Archivo diario: 22 septiembre, 2012

La lucha contra la selva


            

                    El estado de poda permanente

             La ley de la selva es la que impera la ley del más fuerte, aquella en la que acaba venciendo casi siempre sobre el más débil. La victoria casi permanente del depredador, cuanto más potente mejor. En la selva hay poco espacio para el más astuto, o el más hábil. Nos llevan irremisiblemente hacia un estado social parecido al de la selva. En la sabana africana los ñúes, los búfalos, las cebras, las jirafas, las gacelas; conforman un habitat en el que casi siempre están y se mueven juntos, para dar menos opciones a los depredadores. Quien está más alto en la cadena trófica tiene más opciones entre las que escoger.En la sabana, entre los animales, existe un sistema de alertas colectivas para dar menos opciones a los depredadores, pero no es de este tipo de selva de la que quiero escribir ahora.  

     Durante 80 años, los estados y países socialistas intentaron poner coto al darwinismo social, pero los errores propios y los feroces y sostenidos ataques del capitalismo depredador, dejó todo eso convertido en humo, en un recuerdo difuso y al que nadie añora.

                                  La selva en la ciudad

           Parque, jardines, árboles ornamentales, proporcionan belleza, tranquilidad y sombra en la ciudades. Sin embargo, el mantenimiento de todo esto conlleva unos  cuidados obligatorios y una labor permanente de vigilancia, que ocasionan gastos al erario común. A veces ocurre que el resultado no pone de manifiesto el dinero que se invierte, o el sitema tiene fugas, como la red pública de aguas.

            No parece existir término medio. En algunos lugares la poda es circular y se realiza hasta dos veces al año, sin importar estación, épocas de anidaciones o amplitud de la poda. En otros lugares, los equipos de poda no pasan nunca y el estado selvático acaba adueñándose de todo y ocasioanndo molestias a los peatones. Hoy traemos hasta El Alminar estos dos ejemplos. Uno es en la Biblioteca Pública de Melilla, en donde la selva procedente de la Autoridad Portuaria ha invadido la rampa de acceso para discapcitados. El otro es una de la aceras o vías más concurridas de Melilla, la carretera de Alfonso XIII en el tramo que pasa junto a la marmolería de Gámez, ocasionando una incomodidad manifiesta. Son zonas concurridas. No hemos ido a buscarlas. Nos las hemos encontrado. 

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