Archivo diario: 25 junio, 2015

La lenta pérdida de árboles


  Pérdida de árboles en el Parque Hernández

           El centenario Parque Hernández, pierde frondosidad poco a poco. La única zona con sombra fresca y abundante es la Oeste, la lindante con la calle Luis de Sotomayor. Esta mañana han sido talados un pino o abeto de más de 60 años, y una palmera, muy atacadas por el picudo rojo. Este es el estado de la gestión Medio Ambiental de la ciudad. Los árboles ornamentales son solo eso, y lo centenario no se cuida como es debido. Los claros son cada vez más grandes y el sol africano se cuela implacable entre ellos.

          El Parque Hernández fue degradado durante décadas con las instalación de la Feria de Melilla en su recinto. A duras penas se reponía de la agresión durante el resto del año, cuando le volvía a caer otra encima. En el año 2010, según reza en una placa ya ilegible, el parque Hernández fue reinventado por una módica cantidad de algunos millones de euros, y declarado “parque del mundo”. Cinco años después, olvidada ya la propaganda y borrado el texto de la placa que inmortalizaba la milenaria efeméride, la tala, la devastación y el picudo rojo; se adueñan de su superficie.

               Alguien preguntó, hace tiempo, no recuerdo si en en privado o públicamente a través del Alminar, si pensábamos que el parque había perdido masa forestal. Ahora respondemos que es claro y evidente que sí.  Las enredaderas de la imitación del jardín del Generalife no han llegado a prender, y el paseo está completamente pelado. Las otrora frondosas pérgolas son hoy solo un recuerdo de lo que en su día fueron.  También sabemos ahora qué ha pasado en la Consejería de Medio Ambiente en la última década.

                             Un estornino llamó mi atención de manera ruidosa al salir del parque, y hasta que no lo fotografíe no abandonó la verja. Quizá estaba avisando de la lenta decadencia de su parque. Ya empiezan a tener problemas hasta las aves. Las palmeras y los árboles serrados ya no se reponen. He podido contar al menos 6 muñones de antiguos árboles.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/13/2012-odisea-en-el-modernismo/

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El fuego de San Juan


            El día de San Juan marca el verano en Melilla. Anoche sopló viento del NO. Casi siempre suele ser un día accidentado en el aspecto meteorológico. Cuando domina el levante los fuegos arden mal, porque se llena de humedad. Hace tres años resultó herido el maestro pirotécnico. El año pasado todo se cubrió de agua, rayos y truenos, como un signo de los tiempos tormentosos en los que estamos inmersos. Pocas tradiciones quedan ya en pie, y las que todavía se mantienen están vaciadas de contenido. Empieza a no importar ni siquiera aquello que se conmemora. La desmemoria avanza y se extiende.

        En las hogueras de San Juan se quema, en símbolo, todo lo malo que nos ha acontecido. Mojarse en el agua es rememorar el rito del bautismo, el agua que limpia y purifica, peor de nada vale si no se es consciente del hecho. Sin memoria, sin amarres ideológicos, sin nada que sirva de orientación y guía, somo pasto fácil de las llamas del relativismo moral y político, del carpe diem. Así nos va a todos y a estas sociedades, en las que cualquier gurú mediático, acaba convirtiéndose en un fenómeno de masas. Aun resguardados por una fuerte carga de ideología y de compromiso ético, la capacidad de resistencia que podemos oponer al vaciamiento colectivo de la sociedad es poca. En realidad, estamos a salvo de muy pocas cosas.

                                     En busca del fuego    

          El temporal de viento del noroeste arreció a lo largo de toda la tarde. La medianoche no fue el inicio de nada. Las autoridades se movían nerviosas frente al no muy numeroso público congregado. Los allí congregados querían disfrutar de la majestuosidad del fuego y de su poder hipnótico. La situación de la hoguera oficial, solo permite que una reducida cantidad de público pueda disfrutar de ella. Tras los efímeros fuego artificiales, pasada media hora desde la media noche, la hoguera oficial de las vanidades se envolvió en llamas en apenas unos instantes, justo cuando el viento ofreció un pequeño instante de tregua. La temperatura junto a la hoguera se elevó de modo instantáneo. El aire caliente envolvió a los allí congregados. El fuego absorbe todo lo que le rodea, no se mezcla con nada y consume todo lo que tiene a su alcance. El dominio del fuego permitió el desarrollo de la humanidad y su supervivencia. Honrarlo y venerarlo es un rito.

          La hoguera modernista ardió en poco tiempo. Las alegorías de las estaciones se ofrecieron sombras fantasmales dentro de las llamas. Como todo lo mágico, dura apenas un instante. Por eso volvemos siempre al fuego.