La promesa del “diálogo”.


           Esta era “la promesa”, pero está claro que se dijo en un momento en que la incertidumbre del resultado, provocaba esas cosas, luego al ver que la base del poder seguía intacta, se volvió a “la promesa de la persecución”, aunque en los últimos días parece haberse atenuado esa hostilidad hacia el adversario.

          Las relaciones personales se construyen entre dos y por encima de las diferencias políticas debe prevalecer la relación personal. A los amigos se les escoge, pero no a los adversarios, que son los que son. Cuando no vale nadie, cuando hay una incapacidad manifiesta para soportar cualquier tipo de crítica, hasta la más leve, cuando no hay nadie que valga en “toda la oposición”, entonces es que el problema no está solo en los otros, sino también en uno. Este debería ser el gran punto de reflexión.

         Los Plenos de control se hacen largos, porque se apura al máximo el plazo de uno por trimestre y además, en vez de ir respondiendo las demandas de información de la oposición, se concentran números altísimos de preguntas al Goberno Local  en un sólo Pleno y se dificulta al máximo las labores de control parlamentario. Eso hace que  sean excesivamente largos y extenuantes. Hay en exceso de reglamentismo, pero en una sola dirección. Baste recordar, que en la pasada legislatura, algunas preguntas de la oposición, solo se han respondido por “mandato judicial”.

         El Reglamento de La Asamblea se modifica constantemente, para que la oposición tenga cada vez más dificultades, menos tiempo para la argumentación y las réplicas. Si a esto se añade “las bruscas y destempladas” interrupciones desde la Vicepresidencia de La Asamblea, el ambiente que se forma es muy tenso, porque nada hay más “ultrajante” que a una persona no la dejen hilvanar un discurso o una argumentación y sea interrumpida de modo constante y en maneras tan abruptas. Por más que se empeñe la propaganda en repetirlo una y otro vez, no toda la culpa es de la oposición, al menos en el 50% no es así.

         Ocurre que en una curiosa y antigua entrevista de 1980, el entonces 1er Tte. de Alcalde del Ayuntamiento de UCD (Unión de Centro Democrático), Juan José Imbroda, aparte de definirse como “progresista y socialdemócrata”, se destacaba otra particularidad de su carácter, la intransigencia, pero se añadía que era debida a la incoherencia de “la oposición”, como no podía de ser de otro modo.

          Al hoy Presidente Imbroda siempre la ha molestado la oposición, la del pasado siglo o la del presente. El caso es que él mismo fue, con su UPM, una oposición muy molesta enntre 1993 y 1999. Está claro que algo tiene la oposición que la convierte en molesta, aunque sea uno mismo, y algo tiene el Presidente Imbroda al que no le gusta la oposición. En cualquier caso, deben resolverlo. Es una exigencia de todos los ciudadanos. Es un derecho y un deber “gobernar”, pero también controlar la acción de ese gobierno. No todo puede ser poner una traba detrás de otra a la oposición o “contestar sólo las preguntas que parezcan adecuadas. La obligación es responder a todo lo que se pregunte.

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¡Bendita perseverancia la del borrico en la noria!. Siempre al mismo paso, siempre las mismas vueltas.

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