Archivo diario: 15 noviembre, 2011

El Museo de Melilla, descabezado


                         Sin Director desde el mes de Agosto

     La Consejera de Cultura de la Ciudad de Melilla es Simi Chocrón. Por debajo de ella todo es un reino de Taifas. En Melilla, o todo está regido por una sola cabeza o hay varias. La gestión de la cultura en Melilla ha entrado en puro colapso. No hay ningún plan director y sobran demasiadas entidades superpuestas, que se hacen la guerra entre sí ( Fundación Melilla Monumental, Instituto de Cultura Mediterránea, Instituto de Las Culturas). Unos dependen de Cultura, otras de Presidencia  y algunos no responden a nadie.

       El colaborador Fran, nos alertaba el otro día de la situación de descabezamiento en el Museo de Melilla, y lo hacía ofreciéndonos un titular del Diario Sur de Málaga, en sus páginas de Melilla (http://www.diariosur.es/v/20110912/melilla/museo-penuelas-director-tras-20110912.html). El rotativo malagueño informaba de la anómala situación del recién inaugurado Museo de Melilla, sin director desde el pasado mes de septiembre. Alejandro Guillén, el flamante primer director , no había visto renovado su contrato al finalizar este con fecha de 31 de agosto. Desde entonces el Museo de Las Peñuelas, una de las joyas de la corona cultural, está descabezado. Buscan un perfil más asequible, alguien sometido previamente, lo que no se sabe es a qué cabeza.

         La plaza de director del Museo de Melilla salió a concurso público en el BOME (Boletín Oficial de Melilla), con un perfil muy exigente, tanto, que la rumorología apuntaba a que éste debería quedar desierto y así, nombrar un nuevo director, por procedimiento directo y perteneciente a la nomenclatura gobernante de Melilla. Ocurrió que Alejandro Guillén se coló con un mega curriculum y disponía de todas las titulaciones exigidas. Esto dicen aunque tampoco podemos asegurarlo, porque esto es un mundo de sombras y de tinieblas, en el que nadie da ninguna razón o pista. Lo que parece seguro es que el “no renovado director”, deberá buscar trabajo en otro ámbito, porque en el Museo de Melilla parece que ya no tiene sitio.

           Debemos congratularnos al menos  de que el diario Sur rompiera la omertá existente sobre este asunto, y de que el colaborador Fran nos advirtiera de ello y así, en La Comunidad de El Alminar de Melilla podemos debatir el tema. La situación actual es de silencio absoluto. Sólo hay dos vías que pudieran estar explotando, una es la de diseñar un nuevo curriculum con unas especificaciones muy concretas y que apunten a una sola persona, la otra sería que designasen directamente a alguien en concreto, en el que ya estuvieran pensando  la vez anterior, en la que Alejandro Guillén ganó el concurso.

     Todo deberá esperar hasta pasadas las elecciones del 20N, cuando la previsible victoria del PP deje vacíos un sinfín de cargos políticos de libre designación en nuestra ciudad. Solo a partir de esa fecha podremos vislumbrar que rumbo toma la gestión de la cultura en Melilla. Cuando sepamos este nombre, sabremos que sector de la nomenclatura reina sobre la importante  taifa del Museo de Melilla.

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La mezquita blanca de Melilla


              Casi todos han oído hablar de ella, muchos la conocen, pero muy pocos la han visto. El requisito indispensable para entrar en esta mezquita es ser musulmán, pero no todos los musulmanes pueden entrar dentro de ella. Hay que llevar barba, hay que ser una persona respetada en el barrio y de reconocidas y buenas prácticas religiosas. No entra cualquiera, por supuesto ningún cristiano, pero no todos los musulmanes pueden hacerlo. Practican un Islam muy rigorista.

     Los hombres se ciñen a la única descripción contenida en El Corán acerca del posible aspecto del profeta Mahoma, para adecuar la vestimenta y la barba. Tienen profesiones humildes (obreros, albañiles, transporte de mercancías), ninguna puede estar relacionada con el pecado o con los vicios. Las mujeres deben ir cubiertas en el modo descrito por el libro sagrado y por la tradición. Lo escrito en El Corán es el centro y la guía de la vida. Toda explicación, toda duda, o está resuelta por la tradición o no está permitida.

     Mi experiencia en esta mezquita no fue mala, se me echó de la misma porque no podía estar allí. Uno de los encargados de la mezquita me invitó a salir y me lo dijo claro: ” No puedes estar aquí, no es por racismo ni por ninguna otra causa, es que no puedes estar aquí”. No hubo malos modos ni voces alzadas. Fue una confusión, creí que podía estar allí dentro, del mismo modo en que había entrado en otras mezquitas de Melilla. Luego comprobé que a la mayor parte de los musulmanes del barrio tampoco les dejan entrar en esa mezquita. Para evitar otras posibles intromisiones, tras aquel encuentro, se ha instalado un distribuidor de entrada, que impide equivocaciones y situaciones incómodas. Ya no es posible volver a fotografiar el interior de esta mezquita. Las únicas que hay son estas.

      Siguen una interpretación muy rigurosa del Islam, la iniciada por el clérigo reformador Muhammad Ibn Abd-al Wahab en el siglo XVIII, que estableció sus vínculos con la dinastía Saud de Arabia Saudí, país en el que todo el Islam es wahabita, o seguidores de Abd-al Wahab. El movimiento salafi o salafistas, de los que habla Jose Mª Irujo en El País (13-11-2011), es otra cosa.

         Especificamente en Melilla, hay dos tendencias salafistas, una más cordial y abierta al contacto con el cristiano y otra más rigorista y cerrada, la representada por los usuarios de “la mezquita blanca”. Aun así, conozco a un amigo, converso al Islam, que reza en esta mezquita y en otras. El requisito es llevar barba y tener una profesión honrada, que no esté en contacto con formas pecaminosas de vida. Si hubiese que compararlos con algo, lo haría con los franciscanos de los primeros siglos y la reforma de San Francisco y Santa Clara y su amor extremo a la pobreza. Los franciscanos se distinguían por su hábito, del mismo modo en que lo hacen los salafistas.

                 La mezquita blanca

     Fue erigida en el año 2005. Se caracteriza porque carece de toda decoración u ornamento. No hay nada en ella que distraiga de la oración.  Carece hasta del nicho del minrab y como único elemento está el pequeño mueble en el que el almuédano recita el sermón de los viernes o jutba. Todo es de color blanco. Como todas las mezquitas, tiene separadas las zonas de rezo de hombre y de mujeres, solo que en ésta. no hay comunicación visual entre ambos sexos. La mujeres están en la 1ª planta y están separadas por un tabique de la planta baja o zona de los hombres.