Melilla sin política monumental


         Lamentable estado del monumento de El Encuentro

         Pese a tener una fundación denominado como Melilla Monumental, la ciudad carece de una política monumental, quizá tampoco debería tenerla. No estamos pidiendo la creación de una viceconsejería de monumentos, ni nada que suponga un gasto adicional. Simplemente señalamos la necesidad de mantener de manera vistosa lo inaugurado o lo más representativo.

          En 1997, año del V Centenario, se institucionalizó el «encuentro entre culturas», tras 5 siglos de encontronazos y la máxima expresión de esa política que sigue vigente hoy en día, fue este monumento que simboliza el abrazo entre culturas. El monumento tiene una clara inspiración en la obra de Chillida, el escultor que convirtió grandes volúmenes de hierro y cemento en obras culturales. El problema que tiene este monumento es su situación aislada y su extraordinario volumen. En aquel año del V Centenario se buscaban obras grandiosas y  atravesar los siglos con construcciones fastuosas. Sin embargo, son las obras más pequeñas de Mustafa Arruf (los conjuntos escultóricos del Paseo Marítimo o el de la Plaza de España), las que han conseguido integrarse perfectamente en el paisaje urbano.

    Todo lo que se ha realizado con posterioridad parece haber marginado este monumento, que navega en solitario en un plaza cuyo nombre (Consejo de Europa), ni significa nada y parece que se aleja de aquel concepto de «encuentro». Pero como siempre hay otro modo de ver las cosas, quizá este conjunto escultórico sea una visión profética de los nuevos tiempos y acabe representando algo distinto de aquello para lo que fue concebido. ¿ Quién sabe ?. Lo que no ayuda nada al monumento, es la lamentable situación en la que se encuentra, claramente deteriorado, con solo la mitad de las luces originales y que tampoco funcionan. El suelo pulido fue usado por los patinadores durante años, de ahí su gran deterioro.

          Quizá le convendría  estar rodeado de un jardincillo que arropase más, a un Encuentro,  demasiado solitario y a oscuras. Quizá todo sea un símbolo, una metáfora, o una profecía. No hay manera de establecer por decreto los símbolos de una ciudad. Es el uso y el pueblo el que consigue eso.

El garaje de San Juan en Melilla


        En realidad este garaje no tiene nombre, yo le llamo de San Juan porque está situado en las inmediaciones del Torreón y los almacenes de San Juan, que actualmente ocupan el Club Scorpio y la AEM (Asociación de Estudios melillenses). En los primeros años de la década de 1990, cuando se construyó ese aparcamiento público, aparecieron unos restos de muralla y también unos antiguos hornos de Intendencia (de los que nuestros expertos desconocían su existencia). Hasta hace tres años no me había interesado por su presencia, aunque sí conocía su existencia. Pensaba que unos hornos del siglo XVIII o XIX no eran mas que eso, unos hornos. Sin embargo era una deuda pendiente y decidí acercarme allí y fotografiarlos.

      Me dejaron una grata impresión los restos, sin embargo me extrañó no ver por allí una mínima placa que informase de la datación o procedencia de los restos, como sí ocurre en las murallas del siglo XVII descubiertas en Málaga en el aparcamiento de Marqués de Larios. Allí sí se informa y sí se dice lo que es, tanto en el interior como en el exterior. En Melilla nada, y eso que aquí existe la Fundación Melilla Monumental, supuestamente encargada de la conservación y difusión de los vestigios históricos, y cuyo coste anual se acerca al millón de euros, el de La Fundación.

      Las bóvedas de los hornos y las chimeneas son fácilmente reconocibles, sin embargo, ese resto de muralla no cuadra con el resto de la construcción, parece que hay edificaciones superpuestas, incluso de siglos diferentes, pues los materiales no son los mismos. Los materiales se reutilizan, las construcciones se superponen. Otras cosa que llamó mi atención fueron los silos, que son bastante profundos y el pensar si han sido excavados o no, si proceden de la época de los hornos o si son anteriores y posteriormente reutilizados.

          Lo peor no es que todo está sin señalizar, es que está mal conservado, que muchas partes se están desmoronando y que en Melilla, en donde hay un agujero, en este caso una bóveda, el lugar se convierte en basurero o en una «papelera monumental».

    Aquí dentro no podemos echar la culpa a nadie, porque es un lugar vigilado, osea que si esto está lleno de basura, los únicos que transitan por la zona son los ciudadanos  que acuden a aparcar o a retirar sus vehículos.   Es lamentable que en Melilla cualquier cosa acabe de esta manera. Es descorazonador que las entidades supuestamente protectoras del Patrimonio no sean capaces de gestionar estas cosas, pese a los abundantes presupuestos que manejan. Aquí, aparte de limpieza, debería estar todo correctamente señalizado, identificado y sobre todo, datado y conservado, porque los hornos se están desmoronando.

Melilla y la gran superficie comercial


             Lo que seguimos sin tener: Una Gran Superficie.

  Resulta curioso, paradójico, que la reinauguración de un supermercado (SuperSpar), la cadena de alimentación más antigua de España y cuyo origen se remonta a la etapa final del franquismo, y que ya estuvo en Melilla a principio de la década de 1990, se nos presente como el mayor relanzamiento de la economía de Melilla desde la «Revolución Industrial». Visitas de las autoridades al «supermercado», calificativos de rango histórico y toda la propaganda desplegada como si estuviésemos ante no se sabe qué acontecimiento.

      Habrá que recordar que en ese mismo lugar, estuvo radicado durante años, un establecimiento de la cadena vasca Eroski, muchísimo más abastecido que el actual y con un abanico de compra mucho más completo, pues incluía el menaje de hogar, juguete y un apartado de productos de alta calidad. Habrá que preguntarse porqué cerró esa cadena y qué cosas ocurrieron para que Eroski abandonase Melilla.         

     La cadena alemana Lidl acaba de abrir sus puertas en Melilla con un centro mas bien normalito y algo pequeño, para los que uno está acostumbrado a ver en el resto de España. La visita del embajador de Alemania en España, muy de alabar y de agradecer, recuerdan a las imágenes del inmortal «Bienvenido Mister Marshall «, en este caso Herr Reinhart.  Sobre las escenas vividas y escamoteadas, en la inauguración de este «Centro Comercial», tampoco califico de grande, afirmo lo mismo que se decía del reinado de Tiberio, que cuando menos se digan de lo sucedido, mejor. No sé que imagen se habrán llevado los alemanes de Melilla. Como todo, es puro escaparate, diga lo que digan la propaganda, porque al Lidl no le rodean ni infraestructuras de comunicación, ni aparcamientos en la zona para soportar una gran afluencia de vehículos. se ha vuelto a ver el tradicional aparcamiento salvaje e invasor de aceras, que en nuestra ciudad ya empieza a ser una costumbre o quizá una obligación, ante la carencia de vías urbanas y de zonas de aparcamiento.

     PD: Melilla sigue sin gran superficie comercial, hecho anómalo en España. Cualquier ciudad con más de 70.000 habitantes tiene una. Ni Spar, ni Lidl, ni Día. La sensación es que nos siguen dando gato por liebre. Lo importante, lo que deberíamos tener, seguimos esperándolo y sin tenerlo, hasta que los dueños de la economía melillense lo decidan. Habrá tiempo de hablar de todo.

Grupo escolar García Valiño. Fin


          El día de la inauguración, 19/03/1942

    La crónica de la inauguración fue escrita (en El Telegrama de Rif) por el falangista y cronista oficioso del franquismo Julio Martínez Abad. La 1 piedra se colocó el 6 de enero de 1941 y cualquier dato estaba lleno del significado que las nuevas autoridades querían imponer a los nuevos tiempos. Los niños iban disfrazados de «flechas y pelayos», algo así como las centurias infantiles de Falange, además, y había unos niños específicamente vestidos de flechas marinos. El Comnte. Gral de Melilla, Rafael García Valiño, llegó acompañado por sus ayundantes oficiales: Vara de Rey, Pesquero y Córdoba.

            En el  patio del colegio, que se ve abarrotado en la fotografía, estaban tanto los niños y vecinos del barrio, como los de otras partes de la ciudad, pues el día 19 de marzo era festivo en el franquismo. Era la alternativa franquista al 1º de mayo.

            El clero estuvo representado por el Canónigo Magistral de Málaga Victorino García, Sebastián Carrasco como Vicario de Melilla y bendijo el colegio el párroco del Ave María Sr. Estrada, Al frente de la Sección Femenina de Falange estaba Matilde de La Guardia. El primer director del Grupo Escolar fue el también Inspector de 1ª enseñanza Sr. Serrano. El número total de alumnos en su inauguración fue de 350 y al término del acto se repartieron galletas entre todos los niños presentes. La obra física del Colegio iba firmada por el arquitecto municipal Enrique Nieto y Celestino Roselló como contratista.

    En los discursos, plagados de referencias patrióticas y heroicas a los tiempos del Cid y similares, destacaron, por su rencor, las siguientes palabras de García Valiño: «celebramos hoy la paz y la reconstrucción, de cuanto destruyó la horda marxista, que arrancó la fe religiosa a los maestros, que quitó los crucifijos de las escuelas (el tono recuerda a algunos de los tiempos actuales), y más tarde llevo a los niños a aquellas formaciones, que eran verdaderas mascaradas y paso forzado al crimen y la vesania del frente Popular».

          Al final  y como siempre: Padrenuestro, Cara al Sol e Himno Nacional brazo en Alto.

Escaleras del Cerro de Camellos


 

                    Una ladera en 214 peldaños

     El Barrio de La Victoria está instalado en la loma del Cerro de Camellos, y al mismo se accede, desde siempre,  atravesado las laderas del cerro, uno de los más clásicos, junto con el de La Higuera o Santiago, de todos los que rodeaban a la antigua ciudad de Melilla. Uno de los cerros desaparecido era el de San Lorenzo. Una de esas veredas o sendas clásicas para subir al monte era la situada en este flanco, al que se dotó de una escalinata en la década de 1960, cuando se inició la construcción del barrio. Tenía y tiene 214 peldaños y durante una etapa de mi vida la transite con bastante frecuencia. Hoy he tenido que atravesarla, en sentido descendente, para ir a recoger mi coche al taller, pero en sentido inverso, osea ascendente, hace muchos años que no he vuelto a subirla. El cerro de Camellos tiene sus laderas colonizadas, en calles edificadas sobre los mismos cambios de nivel del cerro, en su antiguo perfil de terraza. Es toda una reliquia histórica y geográfica.

            Las escaleras eran  más anchas hace años, pero fueron adelgazadas para construir un vial de tráfico que permite atravesar el cerro en coche y descender por él hasta las estribaciones del Tesorillo. Sólo en la mitad superior conservan su amplitud original. Alguien tuvo la feliz idea de numerar sus escalones, 214, en sentido inverso al de la subida, y así conocer en todo momento cual es la cantidad exacta que queda para culminar la ascensión.

El grupo escolar García Valiño


                 Una inauguración perdida en el tiempo

     El grupo Escolar García Valiño estaba situado en el lugar en que hoy se encuentra el Centro de Salud de la Zona Norte, en el afamado «distrito quinto», el de la fundación y el de los disturbios. Fue inaugurado el 19 de marzo de 1942, día importante en Melilla porque se conmemora el levantamiento del sitio de 1775. Es cierto que desde entonces se celebra un oficio religioso que recuerda el final del más importante asedio que haya sufrido Melilla. Durante el franquismo se conmemoró mucho la festividad de San José obrero, como contrapeso del socialista y comunista Día del Trabajo (1º de mayo). Además, San José era ejemplo de padre y también patrono del cuerpo de maestros.

           El franquismo depuró y exterminó al profesorado de La República,  comprometido social y pedagógicamente y muy avanzado para su época, e instituyó el piadoso cuerpo de maestros nacionales. Fue todo un salto hacia atrás. Se siguió con la misma línea de construcción de grupos escolares de La República y sus planes de enseñanza, pero en un sentido diametralmente opuesto.

        En las fotos vemos al Alcalde y Jefe provincial del Movimiento Rafael Álvarez Claro, con el preceptivo uniforme de Falange. La autoridad militar que le acompaña es el propio general Rafael García-Valiño, del que recibió el nombre el grupo escolar. El Vicario era  Sebastián Carrasco y el grupo de mujeres que acompaña a las autoridades, parecen ser maestras del nuevo centro educativo. Traigo aquí las fotos porque es algo ya desaparecido en Melilla, es un recuerdo y las fotografías reflejan perfectamente el ambiente de una  época fría y oscura.

      Las magníficas fotografías de Calvache, reflejan incluso «el miedo ambiente».

La muralla de caliza amarilla


         Tenemos localizados tres segmentos de la muralla de caliza amarilla (Florentina, parque Lobera y plaza de Armas), dos están enterrados y solo uno a la luz, el primero mencionado. Había otro segmento más, estaba en las laminadas escalinatas de acceso a la Batería Real, pero fue picado a conciencia y eliminado sin consideración y sin criterio científico alguno. Las fotos que realicé en diciembre de  2010, muestran claramente la diferente composición de la muralla, e incluso los restos de la argamasa original. Diferente composición significa diferente periodo de construcción.  Esto prueba realmente que el baluarte y el caballero de La Concepción se construyeron sobre la antigua alcazaba árabe, e incluso ésta sobre algún resto de construcción anterior.  Así que cuando se escribía: «se afirma sin pruebas que el baluarte de La Concepción se construyó sobre una edificación anterior de origen árabe…….», se estaba haciendo esa afirmación más acorde con los deseos de un origen hispano inmaculado, que con la evolución histórica de la fortificación de Melilla.

         Había otro segmento mucho más grande de muralla de caliza amarilla, según me comentaron  los operarios que trabajaban en la reinterpretación  de Melilla La Vieja, pero la orden fue igualmente taxativa: «pasarla por la piqueta». Las fotografías lo muestran claramente. Aquí había algo anterior, que no era hispano, y que quedó empotrado dentro de las fortificaciones que se construyeron a partir de  1525, cuando el Rey Carlos I ordenó el repliegue de los castellanos hacia el peñón rocoso, abandonando La Alafía o Plaza de Armas, por considerarse demasiado insegura.

                Las Crónicas de la conquista de Melilla, nunca publicadas en la ciudad y que no están en ningún archivo o biblioteca, hablan de que se trajeron: «gran cantidad de maestros para reedificar», no para construir o hacer nuevo.