Archivo diario: 3 julio, 2011

El Alminar de Melilla desde el orígen


                  Han pasado ya dos meses desde la creación de este blog  y son ya 2.314 visitas y 111 temas expuestos a la luz pública, porque de eso se trata, de exponer todo lo que se se pueda a la luz, de dejar el menor terreno posible a la sombra. En estos  dos meses hemos ido creciendo poco a poco y asentando una idea, la de crear en libertad.  Ante las cortapisas y la mordaza que el Poder político pone a la crítica, era una exigencia  buscar nuevos caminos para poder expresar la realidad que nadie refleja, ni defiende. El camino de la verdad es muy duro, pero la verdad, al final protege.

                Resignarse, ceder todo el terreno a la oscuridad y a la tiniebla, solo lleva a la derrota y a la angustia. Aguantar en soledad la injusticia o la arbitrariedad no conduce a nada. La verdad necesita ser divulgada para que surta efecto. Hay que crear una red tupida de blogs (la estrategia del panal de abeja), exponer información, contrastar ideas y opiniones, hacer circular y poner conocimiento a las decenas de cosas que suceden en una ciudad y que las más de las veces ignoramos su existencia.

      Poner nombre y relato a historias olvidadas, buscar lugares  e historias olvidadas o casi desconocidas, esa fue una  de mis intenciones cuando decidí volver a la actividad periodística. “Sin observador no hay hecho observado”, dice la mecánica cuántica. La vida, la sociedad necesita de observadores y también de escritores que relaten los hechos. Escritores que den luz  y forma a los acontecimientos, que pongan nombre a lo anónimo, a lo que se quiere olvidar o a lo que yace en la oscuridad. Si apagamos todas las luces, nadie encontrará su destino, nadie pensará que trae cuenta defender la verdad o lo justo. Si le cedemos el espacio a la tiniebla, será muy difícil recuperarlo posteriormente. La oscuridad no devuelve el espacio que se traga. No es fácil, pero nunca se está solo y todas estas visitas ( 2314), en sólo dos meses, es la mejor prueba y también el mayor apoyo. Hay necesidad de luz y mantenerla encendida es un deber, que mientras podamos, cumpliremos.

La leyenda del Cristo de Pedro de Mena


La leyenda del Cristo de Pedro de Mena

                 Enrique Delgado

               La leyenda del Cristo de Pedro de Mena es más bella porque tuvo un final, en Málaga, el día 12 de mayo de 1931, cuando la incomparable talla del artista granadino sucumbió, ante la violencia de los golpes de una maza  y ante el fuego. En ese momento se iniciaba su leyenda, en el instante en el que cayó sobre la talla el último golpe de la estaca o en el que el fuego lamía por última vez su primorosa efigie.

              En el 80º aniversario de su desaparición, su leyenda sigue viva, aun cuando no todos la conozcan o incluso cuando muchos de los que la conocen no pueden asociarla a una imagen concreta y sin embargo, hubo un tiempo en el que no era conocida esta imagen, pues había caído en el absoluto olvido (fue tallada en 1680), lo que contribuyó sin lugar a dudas a su preservación y así atravesó dos siglos sin que nadie reparara en ella, hasta 1883 en el que se la redescubre y se inicia su culto popular. La paradoja es que desconocida, atravesó la noche de los tiempos, expuesta ante todos, apenas alcanzó los 50 años.

              Tras ser conocida tuvo una rápida raigambre popular que la veneró hasta la exaltación y a la vez la colocaba en el lugar que la llevaría a ser odiada y destruida, en una milimétrica similitud con la persona, con el mismo Cristo al que representaba como efigie. La noche del 11 al 12 de mayo, envuelta en un improvisado sudario de ropajes procesionales, quedó sepultada y sola en una iglesia semi-derruida, hasta que sus restos fueron lanzados a la hoguera definitiva en la madrugada del día 12.

              La mecánica cuántica dice que el observador modifica el hecho observado, del mismo modo en que el exceso de veneración y ornato modifica la propia talla del artista y cubriéndola de exornos se la convierte en algo que nunca fue.

             De todas las fotografías conocidas de la talla de Pedro de Mena, esta es la más bella, porque ofrece a la vista el incomparable trabajo del artista, mostrándola desnuda de cualquier adorno. Está desnuda, como cualquiera ante nuestra propia conciencia, es esa verdad íntima y profunda que desnuda nuestro espíritu, ante la que no cabe engaño, demora o  distracción posible.

             La verdad no puede ser nunca transmitida, es una sensación  interior que al intentar expresarla nos hace alejamos de ella, es como la bruma de la niebla, que se disipa a nuestro paso o la fina línea del horizonte que nunca se alcanza.  Sólo podemos ofrecer la imagen y contemplarla, sin intentar describir nada porque entonces la perderíamos.

             El artista quiso mostrar la serena paz con la que la muerte cierra hasta el sufrimiento más bárbaro, ofreciendo ante nuestros ojos la plasmación física de la inscripción RIP (descansar en paz), en absoluta y desmayada relajación. La delicadeza del trazo, casi sin detectarse las herramientas del artista refuerza esa sensación de quietud y reposo. El suave desprendimiento del cuerpo, del que han desaparecido los rastros de la tensión o del dolor, ofrece la imagen del eterno descanso con una intensidad y tranquilidad pasmosa. No hay expresión ni gesto de dolor (pese a ser una imagen barroca), ni ningún recurso dramático con el que Pedro de Mena quisiera alterar nuestra percepción o condicionar nuestra actitud hacia la imagen.

            La imagen muestra, no dice, transmite una fuerza inmensa que sólo puede introducirse dentro de nosotros por los ojos, sin ningún otro sentido que la deforme o altere, en silencio absoluto y una vez dentro no sale.

           Es más bella porque desapareció, porque nada ni nadie pudo transformarla en algo distinto de aquello para la que fue concebida y plasmada. Al contemplarla en el pasado se nos muestra, al intentar explicarla se nos aleja. Al desaparecer volvió a ser lo que era y no en lo que la habían convertido, cargada de cosas y de símbolos que no la hicieron ningún bien. Los testimonios hablan de que fueron directamente a por ella, porque era símbolo de algo, probablemente, que jamás fue Cristo o la talla del crucificado de Mena.

          Ante esta fotografía, eco inapagable del pasado, se comprende lo que realmente fue esta talla, la intención del artista, ya fuese impregnada por la fe o por la inspiración.

          El mejor homenaje es ofrecerla, mostrarla, desnuda de todo aditamento, menos del nombre, “et maneat semper. Amen”.

Pasos accesibles en la calle La Legión


            

           Hacer la cosas y hacerlas mal

        El paseo central del Barrio del Real es uno de los menos accesibles de toda Melilla. Hace cinco o seis años iniciaron las obras para rebajar el nivel del paseo central y hacer accesibles los pasos de peatones y el resultado fue éste. Voy a poner solo 2 fotos, pero podría poner igual 20, porque todo el paseo está así. Todavía se desconocen las causas por las que rebajaron e hicieron la pendiente del paseo, pero dejaron los bordillos. Como chapuza es una de las más grandes e inexplicables que se hayan visto nunca y es una chapuza que se incrementa al mirar la acera de enfrente y se descubre que el bordillo solo está “supuestamente rebajado” en la zona central y en la contigua, ni siquiera se ha tocado, con lo cual, el resultado es doblemente malo, porque se hizo el gasto para rebajar el nivel de las aceras y convertirlas en accesibles y el resultado fue nulo, lo que nos lleva a afirmar, que se tiró todo el dinero invertido en esta ocasión. Luego se detuvieron las obras y todo quedó en este “inaccesible” estado.