¿ Qué fue de de los capuchinos en Melilla ?


         De los Padres Capuchinos (orden menor franciscana), se decía que habían llegado a Melilla junto con la expedición de Bartolomé y Pedro de Estopiñán y que eran tan antiguos en la ciudad como la Compañía de Mar, la unidad mas antigua del ejército español. Tras la última averiguaciones que realicé para el artículo sobre «La Patrona de Melilla», es probable que en la expedición del La Conquista también vinieran franciscanos de la Orden Mínima, o quizá sólo ellos. Esto podría explicar la resistencia de los capuchinos a considerar a La Virgen de La Victoria como Patrona de Melilla, pese a que la 1ª ermita fundada en la ciudad llevaba su advocación. Los capuchinos no consentían otro patronazgo que el de La Inmaculada e impusieron ese nombre al nuevo templo de Melilla. Es único en toda España, que el templo Patronal no esté dedicado a la propia virgen patrona y sin embargo lo esté a La Purísima Concepción, con la que estaban obsesionados los franciscanos, en todas sus variantes.

            En 1997 y con motivo del V Centenario de Melilla, los Padres Capuchinos recibieron la Medalla de Oro de Melilla, creo que junto a la Cia de Mar. Años mas tarde recibieron orden de repliegue por parte de los Superiores de su Orden y abandonaron para siempre Melilla, pero no se llevaron la Medalla de Oro, sino que la dejaron prendida en el manto de La Patrona (por alguna razón no se la quisieron llevar a su Casa Central). Pese a todo, cada 17 de septiembre después de su marcha, acudían a la ciudad a presidir la misa conmemorativa de La Conquista. Desde hace ya tres años ni siquiera acuden a Melilla a esa protocolaria visita y ni siquiera se les cursa invitación porque ya no responden. Tampoco la Casa de Medina Sidonia tiene la más mínima relación con lo que fuera su «ciudad ducal» y  a la que se honra en el escudo melillense, dicen que hace muchos años,acudieron allí gentes de Melilla como investigadores y «desaparecieron» documentos  del archivo.

        Desde luego en nuestra ciudad hubo en el pasado, una rara habilidad para hacer desaparecer documentos de los Archivos Oficiales y de hecho, muchos archivos personales, ocultos, tienen más documentación, fotografías, que los propios archivos y muchas de esas cosas, sólo pudieron salir de expolios de Archivos Oficiales, en los años turbios de «La transición».   Todo eso está perdido para la historia de Melilla.     

Melilla sin excavaciones arqueológicas


                                Casa de Oficios, empiezan sin excavar

           Ya han colocado la 1ª piedra de los próximas 26 viviendas de protección oficial que se construirán aquí. No dudamos que ya tienen la certificación negativa de la inexistencia de restos arqueológicos. También tendrán la aprobación de La Comisión de Patrimonio (  la voz de su amo ), pero lo aconsejable era excavar aquí. Razones sobran. No se entienden esas urgencias cuando se trata de solares públicos. En Melilla sólo hay una excavación en vigor, la de la Casa del Gobernador  y llevan diez años (2001-2011) en la misma parcela. Este mismo lunes 19 de septiembre empiezan las obras.

                       Esto es zona roja según la Carta Arqueológica, que sólo es ridículamente secreta en la ciudad de Melilla, y que en los Museos de Andalucía se puede comprar la de cualquier ciudad por sólo 10€.

                     Siempre que ha habido obras en la zona de la calle Villegas o sus inmediaciones, como la antigua Casa de Socorro, han aparecido restos. Aquí los hay seguro porque está claro que el extinto Cerro de San Lorenzo era un monte funerario, del estilo de los kurgan tártaros, de fundación ¿ fenicia? o «cartaginesa»  y  que luego las diferentes culturas que pasaron por la zona lo siguieron utilizando del mismo modo (romanos, árabes), hasta que los ingenieros militares lo dinamitaron en 1920. Quedó un resto que fue machacado antes de 1990 y que albergaba restos de estructuras antiguas muy importantes.

            En Málaga, en Sevilla, ciudades en donde se están realizando obras para las líneas de metro, están apareciendo restos de un modo constante. La diferencia es que en ambas ciudades se excava durante un tiempo determinado antes de que empiecen las obras y si no se encuentran restos o son de escasa importancia, se concede la licencia de obras. En Melilla como mucho se realizan sondeos o prospecciones, que son intervenciones muy limitadas, tanto en superficie como en profundidad, además de aleatorias, por lo que la posibilidad de encontrar algo en en ese tipo de intervención, es muy limitada. La única intervención sugura es la excavación. El caso más sintomático es el del Cine Nacional, en donde se hicieron los sondeos y al final, al excavar en profundidad para hacer la cimentación es cuando apareció el célebre «muerto del Kursaal».

        En el caso del solar de la antigua Casa de Oficios ha habido tiempo de sobra para excavar, de haber querido, pues ha estado en la situación de solar casi dos años. Por mucho que se alegue que allí estaba el antiguo matadero y que el suelo estaba ya posiblemente removido, si se excava en profundidad, seguro que aparece algo y probablemente, aunque no quieran, aparecerán cosas y tendremos un nuevo escándalo.

 

Mantenimiento de edificios y fachadas


               Edificio emblemático de la calle Villegas

      Despues de muchos años de desidia e inacción, parece que el Gobierno de Melilla se decide a publicar o a hacer cumplir «la ordenanza de mantenimientos de edificios y fachadas» en el Centro Modernista de Melilla. La exigencia del adecentamiento es obligación del Gobierno Local, pero el mantenimiento es cosa y debe correr a cargo de los propietarios, y si no lo hacen, exigírseles y si tampoco se reacciona así, entonces queda la multa o la expropiación. Se da el caso de que en Melilla La Vieja se han expropiado recientemente casi una decena de viejas y pequeñas viviendas, pero claro, una cosa es : «ser fuerte con el débil» y otra muy distinta la firmeza frente al poderoso. La mayor parte de los edificios del centro de Melilla están en manos de no más de 20 propietarios, pero gran poder económico y social.

            Hay decenas de edificios que presentan un lamentable estado exterior, como éste de la calle Villegas/Querol, que para mayor escarnio es obra de Enrique Nieto (1947), el arquitecto «tótem» de Melilla y del Modernismo, las marcas más representativas de la ciudad.

        Sin embargo, este edificio, que está frente a la Consejería de Educación, Juventud y Mujer, lleva deteriorándose años, sin que nadie exija al propietario una reparación inmediata. En la primera planta del edificio estuvo durante más de tres décadas, la Dirección Provincial del INE ( Instituto Nacional de Estadística).

En busca del Día de Melilla


       

 

          En busca del Día de Melilla

      Enrique Delgado

           Melilla nunca tuvo día propio, porque nadie celebró esa efeméride durante los casi 4 siglos que duró “el encierro de la población española” dentro de los cuatro recintos amurallados. Lo primero que habría que diferenciar es entre Día de Melilla y efeméride de la conquista. En las duras vicisitudes del encierro entre las murallas no hubo jamás un solo día de descanso, como para pensar en celebrar un acontecimiento al que denominar Día de Melilla. En cuanto a la fecha de la conquista, era solo un oscuro dato perdido en la noche de los tiempos, porque la mayor parte de las crónicas se referían sólo “al mes de septiembre” pero sin concretar día de conquista. Luego estaba la división entre los autores que databan la “ocupación” de la ciudad  en 1496 y los que lo hacían en 1497. Sólo un autor se refiere al mes de octubre y curiosamente, el que da la fecha del 17 de septiembre la sitúa en 1496.

           Aquí ya tenemos claramente mostrado que Día de Melilla y fecha de la conquista son cuestiones distintas, por tanto, cabría preguntarse si es conveniente celebrar el aniversario de la conquista como el Día de Melilla.

          Melilla tuvo muchos “días” a lo largo de su historia. El terremoto el día 5 de agosto de 1660, Ntra. Sra. de Las Nieves, se acordó celebrar conmemorar ese día. Al levantarse el Sitio de Melilla el día 19 de 1175 se declaró ese día como festivo. Tras  proclamarse a la Virgen de La Victoria como Patrona de Melilla en febrero de 1756, su festividad del 8 de septiembre, fue más día de Melilla que otros muchos anteriores.

           La peor etapa fue sin duda la del franquismo, con su desierto ideológico y cultural, con su permanente afán de revancha sobre los vencidos. Durante esa funesta etapa, los días de celebración por antonomasia eran el 1 de abril (aniversario de La Victoria) y el 18 de julio, conmemoración del Alzamiento. Tras la caída de La Dictadura y su paso a La Democracia en 6 de Diciembre de 1978, la nueva y restaurada Melilla democrática estaba yerma de festividades y de contenido histórico y social.           Entre 1979 y 1983 no se celebró nada parecido al Día de Melilla, salvo algún que otro artículo de refritos que aparecía el día 17 de septiembre y a veces ni siquiera eso.

                          En busca del día de Melilla

        Poco años antes de la victoria socialista en las elecciones municipales de 1983, los pocos afiliados del PNEM (Partido Nacionalista Español de Melilla), encendía unas luminarias en las laderas de La Alcazaba y la denominaban como “Noche de las luces”, pretendiendo recordar el desembarco de las huestes de Estopiñán en la ensenada de Los Galápagos. Fue una idea original y personal de Amalio Jiménez.  Esto constituiría el embrión de lo que acabaría denominándose como “La Movida Azul”. En 1983 y 1984 no se conmemoró nada y tampoco aparecieron artículos recordando La Conquista,

             Sin embargo, el concejal socialista Francisco Narváez, “Culi”, recogió la onda y en 1985 presentó: “La Movida Azul”, lo que constituyó el mayor éxito de público y conmemorativo de la historia de Melilla, Esto sólo sería superado por la celebración del V Centenario en 1997.

         Como no era día festivo en 1985, el acto de La Bandera se celebró a media tarde y en la antigua plaza de Estopiñán, que estaba abarrotada de público. Se repartió cerveza y vino a discreción y centenares de bollos de chorizo. Fue una tarde noche festiva, lúdica y muy exitosa. En 1986, siguiendo en la línea trazada el año anterior,  se presentó como “homenaje a la bandera de Melilla”, combinando el aspecto institucional y el lúdico, por lo que se empezaron  recibir las primeras críticas y desafecciones. Las más duras críticas fueron las de UPM, que estimando la parte institucional, rechazaba por completo la festiva, a la que llegó a calificar de “parida”, aunque  también hay que hacer constar que la UPM fue la 1ª formación política en solicitar que el 17 de septiembre fuera festivo.

            La celebración de 1986 fue un gran fiasco y el público, masivo el año anterior, dio de lado este año a la efeméride. En ese mismo año, el Colectivo musulmán de Melilla se opone por 1ª vez a la conmemoración del acto de la  conquista como Día de Melilla. Los años siguientes obtendrían  calificativos tales como: Deslucido Día de Melilla, triste conmemoración, descafeinado acto institucional, triste espectáculo”.         El Día de Melilla está hundido en 1990 y sólo el inasequible PNEM de Amalio Jiménez acude ante el monolito de Pedro de Estopiñan. Al menos queda la constancia de que los socialistas intentaron recuperar “el Día”, aunque el dulce duró solo un año.

            La refundación del Día de Melilla

      En 1991 el PP de Ignacio Velázquez Rivera gana las elecciones en Melilla y se dará la paradoja de que sea un ceutí, la persona que mas crea y afiance la celebración del Día de Melilla. Todo lo que hoy se celebra, es obra suya. El 17 de septiembre de 1991 un joven Ignacio Velázquez se decide por un perfil institucional y a medio día hace reflotar la conmemoración de La Conquista. Ignacio Velázquez será designado como “melillense del año” y posteriormente como “melillense de la década”. Luego introducirá profundos cambios, como el traslado de la estatua de Estopiñan a Melilla La Vieja, por lo que será casi tildado de traidor y acusado de “esconder” a Estopiñan.        Sufrirá también el mayor de los desaires históricos, al ser boicoteado precisamente en la conmemoración del V Centenario (1997), el más importante de todos, aunque sólo con él, vinieron Ministros del Estado a la efeméride, curiosamente: Mariano Rajoy.

   Ignacio Velázquez lo declarará como festivo por 1ª vez en la historia y recuperará la tradición de otorgar las medallas de Oro de la ciudad. La primera será para el Rey de España y la segunda para el melillense Fernando Arrabal. También trasladará la celebración de la mañana a la tarde, institucionalizará el desfile representativo de las Fuerzas Armadas de Melilla y conformará un guión del que nadie ha vuelto a salirse hasta ahora, salvo, claro está, la irrepetible y mágica  celebración del Día de Melilla de 1999, con Mustafa Aberchán como Presidente de Melilla.

CGML. Los otros secretos


                 CGML (Casa Gobernador Melilla). Área 51

        Dentro de La Casa del Gobernador, en la actualidad completamente sellada, con prohibición absoluta de paso, en donde no se pueden hacer fotografías de ningun tipo, ni reportajes fotográficos no controlados, existe una puerta que da acceso a una escalera llamada noble, allí existe el águila más grande de las que quedan en Melilla de la época franquista, Hay arcos cegados. dependencias con distintas alturas sobre el suelo:  No todos van a ser restos medievales y esqueletos.  Las potentes cimentaciones del siglo XVIII penetran varios metros en el suelo y el yacimiento está completamente alterado.

            Además hay una historia, mitad leyenda,  que habla de una princesa musulmana enterrada en Melilla, dicen que debajo de una palmera. La orden en CGML  Área 51 es no tocar, bajo ninguna circunstancia las palmeras. Es curioso ver como en el patio, se excava alrededor de las palmeras, pero el suelo bajo ellas se queda intacto. Es la leyenda de la princesa que yace bajo la palmera.

        Mientras los fantasmas deambulan por el edificio, recorremos sus salas, fotografiamos todo y pensamos en qué secretos guardan esas puertas que no llevan a ningún sitio, en esas habitaciones elevadas y en qué esconden bajo su suelo, en quién pasaría bajo esos arcos cerrados. Dicen que ahí había cuadras y cocheras, pero está claro, a tenor de lo poco que se sabe de lo excavado que había algo más.

       Estos días atrás estaban pintándolo todo, incluido el interior del patio, para que luzca bonito el 17 de septiembre, el Día de Melilla. Próximamente instalarán tiendas de souvenirs, un centro de visitantes para ver la excavación y quizá alguna dependencia oficial. Todo muy inconcreto, puede ser eso o nada.

     

El soldado de los milagros


   Benito López Franco, un santo sin iglesia

      Enrique Delgado ( * artículo publicado el 7 de  mayo de 2007 )

         En la Cooperativa Gráfica melillense nunca faltan las estampas de Benito López Franco, el soldado de los milagros. Las encargaba el propietario de un comercio ya desaparecido, Electrónica 2000, Salvador Cañadas, que solicitó la intercesión del soldado Benito ante una complicada operación de espalda. Cada vez que se agotaban encargaba una nueva edición. Esta es la explicación de las misteriosas estampas azules que circulan por toda Melilla de mano en mano.

           Benito López Franco, aragonés de Cetina, soldado del desaparecido Regimiento de Infantería de Melilla nº 52, localizado en el acuartelamiento de Santiago y que murió en extrañas circunstancias el 17 de enero de 1950. La escueta nota publicada en prensa y el Registro del Cementerio de Melilla aluden al suicidio como causa de su fallecimiento, pero tanto los testimonios de sus familiares, su hermano José López, como los de cualquiera que se pregunte en la ciudad descartan la versión oficial.

           El escritor melillense José Luis Navarro, es el único que ha intentado aproximarse a esta historia en un conjunto de relatos titulado “El soldado incorrupto” pero ya advierte que su versión es sólo literaria. Sin embargo su condición de militar le permitió poner oídos a historias de “barras de cantinas militares” e indagar en el Cementerio de Melilla cuando fue encargado de hacer un catálogo de pertenencias militares en el campo santo melillense y quizá leyenda, verdad y literatura no estén tan separadas como parece.

          Benito López Franco tenía 20 años al llegar a Melilla, era de muy buena planta, cantante de jotas y siempre dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, sus dotes excepcionales para el canto y su don de gentes le llevaron a convertirse en ayudante de un  comandante médico, a dar recitales de jotas en El Casino Militar, cuna del Alzamiento franquista de 1936 y vedado al pueblo de Melilla hasta bien entrados los años 80.

            Su proyección pública le hace ser objeto del amor de la hija de un alto jefe militar según dice la familia, que ya estaba comprometida con el hijo de otro alto oficial, lo que desafiaba todas las reglas establecidas de la época.

           En el relato de José Luis Navarro se intuye que aquella novia  pudiera ser la que vigilaba la tumba de su amado desde el puesto de gerente del Cementerio. Esa  misma mujer que un día se le acercó y ante sus preguntas sobre el misterio de la tumba y del soldado le respondió con un lacónico: “lo único que sé es que no se suicidó”.

           Fuese quien fuese la chica el caso es que se obsesionó con él y le persiguió durante más de tres meses. El comandante médico del que era ayudante percibió lo peligrosísimo de la situación y recomendó un traslado a Madrid para el 20 de enero que nunca llegó a producirse, pues Benito apareció muerto en el Botiquín del Hospital Militar el 17 de enero de 1950.

                                 Y tras tantos años; La Verdad

        “Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes y le rompieron la cabeza y un brazo”. La estremecedora frase está contenida en la carta de Gregorio Gil, amigo de Benito y dictada antes de su muerte en 1975. El testimonio procede de Alfredo Marruelo, amigo y compañero de quinta de Benito en Melilla, quien junto con otros cuatro mozos cetineros fueron rápidamente licenciados tras su muerte.

          Antes de embarcar, un soldado que no se identificó dijo a Alfredo:“Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes”. Alfredo Marruelo únicamente reveló el secreto a Gregorio Gil, compañero de Benito desde la infancia, quién también calló y sólo ante la inminencia de la muerte dejó una carta dictada y que ahora la familia ha decidido desvelar, entre otras cosas para dejar desmentir las espurias versiones que hablan un fusilamiento, de un tiro en la nuca, de que fuera apaleado en los calabozos del cuartel de Santiago.

         Lo sorprendente es que la carta se redacta en 1975 y sólo cuando los familiares vienen a Melilla y abren la tumba para colocar bien el cadáver, los suicidas se entierran al revés, comprueban el dato de que Benito tenía hundido el cráneo y un brazo roto.

            No hay huellas de bala, ni nada por el estilo. Benito fue enterrado en calzoncillos y “con la cadena del aseo por toda pertenencia póstuma”. Supuestamente se había suicidado con ella. La paliza mortal ya había sido aventurada en la versión literaria del “soldado incorrupto”

           El entonces Vicario Arciprestal  J. Antonio Segovia le negó la sepultura en Sagrado “por no constar nada en contrario a esta Vicaría sobre el suicidio intencionado de la víctima”. El documento eclesiástico es toda la certificación oficial de su fallecimiento que posee  la familia, ni certificado médico, ni recibo de pertenencias personales. Así se hacían las cosas en la España, en la Melilla de Franco.

                   La voz de La Iglesia

            El Vicario Episcopal de Melilla,  Manuel Jiménez Bárcenas cuenta que: “para la La Iglesia Benito es un difunto más y La Iglesia pide por él, junto por todos los demás el día de Los Fieles Difuntos, 2 de noviembre”. Aquí  es donde el Vicario rondeño aprecia un error de culto, al ser conmemorado el día 1 de noviembre, reservado para los que se tiene constancia de que gozan de la presencia de Dios. “Sólo los santos van directamente al cielo sin el obligado período de Purgatorio, por eso el 1 de noviembre está reservado a Todos los Santos, aquellos de que se tiene constancia por medios humanos de que gozan de la estancia en el paraíso”.

        Pudiera ser, añade Jiménez Bárcenas que: “El soldado Benito ya hubiese cumplido el período de Purgatorio y al gozar de la presencia de Dios puede gozar también de la capacidad de intermediación y ayudar en curaciones y favores de aquellos que devotamente le piden a Dios que por mediación de Benito sean atendidos sus plegarias”. No hay otro modo de explicar los favores del soldado milagrero,   aun así, el Obispo Dorado Soto ofreció a la familia la posibilidad de elaborar una estampa con una oración para culto privado, pero la familia rechazó esta posibilidad ya que prefiere esta santidad popular.

            Quizá toda Melilla fue consciente de aquella injusticia y como modo silencioso de desafío al hermetismo oficial inició las ofrendas y culto del soldado Benito.

          PD: http://www.infomelilla.com/noticias/index.php?accion=1&id=2962

       Nota: El 7 de  mayo de 2007 publiqué mi primer artículo sobre «el soldado de los milagros». Lo hice además con una novedad, la carta del compañero de servicio militar, en la que descubre que Benito López Franco murió como consecuencia de una paliza y no suicidado. La carta me la proporcionó su hermano. Seguidamente llegaría la legión de plagiadores, que con copias de la carta compusieron historias similares, pero sin citar jamas a quien fue el primero en publicarla . No fuí el primero en escribir, obviamente, pero sí el 1º en publicar esa carta. Es fácil de comprobar con las fechas de edición de los artículos.

La lancha del Caudillo


                         Hacia el 20 de Noviembre

          Que en Melilla alguien decida llamar a su embarcación «Caudillo», no causa extrañeza alguna, solo cabe un poco de asombro porque la matriculación del barco se haya hecho en 1999, porque para llamar así a una lancha, a solo un año del cambio de milenio, hace falta valor. En esos años gobernaba Aznar y se pudo pensar que volvían más que viejos tiempos, viejos aires. En cualquier caso la embarcación está en dique seco, aunque cuidada y parece que de momento el aire no sopla en su favor, como tampoco lo hizo en la Semana Náutica de Melilla, en la que apenas dispusieron de un sólo día de viento.

        Pero quizá todo cambie dentro de poco, el próximo 20 de noviembre, fecha en la que el Gobierno socialista ha decidido convocar las próximas Elecciones Generales , a las  que llamara acertadamente el diario Público : «Elecciones Generalísimas». Yo todavía no he entendido ni comprendido la causa última de la fecha de convocatoria. Quizá se hizo pensando en que la izquierda está ese día movilizada y acudirá a votar en mayor proporción, aunque lo que creo es que «la derecha», siempre movilizada, votará en masa, en una ola de grandes proporciones, que sin llegar a ser Tsunami, nos barra de modo uniforme y sostenido, desde Cabo de Gata hasta Finisterre, desde Isla Cristina hasta Palafrugell.

    Mientras tanto aquí seguimos, ya con la batalla perdida contra el recuerdo inmerecido de Franco en nuestra ciudad. Con su inamovible estatua en el Puerto, la del que nunca salvó a Melilla y que tampoco visitó jamas. Con una lancha que llama Caudillo y que quizá vuelva a navegar pronto, y con otra estatua de Franco, esta a caballo, convertida en pieza de museo y en objeto visitable.