas trabadas” están resultando mucho más necesarios de lo esperado.

– Melilla está rodeada de colinas que a estas horas están llenas de gente contemplando nuestras tareas. La verdad es que contemplar los más de 30 barcos en la costa, rodeando la ciudad y los 5.000 hombres trabajando a toda
prisa, debe resultarles un espectáculo impresionante.

– La 1ª línea de defensa permanece inmóvil y sin perder de vista a la gente que nos rodea. El redoble de tambores, que aprendimos de Almanzor (la paz sea con él) comunica a los lugareños nuestra presencia y hace saltar a los pájaros de los árboles. La artillería realiza una salva de disparos que atruena todo el contorno y parece aumentar su estruendo con las colinas circundantes y de repente, ya no hay nadie mirando.

– Pedro el esforzado contable de Medina Sidonia trabaja más que nadie, está en todos los lugares, dando órdenes y organizando los trabajos. Parece que ha calculado el coste de la fortificación de Melilla en 5 millones de maravedíes. Tiene prisa por dejar todo consolidado y abandonar este lugar lo más rápido posible. Ya ha nombrado alcaide y capitán de Melilla a Gómez Suárez…

– Hemos reducido el perímetro a habitar. No poblaremos el peñón rocoso. Que tiene buenas fortificaciones, un castillo, amurallamiento y algunas casas. Nos quedaremos en La Alafía, aunque dejaremos vigías en La Roca para mantener la vista de los movimientos del enemigo.

– En apenas una semana han llegado las tropas del Rey de Fes, pero ya tenemos la ciudad muy fortificada. Se instalan en los contornos más cercanos y nos hostilizan grandemente. Nos provocan los primeros heridos y muertos. Nosotros por nuestra parte barremos con nuestra artillería sus avanzadas y vemos como saltan por los aires. No pueden acercarse demasiado. Más parece que están comprobando nuestra fuerza que intentando sacarnos de aquí. Muy mermada, la pequeña tropa de los fesíes decide abandonar Melilla.

– Estamos aquí. Todo está asegurado. La ciudad parece ahora recia. Tiene víveres, municiones y tropa suficiente para aguantar cualquier intento de asalto. En el último día del mes de septiembre embarcamos con rumbo a España, para dar la noticia de la conquista de esta tierra y de nuestra hazaña y también porque le tenemos que devolver sus naves a Colón.

Lecturas: ‘El León Africano’, de Amin Maaluf. ‘Descripción de África’, de Juan León el Africano y la de igual título de Abu Obeid El Bekri. ‘Crónicas de una fortificación’, de Joaquín Rodríguez Puget. ‘El Secretario Real Francisco Ramírez de Madrid’, de Pedro Porras Arboledas.

   PD: La foto de Gibraltar es de Carlos Esquembri.

Nota: Biografía de Ramírez de Madrid de Pedro Porras Arboleda,http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETF683C382E-3E62-E29F-1AA1-E09A29AD17EC&dsID=PDF

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Calor en el Mercado Central


          En Melilla los días de calor y de humedad sofocante quintuplican a los de frío, por eso cuando se construyó e inauguró el nuevo edificio del Mercado Central, se pensó en la ventilación natural, lo que constituía una buena idea. Para ello, en ambos laterales del Mercado Central se dejaron abiertos unos ventanales que mantenían fresco el interior del mercado, sin necesidad del “insano y excesivamente costoso aire aocndicionado”. Las corrientes de aire natural proporcionaban una temperatura agradable en la gran sala del mercado.

          Sin embargo, un día, alguien dijo que se pasaba frío en algunos días de invierno y sin pensar en que ese sistema estaba pensado para evitar el calor, pusieron ventanas correderas a ambos lados del mercado. ¿ Qué Consejería fue ?. Nadie lo sabe, pero seguro que hubo un sustancioso contrato de ventanas correderas de aluminio blanco. El caso es que ahora la circulación de aire se ha reducido a la mitad y el calor y la sensación de humedad es asfixiante en los días de verano y en los de viento de levante. En invierno no sé que pasará. No ha sido ni una feliz idea ni una brillante ejecución. Es solo gasto.