Archivo mensual: septiembre 2015

Instantáneas de la peatonalización


             Obstaculizando a los vehículos de emergencias

           No son zonas peatonales. Son zonas híbridas en donde nadie sabe qué hacer. Es difícil atravesar por el gigantesco paso de cebra de la calle Luis de Sotomayor. La mayor parte de los automovilistas no reconocen esa zona elevada como paso de peatones. Muchos vehículos lo atraviesan sin  mirar y es más peligroso que antes. La calzada no está diferenciada con un color que haga comprender a los conductores que no deben ceder la prioridad a los peatones.

                En las zonas peatonales se instalan unos “bolardos electrónicos”, que delimitan la zona peatonal y que solo pueden accionar los vehículos de emergencias. Ayer fuimos testigos de las dificultades de estacionamiento que tienen las ambulancias que traen a los enfermos del hospital para realizar pruebas diagnósticas, en el escáner de Mariano Remartínez. Es ridículo ver a una ambulancia realizando infinidad de maniobras, entre farolas y maceteros, para poder situarse frente a la Unidad diagnóstica.

                     La Policía nunca aparca mal. Pueden hacerlo en donde quieran, pero también es absurdo que tengan dificultades de aparcamiento este tipo de vehículos. No se puede obstaculizar la labor de este tipo de vehículos. Eso es lo que han hecho en esta obra contracorriente. Las aceras fueron pensadas para proteger a los peatones. En las zonas peatonales se impide la entrada de vehículos de la forma antes mencionada.  Ayer se pudo ver como un “taxista”, atravesaba la zona peatonal de Carlos Ramírez de Arellano, desde la intersección de la calle del General Buceta.

                     Todos tienen dificultades. Tanto los vehículos de carga y descarga como los de emergencias o los policiales. O se decide uno a ser completamente malo, o se queda entre los buenos. El quedarse a mitad de camino solo lleva a ser rechazado  por los primeros e ignorado por los segundos. La situación creada es absurda.

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Averroes: el garaje dantesco


 

                            El garaje de Silent Hill

             Nunca había visto nada igual en el mundo real. En el virtual sí, cuando jugaba a Silent Hill, un juego en el que el protagonista se interna en una ciudad abandonada y con niebla constante. Algún que otro molesto zombie suelto rompía el silencio en ocasiones, pero nada más terrorífico que atravesar calles permanentemente vacías, rebuscar en un piso de apartamentos deshabitado con la única ayuda de una linterna, o entrar en un inmenso aparcamiento sin coches y en donde ya no aparca nadie.

             En mis muchas visitas a la nueva barriada de Averroes nadie me había mencionado jamás el garaje, hasta que una vecina, con la que comentaba los desperfectos de las torres construidas en 2005, me hizo la propuesta: ¿Has visto el garaje?. Le dije que no, y le pregunté que si tenía algo interesante que ver. ¿Quieres verlo?. No es un lugar del que suelan hablar, porque el 98% de las 258 familias del nuevo grupo de Averroes han olvidado que tienen garaje.

    Los dos sótanos colectivos de lo que un día fueron pensados como aparcamientos, no tienen comparación posible, salvo en el ámbito de las pesadillas . Ocurre que esta gente no se queja, sobrevive como puede en un territorio en donde los planes de empleo caen con cuentagotas. Melilla es la ciudad de las desigualdades y de los desequilibrios. Mucho para pocos en determinadas zonas,  y poco para muchos en otras.

                                   La situación del garaje comunitario

         En el principio el garaje era común a todos los bloques, pero eso fue antes de que existiera el tiempo. Los robos en coches y trasteros empezaron a proliferar, y los residentes fueron abandonando los aparcamientos. Hay que decir que a esta zona de aparcamiento solo se accede con llave, tanto en los ascensores como por las escaleras. No hay posibilidad de acceso libre desde el exterior.

       En el principio de la creación de Averroes, ese hueco oscuro y reventado de la fotografía era una “oficina de Emvismesa”*. No es un chiste fácil, es la realidad. No hay luz. Se han quitado los diferenciales. Los únicos trasteros operativos están en el sótano 1, pues al sótano 2 nadie baja. En época de lluvia, los bajantes se atoran y el agua alcanza medio metro de nivel. Inunda coches y la maquinaria de los ascensores. El sótano 2 es Silent Hill, allí no ha nada, salvo un viejo coche abandonado.

       No hay ruido de motores, los restos de vehículos que aparecen por allí llevan mucho tiempo en ese estado. No funciona la luz, ni los extintores de incendios. Nadie entra ni sale. el silencio es absoluto y atemorizador. No se oyen los motores de  las puertas correderas de entrada y salida a los garajes. Si alguien se queda allí encerrado tardarán mucho tiempo en saber que se encuentra en ese lugar. Hace ya algunos años que se tabicaron los accesos que comunicaban los aparcamientos y los bloques. Ahora los compartimentos son estancos.

           El secreto que se guardaba en lo oscuro ya está desvelado.

   Nota*: Emvismesa (Empresa Municipal de la Vivienda de Melilla).