Archivo mensual: octubre 2014

Una tarde de otoño en el cementerio


 

                         Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.            

                  La despedida a Juan José Medina

            En un caluroso día de otoño, la mitad de Melilla ha pasado hoy por el cementerio para dar el último adiós a Juanjo Medina. Me comentaba un empleado del cementerio que pocas veces ha visto algo parecido, con gente acudiendo a la largo de la noche, de la madrugada, de la mañana y de la tarde. a dar el último adiós al periodista melillense. Nunca puede afirmarse algo de modo absoluto o categórico, pero quien diga que no ha visto al menos una vez en su vida el programa estrella de El Vigía: ar favó no robe un euro, casi se podría decir que miente.

             En una vida y en otras muchas cosas, importa sobre todo el final . Morir es algo por lo que debemos pasar todos. Lo sucedido en estos dos días será algo que no podrá olvidarse, porque está revestido de una características específicas. Esta repentina muerte del periodista Juan José Medina, aparte de colocar a la ciudad en estado de shock, le convertirá en una leyenda local. Cuando pase el tiempo y aquellos a los que se enfrentó ya no sean nadie en el panorama de la ciudad, llegará el reconocimiento a su labor. Hay finales que borran cualquier error cometido, y éste es uno de ellos.

              Nunca he visto un silencio tan denso, intenso y uniforme  en un entierro, en donde normalmente se escucha el ruido de las conversaciones, el ruido de la vida. . Casi todo el mundo estaba en silencio, nadie era capaz de comentar o de decir unas palabras, mas allá de los formulismos de rigor. Había también mucha tensión contenida. La insolencia con la que se comporta el Gobierno melillense en su trato con la oposición y su altivez, no se corresponde con el estado físico en el que tienen la ciudad, ni con la magnitud de la sombra de la sospecha que se cierne sobre sus cabezas.

           Creo que este trágico suceso va a cambiar muchas cosas. En algún momento la gente puede empezar a decir basta a tanto desmán y a tanta prepotencia. Juan José Medina ya descansa en paz, pero algunos pueden empezar  a no tenerla. O cambia algo, o en esta ciudad puede ocurrir cualquier cosa.

 

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En la muerte de Juan José Medina Roldán


Última foto de Juan José Medina

        Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay tan oculto que no llegue a descubrirse, ni nada tan escondido que no llegue a saberse, porque lo que digáis de noche se escuchará en pleno día, y lo que dijísteis al oído se pregonará desde las azoteas. Lucas 12, 1-7

                    Toda muerte es segura. Muchas muertes sorprenden, algunas hacen enmudecer. Cuando hoy, día de San Lucas, me ha llegado la noticia del fallecimiento de Juan José Medina, confieso que no  lo podía creer. Tampoco que esta foto que le hiciera junto a la sede del partido Populares en Libertad y sede de su televisión,  El Vigía, fuese la última vez que lo iba a ver en vida. Nadie podía imaginarse  un final tan abrupto, tan inesperado.

                  Juan José Medina fue miembro fundador de la Unión del Pueblo Melillense, el partido que creara Pepe Imbroda (qepd). Fue amigo personal de la familia, aunque su última y más larga militancia fuese en el Partido Socalista. Muchos no podían comprender semejantes saltos en su vida, pero el nexo de unión de todo eso era la lucha infatigable contra la corrupción y el abuso en el Poder. Contra esta circunstancia, Juan José Medina era absolutamente intolerante.

                 Fue director del Faro de Ceuta y del Telegrama de Melilla, desde el que denunció de manera inmisericorde “los excesos de la etapa final del gobierno de Ignacio Velázquez”. Cuando fue relevado, por presiones políticas de su cargo en El Telegrama, creó su propio medio de comunicación, al que llamó El Faro. Su contribución ideológica fue trascendental para la presentación de la moción de censura que acabó con el Gobierno de Ignacio Velázquez.

                  También fue Director gerente de la Televisión de Melilla en dos etapas diferenciadas. Su gestión hizo pasar a esta televisión de una mera gacetilla de loa al poder ejerciente, a la Televisión actual. El armazón  de la presente televisión se le puede atribuir sin duda alguna. Cometió excesos, era intransigente en muchas ocasiones, pero porque él identificaba su labor, con la de un adoctrinador en su concepto personal de la libertad de expresión y de la práctica de la política. Cuando detectaba la corrupción, el abuso de poder o la doble moral, era implacable.

                  Esto le llevó a ser destituido por aquellos mismo a los que él contribuyó a encumbrar en la cima del poder político de Melilla, y cuando se dio cuenta de que estos gobernantes, cometían los mismos excesos de aquellos a quienes derribaron, su situación al frente de la televisión local se hizo insostenible.

               Volvió a empezar desde cero, con una televisión, El Vigia, que en origen era solo visible a través de internet. Su empuje le llevó a ser alojado dentro de Cablemel, plataforma que le volvió a situar en medio de un plató televisivo. En su etapa final volvió a una amistad sincera con Ignacio Velázquez, porque en su opinión, el remedio (el imbrodismo), llegó a convertirse en algo peor que la enfermedad a la que se combatía.

                       Juan José Medina se ha convertido en “un mártir” de la libertad de expresión y de la lucha contra la corrupción, sea del color que sea. Ha muerto en el día de San Lucas  y el jueves se leyó en las iglesias su anatema. Ahora ya sé que todo se sabrá, por mucho que su voz  se haya apagado. La trascendencia de su figura y aportación a la vida política de la ciudad tardará algunos años en ser valorada en su justa medida.

                 Que tu reposo sea apacible.

Melilla con baches


 

Melilla, ciudad de peatones

    La caída, el tropezón, el esguince o la extremidad rota nos acechan en cualquier lugar, esquina, acera, bordillo o incluso en los peligrosísimos pasos de cebra. Los baches existen pero no solo para los vehículos. La desastrosa y desorganizada gestión de la ciudad, con aceras y calles contínuamente abiertas han provocado una alteración total de la superficie urbana. Nada es recto, todo tiene ondulaciones y diferencias  de nivel en las que es muy fácil caer. Melilla con baches no es solo el título de una entrada, es también una nueva categoría dentro del Alminar. Llevábamos mucho tiempo sin crear una nueva. Vamos a dar cuenta de cualquier zona peligrosa, pero sobre todo nos fijaremos en las que afectan a nuestra condición de peatones, porque la de los vehículos ya está perdida.

          Este es el calvario que ofrece el estado de la ciudad a personas mayores, con impedimentos físicos,  con movilidad reducida o perfectamente sanas. Ya no es que estén mal pintados, que lo están, es que son casi intransitables.

La ciudad oculta


 

       Esta es la ciudad que nadie ve, salvo los que viven en la zona o los que tienen que pasar por allí. Esta es la ciudad real, no la de la propaganda. Este es el acceso a la calle Infantería y a las viviendas de San Francisco de Asís. A solo unos metros se encuentra la mezquita central. Antaño hubo aquí un cafetín, y posteriormente fue sede de la asociación islámica Badr. Aquí hay una gasolinera y decenas de tiendas, muchas de ellas de alimentación. El callejón al que da acceso la cancela es el “patio de luces” de las viviendas, y el otro lado es el resto de la ladera del antiguo cerro de Santiago, que llegaba hasta este lugar, antes de que existiera nada. La suciedad puede llevar ahí meses o tal vez años. La cancela está abierta y el callejón puede ser utilizado para cualquier cosa.

 

El saqueo del Estado


    “Hay una cosa peor que un maleante: Un hombre corrompido en un puesto político importante, un hombre que pretende estar haciendo observar la Leyque en realidad está cogiendo pasta de alguien que la infringe. Ni un golfo que se respete quiere nada con esa clase de tipos. Los compra como lo haría con otros artículos necesarios para su comercio, pero en el fondo los odia”.                                                                  Al Capone

La vida en los márgenes


 

 

Melilla ciudad de inmigración

          Estos son los márgenes de la carretera de circunvalación, en el tramo que limita con el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Nadie puede estar encerrado el día entero entre sus muros, en donde la población masculina es mayoritaria. Los conflictos y las malas relaciones entre los distintos colectivos es algo sabido. Melilla es una ciudad de inmigración, tanto interior como exterior. Esta es y ha sido su principal característica histórica. Es una realidad que debe aceptarse y actuar en consecuencia. Debería existir otro centro para familias, en donde los niños pudieran gozar de espacios propios y adecuados a su edad. Una ciudad frontera registra cualquier acontecimiento que se produzca en el mundo. Los ciudadanos de Siria vienen en familias, mientras que la inmigración subsahariana es mayoritariamente masculina, y además está muy diferenciada por razones religiosas y de lengua.

        En la ciudad existen zonas, edificios  y cuarteles abandonados, que en vez de estar en lista de espera para la futura especulación inmobiliaria, se deberían dedicar a atender las necesidades actuales de la población. Estas estampas, de vida al fin y al cabo, son propias del Tercer Mundo (de ciudades desorganizadas), en el que claramente estamos inmersos. Melilla mueve demasiado dinero, como para que los refugiados estén sometidos a estas condiciones. Hace unos días abandonaron la protesta en la Plaza de España y ahora vuelven a estar aquí.

Los pasos fragmentados


        Los pasos de cebra, las señales viales aparecen fragmentadas en muchos lugares de la ciudad. Todo parece un puzle y no se encuentra una explicación plausible. Además hay otro problema y es que no están dotados de la banda rugosa antideslizante, y al ser una pasta de pintura, en cuanto llueve, se convierten en una pista deslizante y peligrosa. Hay una única empresa que se dedica a la señalización vial de Melilla y que en la práctica, esta subsidiada al Ayuntamiento. Son las empresas rémoras, nacidas y crecidas al amparo de La Administración. No hay competencia posible. No sabemos si existe otra calidad u otro modo de hacer las cosas. En nuestra ciudad no hay competencia posible y a algunas empresas tradicionales, le salen esporas y acaban abarcando todo el ámbito de la gestión.

         En conjunto, la señalización de la ciudad aparece como deficiente. Pierde el brillo muy pronto y en algunos lugares ni se ve. Peligro de deslizamiento, de caídas e incluso de tropezones. Este es el estado de las vías para los peatones. La calle Jiménez e Iglesias presenta un lamentable estado en sus pasos de cebra y señalizaciones viales